Las mejores firmas madridistas del planeta

El eximio novelista (y último ganador del Premio Nobel de Literatura en lengua española, en 2010) Mario Vargas Llosa, fallecido anoche en Lima a los 89 años, era también un apasionado del fútbol y, en particular, un ferviente seguidor del Real Madrid. Su amor por el club de Concha Espina se reflejó en varios escritos y entrevistas.

Durante el Mundial de España en 1982 ejerció como periodista deportivo, cubriendo diversos partidos, lo que muestra su gran interés por el balompié. En su ensayo Hacer el amor, publicado en El País, Vargas Llosa narró cómo, tras asistir a un partido del Real Madrid contra el Bayern de Múnich en el Santiago Bernabéu, quedó fascinado no solo por el juego, sino por la atmósfera del estadio y la pasión de la afición. Comparó la experiencia de ver al Real Madrid con un ritual colectivo, lleno de emoción y teatralidad, algo que resonaba con su exquisita sensibilidad como escritor.

Aunque no escribió extensamente sobre fútbol en su obra literaria, su madridismo era más que conocido entre sus círculos cercanos y en la prensa. En una ocasión, bromeó sobre cómo el fútbol, y en especial el Real Madrid, podía unir a personas de distintas ideologías, algo que él, como defensor del liberalismo y la libertad individual, valoraba profundamente.

El madridismo de Vargas Llosa, tanto en lo futbolístico como en lo cultural, se entrelaza con su identidad como escritor cosmopolita. Madrid representó para él un espacio de libertad creativa y política alejado de las tensiones de América Latina en ciertos momentos de su vida. Su apoyo al Real Madrid, por otro lado, era una forma de conectar con una pasión popular, algo que siempre le interesó como observador de la sociedad.

Comparó la experiencia de ver al Real Madrid con un ritual colectivo, lleno de emoción y teatralidad, algo que resonaba con su exquisita sensibilidad como escritor

Don Mario dirigió durante varios años la Cátedra Real Madrid de la Universidad Europea de Madrid. Dicha cátedra tenía como objetivo unificar proyectos formativos y de investigación para ofrecer una visión global del deporte, fomentando la generación de conocimiento y su difusión tanto a nivel nacional como internacional. De esta manera, esta figura emblemática de la cultura universal pudo aportar una perspectiva cultural y humanística al estudio del deporte, aunando su prestigio al del propio Real Madrid.

Vargas Llosa nunca dejó de ser un apasionado seguidor del Real Madrid, y muchos valores de nuestro amado club, como el honor, el esfuerzo, la resiliencia y la irreductibilidad, tienen paralelismos con los temas recurrentes en sus novelas.

Vamos a tratar de poner unos pocos ejemplos de ferviente madridismo en ciertas de sus novelas más conocidas.

En La ciudad y los perros, por ejemplo, varios de los valores universales del Real Madrid anteriormente descritos también pueden encontrarse reflejados en los personajes y las dinámicas de la novela. Los cadetes del colegio militar, sobre todo “El Poeta”, se enfrentan a un entorno hostil y opresivo (a menudo afrontando situaciones extremas de opresión), mostrando una capacidad de resistencia frente a muchas adversidades. Dichos personajes luchan por sobrevivir y destacar en un sistema rígido y jerárquico, lo que refleja su dedicación y perseverancia. Y también podemos ver que algunos de los cadetes desafían las normas y las injusticias del sistema, mostrando una determinación admirable para mantener su identidad y principios.

En Conversación en la Catedral, la novela favorita de este escribidor, contemplamos cómo varios de los personajes, en especial Santiago Zavala, deben hacer frente a un entorno de corrupción (¿les suena?) y de desilusión política, mostrando capacidad de resistir y teniendo capacidad para buscar respuestas en medio de tanta adversidad. La cultura permanente del esfuerzo se muestra en esta novela por la lucha interior de los personajes para encontrar un lugar, un sentido y un propósito para permanecer en la lucha. Se trata de una obra que significa todo un desafío contra el conformismo, contra el silencio cómplice de buena parte de la sociedad que les rodea (a lo mejor aquí un tal Tebas capta la indirecta). El honor preside esta magnífica novela, una permanente lucha por la propia integridad en un contexto completamente desilusionante donde reina el hedor de la corrupción.

En otra de sus obras maestras, más ligera y accesible para los lectores que las dos anteriores, con un tono humorístico y paródico, La tía Julia y el escribidor, el autor describe al protagonista, Varguitas, ante una serie de retos personales y profesionales mientras no deja de perseguir su sueño de ser escritor. Su relación con la tía Julia y su trabajo en la radio local muestran su capacidad para superar obstáculos y seguir adelante. Todo ello a pesar de las críticas sociales y familiares.  Varguitas defiende contra viento y marea su relación con Julia y lucha por su amor, mostrando una determinación admirable. Perseverancia y compromiso durante toda la narración, madridismo a raudales.

Brevemente, podríamos destacar también la cultura del esfuerzo descrita en La guerra del fin del mundo, idealismo a raudales en todas sus páginas, o la irreductibilidad que emana en Pantaleón y las visitadoras, con esa lucha del protagonista, Pantaleón Pantoja, ante una terrorífica burocracia agobiante. Por último, detecto madridismo también en La fiesta del Chivo, con la fortaleza que transmite la protagonista, Urania Cabral, ante las injusticias del dictador Trujillo o en la misión casi suicida y sacrificada de los conspiradores que quieren derrocar al dictador.

En 2014, en tiempos de la consecución de la Décima, quien les narra tuvo la suerte de conocer en persona a don Mario. Fue tras un acto conmemorativo de los 50 años de la editorial Alfaguara, en los Teatros del Canal en Madrid. Tras asistir a una histórica y maravillosa charla con la presencia de Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y el propio Vargas Llosa, moderada por Pilar Reyes, la editora del célebre trío, mi amigo Marías tuvo a bien presentarme al Nobel peruano: “Este es madridista como nosotros, Mario”. Pude charlar no más de 40 segundos con don Mario e incluso aproveché para que me firmara un ejemplar de su Conversación en la Catedral. Y les puedo garantizar que en su sonrisa y en su afabilidad irradiaba madridismo a borbotones. Se nos fue Vargas Llosa, pero, afortunadamente, permanece para siempre en nuestras bibliotecas, y en lugar preferente.

