En el siglo pasado era muy habitual ver a muchos jugadores vestir la camiseta de los eternos rivales u otros adversarios en partidos homenaje o amistosos ante equipos extranjeros. Di Stéfano y Puskas se enfundaron la zamarra del Barça, Molowny y también Di Stéfano la del Atlético de Madrid o Kubala y Eusebio la del Real Madrid. En 1949, el conjunto madridista organizó un encuentro para enfrentarse por primera vez en su historia al AC Milan. Para aquella ocasión decidieron invitar a tres futbolistas del Sevilla: Arza, Antúnez y Pineda.
El choque se celebró en la postemporada, solo unos días después de que el Real Madrid cayese eliminado en la Copa en octavos de final frente al Athletic Club en un desempate en Barcelona. La Liga tampoco había ido bien para los pupilos de Mr. Keeping, que ocuparon el tercer lugar, aunque tuvieron opciones de conquistar el título hasta las últimas jornadas. La plantilla estaba exhausta tras el rush final liguero y la larga eliminatoria copera contra el cuadro vasco. También contaba con varias bajas por lesión y para presentar un equipo competitivo decidieron reforzarlo de cara al amistoso frente los rossoneri. A los tres sevillistas se iba a unir, en principio, el rojiblanco Ben Barek, y así lo anunció la prensa el día anterior.
El AC Milan llegaba tras quedar también tercero en la clasificación de la Serie A italiana. El título había sido para el Torino, cuyo equipo sufrió una tragedia precisamente el mismo día en que los milanistas se enfrentaban al Real Madrid, el 4 de mayo. Aquel día, casi toda la plantilla del Torino perdió la vida en un accidente aéreo en Superga que no dejó superivivientes. Dirigidos por el italiano Giuseppe Bigogno, los rossoneri tenían su estrella en la figura del delantero sueco Nordahl. Además, también brillaba el norirlandés Sloan o el azzurro Carapellese.
La expedición milanista aterrizó dos días antes en la capital de España y en la previa entrenaron por la mañana en Chamartín. Fue una sesión suave con diversos ejercicios físicos y un corto entrenamiento con balón. Los directivos realizaron una visita guiada de sus homónimos madridistas a las instalaciones del estadio merengue y quedaron francamente impresionados, elogiando las mismas. También muchos de los jugadores alabaron el recinto blanco ya que, salvo dos, Annovazzi y Carapellese, que habían jugado con la selección de Italia, no lo conocían en su interior. Horas después fueron recibidos en la Embajada italiana y más tarde fueron al Ayuntamiento, donde el alcalde les ofreció una copa de vino de bienvenida.
A última hora se cayó Ben Barek de la convocatoria madridista por no estar recuperado totalmente de una lesión, pero sí estuvieron los tres sevillistas que habían tenido una buena actuación reciente en Copa en el Metropolitano contra el Atlético de Madrid. Juan Arza era la figura del cuadro andaluz. Un interior todo terreno, con excelentes cualidades físicas, dominio de ambas piernas, regate tanto en corto como en carrera y un disparo fulminante y preciso. Francisco Antúnez era defensa central o mediocentro que también jugó en otros puestos de la retaguardia y la media. Un jugador de enorme categoría gracias a su inteligencia, su lectura del juego, su capacidad de mando, su estilo sereno y reposado, su solidez defensiva y sus grandes desplazamientos de balón. Mientras que José Pineda actuaba como extremo e interior por ambos perfiles, siendo un atacante con buen control del balón con la derecha y la zocata, rápido, vistoso, alegre, al que le gustaba arrancar largo con el esférico y crear juego para los compañeros.
