Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. Querríamos comenzar este nuestro habitual dossier de prensa con un responso por el alma (laboral) del periodista Santi Siguero, de Marca. Su nómina está próxima a expirar, y nos solidarizamos por adelantado con él, ofreciéndole de antemano un humilde hueco en La Galerna, donde su nómina será (aún) inferior pero se sentirá venerado.

Al admirable Santi Siguero le quedan dos telediarios y medio en Unidad Editorial, de donde será despedido a no mucho tardar, no tan pronto como para que las razones canten mucho, pero tampoco permitiendo por mucho tiempo que su transgresión de la omertà reinante quede impune.

El medio en el que escribe, Marca, lleva con la de hoy tres portadas ignorando completamente el último elefante putrefacto en el cuarto de estar del fútbol español, es decir, el salvaje penalti brutalmente escamoteado al Real Madrid por esa agresión a Mbappé en el área del Girona, agresión que acabó con la sangre del delantero francés manando abundantemente de su frente ante la indiferencia del muy descarado Alberola Rojas y sus compinches del VAR, a la sazón afamados prevaricadores que responden a los nombres de Trujillo Suárez y Munuera Montero.

El medio en el que escribe Siguero lleva, sí, tres portadas obviando esta realidad, pero no así él, que es por lo que se ve (no tenemos el gusto) un periodista íntegro, un ser humano apreciable y un ciudadano español que al menos no odia a la entidad deportiva que más glorias, de largo, ha ofrecido a su país.

De manera que, muy en contraposición a la línea editorial de la empresa que (todavía) le paga, Siguero -ole sus reverendísimos cojones- ha escrito un artículo (¡en las páginas del propio Marca!) en el cual no solo se da por enterado de lo que la omertà trata de ocultar al mundo, sino que lo denuncia con el coraje propio de los hombres que honran su conciencia, a despecho del precio a pagar.

Pocas veces ha escrito nadie con tan libérrima valentía en un medio deportivo de gran lectorado. Nos satisface especialmente, por ejemplo, el que alguien se lance al fin, ante una audiencia masiva, a datar el origen de la putrefacción reinante al momento en que le fue asignada a Barcelona la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992. Esto es intuición, la tiene Siguero y la tiene cualquiera: en ese momento histórico, alguien decidió que el equipo de fútbol de aquella ciudad debía también ganar las ligas de fútbol del país, y así sucede casi siempre desde entonces, con periodos (como el 2001-2018) en los que ese favoritismo quedó plasmado a través de las facturas de Negreira. 

El clamor creado por la repugnante omisión del señalamiento del penalti más claro y sangriento de la historia ha alcanzado a personas inopinadas. Matías Prats Jr. Jr., a quien no hace tanto no teníamos más remedio que sacudir dialéctica y someramente por sus delirantes diatribas posderbi, se ha caído del guindo, y lo mismo parece estar sucediendo a otros conspicuos colchoneros. Hay quienes están siendo capaces de pasar por encima del estereotipo y entendiendo por fin quién es el verdadero “Trampas”‘del sistema, realidad refrendada con documentos bancarios y evidencias tan abracadabrantes como este histórico penalti con brecha y sin silbato.

Por cierto, a estas horas ya sabréis sobradamente quién es el árbitro designado por el corrupto sistema para pitar la final de Copa. Vuelve a quedar demostrado que quien se equivoca perjudicando al Real Madrid, o beneficiando al equipo del régimen, no solo no tiene castigo sino que tiene premio. Esta designación habla libros del lóbrego funcionamiento del engranaje de corrupción más siniestro y prolongado jamás concebido.

Sí, amigos: esto es el negreirato, o el tebasato.

 

 

La realidad pretende venir a atenuar los ecos de toda esta basura, pero no tenemos claro que lo consiga, pese a traer por banda sonora el himno de la Champions. Hace falta mucha Champions para olvidar tanta mierda, aunque las portadas del día parecen empeñadas en ello. 

En todo caso, y a la espera de la gran cita del Madrid mañana en Múnich, hoy abren cita Atleti y club cliente de Negreira en la competición continental. Os recordamos la frase de Iñako Díaz-Guerra, articulista cuya adscripción colchonera no le impidió amasar una cita ya célebre: “Al Atleti no se le puede dar nunca por vivo”. Por elemental respeto a esa máxima eterna, concluiremos que las espadas están en todo lo alto pese al 0-2 de la ida, y que las quejas culés por el estado del césped del Metropolitano, previas al partido, nos permiten delimitar, como decía un tuitero, a qué santos se abonan las aficiones para sus intentos de remontada: la madridista, a Juanito; la culé, a Xavi Hernández.

Pasad un buen día.

Intro

 

Hoy muchas bandas son añicos, legiones perdidas del rock. Por qué no son ídolos de masas aún es un interrogante que flota como un peso pluma. Ahora que solo importa la próxima traca, tan brillante como efímera, ahora que la espontaneidad es un plato precocinado que se sacrifica por una presunta causa mayor, la promesa de un éxito tan inmediato como rentable, intranscendente y fugaz, hay una habitación 101 de la música, cimientos inconclusos de imperios del rock que acabaron no siéndolo, desde la que retumban notas rasgadas como un eco disidente que reclama ser oído.

Los aficionados al rock somos anticuarios. El rock siempre fue un acto de libertad, de manumisión, el umbral de una jaula abierta por el que huir, no tanto un texto al aire al auxilio de una opinión. Tal vez lo más conservador e inteligente sea dejarse llevar por esta invasión de danzas y sonidos fáciles, por letras domesticadas e inermes. Pero nos gusta el rock and roll, un arte que va camino de ser, y más que nunca, arqueología y que siempre guardará, no obstante, un pequeño salto mortal como lo fue Grand Funk Railroad.

El rock y el madridismo no son parteaguas. Su relación es la misma que une al románico y al gótico, a Bach y a Velazquez o a la Venus de Botticelli con una joven Sienna Miller: la grandeza, la capacidad de emocionar como un incontrolado síndrome de Stendhal de indisociables vasos comunicantes. Tal vez ambos (y respectivamente) sean nada menos que guardianes de una llama sagrada, de una quintaesencia que algunos no ven aunque la tengan enfrente. Mejor así.

 

GFR

 

“Rock neandertal”. Así definía parte de la prensa especializada a Grand Funk Railroad (en adelante, GFR). Banda fundada en Michigan (EEUU) en 1968, fueron hijos bastardos de la fusión musical que experimentaba entonces la Americana, puro hard rock, funk y blues, pero también Rhythm and Blues e incluso heavy metal, en un combinado de alta graduación no apto para cualquier paladar. La banda dormía con un ojo abierto, pronto se enfrentó a pecho descubierto al incipiente, y más lucrativo para la crítica, mercado del pop y del soft rock que representaban bandas melifluas como Eagles, Fleetwood Mac, America o Toto. GFR era definitivamente otra cosa. Sus LPs y sus temas tampoco pretendían congraciarse con las discográficas como exvotos a dioses domésticos. GFR tampoco eran, como los Who de un Roger Daltrey atizando a Keith Moon o la lucha de egos de los últimos Beatles, satélites independientes orbitando por su cuenta sino un maravilloso triunvirato del rock que se debía tan solo a quien quisiera seguirlo.

Ahora somos diferentes pero entonces menos era más. Ellos supieron simplemente conectar con un público que se rendía a guitarras de sonidos limpios y solos sostenidos. Todo bajo una aparente y demoledora normalidad embutida de una estética disruptiva. Ese fue su gran logro. Dueño de una base rítmica rotunda, este “Power trio", formado por Mark Farner (voz y guitarra), Don Brewer (voz y batería) y Mel Schacher (bajo), siempre fue directo y seco. Sus letras no eran crudas, nunca pretendieron arrojar un bistec a la cara ni cambiar un mundo cambiante, solo divertir. Tan imprevisibles y alocados en el escenario como eficientes en su ejecutoria, fueron sangre fresca del rock en vivo.