 

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Domingo de Ramos y estoy esperando el comunicado de la Unión de Peñas, los 50 de Ayete, el Senado Vitigudinense, la Confederación Internacional de Peñas, la Comunidad Sioux, el Congreso Mundial Apache, Comanches en Lucha y la Asociación por la eliminación de palos en el deporte pidiendo, qué digo yo, exigiendo que se quite el nombre del día con el que da comienzo la Semana Santa porque les ofende y eso no se puede consentir. Al tiempo, el enloquecimiento canillejero es de tal calibre que son capaces de eso y de más.

Repito, Domingo de Ramos y partido en Vitoria, en Mendizorroza, uno de los estadios más antiguos del elenco del balompié patrio. De hecho, el 27 de abril cumplirá nada menos que 101 años dando fútbol al pueblo de Vitoria, ciudad futbolera donde las haya. El Real Madrid salió sin lesión de allí, que ya es bastante según se portaron los gloriosos, con victoria sufrida contra un Alavés necesitado y contra un cuarteto arbitral en el césped, un trío arbitral en la sala VOR, un dúo dinámico en la cabina de comentaristas de Movistar y a saber cuántos elementos neperianos en la famosa sala secreta del VAR.

Bastante bueno se puede dar el 0-1 después de la carnicería consentida que se pudo apreciar en el campo. Es curioso, 21 faltas pitadas (y  ene mil no pitadas) al Alavés, 12 al Real Madrid y… ¡tachán! Las mismas tarjetas a cada equipo. Las mismas, mirusté. Penalti tangado a Arda Güler de la misma guisa que el pitado la jornada anterior a Dani Olmo, pero los árbitros favorecen al Madrí, que diría mi muy admirado Tomás Guasch. Gol anulado a Raúl Asencio, que tuvo que soportar la enésima humillación del público (si fuera yo, al día siguiente de la proclamación de mi inocencia en sentencia judicial, contrataba al mejor bufete de abogados y me ponía las botas para querellarme contra todo bicho viviente que está mancillando su persona, su imagen y su honor, presuntamente en falso) y dos expulsiones. Las dos justas.

Mbappé se equivocó y Manu Sánchez también. La diferencia sutil es que, mientras en la entrada de Mbappé el trencilla Soto Grado pitó la falta y sancionó con amarilla al francés, luego bien corregida por el VAR, en la que sufrió Vinícius, el pájaro riojano no pitó ni falta, estando delante de la jugada, teniéndola a tiro de piedra y con total visibilidad. Uno cree ya que para que te señalen una falta de ese calibre tiene que salir la pierna de Vinícius por los aires, fuera del cuerpo. En ese momento, a lo mejor pita indirecto, si eso. Mi pareja, que es de la Real Sociedad (la pobre), se indigna más que yo con los arbitrajes que sufre el Real Madrid. Yo creo que, a este paso, abrazará la religión única y verdadera en breve, ya les contaré.

El caso es que es Lunes Santo y sólo quedan dos días para la vuelta de los cuartos de final de la Copa de Europa contra el Arsenal en el Estadio Santiago Bernabéu. Dos días, nada más que dos días, nada menos que dos días para mi corazón y para el maltrecho corazón de Javi, que el pobre está deseando que llegue el momento, porque dice que no aguanta más. Paciencia, amigo, que todo llega, tuyasabes.

Yo estoy en Sevilla y esta semana no te da tiempo a pensar en otra cosa que en el tiempo que va a hacer, en las Hermandades que van a salir a la calle, en calcular el tiempo para ir a las bullas típicas de esta ciudad en Semana Santa, en no perderte lo mollar y en quedar con los amigos para reconfortar por dentro el cuerpo, que se va deteriorando por fuera de tanta caminata y tanto esperar en las aceras. Pero sí, también me queda algo para pensar en el miércoles, no precisamente en La Sed, Carmen Doloroso, El Buen Fin o La Lanzada, no, me queda algo para pensar en el milagro de Chamartín, que no es una Hermandad oficial de Semana Santa, pero de la que todo madridista que se precie es devoto ferviente.

Nuestro amigo Javi me pasa unos datos de los suyos, fíjense. La primera vez que el Real Madrid remontó una diferencia de tres o más goles fue en la semifinal de Copa de 1943, en la que nuestro equipo levantó un 3-0 del club cliente de Negreira y le endosó un modesto 11-1, en lo que es la mayor goleada de nuestro equipo en partido oficial de toda su historia.

La siguiente, en los octavos de final de Copa de 1947, cuando remontamos el 4-0 que nos endosó el sevillano Patronato para hacerles un 6-0 en el Stadium Metropolitano, porque el Chamartín de nuestros amores estaba todavía en obras. Después, en la semifinal de Copa de 1960, en la que metimos otro discreto 8-1 al entonces glorioso Athletic Club, que nos había hecho morder el polvo en San Mamés con un 3-0 inapelable. Después llegaron los cuartos de final de Copa de 1975, cuando solventamos con un 6-0 el 4-0 que nos metió aquel inolvidable Las Palmas (que llegó a ser subcampeón de liga) de los Tonono, Castellanos, Germán y compañía.