Los tres saltaron al césped el día 4 de mayo a las 19:15 h de la tarde, en un campo madridista con mucho público en las gradas y enorme expectación para el partido. Sin embargo, de primeras el recibimiento fue una pitada por la reciente eliminación copera. La alineación merengue fue la compuesta por Bañón; Azcárate, Antúnez, Mariscal; Muñoz, Narro; Macala, Arza, Pahiño, Pineda y Arsuaga. También actuó el capitán Ipiña unos minutos entrando por un Narro renqueante tras una entrada. En las filas milanistas los elegidos fueron Milanese; De Gregori, Foglia, Annovazzi; Tognon, Bonomi; Degano, Gudmundson, Nordahl, Sloan y Carapallese. En la segunda mitad ingresó al campo Santagostino por el islandés Gudmundson. El duelo lo arbitró el señor Ruiz Laurín.
La victoria fue madridista por la mínima, aunque pudieron llegar varios tantos más. Para la prensa, el cuadro blanco mereció un triunfo más amplio, e incluso Marca se atrevió a titular que fue el mejor partido del Real Madrid en toda la temporada.
Un encuentro en el que el Milan demostró ser un conjunto soberbio y en el que los madridistas dominaron gracias a sus magníficas combinaciones. Además del goleador Pahiño, se elogió la actuación de Antúnez, que “realizó un encuentro magnífico” para el cronista de Marca Ramón Melcón. Otro sevillista como Pineda le siguió en méritos por su “valentía, decisión, coraje y pundonor”, al igual que Azcárate, Mariscal y el arquero Bañón. Por su parte, Arza estuvo “brillante en ocasiones, pero más individual que en el Metropolitano y frenaba la velocidad del ataque”.
El único gol del choque lo hizo el artillero Pahiño en el minuto 29 y así lo describió Melcón en Marca: “Muñoz pasa a Arsuaga, que centra bombeado, Pahiño, sin parar, recoge el balón y lo desvía hacia un ángulo fuera del alcance de Milanese. El gol, que ha sido un prodigio de ejecución, es aplaudido enormemente por el público”. Nordahl —que estuvo impolutamente marcado por Antúnez— y Carapellese pudieron lograr la igualada en varias oportunidades, al igual que Macala, Muñoz y Pineda gozaron de disparos para anotar más goles, pero el marcador no se movió más.
Los comentarios en los vestuarios se sucedieron tras el partido. Habló el secretario técnico Pablo Hernández Coronado que se mostró “satisfecho porque hemos visto buen fútbol”. El segundo técnico blanco Baltasar Albéniz dijo que “ha sido una de las mejores tardes de fútbol. Más que la clase ha triunfado el entusiasmo y la velocidad que mantuvieron los noventa minutos”. El entrenador Mr. Keeping opinó que “ha sido un partido muy bueno. Pero muy bueno. Duro, sin caer en violencias, y de gran trabajo para los dos equipos. Presentamos cosas verdaderamente notables. El segundo tiempo, por la rapidez con que se jugó, me gustó mucho. Y ello apoya mi tesis sobre la velocidad que es preciso poner cuando se quiere triunfar. Me ha gustado el Madrid, pero ellos son buenos”. En cuanto a los protagonistas sobre el césped, hablaron Ipiña, Muñoz y Antúnez. El capi manifestó que “para mí ha sido un partido grande. Ellos, no lo olvidéis, era unos contrarios muy fuertes, pero el acoplamiento significa mucho en estas luchas, y aunque se dio entrada a tres del Sevilla, no se ha perdido la conjunción. Hemos jugado con rapidez y ligando bien las jugadas”. El medio madrileño excusó los motivos de su lentitud: “No me han quitado una sola pelota. Lo que ocurre es que son muy pegajosos, y por resultar las jugadas precipitadas hay que pasar la pelota sin la precisión que puedes hacerlo en otras ocasiones”. Por último, el sevillista afirmó que “me preocupaba Nordahl. Sin embargo, aunque no me ha disgustado su juego, porque lo realiza cerebralmente, me gusta más César que el italiano”.