“Who the hell are Grand Funk Railroad?” se preguntaba un crítico musical que nadie recordará. Y ellos, desafiantes, le contestaron con una sesión de fotos vestidos de hombres de las cavernas, fotos que exhibieron, para más inri, en la portada de su LP, “Survival”. La relación de esta banda con la prensa no fue buena desde el principio, desde el preciso instante en que manifestaron que los discos de estudio no eran su prioridad. Desde entonces, entre esos tipos y ellos sí hubo algo personal. La prensa y la banda afilaron cuchillos para convertirse en enemigos íntimos. Una relación tan indeseada como obligada con los medios, que se mascaba en cada rueda de prensa. Algo así como las del Madrid de Mourinho, tan ásperas como tragar chinchetas.

Lna relación tan indeseada como obligada DE gfr con los medios se mascaba en cada rueda de prensa. Algo así como las del Madrid de Mourinho

Tal vez sean hoy solo parte de la sección de saldos en cualquier tienda de discos, pero hubo un tiempo en que esta banda llenaba el Shea Stadium de Nueva York más rápido que los Beatles. Fue el 9 de julio de 1971, cuando lograron vender 55.000 entradas en 72 horas, mostrando músculo y actitud. La banda abrió aquella noche con uno de sus temas rotundos, “I´m your captain”, con un Mark Farner, literalmente, a pecho descubierto.

La industria quería hacer de ellos una soda efervescente pero no pasaron por su aro, lo cual les engrandece. A pesar de la "damnatio memoriae" a la que la industria discográfica les sometió como castigo a su rebeldía, murieron matando. Consiguieron para siempre una victoria a largo plazo, de esas que quedan esculpidas en mármol, que la América “blue-collar” los adorara. En particular, aquellos chicos del medio oeste encenagados en selvas lejanas, auténticos cebaderos de mosquitos y malaria, de un país llamado Vietnam. Mientras las clases acomodadas protestaban contra la guerra en sus respectivas ciudades, estos chicos fueron lanzados al fango demasiado lejos de casa. “Había que provocar que la gente pensara a través del rock”, declaró tras la ruptura de la banda Mark Farner.

Antes del diluvio que acabó en su ruptura, fruto de ese amor hacia su público son cuatro de sus álbumes clásicos, “On time” (1968), “Grand Funk” (1969), “Closer To Home” (1970), y “Survival” (1971), con la antes comentada portada de ellos mismos disfrazados de hombres de las cavernas por aquello del “rock neandertal”. Su discografía contiene varias bombas racimo a la línea de flotación de sus críticos en forma de temas inolvidables: “Some kind of wonderful”, “Sin's A Good Man's Brother” (de la que, por cierto, hay una versión superlativa del nuevo genio del blues-rock americano, Marcus King), “Walk like a man”o la auto reivindicativa “We're an American Band”, entre otros muchos.

Ahora que el Real Madrid nos perturba el sueño, conviene recordar que nosotros también tuvimos nuestro propio “power trio” para la eternidad. Cuando este dolor de cervicales nos mata, tensos, presionando imaginariamente frente a la pantalla por ellos, el madridismo evoca su propia memorabilia. El fin de aquel tridente mágico, diletantes del arte del fútbol, compuesto por Toni Kroos, Luka Modric y Casemiro, también fue, como el fin de los GFR, en cierto modo el de un ejército del rock rompiendo filas. En ambos casos, tanto en el trío Farner-Brewer-Schacher como en el de Luka-Toni-Casemiro, hablamos de un combo de perfectos empleados de la causa. “Éramos amigos y todo el mundo era feliz”, confesó Brewer en una entrevista. Esa frase, que condensa parte del secreto de su éxito, la habría suscrito cualquiera de los seis.

tanto en el trío Farner-Brewer-Schacher como en el de Luka-Toni-Casemiro, hablamos de un combo de perfectos empleados de la causa

También ambos “power trio” lo han sido a pecho descubierto, contra el mainstream, a espaldas del marketing y el calor de los medios. La desastrosa promoción del Real Madrid se ceba especialmente en ellos con una imagen icónica a todas luces que es también un punto de fuga, de un encanto icónico, incluso pop, imagen que debería empapelar la Ciudad Deportiva como señal de la modestia debida de los dioses: Toni Kroos sacando la basura. Los GFR tienen otra, aquella de Mark Farner como eterno descamisado irreverente en la revista “Rolling Stones”. Y es que en ninguno de los dos “power trio” hay ínfulas, nunca hubo aires de estrellato precoz ni sobrevenido de grandeza, sí asertividad envuelta en una trascendencia serena y consciente, la que da el apego efímero de saber que tu tiempo en los escenarios es finito.

Imagino que Casemiro no quiso lamentar haber perdido aquel tren hacia Manchester, pero ese gesto acabó rompiendo aquella magia hasta hoy. Resulta doloroso, casi cómico, verlos vestir una camiseta que no sea la nuestra, que es la suya. Nadie odia a Luka Modric ni a los GFR. Casemiro era un maravilloso destructor, un demoledor de edificios rodeado por dos pintores renacentistas. Tal vez por eso buscó su propio foco en el United. Algo parecido sucedió con Farner y Schacher cuando la banda derivó en sonidos más indulgentes y autocomplacientes que les permitieron mantenerse en las radiofórmulas pero que hizo que GFR empezara a sonar como miles de bandas más. Fue entonces cuando GFR descubrió que el sueño había acabado. Mientras Farner abrazó la Fe, Brewer comenzó a tocar en la banda de Bob Seger y Schacher, por su parte, abrió una cadena de tiendas de discos.

Hace tiempo que los pájaros no se tiran a las escopetas. Puñado a puñado, el tiempo ha erigido un desierto de arena porque ellos ya no están. La emoción no puede embargarnos, estamos al día en los pagos (aquí lloramos mucho). Si sobrevivimos al adiós de Toni y al de Luka en el Bernabéu podemos con los pedazos de cualquier banda rota, aunque estos sean los restos sonoros de los inolvidables GFR. A buen precio, nos quedan sus discos. También aquella voz directa al mentón que hace tanto y tan poco nos recordó eso de “No llores porque acabó, sonríe porque sucedió”.

 

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Vaya por delante, antes de nada, que estoy bastante enfadado con el partido perpetrado contra el Girona por parte del Real Madrid, y aún más enojado con la temporada que están haciendo, alternando con mayor frecuencia que nunca partidos como el citado. Hay innumerables ejemplos de ello. Además, en los dos últimos años ha pasado con tres entrenadores diferentes, y no veo la actitud necesaria en el equipo.

Podría debatirse ampliamente de fútbol y los motivos por los que el equipo está así: analizando la calidad de los jugadores, si tenemos las piezas necesarias en todas las posiciones, si nos sobran en algún puesto más de los necesarios, si tenemos los mejores futbolistas para combinar entre ellos, si la directiva hace los deberes y deja que actúe el entrenador, etcétera.

Pero tengo otro problema mayor aún: a mí, personalmente, no me apetece hablar de fútbol para analizar este fraude de competición. Pondré un ejemplo en otro ámbito: imaginad que en mi trabajo mi jefe me exigiera siempre más que al resto, estuviese en un entorno hostil donde se me minusvalorara e insultara, recibiera sanciones disciplinarias a pesar de hacer mi trabajo, broncas delante de todos y, además, tuviera que aguantar que compañeros, haciendo ciertas cosas que son sancionables por ley, lejos de afeárselas, fueran premiados con beneficios de empresa y subidas de sueldo, mientras que mi subida fuera cero, y no recibiera paga de beneficios.

Si en esa situación viniera mi jefe y me dijera que vamos a hablar de mi desempeño en la empresa y al valorarme me dice que no hago bien mi trabajo… posiblemente acabaría en la cárcel.

¿Por qué tengo que exigir a este equipo que rinda en Liga, Copa, Supercopa en este putrefacto sistema? ¿Alguien ha pensado que los jugadores quizás no tienen ganas de esforzarse a tope en esta basura de competiciones sabiendo lo que hay? ¿Pensáis que, si a vosotros os enfada esos arbitrajes, a ellos les da igual?