De ahí pasamos a la primera gran remontada europea, los octavos de final de la Copa de Europa, donde el Derby County nos pintó la cara en Londres con un tremendo 4-1, que fue enjugado en Madrid con aquel glorioso 5-1 de Pirri, Roberto Martínez y demás. Nos vamos a los octavos de final de la Copa de la UEFA, el Andelecht belga, equipo de moda en Europa, nos metió un 3-0 y, en la vuelta, se consagró un jovencísimo Emilio Butragueño al meterle tres golazos a Munaron para certificar el 6-1 que nos espoleaba a cuartos y al título. La temporada siguiente, en los octavos de la misma competición, el Borussia de Mönchengladbach, que nos metió un 5-1 sonrojarte en Alemania, que El Puma Santillana (Héctor del Mar dixit) se encargó de mandar al traste al marcar en el último minuto el 4-0 que nos hacía pasar a cuartos y a repetir título europeo.

El madridista medio

Siete veces hemos remontado tres goles o más en eliminatorias de competición oficial. Ni una, ni dos, ni tres, nada más y nada menos que siete. O sea, se puede. Se puede y se debe. Como dije la semana pasada, el Bernabéu debe comenzar con una busiana espectacular. De esas que cuando la vea el Arsenal se ponga de los nervios. Debe pasar por el público, que tiene rugir de tal forma que los ingleses lamenten haber metido siquiera un gol en el Emirates y terminando por los jugadores, que han de dar el do de pecho y sacar la vergüenza y la dignidad necesaria para dejarse el alma en el campo y comerse literalmente a los británicos. Quiero ver el miedo en la cara de los gunners, quiero verles mirarse espantados sin saber qué hacer, quiero que miren al banquillo buscando ayuda y que Arteta no tenga respuestas. Sea.

Recuerdo un Miércoles Santo de 2011, en el que Javi vino a Sevilla a pasar la Semana Santa con su familia (los pobres no vieron ni una procesión por el agua que cayó en Hispalis), pero en el que él y yo nos metimos en un bar de mi barrio a ver la final de Copa contra el Barcelona, en la que nuestro querido Cristiano Ronaldo marcó un gol en la prórroga que los dio el título.

Cristiano gol Copa Rey 2011

Por cierto, el compadreo de la prensa de este nuestro amado país con el cliente de Negreira roza el ridículo. Lo del trato discriminatorio a Lamine Yamal, comparado con el recibido con el prestado a Vinícius, roza el asco más profundo, pero es que hay que recordar a diario que el Barcelona estuvo pagando durante, al menos, 17 años 8,4 millones de euros, como mínimo, al vicepresidente del CTA para, en palabras propias, obtener neutralidad en los arbitrajes, que se compraron el sistema arbitral español al completo y que el asunto está en los tribunales de justicia, siendo el Real Madrid Club de Fútbol el único club que se ha personado en el procedimiento como acusación particular en calidad de perjudicado. El único. Que nadie se llame a engaño. El Barcelona y Negreira, Negreira y el Barcelona, no sólo perjudicaron al Real Madrid, perjudicaron a todos y cada uno de los clubes de primera y segunda división en aquella época (que se sepa) y todos, a excepción de los blancos, están mirando para otro lado, poniéndose de perfil y coadyuvando para que la corrupción sistémica federativa y arbitral subsista manteniendo a aquellos árbitros en la actualidad. Que no se olvide.

Les dejo con la esperanza de la remontada y, qué gaitas, ¿no dicen por ahí que Dios es madridista? Pues que se note. Ya saben, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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Buenos días. Amanecemos con la terrible noticia del fallecimiento de Mario Vargas Llosa. Sería pretencioso que La Galerna, una modesta publicación sobre fútbol, tratase de glosar la capital importancia de su figura en el mundo de las letras españolas. Baste decir que su desaparición nos aflige como le sucede a cualquier aficionado a la lectura que haya tenido la fortuna de aproximarse a su obra o, mejor, de zambullirse en ella.

Decimos bien. Los libros de Vargas Llosa están (sí, están, y estarán por siempre) allí para zambullirse en ellos, para olvidar el mundo y sumergirse en sus historias. Sus historias seguirán siendo tan inimitables como siempre fueron, y el mundo cada vez va a peor. Lo de zambullirse, pues, será cada vez mejor idea.

Mario Vargas Llosa era además un madridista irredento. Puede ser un dato anecdótico para quien no ame a nuestro equipo, pero La Galerna vive por y para el Real Madrid, por lo que se convierte en muy relevante a nuestros efectos. En pocos días hemos dicho adiós a dos madridistas eminentes, cada uno en su campo, pues aún no nos hemos recuperado del pesar de perder a Leo Beenhakker. Cada uno puede (o no) creer en el Más Allá, pero nadie duda que en el Cielo hay dos vikingos más apretando para lo del miércoles.

“Y ahora a por el milagro”, titula Marca. Lo que hay a partir del ahora es la necesidad de una hazaña como pocas en la historia del Bernabéu. Lo que hay justo antes del ahora es la victoria de ayer por la tarde en Mendizorroza (0-1, golazo de Camavinga, crónica de Ramón Álvarez de Mon y cafrada arbitral consuetudinaria por parte de Soto Grado), un triunfo cimentado sobre el poco juego que propició el continuo juego violento del Alavés, con la anuencia arbitral, y logrado a pesar de la expulsión de Mbappé, que perdió la cabeza en un lance cualquiera. La victoria era esencial para seguir soñando con dar un golpe desde dentro al sistema putrefacto que padecemos, proclamándonos campeones del torneo que organizan nuestros compatriotas enemigos.

Y se consiguió. Se consiguió gracias a un gran partido del propio Camavinga (lástima que no podrá jugar el miércoles), Valverde y un Asencio que aguantó estoicamente los gritos criminales de parte de la grada alavesa. Esta vez, al contrario de lo que hicieron otros colegiados, Soto Grado reflejó en el acta que tuvo que detener momentáneamente el partido a raíz de esos cánticos. Acerca del acoso que está sufriendo nuestro joven central, os recomendamos la lectura de este texto galérnico de Juanan Amorós.