En el otro bando, opinaron que “la culpa fue del árbitro”. Para el Director Técnico Busini, el “árbitro no fue honesto”; para el entrenador Bigogno, “estos encuentros deberían ser dirigidos por árbitros totalmente imparciales” y para el internacional azzurri Annovazzi, “si tenía que ganar España, no precisaba de la parcialidad del árbitro”. El preparador rossoneri también alabó al equipo blanco en su retaguardia: “Toda la línea defensiva del Madrid, incluyendo al portero, muy buena”.
Al día siguiente, la portada de Marca compartía el triunfo blanco con la catástrofe aérea del Torino y, en Italia, apenas había rastro y referencias al choque del AC Milan y toda la información se centraba en el terrible accidente del equipo granata que acabó con una escuadra histórica.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
Adenda al artículo «Por qué va a triunfar Xabi Alonso en el Real Madrid». Oier Fano desvela la anécdota que vivió con Iván Campo en un partido de la Europa League.
100 likes y lo prometido es deuda.
Era un jueves en Manchester. Habíamos comido con Javi Garrido, Mikel Alonso e Iván Campo. Buena mesa, mejor sobremesa. Mikel e Iván jugaban en el mismo equipo. Pero Iván, campeón de Europa con el Madrid, no estaba inscrito en competiciones europeas. El nuevo míster no contaba con él. Cosas del fútbol. Él ya era leyenda en el Reebok Stadium.
La sobremesa se nos fue de las manos. Tanto, que se me olvidó enviar un artículo sobre rugby al periódico. Y lo peor: me había dejado el portátil.
Iván me dijo que no me preocupara. Que fuéramos antes al estadio, que él pediría una oficina, y que me dejarían escribir tranquilo. Así fue. Llegamos media hora antes del partido. Pero entre el teclado inglés sin tildes y mi nivel de improvisación, la cosa se fue a 50 minutos largos.
Cuando terminé, avisé a Iván. Vino a buscarme. Empezamos a caminar por los pasillos del estadio. Cada vez más ruido. No lo pensé hasta que fue evidente: estábamos saliendo por el túnel de vestuarios. A mitad del partido.
—Oye Iván… ¿te has fijado por dónde estamos entrando?
—Oier, mira en las paredes. ¿Quién es ese del retrato? ¿Quién manda en Bolton?
Puro Iván Campo. Puro cachondeo.
Al pisar el césped, ovación cerrada. Me sentí como Spike en Notting Hill, pero en versión fútbol inglés. Cinco gloriosos segundos de gloria. Esto y aquella asistencia que le di a Mikel Arteta para una volea inolvidable.
La carrera más intensa de la historia de este deporte.
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Buenos días, amigos. Xabi Alonso es un ajedrecista montaraz, un estratega no exento de ese espíritu indómito tan propio del Real Madrid que no se arredra ante las tropelías y las injusticias. Las piezas del tablero blanco se han ido deteriorando, bien por el paso del tiempo, bien por las lesiones, bien por el desgaste intrínseco —en todos los ámbitos— que sufre una figura por la exigencia de jugar en el Real Madrid.
Esas piezas no se han ido reponiendo según buena parte de la afición ha ido reclamando. El club a buen seguro que ha tenido sus motivos, si bien no los ha comunicado. Ahora, con las principales partidas del campeonato perdidas y de cara al nuevo y flamante Mundial de Clubes, el Madrid mueve ficha y contrata una torre: «El Real Madrid C. F. y el AFC Bournemouth han llegado a un acuerdo para el traspaso del jugador Dean Huijsen, que queda vinculado a nuestro club durante las próximas cinco temporadas, desde el 1 de junio de 2025 hasta el 30 de junio de 2030».
Huijsen es una torre de 1,97 m, mas no un armatoste. Dean es una torre, pero una torre dinámica casi con aires de alfil: sube y conduce con elegante zancada larga. Tiene buena salida de balón y capacidad para romper líneas con pases rasos y largos. No es raro verle realizar incursiones en conducción, lo cual da pistas de su confianza y personalidad. Recordemos que jugó de delantero en las categorías inferiores del Málaga. Pero no nos engañemos, lo principal es que defienda.