¿Por qué tengo que exigir a este equipo que rinda en Liga, Copa, Supercopa en este putrefacto sistema?

Tuve una conversación con Sergio Ramos, distendida, el año que el equipo de Mou ganó la Copa del Rey al equipo de los innombrables, le pregunté por qué nadie le hizo falta a Messi en la jugada del primer gol que nos hizo en Champions en el partido del Bernabéu, y le dejaron entrar hasta la cocina. Me contestó lo que yo me temía: “a Messi si le quitas el balón te pitan falta, si le haces falta es amarilla y si es falta de amarilla te sacan roja. Acababan de expulsar a Pepe y no le entramos ni Marcelo ni yo porque ambos pensamos lo mismo en esa situación: quedarnos nueve, y otra baja más para la vuelta. En cambio, a Cristiano le puedes pegar lo que quieras, que hasta la tercera o cuarta falta de amarilla no se la muestran al rival”.

Los jugadores saben lo que hay.

En cuanto al resto de equipos, también lo saben. Me consta de muy buena tinta que en la época de los galácticos más de un entrenador de primera contaba, en petit comité, que al Madrid le podían atizar todo lo fuerte que quisieran, pero al Barcelona era mejor no defenderlo con alta intensidad porque te expulsaban a la mínima.

¿Alguien ha visto cambios en el CTA? ¿Es alguien mínimamente capaz de explicar cómo es posible que un señor tenga criterios diferentes en un mismo partido según sea el autor de la falta?

Revisad las jugadas del partido contra el Girona otra vez. Cuando Mbappé braceando en una jugada de ataque cerca de la línea de fondo, en la primera parte, da con su brazo en el cuello del rival, el árbitro no puede verlo, ya que el propio jugador francés le tapa la jugada. Cuando el defensor se tira al suelo chillando, el árbitro pita varias veces señalando la falta y corriendo como un poseso hacia el jugador en el suelo. Kylian se para incrédulo y protesta bastante calmado. Tarjeta. En la repetición se aprecia que es poca cosa, hasta el punto de que Carlos Martínez dice que no le parece falta.

En el fútbol de hoy en día, cualquier manotazo en la cara se sanciona como falta, y la mitad de las veces con tarjeta, salvo si el agredido es del Madrid: que se lo digan al Panda Borja Iglesias y a Jude en el partido que jugaron en el Bernabéu esta temporada, donde Jude acabó con la ceja partida y tarjeta amarilla porque el árbitro dijo que no le había autorizado a entrar, mientras que Borja no recibió ninguna tarjeta.

Volvamos al partido del Girona: codazo en la oreja a Fran García, hasta el punto de hacerle sangrar. Falta, pero no hay tarjeta. Carlos Martínez nos dice que la de Kylian fue por protestar, no por la falta, porque él sabe de sobra que esta es de tarjeta y no se la sacan. Se justifica.

La trama del fútbol español deja la del Moggigate en cuento para niños

La última jugada del partido, por favor, revisad la secuencia completa y fijaos: antes de tocar Kylian el suelo, Alberola ya está haciendo aspavientos con las manos diciendo que no hay nada. Hay una diferencia con respecto al resto de faltas parecidas del partido, y es que el jugador saca el brazo para parar a Mbappé. Obviamente no quiere darle con el codo en la cabeza, y además da una coz con su pierna derecha entre las del jugador francés. Es penalti arriba y abajo. Kylian se queda mareado en el suelo y sangrando profusamente por un corte en la frente. No se mostró ni una sola imagen del jugador sangrando en el suelo, debe ser que consideraron que era horario infantil y algún niño podía asustarse. Hay que ser malnacidos para hurtarnos esas imágenes.

Al margen de ver a Pavel Fernández diciendo que el jugador del Girona roza al francés y éste se tira al suelo fingiendo un fuerte codazo como explicó Rafael Gómez de Parada en su excelente artículo Sangre ignorada en la Liga Retro de Negreira. Iturralde volvió a hablar en la radio de la misma patraña de siempre: el famoso protocolo del VAR:

Reconozco que esta no me la vi venir. Según Iturralde, el VAR tiene orden de no entrar en penaltis flagrantes. Este tipo de personas siempre están cambiando su argumentario para defender que vale una cosa y su contraria.

Además, el árbitro, mientras Kylian está en el suelo, hace un gesto llevándose el dedo a la oreja y hace tres aspavientos de nuevo: me dicen de arriba que no hay nada. Es decir, el VAR interviene y dice que no hay nada, mientras Iturralde sostiene que el VAR no puede entrar.

Esta trama española deja la del Moggigate en cuento para niños. Aquí está implicada mucha gente, es imposible ese arbitraje si no es a conciencia y con intención de hundir al Madrid.

No quiero extenderme mucho más ni analizar todas las jugadas sangrantes en nuestra contra y a favor del Barça, y los puntos que han volado de nuestro casillero y los que han llovido en el del Barça.

Quiero simplemente decir una cosa más, a raíz de alguna discusión con madridistas. El Barça, con esta, va a ganar tres de las últimas cuatro ligas, y todas ellas gracias al CTA, no han merecido ni una. Que me digan que el Madrid no las ha merecido, que el Barça sabe a lo que juega, que es un equipo trabajado y con las ideas claras, y que el año pasado nos golearon en cada enfrentamiento, me enfada aún más que ver a la banda de delincuentes que tienen en nómina en el Cártel Terrorista de Árbitros. Así que aprovecho para rebatir:

- Las goleadas recibidas por el Madrid el año pasado. En el primer partido de liga, anulan dos goles a Kylian que no se cree ni el que asó la manteca que hubiera fuera de juego. Me gustaría haber visto esa goleada sin esos fueras de juego, y el resto de duelos esa temporada con el Barça.

- El FC Barcelona es un equipo trabajado y sabe a lo que juega. El Barça juega al fuera de juego desde que llegó Flick, y cuando un equipo les pilla el truco no tiene plan B. Este año, el Barça hace innumerables faltas en el medio campo cuando un equipo inicia una contra. Revisad los partidos. Deberían sacarles tarjetas por la repetición, porque cada vez que les cogen al contraataque ellos hacen falta. Pero, ojo, que madridistas me vienen a decir que es un equipo trabajado y saben a lo que juegan.

No es incompatible reconocer lo mal que jugamos con el hecho de que al Barça le regalan ligas

Creo que se puede reconocer que jugamos mal, que hay que cambiar muchas cosas y tener un debate futbolístico sosegado entre todos, sobre todo en la T4 de Concha Espina, porque lo que digamos nosotros es lo de menos. Es más, es lógico estar enfadados por ello. Y esto no es incompatible con decir que el Barça ha ganado las últimas ligas, con esta serán tres en las últimas cuatro temporadas, sin merecer ni una de ellas. Las ganan por el CTA.

Da igual jugar mejor o peor, esto es un deporte y también un juego de azar. Influyen muchas cosas en el resultado de un partido, y no siempre gana el que juega bien. Hay mucho madridista que, por el mero hecho de jugar mal, ya les parece justo perder la liga, y defienden que el Barça la ha merecido. No es incompatible reconocer lo mal que jugamos con el hecho de que al Barça le regalan ligas. No pasa nada.

Tras las lágrimas, la risa: esos abrazos en San Mamés, ¡jaaaja!

Sólo hay que ver el ridículo que hacen cada vez que juegan en Europa, y contra equipos de medio pelo si los comparas con los rivales del Madrid. Mientras no sea Villar el jefe arbitral junto Şenes Erzik, que entonces sí ganaban títulos. Y ese melón aún no lo ha abierto nadie.

Este nauseabundo equipo del que usted me habla, inscribe con palancas falsas a jugadores fraudulentamente, reciben cautelares de juzgados (Gavi) y el CSD (Olmo) para hacer lo que les da la gana, cuando juegan un partido de pena como el nuestro contra el Girona reciben la ayuda de rigor del CTA para ganar —y a nosotros al contrario, el empujón necesario para caer por el abismo—, ganan ligas de forma ilícita. Y después de todo esto, tener que aguantar que un madridista me diga que este equipo está trabajado y saben a lo que juega.