Sí. “Y ahora a por el milagro”. Será, parafraseando el título de aquella obra maestra de D. Mario, la guerra del fin del mundo. Siempre lo es para el Madrid, máxime en ocasiones tan señaladas como la que ahora se nos presenta. Si no obramos el milagro, moriremos. Tras una eventual eliminación contra el Arsenal, no quedará nada en el planeta, sometido a la radioactividad. La sala de trofeos quedará reducida a cenizas. Nada de lo logrado desde 1902 contará realmente.

La guerra del fin del mundo, o así será presentada por los que no nos quieren, o por los que nos quieren de la manera más tóxica imaginable.

As no ha llegado aún al miércoles, y su portada queda circunscrita al partido de Mendizorroza. “Con garra y sin Mbappé”, titulan. El francés se hizo expulsar de manera absurda y temeraria, dejando a su equipo con diez durante muchos minutos. Como indica el propio As, pidió perdón después, un perdón que la prensa cataculé no parece dispuesta a concederle.

“¡Imperdonable!”, dice SPORT, o mejor lo grita, que para eso le ponen exclamaciones. Quien tiene que decidir si perdona a Mbappé no es Sport, desde luego, sino en todo caso la afición blanca, que es quien se vio innecesariamente privada del concurso de su estrella durante muchos minutos, poniéndose así en riesgo el triunfo que finalmente aconteció.

No se queda muy atrás Mundo Deportivo, que tilda de “salvajada” (nada menos) la violenta y extemporánea entrada de Kylian. Dice que el delantero “merece una sanción ejemplar”. Definan “ejemplar”, amics. ¿Tal vez lo suficientemente ejemplar para que, por casualidad, no juegue contra ustedes? Qué sutil mensaje a los responsables. Va siendo hora de que los organismos (y, en general, la práctica totalidad de quienes pintan algo en el mundo del fútbol español) se giren hacia el equipo cliente de Negreira y su entorno y, parafraseando a Villar con aquel presidente culé, griten exasperados: “Pero Barça, ¿qué más quieres que te demos?”.

Pasad un buen día.

"Han tomado el puente y la segunda sala. Hemos atrancado las puertas, pero no podremos detenerlos por mucho tiempo. ¡El suelo tiembla! Tambores… Tambores en lo profundo. No podemos salir. Una sombra se mueve en la oscuridad. No podemos salir. Ya vienen...".

Estas angustiosas palabras, leídas por Gandalf en Moria, nos hablan de los instantes finales de un pueblo destinado a caer. Han tratado de defender cada sala, cada puente y cada puerta, pero saben ya que su destino está sellado. No podrán escapar del asedio al que están siendo sometidos. Los tambores hacen temblar cada uno de sus huesos, desde lo profundo, despertando un terror heredado de sus antepasados.

Algo así es lo que deben sentir los rivales europeos del Real Madrid cuando el Bernabéu toca la corneta llamando al ataque y el equipo se dispone a lanzar todo lo que tiene en la ofensiva final, que sólo admite la destrucción del rival o la muerte en el intento. Cuando en la ya mítica remontada ante el City los altavoces sonaron anunciando “tiempo añadido: 6 minutos”, el rugido de nuestro estadio heló la sangre de Guardiola en el banquillo y de sus jugadores en el campo. Aún necesitábamos un gol para igualar la eliminatoria y el tiempo se escurría entre los dedos, pero ese rugido de guerra transmitió un mensaje a todos los jugadores sobre el césped: “nos sobran 4 minutos”.

Para que esa magia funcione, y lo haga tan a menudo, debe trabajar en ambos sentidos. Por una parte, tiene que convencer a los de blanco, y a su público, de que son indestructibles. Recordarles todas las veces que lo han hecho antes, y lo bien que supo aquella sangre. Grabar en sus cerebros que no sólo es posible una nueva victoria épica, sino que la merecen. La necesitan. No existe nada más.

A su vez, debe hacer sentir a los rivales un terror atávico y paralizante. Hacerles sentir que no hay escapatoria posible. Habéis llegado hasta aquí, estuvisteis cerca, bien jugado. Pero ya se ha acabado. Ahora el Madrid ha hecho sonar los tambores de guerra y viene a por vosotros, y ya sabéis cómo acaba eso. En el reciente documental “Cómo no te voy a querer”, Dani Carvajal, protagonista en muchas de esas noches mágicas, da en el clavo psicológico de la cuestión: “yo no sé si hay algo, si a nosotros nos pasa algo. Yo lo que sé seguro es que los rivales creen que sí”.

Cada camiseta blanca, en esos momentos, vale por dos. Cada córner, aproximación, robo o duelo ganado es celebrado por una afición que cree con locura en lo que debe ocurrir. El rival se hace pequeño, mira el reloj y reza todo lo que sabe, pero no suele ser suficiente. Un año tras otro, una y otra vez. Así se construye la leyenda del Rey de Europa.

Habéis llegado hasta aquí, estuvisteis cerca, bien jugado. Pero ya se ha acabado. Ahora el Madrid ha hecho sonar los tambores de guerra y viene a por vosotros, y ya sabéis cómo acaba eso

Pero, para que no sólo tiemble la camiseta, tiene que haber algo más que la estadística. Para que jugadores duros, curtidos en mil batallas y con una calidad de élite se deshagan como azucarillos, no sólo tiene que haber perdido en el pasado el Bayern, el Liverpool, el City o el PSG. Tienen que haberlo visto con sus propios ojos. Haber sido testigos de una grandeza mítica y cegadora capaz de tirarles de sus caballos.

Cuando Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo destrozaron al Bayern de Múnich en su estadio, apagando el incendio que había prometido Rummenigge con un 0-4 histórico, Jamal Musiala era un chaval de 11 años recién cumplidos que ya destacaba en la cantera del Chelsea.

El día en el que el Madrid le ganó la final de la Champions por segunda vez al Atlético de Madrid, Phil Foden cumplía 16 años. A pesar de que al ritmo que lleva imagino que ya tendría al menos dos críos en casa, estoy seguro de que vio a Ramos levantar la orejona al cielo de Milán y tomó buena nota de ese legendario equipo blanco.