Destaca en el juego aéreo de ambas áreas. Está adornado con una jerarquía precoz que propicia que no se arrugue en partidos importantes a pesar de su juventud, 20 años. Es destacable su capacidad de pase, su disparo y su remate. Está comenzando su carrera, por lo que cuenta con mucho margen de mejora para pulir sus defectos.
Una vez que se ha oficializado su contratación por parte del Madrid es hora de que aquellos que veían en él un futbolista con buen presente y mejor futuro comiencen a lapidarlo y a pedir su salida inmediata de la selección española.
El diario de PRISA también habla de Kylian: «Mbappé persigue la Bota de Oro en Sevilla». Tal vez se piensan que el nueve del Madrid es una suerte de príncipe de la Cenicienta a la inversa, que busca el calzado en lugar del pie.
Marca elige precisamente al delantero francés en su típica pose a lo Tío Sam para ilustrar su primera plana. «Mbappé se juega dos “títulos”», en referencia al Pichichi y a la Bota de Oro. La verdad es que ambos galardones nos importan poco más que un pimiento. Y probablemente a él también. En el Madrid se valora ganar títulos colectivos, a poder ser con las orejas grandes. Si bien el mero hecho de tener opciones de acabar como máximo goleador nacional y continental indica que no habrá realizado tan mala temporada como algunos afirman.
La prensa cataculé sigue con la celebración de la inmundicia. Son sus costumbres, aunque no las entendamos, del mismo modo que nos cuesta comprender que haya seres vivos con un único orificio que hace las veces de boca y ano, como las medusas y los platelmintos. Organismos que aún no han evolucionado hasta separar lo que comen de lo que evacúan, como tantos protagonistas del fútbol español.
Algunos de esos gerifaltes fueron los responsables de que el Madrid recibiese el año pasado en Valdebebas un trofeo de la liga en diferido y recalentado en el microondas, mientras que el Barça lo va a recibir en su estadio. O al menos en el que le han prestado mientras Laporta realiza unas ventajosas obras en el Camp Nou con una gran empresa afamada en el sector (?). Esta diferencia también serán paranoias de los madridistas, no os preocupéis.
Además, Mundo Deportivo viene con un suplemento de 32 páginas de las ligas del Barça. Como una novela del Oeste de Marcial Lafuente, pero con menos caballos y más delitos.
Sport, el panfleto de la autoestima paulocoelhiana culé experto en transformar la precariedad en épica, la penuria en performance, titula «Fiesta final» sobre unos sonrientes Lamine Yamal y Raphinha. Tal vez su alegría se deba a que ya están curados de sus lesiones, pues lucen libres de cualquier complemento médico en sus extremidades.
La noticia del fichaje de Huijsen aparece de soslayo —en Mundo Deportivo ni eso—, como un accidente visual colocado ahí por si algún madridista compra el diario por error mientras acude al club de ajedrez.
Y esta tarde, partido intrascendente en Sevilla. Estamos deseando que acabe la mugrienta liga Negreira y comience la partida del Mundial de Clubes. El Madrid abre con torre, animoso de poner en jaque al relato.
Pasad un buen día.
Esto no termina nunca. En el Real Madrid no hay finales lacrimosos de tercer acto, ni siquiera intermedios. La noción del “fin de ciclo” supone una frontera bien definida entre un proyecto caduco y uno incipiente, lo cual no coincide con el devenir natural del club y su gestión, al menos durante los últimos veinte años: el proyecto del Madrid no son los hombres que lo encarnan, son las historias que le dan cuerpo y alma a su leyenda. Cierto es que hay, como en toda organización, tiempos de reses gordas y tiempos de reses flacas, pero la velocidad de crucero de un gigante como el club merengue es tal que es imposible pensar ahora mismo en una larga travesía por el desierto: las heridas cicatrizan antes de sangrar.