Que su ejemplo a seguir sea el equipo más corrupto de la historia del deporte mundial a mí me indigna el triple que el propio hecho de lo nauseabunda y corrupta que es LaLiga.

Me niego a seguir viendo competiciones nacionales de un sistema putrefacto y completamente corrupto. Veré la Champions, aunque nos eliminen, donde, aunque a veces veas fallos arbitrales, jamás tienes la sensación de que te van a robar.

Y eso sí, me niego a hablar de fútbol mientras no compitamos en buena lid con el resto de rivales. Bastante tengo ya con aguantar a supuestos madridistas tocando las narices todo el día.

 

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Hace unos días tuve la oportunidad de ver en una plataforma televisiva una entretenida película española que lleva por título “Zeta”. Antes, se me había ocurrido leer por encima la sinopsis, en la que aparecía mencionada una operación policial citada en el título de este artículo. Recuerdo que pensé, medio en broma, que por fin un valiente guionista se había atrevido a desentrañar todos los tejemanejes por los que se caracteriza el fútbol patrio de nuestras entretelas. Al final resultó que Mario Casas y Luis Zahera, entre otros, no tenían nada que ver con la infecta red de corrupción que asola al mal llamado deporte rey, una red que, lejos de perder fuerza, se asienta cada vez más en su trono de depravación moral.

No diré que se trata de la única razón por la que utilizo estos calificativos tan llamativos, pero la principal radica en la existencia, desempeño y significado social de una realidad sociopolítica convertida en entidad deportiva que utiliza para su vestimenta habitual unas rayas azules y granas.

No vengo aquí a enumerar una vez más todas las tropelías que ha cometido y le han dejado cometer a esta organización; ya les supongo enterados de todas ellas, aunque sí a recalcar que solo han sido posibles en el marco de un sistema corrupto transversal que comprende la rama federativa, la jurídica y la mediática en España. Todo en aras de llevar en volandas hacia el éxito al club más agresivo, por cierto, contra todo lo que huela a español; una contradicción apabullante que nunca he logrado entender del todo, pese a que albergo mi particular teoría.

Por supuesto, el club más perjudicado (que no el único, ni mucho menos) ha sido el Real Madrid; tampoco descubro nada con esta afirmación. De todas formas, la gestión del club en cuanto a su defensa contra los ataques constantes de todo tipo que recibe de la organización catalana y todo el aparato propagandístico del antimadridismo imperante, más la vertiente federativa y arbitral, se parece de forma muy peligrosa a una absoluta dejación de funciones, cuando no a una actitud colaboracionista con este sistema decadente.

La infecta red de corrupción que asola al mal llamado deporte rey, lejos de perder fuerza, se asienta cada vez más en su trono de depravación moral

En mi modesta opinión, la frase “Necesitamos a un Barcelona fuerte”, pronunciada en plena vorágine del caso Barcelona-Negreira, constituye el peor momento en la dilatada y enormemente relevante carrera de Florentino Pérez como presidente, por lo que subyace de ella, por lo que significa y por los acontecimientos producidos antes y después. Este reciente cambio de línea editorial quizá llegue demasiado tarde porque, queramos o no, al club de los valors jamás le sucede nada. Y si no, esperen a las resoluciones de FIFA, UEFA y la justicia patria; les recomiendo que vayan perdiendo toda esperanza.

Una vez llegados a la conclusión de que el fútbol (sobre todo aquí, aunque me atrevo a pensar que también en el resto del mundo) sigue atravesando un agujero negro de inmundicia desde hace ya décadas, he tomado una decisión drástica. Y afirmarán, con toda la razón del mundo, que mi opinión no le importa a nadie, que solo soy un simple aficionado de a pie sin ninguna relevancia. Pese a ello, la expondré en las siguientes líneas sin ánimo de que nadie me entienda y, ni mucho menos, de que me apoye o me imite. Para mí el fútbol profesional, en toda la extensión de las palabras, ha terminado.

Pueden llamarlo recurso del pataleo, reacción desproporcionada e infantil, un sinsentido propio de un ignorante, una injusticia al extenderse también al club que me vio nacer (en sentido literal), o de la manera que les plazca. Desde que saltó a la palestra el caso del soborno al vicepresidente de los árbitros no veo fútbol nacional; con los últimos acontecimientos mi desprecio se ha extendido al resto de competiciones. No sería coherente si aportara mi granito de arena al mantenimiento de un espectáculo en cuya limpieza no creo, y que me produce un asco infinito.

Para mí el fútbol profesional, en toda la extensión de las palabras, ha terminado

Me fastidia mucho proceder de esta forma porque yo, como muchos de mi generación, crecimos disfrutando con los carruseles de fin de semana, con las retransmisiones televisivas, coleccionando los cromos de la liga, haciendo la pertinente quiniela, asistiendo al Bernabéu, y discutiendo de forma amistosa con mis amigos del Atleti. Fui oyente de García y De la Morena, y ocasional consumidor de Marca y As. Mi particular catarsis y la ruptura absoluta con el régimen anterior llegó en forma de artículos de La Galerna, podcasts de Richard Dees, y subscripciones a canales de Youtube relacionados con este universo, como el de mi admirado Pepe Kollins, Ramón, y algún otro. Navegué por todo el espectro deportivo y mediático, pero ahora se va a producir la casi total desconexión con el universo futbolístico.

Caerá algún esporádico directo de Kollins, artículos de La Galerna que destaquen por su interés, o ciertos y muy señalados programas de Dees, poco más. Cuando el Real Madrid caiga eliminado de la presente Champions League (o la gane, vaya usted a saber), desinstalaré la aplicación del móvil que va mostrando los goles y los resultados, y mi último vínculo con el fútbol habrá desaparecido. Si este proceder es o no irreversible lo decidirán futuros acontecimientos, los cuales, a fuerza de ser sincero, no creo que se produzcan. El descenso y retirada de títulos del club de los valors, la imposibilidad de jugar competición europea en diez años, el cambio drástico de política de la actual junta madridista, o la siguiente, y el desmantelamiento de la red corrupta patria. Entonces comenzaré a creer que un cambio de rumbo es posible. De todas formas, qué quieren que les diga, el optimismo y yo caminamos por sendas muy diferentes.

 

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Buenos días, amigos. ¿Para qué entráis en esta sección? Dispensad que os soltemos semejante pregunta así, a bocajarro y como primera providencia. No, no es que nos moleste que lo hagáis, todo lo contrario. Pero esa pregunta algo impertinente, aparentemente baladí e incluso frívola, encierra una grave cuestión cuya respuesta daría para un tratado sociológico, si no filosófico. ¿Qué oscuro placer, qué morbosa satisfacción encontramos los madridistas escudriñando los frontispicios de la dizque prensa dizque deportiva? ¿Qué brumosa perversión, qué sombría pulsión nos lleva a agarrar la lupa cada mañana, ávidos de encontrar un rayo de luz en ese cielo casi siempre encapotado y de color panzaburro que forman las portadas de los cuatro jinetes de nuestros desvelos?

¿Se trata, acaso, de una forma civilizada de meternos el chute diario de metadona —adulterada, bastardeada, corrompida, pero metadona al cabo— con que transitar los periodos de abstinencia en nuestra adicción al Real Madrid, a los que de cuando en cuando, y a nuestro pesar, nos vemos sometidos? No lo sabemos, amigos, pero sea como fuere, aquí estamos una jornada más ante la dosis diaria; dosis que suele oscilar entre la inanidad y la indignación. Con la MLN atada y bien atada (les encanta que los planes salgan bien, como si hubiera alguna posibilidad de que salieran mal), hoy toca ración de la primera en la prensa cataculé; empezaremos por ella. Pero ya os adelantamos que hoy la prensa madrileña tal vez traiga una respuesta, siquiera parcial, a nuestras preguntas. Sí, también hay días en que ese rayo de luz se abre de paso trabajosamente entre las nubes negras. Y, con un poquito de voluntad, incluso puede bastar para tornar en luminosa y esperanzada una realidad por lo demás ominosa y asfixiante.