Y para seguir con el Atleti, el día en el que Benzema flotó sobre la línea de cal del viejo Calderón (y bailó, de paso, a Godín, Giménez y Savic), Giuliano Simeone iba camino de los 14 años. Ya había visto a su padre perder dos finales contra el Madrid, y sufría una nueva eliminación que ha podido homenajear hace pocos días en sus propias carnes.

Miles de chicos han crecido en las canteras de los mejores clubes del mundo aprendiendo que, por encima de todos, un único Rey los gobierna a todos

Del mismo modo que uno nunca llega a olvidar el sobrecogimiento que sintió al ver de niño por primera vez a Darth Vader, todos estos chicos, y miles más, crecían en las canteras de los mejores clubes del mundo aprendiendo que, por encima de todos, un único Rey los gobierna a todos.

El legado ha continuado, y así debe ser. Quién sabe quién estaba delante de la televisión, quizá sin permiso de sus padres, cuando Rodrygo se elevó por encima de Rúben Dias y Ederson. Qué futuras estrellas saltaron de alegría en sus casas (o lloraron de rabia) con los dos goles de Joselu a Neuer en la última Champions. Millones de niños aprendiendo, año tras año, la única verdad del fútbol europeo: el Madrid es inevitable.

Es bonito pensar que quizá Joselu empezó a ganar, sin saberlo, la vigésima, allá por 2035…

Una blanca locura

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Decía Hemingway que el hombre puede ser destruido, pero no derrotado. Quizá no lo sabía, pero estaba hablando del Real Madrid.

Porque si hay una criatura que ha hecho de la resistencia un arte, del sufrimiento una bandera y de la épica una religión, es este club que nunca muere. Que nunca se rinde. Que nunca da nada por perdido.

Y aquí estamos otra vez.

En la antesala de lo imposible. Esta vez, sí.

En la sala de espera de la historia.

Con un pie fuera, pero con el corazón dentro.

Tras el primer asalto en Londres, donde el Arsenal nos sacó del partido, nos dominó, nos arrinconó, nos avasalló.

Las notas del Arsenal - Real Madrid

Nos dio la oportunidad de otra remontada histórica.

Ahora llega el segundo acto.

El más importante y definitivo.

A horas de la madre de todas las remontadas.

La remontada final, el momento de único de revivir como el ave fénix y hacerlo una vez más, contra todo y contra todos.

Porque volvemos al Bernabéu.

Y eso, amigos, lo cambia todo.

Porque el Bernabéu no es un estadio: es un portal interdimensional donde la lógica se disuelve y lo sobrenatural se convierte en cotidiano.

Y eso lo saben bien los 22 jugadores que pisan el césped… y los 80.000 espectadores que rugen desde la grada.

Miles de almas esperando un milagro que, en esta casa, ya no se llama milagro, se llama Real Madrid.

Miles de almas esperando un milagro que, en esta casa, ya no se llama milagro, se llama Real Madrid

Cientos de miles de personas esperando ver en sus televisores un evento sobrenatural.

No es la primera vez.

Ni la segunda.

Ya nos han dado por muertos antes. Y no pocas veces.

¿No fue muerto el Madrid de Santillana ante el Borussia en el 85?

¿No estaba firmada la defunción contra el Inter de Lothar Matthäus en el 86?

¿No estaban ya celebrando los del PSG, los del Chelsea, los del Bayern?

¿No nos enterraron los ingleses del Manchester City en el minuto el 89’ del 2022?

Pues sí. Y todos acabaron igual: preguntándose cómo la ley de la probabilidad se invertía una y otra vez, observando atónitos cómo lo imposible se volvía rutina y la rutina, leyenda.

Ahora llega el Arsenal.

Con más ventaja que los últimos. Tres goles en la mochila: un potosí, un cañón.

Llegan con fe. Con físico. Con talento.

Llegan seguros y ambiciosos, creyendo en sus posibilidades infinitas.

Con la convicción de haber visto al Madrid de rodillas hace apenas una semana.

Son un equipo bien construido, confiado. Tienen los 3 goles y el talento.

Y no es poco.

¿Pero que son 3 goles frente a la historia?

La historia mirará a los ojos a cada jugador del Arsenal cuando el Real Madrid marque el primer gol.

¿Tendrán la templanza de aguantar impertérritos?

¿O verán flases de Guardiola y otros entrenadores llevándose las manos a la cabeza?

Guardiola

¿O escucharán, sin querer, las voces de todos los equipos que creyeron haber eliminado al Madrid y acabaron en la cuneta?

A su favor, el aliento de decenas de miles de antimadridistas.

Compartiendo una angustia vital, unidos por el terror infinito.

La cicatriz en el alma.

El miedo al milagro.

La zozobra perpetua.

El pánico a que eso vuelva a pasar. Eso…

Eso… Esa sensación de volver a ver el pasado repetirse una vez más.

La visualización de un Bernabéu explotando de alegría.

La imagen de los jugadores blancos galopando a lomos de criaturas imaginarias en pos del gol.

El escudo blanco pesando tanto como las 15 Copas de Europa.

La historia que, una vez más, decide caprichosamente que se vuelve a repetir.

Y cuando todo eso suceda, el Espíritu de Juanito volverá a caminar por la banda.

Una bandera blanca ondeará en el Nuevo Bernabéu como vestigio de gestas imposibles.

Y los que no creían… empezarán a creer.

Otra vez

Y entonces lo entenderán.

Y los jugadores del Arsenal lo sabrán. Antes que el resto. Lo notarán en sus carnes.

Los que odian, los que dudan, los que temen. Todos lo entenderán.

Aunque sea tarde. Otra vez.

 

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¿4-0? Me fío de los gafes. Ah: Nico y Sancet, tela, ¿eh?

 

Recuerdo perfectamente todos aquellos lunes galérnicos con el Madrid en batallas europeas y partidazos a la vista. Eso que sólo se puede vivir en el Bernabéu, como sólo en Sevilla se puede visitar la Giralda.