La actual es una administración recursiva, es decir, que ajusta sobre la marcha, que planea, organiza, dirige y controla al mismo tiempo, recuperando de inmediato el rumbo, avanzando y asumiendo sin desgarramientos dramáticos los errores cometidos. El Real Madrid de Florentino Pérez huye hacia adelante escapando siempre de esa trampa dulce que aniquila tantos proyectos personales y comunitarios: la nostalgia. Es una gestión a todas luces transhistórica, del tiempo de la tecnocracia y la confianza plena en el porvenir. Es una visión de mundo afincada en el optimismo realista, lo que supone una preceptiva fundamental si es que queremos que este mundo no se vaya por el retrete: una mano en los sueños y la otra en la calculadora (cuentas claras que lo demás son cuentos). La patria es el futuro y el presente un mero pretexto para salir cada mañana en su búsqueda.
Cuando el viento a favor hincha las velas y la embarcación avanza sobre aguas sosegadas, es el tiempo de las multitudes, el jolgorio, los orgullos locales, el aspaviento y la algarabía popular que estalla en grito. Es la etapa emocional, el desfogue de los muchos que han depositado en una bandera sus pulsiones más íntimas; ¿no es acaso esta la razón de ser de los “forofos”?, ¿no buscan las aficiones de los equipos compartir un pedacito del dulce botín de la victoria?, ¿no es un nuevo título del Madrid el fármaco del que muchas personas echan mano para mitigar sus penurias cotidianas? Creo que sí, que no hay más interés de cada aficionado que el deseo de ganar vicariamente. Es todo.
Pero el Real Madrid es un club global, una empresa transnacional que debe apalancarse en la administración puntual de bienes escasos frente al reto creciente de clubes de fútbol embadurnados de petróleo (y colonia). Además, el fútbol como espectáculo ha perdido demasiado terreno frente a las nuevas formas de entretenimiento planetario: noventa minutos son “molto longo” para una generación novísima entrenada en la metralla mediática de TikTok. El meteorito brilla sobre nuestras cabezas y parece cada vez más grande: los dinosaurios tienen los días contados. El vino nuevo a los odres nuevos, se sabe, lo sabemos, lo sabe FloPer que encarna, gracias a Dios, al hombre de Estado y no al populista.
el Real Madrid es un club global, una empresa transnacional que debe apalancarse en la administración puntual de bienes escasos frente al reto creciente de clubes de fútbol embadurnados de petróleo (y colonia)
Ahora mismo estamos atestiguando una transición, una crisis que, como he dicho, se gestiona al vuelo, sin tener que tocar tierra porque no hay tiempo. La aceleración es el signo de nuestros días. Se va don Carlo (ese gigante) y llega, al parecer, Xabi Alonso; resulta claro que esta plantilla recibirá un sacudón proporcional al varapalo de los últimos días. El “mundialito” a la vuelta de la esquina y con él la posibilidad de acceder a un galardón más que jugoso (ciento veinticinco millones de maracas).
Yo siempre he creído que la Champions es la competición más importante de todas cuantas haya en el universo futbolístico, pero este año y sobre todo después de la gesta de los nerazzurri, tal vez pueda darme el lujo de plantearme algunas dudas. El entusiasmo es real. Las posibilidades no lo son menos y llegar a la final o ganarla supondría un extraordinario punto de partida para el nuevo entrenador; por el contrario, de no suceder esto, no sería un descalabro moral para el recién estrenado timonel toda vez que nadie en su sano juicio tendría la jeta de demandarle resultados a quien aún no ha deshecho las maletas. ¿Verdad?