Efectivamente, tanto Sport como Mundo Deportivo se encomiendan a San Lamine Yamal para la remontada en Champions ante el Atleti. Bostezo. Sorpresón en Las Gaunas. Bostezo. Se nos ocurre que tal vez harían mejor encomendándose al inigualable gen perdedor del Atleti y a la inagotable capacidad colchonera para el gatillazo tragicómico, pero qué sabremos nosotros. Mundo Deportivo nos aclara, por si el ditirambo del jugador no hubiera quedado suficientemente encomiástico, que Yamal “asume la presión y el protagonismo con total naturalidad; hoy hablará ante la prensa”.

Nos congratulamos y celebramos como merece que el astro blaugrana, haciendo gala de una capacidad inaudita para asumir la presión con naturalidad, hoy se digne hablar ante la prensa. Prensa que, damos por seguro, escuchará con arrobo lo que salga de su boca y no desoirá las muchas y provechosas enseñanzas que tenga a bien impartir. Lo que sí nos chirría un poco, y dígase esto con el debido respeto a esa viva imagen de la prudencia, la templanza y las demás virtudes cardinales que tenemos en Yamal, lo de atribuirle al chico la cosa esa de la naturalidad.

Hombre, natural, lo que se dice natural, era el gran Chiquito de la Calzada, que exigía por contrato que en su camerino siempre hubiera una botella de J&B sin empezar. La naturalidad de Lamine, qué queréis que os digamos, se nos antoja más del tipo de la de un niñato con alma de divo. Alguien que, en lugar de una botella de J&B sin empezar en su camerino, exige para grabar un anuncio una sala con sofá y televisión king-size, donde jugar a la Play hasta que le apetezca grabar, mientras el equipo de producción espera pacientemente en el estudio de grabación. Que nadie nos malinterprete: lo anterior es un ejemplo ficticio fruto de nuestra imaginación seguramente calenturienta. O no.

En fin, abandonamos aburridos el ambiente cerrado y sin ventilar que se respira por el país de los campanarios, y trasladámonos a la meseta. Marca y As se hacen eco del discurso de Florentino Pérez en el acto de entrega de insignias a los socios madridistas, y montan dos portadas de arenga a los nuestros ante la batalla que nos espera el próximo miércoles en Munich. Bienvenida sea la arenga del presidente, y bienvenido su reflejo en As y Marca, puesto que el desafío es del tamaño de la ambición del Real Madrid.

Es tiempo, pues, de arengas. A nosotros se nos vienen a las mientes los primeros versos del poema de Sam Walter Foss que enmarcan el arco de entrada del Capitolio del Estado de California, en Sacramento:

 

Bring me men to match my mountains,

Bring me men to match my plains,

Men with empires in their purpose

And new eras in their brains”.

 

O, ya puestos, la famosa arenga del Enrique V, que es el nombre que toma Florentino Pérez en las dramas shakesperianas, en el día de San Crispín:

 

“Rather proclaim it, Westmoreland, through my host,
That he which hath no stomach to this fight,
Let him depart; his passport shall be made
And crowns for convoy put into his purse:
We would not die in that man’s company

That fears his fellowship to die with us.

(…)

We few, we happy few, we band of brothers;
For he today that sheds his blood with me
Shall be my brother; be he never so vile,
This day shall gentle his condition”.

 

Que, en traducción literal, significa:

 

“Anunciad, en cambio, madridistas, a todas la huestes,

que el que no tenga estómago para esta pelea,

se vaya; se expedirá su carta de libertad

y se llenará su bolsa con coronas para el traspaso:

no moriremos en compañía de ese hombre

que teme morir a nuestro lado.

(…)

Pocos, pocos y felices, nosotros, una banda de hermanos;

porque aquel que hoy derrame su sangre conmigo

será mi hermano; aunque su temporada hubiese sido vil,

en este día adquirirá el más noble madridismo.”

 

El Real Madrid nació para librar estas batallas.

 

Pasad un buen día.

Sangró Mbappé. Sangró el arbitraje. Sangró el operador que ofreció el partido del Bernabéu al ocultar esa sangre. Y sangró el Madrid otra vez. Su manera de jugar y competir no tiene nada que ver con la de toda la vida. Eso tiene arreglo, espero. El resto, no.

Empecemos por lo propio: no recuerdo un Madrid así y por lo leído y escuchado me remonto al de los fundadores y alrededores, a cuando los Padrós o Bernabéu jugador. A cuando ganaba poquito pese a contar con Franco Arantes do Nascimento, el doble de Pelé. De entonces al de las remontadas voy.

Jamás un Madrid se ha comportado como este, ese irritante Guadiana. Habrá jugado mejor o peor, ganado o perdido, pero jamás ha deambulado así por el campo. Un vicio de difícil arreglo, me temo. Se ha impregnado en la plantilla. La limpieza, ponerle presentable de nuevo, va a necesitar toneladas de KH-7.

13 de abril. En cuatro meses arrancará la próxima temporada. ¿Da tiempo para el inevitable reseteo? ¿Cuántos valen para ello? ¿Los fichajes vendrán y qué pensarán? ¿Y el entrenador? Con Xabi no ligaban, con Arbeloa parece que más. Pero hacen parecido. O sea, pasear y no ganarle al Girona y a tantos como él. Se trata de jugar mejor y aplicarse más, todo a un tiempo. Un reto gordo.

Fichajes y retoques que irán más allá de la primera plantilla por lo visto. AS, su director José Félix Díaz, cuenta que el club quiere recuperar a Toni Kroos. ¿De director deportivo o cosa parecida? Esa figura sí la tiene el Madrid. Lo que no tiene es un exfutbolista al mando, un ex o uno de esos tipos peculiares que ejercen ese cargo sin haber destacado de corto. ¿Y Florentino? ¿Y el modelo societario? ¿Habrá novedad, novedades? Lo de Múnich es lo de menos. Ganar o perder no arregla lo mollar.

Sangró Mbappé, el arbitraje, el operador que ofreció el partido. Y sangró el Madrid otra vez. Su manera de jugar y competir no tiene nada que ver con la de toda la vida. Eso tiene arreglo, espero. El resto, no

Otro problema grave es la Liga, lo que le espera al Madrid: más de lo mismo, no hay duda. Mal remedio tiene también. Sí, ya comenté que en la desidia del equipo en la Liga deben influir los arbitrajes. Yo, guapo, listo y con dinero, que más quiero Baldomero, ¿voy a estar pendiente de lo que se le ocurra al Alberola de turno, al Trujillo, Mérida o Badajoz, un partido sí y a otro también? Anda y que les den.

Comprensible es por agotador. Luego de difícil apaño, por supuesto. Volverá la competición a mediados de agosto y para el Madrid será un suma y sigue. No hay voluntad de purgar el escandalazo, obviamente Negreira, y viendo el comportamiento y reflexiones del CTA la certeza de que nada va a cambiar es absoluta.

La próxima vez que uno del Madrid sangre en el área que el árbitro o el del VAR vayan a pensar, y decidir, que igual hay que ver eso, es una quimera. Ya no digo hacer lo más natural, pitar penalti y presentarse ante el mundo como una persona normal vestida de árbitro. Si lo hicieran, al Mundial no iría solo uno y porque no hay más remedio.

El operador. No vimos la sangre de Mbappé, no hubo imágenes de la jugada. Bueno, para pitar penalti vale con la primera, pero no nos tomen el pelo. Cuentan la cosa como si se tratara de un Madrid-Girona de 1973. Una camarita y unas tomas para el No-Do.

Es normal que nos consideren tontos del bote, eso sí: nos ponen y quitan las imágenes que les parece, pagamos una pasta gansa, no nos llega todo lo que pasa... y no nos hacen descuento alguno. Tontos, tontísimos. Secuestrar imágenes, un juez ya dijo que a Real Madrid y Espanyol se las habían birlado en varias ocasiones, es otra forma de corrupción. He dicho.