Grandísimas vísperas con desenlaces inolvidables. Ha dominado este panorama: un resultado potable fuera y lío en casa después. Aquel 1-0 en París, gol de Kylian. Las vísperas era tensas, pero no estas. El asunto se lio con otro gol suyo para el 0-1 aquí. Hizo el tío otros dos, en fuera de juego, a Dios gracias. Luego batió a Courtois cuatro veces. Benzema hizo tres y todos legales. Total, ñak.

Benzema gol PSG

Un gol en contra. Excitación, ‘ma non troppo’, diría Carletto. Y bueno… En nada, vuelta la mula al trigo con el City. 4-3 y Marhez, 0-1… y ya saben. El número gordo fue con el Chelsea. Aquella otra noche de Benzema & Vinícius en Londres, 1-3. Un amigo se lamentaba que había pagado 400 pavos por no sé qué entrada vip… y la acabó enmarcando. Él y sus cinco acompañantes. Marcó Rüdiger para ellos, recordarán. Otra noche que pintaba simplemente dura fue la última vuelta con el Bayern: 2-2 allí, 0-1 aquí… ¡San Joselu! Pues eso: bueno, bueno.

Lo que llega recuerda más aquellas noches de cuando la Quinta y anteriores. Aquel 3-0 en Bruselas con el Anderlecht, otro en Glasgow vs. Celtic. El 5-1 con el Borussia Mönchengladbach. Cosillas con el Inter… A todos remontó el Madrid. Aquello, como esto, tiene una ventaja: sabes a lo que vas. No hay dudas. Vienes ‘meneao’ y te pones en manos de los espíritus. Y de los vivos, por ejemplo, Camacho. Sus gritos en el túnel: ¡la primera falta, nosotros! Y la segunda.

Los jugadores lo tienen claro y el pueblo, como sus abuelos entonces. Está todo sabido y pensado. Es la guerra, diría Gila. Deportiva, por supuesto. Y nada que ver este fútbol con aquel. Rüdiger es una madre al lado de Camacho y alrededores. Otros tiempos, mismo momento, idéntica conjura: hacer realidad lo imposible. Levantar un 3-0. Porque sí parece eso, imposible.

Parece. No hay nada futbolístico que lo sostenga, dicen los malajes. Los mismos que sostienen algo que sí es muy futbolero: algún día se romperá el cántaro. ‘Quícir’ la misma osadía es sostener que el Madrid puede hacerlo que defender lo contrario y confiar en lo complicado de repetir la faena.

Pero… El Madrid tiene a su favor algo que no he visto considerar desde que terminó el partido de ida: la condición gafe, pero muy gafe, de todos esos que durante los últimos once años han sufrido ver cómo ganaba una Copa de Europa cada año y medio. Siguen apretando. Yo me fío de ellos.

El Madrid tiene a su favor la condición gafe, pero muy gafe, de todos esos que durante los últimos once años han sufrido ver cómo ganaba una Copa de Europa cada año y medio

Son muy gafes, mucho. Pero en lugar de callar y cruzar los dedos, siguen y siguen con sus mismas pavadas. La última, hilarante, data de marzo: ¡Pep, hazlo! ¡Jaaaja!

Han sido de PSG, City sobre todo, Liverpool, Dortmund, Bayern, últimamente de Atleti y este Arsenal… El Madrid tiene a su lado a los gafes: si Arteta lo supiera les pagaría para que callaran.

Pasado mañana. ¿Y? Yo creo. Puede que no sea posible. Incluso que vuelva a perder el Madrid. Es fútbol. ¿Quién podía esperar que a Mbappé se le cruzaran los cables en Vitoria? Pues eso.

Fútbol tiene el Arsenal para jorobar la noche. También el Madrid para enloquecerla. Que no ha estado bien este año, aquí nos lo van a contar. Además, resulta que es otra cosa. Tiene fútbol y futbolistas y el reinado, la historia, la camiseta, lo que nadie tiene. Todo eso.

Es el motivo por el que con 3-0 en contra, y una inferioridad manifiesta y admitida en Londres, el mundo sabe que la remontada es posible. Sólo aquí. Y una certeza: la Champions sin el Madrid no es lo mismo. Por emoción, por solera, por gancho mundial, el mundo normal —que sigue siendo la mayoría— desea que clasifique y seguir viviendo lo increíble.

Dato final: el Madrid tiene 15 títulos, entre los otros siete cuartofinalistas, siete, seven, sieben, sept, hét —en húngaro, homenaje a Pancho Puskas— suman 16.

Pues hala. Un abrazo y ánimo: son tres días mal ‘contaos’.

(Nota final: he visto casi todo el Athletic-Rayo. Magnífico. Lo de los tales Sancet y Nico Williams, tela. Para pensarlo, ¿eh?).

 

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Arbitró César Soto Grado del colegio castellano-leonés. En el VAR estuvo Gil Manzano.

Que Soto Grado es funesto, chulo y deshonesto se sabe desde hace mucho tiempo. Que está acostumbrado a hacer golfadas al Madrid con frecuencia es un hecho. Es el mismo árbitro que pitó penalti de Tchouaméni a Lino por una acción residual en el derbi de Liga en el Bernabéu. Hoy, otra jugada residual con el penalti de Owono a Arda. El listón fue diferente, as usual.

El Alavés salió revolucionado con 5 faltas en 10 minutos. Las permitió y no las castigó. Cero amarillas. No lo cortó y eso desesperó a los jugadores blancos. Estrategia premeditada.

En la primera mitad vio amarilla Jordan por una entrada a Tchouaméni y roja Mbappé. Clarísima por una entrada fuera de razón a Antonio Blanco. Soto Grado se la comió porque ni la vio de primeras. También dio gol de Asencio tras falta previa de Rüdiger con un culazo al portero. Otra que se merendó. No dio una y le salvó Gil Manzano.