Si la victoria es el tiempo de la tropa, la derrota es el tiempo de los generales. En esto estamos. La planeación estratégica reclama acciones responsables basadas en la experiencia y el cálculo, es decir, en la realidad codificada de la estadística y su prudente interpretación. El cuartel general debe encontrarse aislado de toda influencia externa, aunque no es fácil en estos días de ubicuidad mediática. Los medios tradicionales buscarán influir en las decisiones que ahí se tomen, lo mismo que el aficionado instrumentalizado quien —desprovisto de los rudimentos críticos mínimos para comprender el permanente estira y afloja del poder supuesto en una entidad ciclópea como el Real Madrid— duplica y amplifica las tendencias manipuladoras que expectoran día y noche las radios mentirosas: es el “madridismo” como sustantivo colectivo al que se refieren los pelafustanes del micrófono, es la clientela que los escucha y les envía mensajes de voz para repetir la doctrina antimadridista disfrazada de “crítica”.
Si la victoria es el tiempo de la tropa, la derrota es el tiempo de los generales. En esto estamos
Un ejemplo de esto que digo es la insistencia percutora en la necesidad de “canteranos”, cuando lo que claramente se busca con ello es reducir el talent pool del Madrid, aunque lo revistan de arrebato nacionalista: cuanto más amplio sea el menú, mayores serán las posibilidades del disfrute, pero al parecer no son pocos los que no tienen mayor interés que comer siempre lo mismo y que suelen creer que el mundo no es más grande que su barrio.
Sé de antemano que cualquier acción emprendida por los dirigentes de nuestro equipo recibirá duras críticas, incluso antes de comprobar en la realidad si las medidas implementadas fueron o no las correctas; por mi parte, confío plenamente en los ajustes precisos para que esta singladura vikinga enderece el norte y recupere, como es natural que sea, el derrotero de la gloria. Espero y demando también que los responsables de tomar las decisiones entiendan, hoy más que nunca, que los generales no se arrodillan.
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En 2007 viajé a Liverpool a entrevistar a Xabi Alonso con un compañero. En realidad, fuimos a ver a unos cuantos: el propio Alonso, su hermano Mikel, Iván Campo, Javi Garrido y Mikel Arteta.
Fue un viaje muy divertido, sobre todo porque Iván Campo estaba en la ecuación.
Ya os contaré cómo acabé entrando con él por el túnel de vestuarios e invadiendo el campo en pleno Bolton-Aris de Salónica de Europa League. Pero hoy he venido a hablar de Xabi Alonso.
Recuerdo que nada más llegar a Liverpool quedamos con él y Arteta en Albert Dock, donde vivían, curiosamente, en el mismo portal. Llegó primero Arteta. Me saludó:
“—Yo a ti te conozco, tú y yo hemos jugado juntos a fútbol y en verano, cuando terminaba la temporada con el PSG”.
Tenía razón. Recuerdo un golazo que marcó de volea con asistencia de Oier Fano a Mikel Arteta, pero supongo que estoy sufriendo un ataque de ego y que esto no le interesa a nadie. Centrémonos.
Minutos después apareció Alonso. Me sorprendió ver cómo, a pesar de vivir puerta con puerta, parecían llevar meses sin verse.
“—¿Cómo te va? ¿Contra quién jugáis este finde?” —preguntó Xabi.
“—Contra el Portsmouth” —respondió Arteta.
Y entonces Alonso empezó:
“—Cuidado, rascan mucho en el centro del campo. Ojito con el lateral, que se incorpora y te descoloca. Y ese medio... cuidado si recibes de espaldas”.
“—Si te digo la verdad, no los conozco” —respondió Arteta.
Aquello me llamó mucho la atención. Hoy Arteta es probablemente el entrenador que más me gusta. Pero en ese momento era un jugador brillante que jugaba por talento e instinto, no por análisis. El contraste con su presente es brutal.
Pero, como decía, hemos venido a hablar de Alonso, que ya como jugador era lo que hoy veis.
En ese viaje también vimos a Javi Garrido, que jugaba en el Manchester City. Fue contra el Wigan. Le pedí la camiseta y me dijo que contara con ella. Minuto 15: evacuado en ambulancia. Lo cuento por si alguien cree que mi fama de gafe es una pose. Años más tarde me dio una del Norwich cuando vivía en Londres. Un tipo de palabra.