Es normal que nos consideren tontos del bote, eso sí: nos ponen y quitan las imágenes que les parece, pagamos una pasta gansa, no nos llega todo lo que pasa... y no nos hacen descuento alguno

Múnich me parece pues un asunto importante más. Es Europa y juega el Rey. Pero es lo de menos en este momento madridista. Se trata de otro reto en la historia del club y del torneo. La supereliminatoria dos mil millones del Madrid en esa competición, habrá más. Un partido de vuelta del Clásico europeo con ventaja local de un gol. El Madrid acudirá en su versión más presentable en pos de otro gran golpe.

¿Y? Difícil, luego no lo descarten. Pero no, no es Múnich el superreto de este Madrid. Incluso ganando. Incluso ganando la 16. Es mucho más importante que vuelva a ser él para vencer sus debilidades y enfrentarse a toda la maldad que le rodea. Aquí nadie se rinde, ha dicho el presidente. OK. Los de enfrente, tampoco.

 

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El Real Madrid tiene 600 millones de seguidores en redes sociales. De esos 600 millones, ¿cuántos se han enterado de que a Mbappé le abrieron una brecha vía codazo dentro del área, y que increíblemente la agresión fue condonada por Alberola Rojas, que se abstuvo de pitar penalti?

La respuesta es clara: solo aquellos que, además de seguir al Real Madrid en X y/o Facebook y/o TikTok, siguen también un canal de relativamente escaso alcance como es RMTV, o a algunos medios digitales como La Galerna, o a algunos streamers que han subrayado el escándalo en sus canales de YouTube o cuentas en redes.

A vista de pájaro puede que, de entre los 600 millones de seguidores en redes sociales del Real Madrid, quizá tan solo ¿un millón? ¿Dos? La cosa es sangrante (nunca mejor dicho) no solo en tanto en cuanto el club blanco está infrautilizando visiblemente su arsenal de canales para la batalla cultural, sino también por el empeño del otro lado por ocultar la verdad. Movistar, por ejemplo, durante la retransmisión, no mostró a sus televidentes la jugada, escamoteándoles, como tantas otras veces,  el nuevo expolio arbitral que sufrían los de Arbeloa. Cuando los enemigos ocultan aviesamente la verdad, tú no te puedes permitir el abstenerte de utilizar tus potentísimos altavoces para contrarrestar su perfidia.

Me resulta muy difícil de entender que el club de Concha Espina no haya utilizado su inigualable plataforma para denunciar lo sucedido. Lo tenía a huevo. La imagen de Mbappé tirado en el césped mientras manaba hemoglobina de su frente es icónica. Habla libros. ¿Cómo es posible que no la hayamos utilizado para hacer entender a la práctica totalidad del planeta la gravedad de lo que está sucediendo, año tras año, en el campeonato español?

Los rivales deportivos (?) usan las suyas hasta la extenuación. La cuenta del Atleti no calla para dar pábulo a sus delirios victimistas, especialmente cada vez que, como siempre, se creen perjudicados tras un nuevo derbi. La del club cliente de Negreira hace lo propio, con desfachatez absoluta (roban y se quejan porque según ellos les roban). ¿Por qué razón no usamos nosotros nuestro poder, infinitamente superior al de ellos? Un video de RMTV sobre el enésimo atropello de los Arberola, Munuera o Sánchez Martínez se queda ahí, en los espectadores de la cadena, que no son muy numerosos. Ese mismo video posteado en X o Instagram sí que hace temblar a Tebas, Louzán, Fran Soto y el mismísimo Misterio.

La imagen de Mbappé tirado en el césped mientras manaba hemoglobina de su frente es icónica. Habla libros. ¿Cómo es posible que no la hayamos utilizado?

No digo que se usen las redes sociales cada vez que volvemos a experimentar el impacto del modus operandi de la Mugrienta Liga Negreira, porque entonces no las dejaríamos parar. Hay que hacerlo ocasionalmente, pero no se pueden desperdiciar ocasiones tan claras y elementales como la del viernes. Cuando se ha usado esa herramienta, cuando se han sacado los cañones gordos (como dicen los angloparlantes), el resultado ha sido óptimo. Recuérdese el caso del video sobre el Barça y Franco que se posteó con motivo de aquellas repugnantes palabras de Laporta, o el que tuvo millones de reposts cuando Romero casi revienta a Mbappé y la cosa se salda con amarilla y victoria del Espanyol con gol del propio Romero.

Estamos librando la madre de todas las batallas contra el más poderoso ejército interestelar de alienígenas. Tenemos a nuestra disposición armas nucleares, pero nos contentamos con el uso irrisorio del proverbial machete.

 

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Hola a todos. La liga ha finalizado para el Real Madrid sin posibilidad de alzarse con el título. No es una realidad matemática (son 9 puntos, teóricamente enjugables en caso de hecatombe culé e infalibilidad blanca), pero en la práctica es una distancia insalvable. El empate del Madrid ante el Girona y el triunfo de ayer (4-1) del club cliente de Negreira ante el Espanyol dejan el camino libre y expedito a los de Flick para levantar el trofeo.

Esta realidad duele de mala manera. Hará falta una hazaña en Champions para que la temporada no acabe en blanco. La pasada temporada se saldó con la magra conquista, en exclusiva, de una Supercopa de Europa allá por agosto del 25. Esta sequía la toleraría muy mal el madridismo, y así debe ser: debe tolerarla mal. Los análisis sobre qué debe cambiar en el equipo e incluso en la institución deben quedar, con todo, para cuando se sepa el saldo final de la campaña. Mientras tanto, no está de más recalcar que caer nuevamente en la liga es un fracaso, si bien un fracaso que contiene el importante matiz del factor arbitral.

Atribuirlo todo a los árbitros sería de ciegos, pero minimizar esa variable, sobre todo después del sangrante (nunca mejor dicho) penalti hurtado sobre Mbappé ante el Girona, es de malintencionados. Hacer oídos sordos ante ese clamor, afirmando que lo único que cabe es la autocrítica, seria como obviar que nuestro hijo está sufriendo bullying en el colegio hasta que no apruebe las matemáticas. Si tanto queremos a nuestro Madrid, uno de los focos debe estar puesto en defenderlo del expolio nuestro de cada día, a manos de los esbirros del CTA. El otro foco debe estar puesto en una crítica constructiva que nos ayude a salir de los problemas de juego, que están ahí.

Los madridistas que ponen énfasis en el factor arbitral son acusados por otros madridistas de utilizar “cortinas de humo” (sic) para ocultar los evidentes problemas de juego del equipo. El excelente tuitero Ice Landic lo rebatía ayer con brillantez.

Por su parte, nuestro editor Jesús Bengoechea hacía el siguiente análisis (ya cuasidefinitivo, por desgracia) de la campaña liguera.

En cuanto a la prensa, las portadas de hoy refrendan lo que viene observándose desde hace tiempo, a saber: hay dos bloques, uno de ellos mucho más numeroso que otro. En el primero figuran los enemigos del Madrid, a saber, la prensa cataculé en pleno, la práctica totalidad de las televisiones y radios y el grupo Unidad Editorial, con el muy tebiano y cada día más filoculé diario Marca al frente. Ved cómo Marca lleva ya dos jornadas consecutivas ignorando la sangre derramada por Mbappé sobre el área gironesa, previamente ignorada por los prevaricadores trencillas sobre el césped y en el VAR. Hay omisiones que son declaraciones de intenciones encubiertas. Ved todos los diarios culés del día para que lo apreciéis. Os los ofrecemos ordenados de más a menos culés.

En el segundo bloque está PRISA y su diario de cabecera, As, que si bien está lejos de ser un rotativo afín al Madrid por lo menos sabe poner el foco donde hay que ponerlo. Y donde hay que ponerlo, salvo que seas un cafre sectario, es en el robo descarado sufrido por el equipo de Arbeloa en los últimos minutos de su último partido.

Con todo, y aun siendo la única portada digna en este domingo aciago, cabe hacer una puntualización a la letra pequeña de esta primera plana.

Donde dice “La televisión no mostró la sangre de Kylian al carecer de un plano claro” debería decir “La televisión (Movistar) DICE QUE no mostró la sangre de Kylian al carecer de un plano claro”. De lo contrario, sin ese matiz (“dice que”), estás haciendo tuya la vil excusa, dándola por buena.