En la segunda parte todo fue por los mismos derroteros. ¿Qué pensaban? La roja a Manu Sánchez se la tuvo que hacer ver otra vez el VAR. Ni falta había pitado. Ganduleando, que es gerundio. Al final las mismas tarjetas para los dos equipos. Por sus bemoles. A Vini le agarra Carlos Vicente. Nada. Vini sujeta a un jugador local. Amarilla. La igualdad de criterios son los padres. El resto de amonestados fueron Carlos Martín, Tenaglia y Mouriño; en los blancos Camavinga, Lucas y Courtois, por perder tiempo.

Tanta paz lleves como descanso dejas, César. Hasta la temporada próxima, por desgracia.

Soto Grado, para BEBER CICUTA A BORBOTONES.

 

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El Madrid se ha impuesto con un gol de Camavinga al Alavés y sigue en la pelea por la Liga.

Estaba claro que tocaba rotar algo a la espera de intentar, con más posibilidades, la remontada ante el Arsenal. Davide, que sustituía a su padre por sanción, introdujo como principal novedad a Güler. Vinicius y Bellingham descansarían en el banquillo.

El partido demostró desde el principio lo mucho que se jugaba el Alavés. El conjunto vitoriano presionaba con mucha intensidad y buscaba la portería de Courtois. El Madrid por su parte no se echaba para atrás, y a través de Rodrygo por la izquierda generaba desequilibrio.

En los primeros veinte minutos vimos dos jugadas polémicas. En la primera pudo haber penalti a Güler, pero el árbitro no lo entendió así. En la segunda se anuló el gol a Asencio por falta de Rüdiger advertida por el VAR.

En el 29, tras un buen pase de Güler y una gran pared entre Valverde y Camavinga, éste último conectó un gran remate con la zurda que se coló en la portería del Alavés. Esta vez era imposible revisar nada y el gol subió al marcador.

Sin embargo, la alegría duró muy poco. Apenas unos minutos después Mbappé fue justamente expulsado por una entrada impropia de un jugador como él.

No pasó nada relevante en lo que quedaba de primera parte, pero las perspectivas para la segunda apuntaban a un sufrimiento poco recomendable a tres días de la cita contra el Arsenal.

El plan del Madrid en la segunda parte quedó claro muy pronto: bloque bajo y poco ánimo de exponerse. Güler y Rodrygo eran dos islas. El Alavés sólo encontraba en los centros una forma de generar algo de peligro. En el 61 salieron Vinicius y Bellingham por Arda y Rodrygo.

En el minuto 68, Vinicius provocó una roja al recibir una entrada muy duda y que a lo mejor estaba realizada por el último hombre. El VAR tuvo que avisar a Soto Grado.

De repente, el Madrid tenía que cambiar el plan del partido al recuperar la igualdad. En el 75, Brahim entró por Fran. Un estupendo Camavinga pasaría a ocupar el lateral izquierdo.

Los minutos finales fueron propicios para sentenciar. Camavinga ganaba muy sobrado sus duelos y Vinicius era una amenaza constante. Fue especialmente clara una de Bellingham en la que intentó asistir a Vinicius, pero al fallar el pase se encontró con una ocasión inmejorable salvada por el portero local.

En el 91, Ceballos reapareció por un gran Valverde, que tomó su lugar en el banquillo. Los minutos finales fueron de pura gestión y el Madrid logró el objetivo.

 

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Buenos días, amigos. El equipo cliente de Negreira venció ayer (0-1 al Leganés), señal de que ayer jugó, pues de otra manera no pudo haber ganado.

Mientras tanto, el Real Madrid no ha ganado ni perdido (aún), ni tan siquiera empatado (todavía). Difícilmente podría haberlo hecho cuando no ha jugado de momento, dado que lo hará hoy, a las 16:15 en Mendizorroza contra el Alavés.

Tanto el equipo cliente de Negreira como el Real Madrid juegan esta semana decisivos partidos de cuartos de final de la Champions League. Por lo que sea, Javier Tebas otorga a uno de los dos un día de descanso extra de cara a ese partido, mientras al otro se lo niega.

Tebas vive enganchado a su iPhone, desde el cual tuitea constantemente exabruptos varios, dirigidos en su mayoría al principal cliente de la LFP que él preside, esto es, el Real Madrid. Sin embargo, para explicar este agravio comparativo se queda sin wifi, o lo que sea. Es normal, en el fondo. No puede ofrecer ninguna explicación presentable. Solo existe una: su afán por jorobar al Real Madrid. Ha vuelto a hacerlo.

Si esperáis encontrar en las portadas del día alguna alusión a este sangrante tema, en el cual por cierto llueve sobre mojado, permitid que os desincentivemos. No hallaréis ni rastro.

Marca habla de un Ancelotti “más alicaído que nunca”, y subraya en amarillo la palabra “bajón” para que nadie se escape de ella. Son predecibles. Os adelantamos cómo van a ser las portadas de Marca de los próximos días. Hasta el martes, quizá incluido, todo será catastrofismo: Vinícius juega mal desde el comienzo de los tiempos, Carletto no tiene respuestas, no hay salida a la situación… Sin embargo, el miércoles por la mañana, como por arte de magia (pero ¿qué es la hipocresía sino magia guardiolista?), todo serán ánimos de cara al intento de remontada ante el Arsenal, como si antes no se hubieran pasado una semana metiendo palitos en las ruedas de la bicicleta blanca.

Demasiado bien les conocemos.

As trae un punto de vista más optimista, y expone un nuevo lema acuñado por Ancelotti y que sirve tanto para el imposible deseado para el miércoles como para la perentoria victoria de hoy en Álava (¿y con Alaba?): “hasta el último balón”.  Nos gusta. Tiene reminiscencias de película bélica. ¿Qué son estos dos partidos (miércoles y hoy) sino batallas? ¿Qué es absolutamente todo sino una guerra sin cuartel para el Madrid (por no decir contra el Madrid)? La lucha contra los elementos es desaforada, pero encima no la estamos planteando bien sobre el terreno de juego.