Volviendo a Xabi: en el regreso de aquel viaje quedamos con él en el Pub Panamerican, debajo de su casa. Le dijimos que habíamos descubierto a un jugador que nos había encantado, que no pasaba por el radar. Nos siguió el juego con su ironía —que no muestra en público—:
“—¿Ah, sí? ¿Habéis descubierto a un jugador? Cuánto sabéis. A ver, contadme...”.
“—Jason Koumas”.
“—Ah, claro. Han pagado millones, hizo esto y lo otro el año pasado... pero lo habéis descubierto”.
Recuerdo dos cosas más de aquella tarde. Una, el golpe seco que dio en la mesa cuando dije que Rooney me parecía algo sobrevalorado:
“—Ese tío es un dolor. El primer defensa. Te asfixia. Tiene pegada, visión, es completísimo”. La otra, su lamento. En 2007 estaba lesionado del pie. Iba cada semana a Santander.
“—Me jode sobre todo por la Euro 2008. La gente no se da cuenta, pero tenemos un equipo con el que se puede hacer historia”.
Cinco años después, tenía dos Eurocopas y un Mundial. Los tiempos han cambiado.
Xabi Alonso fue mi ídolo futbolístico. Verle jugar me generaba una devoción total. Mi pasión por la Premier se convirtió en enfermedad. Le vi cuatro veces en Anfield (incluido el 4-0 al Madrid). Recuerdo que le vacilamos con un compañero porque apareció ante la prensa española con un libro bajo el brazo.
“—¿Qué, no sabías cómo matar el tiempo en los 10 minutos de viaje desde el centro hasta Anfield?”.
No pierdo la ocasión de desenmascarar un postureo.
Después llegó su etapa en el Madrid. Y aunque yo era de la Real... también era de Federer. Y uno no puede mirar a otro lado cuando ve remontar a Nadal.
Recuerdo felicitarle tras la Décima, hablándole con una foto que le tomaron cuando sacaba su clásica imagen con los pies sobre un campo o, en este caso, sobre el trofeo de Champions. “2 con 2 equipos, ahora toca emular a Seedorf" —3 Champions con 3 equipos—.
Meses más tarde, comprendí que su traspaso al Bayern no era un tema de última hora, como se vendió, ni tampoco los motivos por los que se rumoreó que se marchaba eran ciertos. Era una decisión muy meditada. Para variar.
Pero queréis salir de este artículo conociendo mejor al personaje y por qué va a triunfar en el Madrid. Así que me tengo que remontar a los 90.
Soy más joven que Xabi Alonso (aunque no diré cuánto: me gusta que la gente especule sobre mi privilegiada genética). Le conocí porque un compañero de clase —el que luego sería padrino de boda de Arteta— me lo descubrió. Nos valían dos horas de estudio para sacar buenas notas, así que el resto del día hacíamos alineaciones imaginarias en clase.
Él me hablaba del Antiguoko. ¡Un equipo de barrio! De Xabi Alonso, Mikel Alonso, Aduriz, Iraola… ¿Os suenan? Todos críos en aquel entonces.
“—El bueno es Mikel Alonso” —me decía mi colega. Cosas que pasan.
Aquel Antiguoko llegó lejos en la Copa del Rey juvenil, puso en apuros al Madrid de Del Bosque. Y luego vino lo real: Xabi debutó con la Real Sociedad, en una época oscura. El equipo se iba a Segunda y Toshack lo rescató de su cesión en el Eibar. Viejo zorro. Fue como comerse una pizza napolitana tras cuatro días con gastroenteritis.
Recuerdo salir alguna noche en San Sebastián y preguntar:
“—¿Quién es ese que va disfrazado?”.
“—Xabi Alonso. No quiere que le vean”.