La realidad es que hay infinidad de cámaras en el campo (por ejemplo, para escrutar hasta el mínimo movimiento de Vinícius a fin de hacerle quedar mal) y que, nuevamente, el realizador trató de birlar al espectador imágenes muy significativas, o sea, las de Mbappé sangrando a consecuencia del codazo de Reis. Y lo peor no es que se las birlara al espectador, sino la pregunta que, como otras veces, queda en el aire, estremecedora en su modo de dejar patente el tercermundismo del sistema de videoarbitraje que sufrimos.

La pregunta es: ¿se le hurtaron también esas imágenes al VAR?

La corrupción tecnológica, amigos, no es la menos importante de las vertientes que ejemplifican la podredumbre grosera del fútbol patrio.

Pasad una buena tarde.

Hay días en los que madrugar implica tan poco esfuerzo que el cuerpo —y sobre todo la mente— te prepara con escasas horas de sueño. Ocasiones que requieren de tiempo para ser asimiladas, pero con futuro asiento reservado en la memoria.

8 de abril. Sin noticias del sol, dejo Madrid, la ciudad de su vida, con destino Fuengirola, la cuna que se resiste a olvidarlo. Al llegar, la primera llamada. Es Canal Sur Radio. La previa de la presentación. Comida frugal, descanso sin descanso y Julio Rodríguez, concejal de Deportes, espera para un café. Resuelto, rebosante de ilusión, no se cansa de regalar facilidades. “Mañana juegas en casa”, me adelantó en la víspera, y cuán agradecido estoy de cruzarme con un hombre de palabra. También asiste Dante Hermo, editor, al que la sólida defensa de sus colores no le nubla para oficiar sentida admiración por el protagonista. Y Roberto, al último que abrazo, quizá porque desde hace tiempo siento que lo hago todos los días.

Agradecimientos mutuos, confidencias, palabras compartidas antes de que todas las acapare la figura y razón de nuestro encuentro. Salón Real del Ayuntamiento. Escenario privilegiado que no tarda en desbordarse por la generosidad de familiares, compañeros, amigos y un pueblo que no desaprovecha la oportunidad de recordar una vez más al primero de los suyos.

El piloto será Antonio García, del que no tardamos en saber que lo suyo no es el fútbol, pero sí las personas, a las que rápido embruja (a mí el primero) merced al encanto de su curtida profesionalidad. Saludo a Juan David, cuyas facciones y gestos, si se pudieran unir a las de Roberto, nos llevarían a la perfecta silueta de su padre. Y de nuevo Canal Sur, que en su versión televisiva asiste con cámara y micrófono para desbrozar las líneas maestras del libro.

Las siete. No podíamos empezar a otra hora. Dante introduce, Antonio reparte, Roberto desabrocha sus emociones y yo trato de rematar el pase de gol. Entonces aparece el niño que nació a pocos metros de donde estamos —en el 14 de la calle Molino, interviene su hermana Mari Carmen—, el futbolista que desheló Burgos con sus carreras supersónicas, el símbolo de Chamartín, el ídolo que retornó a Málaga antes de revolucionar Mérida desde el banquillo. También el padre orgulloso, su inmenso corazón, las bromas, los problemas, el mito, la leyenda. Muchas sonrisas, alguna lágrima, pura pasión, puro Juanito, el 7 infinito.

Y para cerrar, illa, illa, illa.

Estas cosas pasan. Tenía ya listo mi artículo para La Galerna y me he puesto a ver el partido del Real Madrid contra el Girona. Dejemos al margen el vergonzoso nivel futbolístico de nuestro equipo este año. Hoy se la ha ocurrido a LaLiga homenajear el pasado, un tiempo en el que no se sabía lo de Negreira y todos éramos aparentemente más felices. LaLiga retro, dicen. Y efectivamente, hemos vuelto a los tiempos de fuego y plomo.

 

Alberola Rojas ha impartido una clase magistral del Método Negreira. Primera parte, dos ejemplos: Mbappé progresa hacia el área protegiendo la pelota y mide poniendo el brazo sobre el pecho de un adversario. El defensa exagera y agoniza sobre el césped. Tarjeta para el francés. Arnau le da un fuerte y peligroso codazo en la cara a Fran García mientras disputan un balón aéreo. "Jueguen". El Método era esto. Siempre fue esto. Cocinar los partidos a fuego lento. Segunda parte: Tarjeta a Valverde por una entrada fuerte y noble, sacando el balón. Finalizando el partido, penalti incontrovertible sobre Mbappé cuando entraba en el área pequeña tras un recorte; el defensa superado se gira con el brazo abierto dando un codazo en la cara al delantero. Mbappé sangra. Jueguen. El sicario de confianza Trujillo Suárez se inhibe en el VAR. Hasta Carlos Martínez se sorprende. Este es Alberola Rojas, el chuloplaya adolescente que no podía ser más en la vida que árbitro o figurante de reality televisivo. Pagó por coaching al hijo de Negreira para prosperar. Adiós definitivo a la liga, amigos. Amargura por el juego y por los horribles signos vitales del equipo. Vamos a Munich con el Rosario de la abuela en la muñeca.

penalti incontrovertible sobre Mbappé cuando entraba en el área pequeña tras un recorte; el defensa superado se gira con el brazo abierto dando un codazo en la cara al delantero. Mbappé sangra

Llevo un tiempo dándole vueltas a las estadísticas que están aportando MaketoLari, Juanpa, DMR, Futbolgate y otros, a la lucha contra la impunidad del delito de corrupción deportiva más grave de la historia del deporte. Y sí, es el más grave, porque no sólo ha tenido consecuencias devastadoras para la competición en el fútbol español, congelando el palmarés de los clubes que no pagaron "por neutralidad" e inflando el del que sí lo hizo. También es el más grave por su duración, con presumible origen en los remotos años 90 y su innegable presencia en 2026. Nos cuentan que la cosa duró hasta 2018, cuando Rubiales cesó a Negreira y a Sánchez Arminio, días después de tomar posesión como presidente de la RFEF.

Arminio, q.e.p.d.

Al cese múltiple de corruptos, Rubiales añadió la implementación de Protocolos de Integridad: se introdujo la obligatoriedad para todos los ejecutivos de la RFEF de firmar una declaración de ausencia de conflicto de intereses. Se trata de un documento confidencial en el que se prohíbe a los empleados de la RFEF (CTA incluido) cobrar de terceros… (!!!) justo después del cese fulminante de Negreira. Watson y su jefe estarían contentos de lo fácil que es atar cabos en este asunto. Rubiales sabía.

Desafortunadamente, y por razones que nunca confesarán sus promotores, en junio de 2021 Rubiales propuso la eliminación, en el código ético de la organización, de la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción deportiva, y se ajustó el tiempo de prescripción a tres años. Laporta se había incorporado un mes antes a la junta directiva de la RFEF. La foto de la votación es lo más denigrante que uno puede imaginarse en una democracia. La última factura de Negreira se emitió en junio de 2018. Tres años exactos. Casualidades afortunadas. Delito de corrupción deportiva prescrito con total intencionalidad.

Agencia Tributaria José María Enríquez Negreira pagos Barça

Con estos hechos y esta cronología ¿les resulta creíble que el besucón presidente de la RFEF declarase ante el juez que sólo tuvo conocimiento de los pagos a Negreira cuando el escándalo saltó a la prensa en febrero de 2023? Como diría el inspector de policía Miguel Gila perspicazmente, contemplando una colilla en el suelo al lado del cadáver del asesinado: "Aquí han fumao". No necesitamos la grabación de las conversaciones de toda esta purria conspirando para tapar un delito. Son Laporta y Rubiales, amigos, que es como decir Bonnie and Clyde.