A lo largo de la temporada, nuestro equipo no ha terminado nunca de carburar. Siempre parecía que iban a terminar de encajar las piezas del puzzle, pero nunca acabaron de hacerlo. Las mejores jornadas se vivieron con un puntal inesperado, el hombre que hizo funcionar el centro del campo: Dani Ceballos. La buenísima noticia es que Ceballos está de vuelta. Se espera que hoy juegue unos minutos ante el Alavés… ¿y que sea titular ante el Arsenal?

La prensa cataculé celebra el pírrico triunfo de los suyos en Butarque. “Autogol de oro”, tienen el cuajo de titular, en referencia el tanto en propia puerta de Jorge Sáenz que valió el triunfo de los de Flick. Todo va sobre ruedas para esta gente. El madridismo mira con estupor y desolación este momento en que parece que el karma permitirá que ganen los corruptos. Al fin y al cabo, nadie se lo impide. Mientras el mundo especulaba ingenuamente con la posibilidad de que pagaran por sus crímenes, en especial el gigantesco escándalo Negreira, ellos se reían ante esa vana expectativa, se reorganizaban y ahí los tenéis: serios candidatos a absolutamente todo, Champions incluida. Esto produce un dolor insondable que tal vez no se aprecie desde las alturas de las altas estrategias del club, que ha optado por no movilizarse ante tanta tropelía en beneficio de una causa aparentemente mayor. Debería, cuanto menos, explicarse.

Pasad un buen día.

Buenos días. El madridismo sociológico, que  es algo diferente a lo que intentó regurgitar Jan Laporta tras una mala resaca, anda dando vueltas a la posibilidad (o imposibilidad) de remontar tres goles al Arsenal el miércoles próximo, casi olvidando que antes de eso, concretamente mañana, hay un partido de liga. Una liga que sigue viva para los blancos si uno repara en que la distancia de puntos con el club cliente de Negreira no es insalvable.

El compromiso liguero, en Mendizorroza, ante un necesitado Alavés, es para mañana por la tarde.

-¿Y por qué no el sábado, teniendo en cuenta que el Madrid juega el miércoles un partido decisivo?- se preguntará, curioso, el lector.- ¿No podría la LFP ayudar mínimamente al club que con mayor éxito representa al fútbol español, simplemente adelantando a hoy su partido liguero? No habría ninguna contraindicación para hacerlo así. De hecho, el equipo cliente de Negreira juega hoy y no mañana, para así poder preparar su cita continental y llegar a ella con menor estrechez temporal.

Razón tendría el curioso lector en aducir todos esos puntos, pero estaría perdiendo de vista que el responsable de todo esto es un tal Javier Tebas Medrano, Enemigo Público Número Uno del Real Madrid y hombre enfermizamente obsesionado con la idea de perjudicar al mejor club del mundo.

Así que jugamos mañana en lugar de jugar hoy, a pesar de que esta alternativa sería francamente realizable sin mayor inconveniente para nadie.

Las portadas de hoy no hablan de esto, evidentemente, dado que el propio Tebas somete a sus designios a las principales cabeceras del país. A una muy en partícular, claro.

Obviamente, Marca no se va a dedicar a morder la mano que le da de comer, optando mejor por intoxicar en lo posible el ambiente dentro del Real Madrid, pasatiempo favorito de Tebas, autor espiritual de tantas y tantas portadas de Marca. La de hoy de manera muy especial. No olvidemos que la reacción de Tebas ante los ataques racistas sufridos por Vinícius fue siempre la de regañar a la víctima, secundado de inmediato por Marca que puso al brasileño “en el foco”. ¿Su delito? Sufrir un acoso incalificable (y en gran parte xenófobo) por parte de gradas hostiles, supuestos compañeros de profesión y medios miserables.

El acoso encuentra un nuevo capítulo en la portada marquista de hoy. Aprovechando un pésimo partido de Vinicius ante el Arsenal, Marca trata de intoxicar intentando hacer ver que toda la temporada de Vini es en realidad nefasta, pretensión que se aleja mucho de la realidad. El brasileño lleva una temporada algo irregular, en la línea del equipo, pero eso es todo. Eso de que Vini “está irreconocible desde el Caso Balón de Oro” es una invención, una patraña, una falsedad tendenciosa y ruin contra el futbolista más importante de la liga de Tebas, a despecho de ser también el más maltratado.

Tebas está en serio riesgo de ser inhabilitado. ¿Qué va a hacer con estas portadas Marca si eso sucede? Podrá introducirlas por la vía anatómica que estime oportuno, pero ni Vini ni el propio Real Madrid van a olvidar tan fácilmente este repugnante camino jalonado por afrentas.

As no está mucho más inspirado hoy. Si esta es la Central Lechera, que debería estar ayudando al equipo supuestamente afín a crear un caldo de cultivo favorable a la remontada (en Champions y en liga), que venga Dios y lo vea. Enredando con las renovaciones de los Lu(k/c)as a cuatro días de la vuelta ante el Arsenal.

Muchísimas gracias, As.

Y este es el panorama con los medios supuestamente controlados por el pérfido Florentino y sus garras omnipotentes.

(PD: Tanto As como Marca reflejan la posición final del Real Madrid en la primera fase de la Euroliga. Los de Mateo habrán de jugar un Play-In ante Paris para optar a la F4).

La prensa cataculé, como siempre, a sus cosas. Hacen bien. Están jugando estupendamente, llevados por un gran técnico que puede renovar, en medio de un ambiente sociopolítico y mediático absolutamente favorable, un ecosistema que perdona sistemáticamente sus crímenes para asegurarse de que su camino sea cuesta abajo y desemboque en títulos. Juegan hoy (insistimos: hoy, no mañana) en Butarque. Ganarán, ya os lo adelantamos.

Pasad un buen día.

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