Lo peor no es ser corrupto, lo peor es la inmoralidad, la impunidad y en el extremo, tener que soportar a toda esta gentuza presumiendo de sus delitos

Todo el mundo sabía que el Barcelona pagó durante décadas a Negreira. Rubiales maniobró con urgencia, recién llegado, para taparlo y para evitar que le salpicara. Y todavía tenemos que aguantar el epatante "no hay pruebas" de los discapacitados morales de la culerada de las redes. Impasible el ademán en sus caras de hormigón armado, réplicas 1:1 de la de Laporta, que últimamente llama "asesorías" a lo que antes llamó informes y que sigue tratando a los jueces instructores como Torrente trata al "Cuco". Corran a ver la película si no se acuerdan del personaje de Gabino Diego.

Sólo reflexionen un momento como ciudadanos, olvídense del fútbol, y díganme por qué un ejecutivo de alto nivel en cualquier actividad profesional podría tener interés en eliminar la imprescriptibilidad de la corrupción en actividades bajo su responsabilidad. No hay que buscar tres pies al gato para llegar a la conclusión de que sólo un delincuente o un cómplice estaría interesado en semejante aberración. En las democracias no se alivia la presión sobre la corrupción. Se aumenta. No hubo focos rojos ni señales de alerta en la prensa o los clubes. Todos lo sabían. Y lo taparon.

2018 fue el año de las prisas por enterrar al muerto. También fue el año en el que Negreira y Sánchez Arminio salieron, dejando la maquinaria de la corrupción al ralentí tras ellos, esperando instrucciones. El CTA se fue configurando a medida de los corruptos durante más de veinte años, no se detuvo con Negreira y no se ha detenido todavía, como constatamos cada fin de semana.

Alfredo Relaño acuñó el término "Villarato" en 2004, Villar es el tercer hombre del triunvirato que ejerció un poder omnimodo sobre el fútbol durante décadas, dentro y fuera del césped. Estaban unidos como uña y mugre. Fueron quienes pusieron el sistema a disposición del Barcelona, siempre pendiente de cualquiera que quiera vender su dignidad, especialmente si son dirigentes arbitrales, influencers o medios de comunicación. Compro el sistema y compro el relato. El pack completo.

díganme por qué un ejecutivo de alto nivel en cualquier actividad profesional podría tener interés en eliminar la imprescriptibilidad de la corrupción en actividades bajo su responsabilidad. No hay que buscar tres pies al gato para llegar a la conclusión de que sólo un delincuente o un cómplice estaría interesado en semejante aberración

El Método Negreira fue descrito en 2011 por Relaño, que habla de un "sistema estructural de influencia indirecta" en el que se generan incentivos para que los árbitros favorezcan al Barcelona y perjudiquen al Real Madrid, lo que explica, según el periodista, el ciclo de títulos del Barcelona entre 2000 y 2010. Relaño decía en aquella época "llevo cincuenta años siguiendo el fútbol español y no recuerdo casos de apoyo explícito tan sostenidos a un club". El Barca recibe "protección arbitral sistemática"

Impunidad de Relaño

El tipo de incentivos que recibían los árbitros eran: nombramientos para internacionalidad, asignación de partidos importantes (finales de Copa, por ejemplo), cursos en Japón o Catar con cuentas de gastos astronómicas). La consecuencia era un criterio asimétrico muy notable en los partidos de Barcelona y de Real Madrid. El Método funciona así:

Paradas Romero fue castigado y forzado a abandonar el arbitraje con 40 años por no expulsar a Mourinho después de feas protestas en un partido contra el Rayo en 2013.

Daudén Ibáñez fue desposeído de su título de árbitro internacional por anular un gol legal al Atlético en el partido de liga de 2007 frente al Real Madrid.

A Tristante Oliva se le mostró la puerta de salida después de un polémico penalti señalado a favor del Real Madrid en el minuto 90 contra el Valencia en 2004.

Rodríguez Santiago fue nominado para pitar la final de Copa del Rey tras legitimar el gol con la mano de Messi el día del Tamudazo, año 2007. Hizo lo que pudo, aunque el Real Madrid ganó esa liga.

Mejuto González fue premiado con el Mundial tras pitar un penalti fuera del área al Barcelona en el partido de LaLiga de 2005 frente al Atlético.

 

Entre los clarividentes artículos de Relaño y 2018 la cosa siguió igual, mención especial para Clos Gómez, uno de los mayores sicarios del silbato, que anuló varios goles legales importantes al Real Madrid entre 2011 y 2014 y no hay un partido en que no nos atracara escandalosamente. Es el árbitro con el que el Barcelona tiene récord de victorias. Su recompensa fue la dirección técnica del CTA y posteriormente el proyecto VAR justo en el momento en el que Negreira amenazó por burofax al Barcelona reclamando pagos y mandó el histórico mensaje: "Os puedo ayudar con el VAR". Ahí estaba Clos, con el motor en marcha y el antifaz puesto.

Clos Gómez

Melero López merece capítulo aparte. Es el árbitro que le sacó amarilla a Ronaldo en el partido contra el Rayo de 2014, en el que con 0-0 se comió uno de los penalties más claros que he visto en mi vida, zona derecha del área, Cristiano recorta y el defensa se va al suelo llevándoselo por delante en el arrastre. Melero es actualmente uno de los árbitros VAR de cabecera del CTA para prevaricar, después de hacer el trabajo sucio en el césped durante años.

Melero López

Trujillo Suárez es otro de los más “fiables” en el VAR: Siempre sabemos exactamente qué va a hacer. Lo hemos visto en el partido contra el Girona y lo vimos el año pasado en los atracos consecutivos del infausto mes de febrero. Ya no fue Negreira, pero el VAR sigue ayudando al Barcelona desde 2018. No hace una semana todavía del atraco del Metropolitano por la roja que Melero decidió quitarle a Gerard Martín.

Mención honorífica para Velasco Carballo, De Burgos Bengoechea, Hernández Hernández, los Munuera, Manolete, con esas divertidas anécdotas, especialmente en derbis y clásicos, que tanto nos gustan.

La entrada de Javier Tebas en la RFEF ha sido como el pacto con el diablo de Mickey Rourke con Robert deNiro en "Angel Heart". El fútbol es de Tebas. Ni siquiera necesita una pinza en la nariz para pasearse por el CTA. Ese aire acre de sepulcro mal cerrado le huele a primavera. Ganando 5 millones de euros al año no se puede ser tonto. Y Tebas es muchas cosas, casi todas malas, pero tonto no es. Ya no está Negreira, no está Sánchez Arminio, echaron a patadas a Clos y a "Goodfellas" Cantalejo. Pero el Método sigue ahí, perfeccionándose cada año. Vean la regularidad suiza de la anomalía estadística de tarjetas rojas, por ejemplo.

Termino con la inolvidable entrevista a Godall, vicepresidente de la primera época de Laporta, en la que, para pasmo general, confirma impúdicamente frente a las cámaras en 2012 que el Barcelona estaba desarrollando una estrategia para tener un saldo arbitral favorable, basado en las "relaciones" del club con las instituciones del fútbol y que ya estaba dando resultados visibles.

Gracias por tu corrupción

Lo peor no es ser corrupto, lo peor es la inmoralidad, la impunidad y en el extremo, tener que soportar a toda esta gentuza presumiendo de sus delitos. En sus mentes nunca aceptaron la superioridad del Real Madrid. Son supremacistas y se sienten diferentes, mejores. Ver la apabullante historia del rival es una herida abierta para ellos. Su eterno victimismo, y sobre todo la envidia, fue lo que les llevó a tomar el camino corto a la grandeza, comprando 23 títulos durante los años del Negreirato. Contemplen la escala de valores y qué lugar ocupa la moral en esas cabezas.

En palmarés de títulos españoles están a un par de décadas de alcanzarnos, si no conseguimos higienizar el pobre fútbol patrio. En Europa, nadie que esté vivo hoy y sea mayor de edad verá en su vida al Barcelona poner en peligro el reinado del Real Madrid. Pero el mundo del fútbol sabe cómo lo hicieron y de un modo u otro la justicia, la UEFA, la FIFA, el karma, o incluso madridistas de buena fe, como Ricardo Ramos Neira, Martín de Pozuelo, o tal vez alguno de nosotros, les pondrá en su sitio. Ya queda menos.

 

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