Desde joven cuidó al milímetro su imagen pública. Siempre inteligente. Como Alcaraz en su documental, como en la ranchera, con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero, pero sin hacerlo para Netflix o sin que nadie se dé cuenta. Xabi siempre fue así. Aunque últimamente le ha fallado la ropa de camuflaje.
Muchos años después, yo ya estaba hasta el cuello en las arenas movedizas de la prensa escrita. Hoy me dedico al marketing digital —un lugar mejor para comunicar y tener calidad de vida—, pero en aquellos tiempos…
Entre mil vergüenzas que prefiero no recordar, una: cubrí la boda de Xabi Alonso.
El cénit de mi carrera.
Descibrí el vestido de novia con detalle. No se qué de cuello de cisne. Tremendo papelón.
Di nombres de invitados que ni siquiera fueron. Y, en el momento más bajo, llamé al restaurante haciéndome pasar por no sé quién para descubrir el menú de la boda. Con gran suerte de que me pusieron al teléfono a su hermano, Mikel, y creo que me reconoció. Mentiría si digo que de verdad me da vergüenza.
He seguido su carrera tan de cerca que creé un grupo en Facebook para que le dieran el Tambor de Oro en San Sebastián, máximo galardón de la ciudad. Y acabó pasando. No es el Balón de Oro, pero la deuda está saldada. No pienso reclamárselo.
Y si hoy digo algo sobre su fichaje por el Madrid, es esto: Xabi Alonso ha decidido entrenar al Real Madrid porque sabe que va a triunfar.
Y, contra mi propio pronóstico, me explico. No tengo información privilegiada, pero leyendo a quienes sí la tienen, se intuye una plantilla que ha tenido actitudes poco compatibles con el fútbol profesional. Y eso, en mi opinión, no se resuelve solo con un entrenador. Xabi Alonso necesita tiempo, y tiempo es lo que nunca hay en el Real Madrid
Pero os dejo una buena noticia:
Mi pronóstico suele fallar. Soy gafe. Así que esto es un seguro de vida.
Subió al filial de la Real a Segunda casi medio siglo después. Ha hecho historia con el Leverkusen. Ha ganado siempre jugando a ganar. Y no es nuevo.
¿Sabíais que el Madrid quiso ficharle cuando la Real casi le quita la liga a los Galácticos? Y dijo que no. Porque en el fútbol —afirmó— hay que dar los pasos en orden. Lo dijo con veintipocos. Y acertó.
Un amigo fue a visitarle a Liverpool. Alonso le llevó a Melwood, el mítico campo de entrenamiento. Le pidió, eso sí, que no pisara el césped. El amigo no lo cumplió. Bajó. Desayunó con Gerrard. Y recibió su reprimenda.
“—Tú igual piensas que me he venido a un club menor. ¿Pero tú sabes lo que es el Liverpool? Es historia del fútbol. Y era el momento de venir”.
En su primera temporada, ganó la Champions. Fallando un penalti. Pero marcando el rechace. Un día, alguien que le entrenó desde que medía medio metro le preguntó:
“—3-0 contra el Milan. Marcáis el 3-2. Penalti. ¿Qué hiciste? Cómo no lo ibas a fallar, si tú nunca habías tirado uno ni en cadetes. ¿Por qué?”.
“—Porque pensé que quizás nunca volvería a tener una oportunidad para marcar en una final de Champions”.
Esa frase, y su carrera meticulosamente trazada, explican por qué se atreve a dirigir a un Madrid que parece un polvorín. Sin pretemporada. Con un Mundial de clubes en plena campaña.
Podría contar muchas cosas más sobre él. No todas buenas. Tiene sus defectos y contradicciones. Y su corte de pelotas y lamebotas locales —los peores—, esos que reniegan del fútbol hasta que conviene.
Pero a lo que voy:
Xabi Alonso ya no es mi ídolo. Ya estoy en edad de no idealizar a nadie solo porque sepa pegarle bien al balón. Pero sí voy a seguir su era en el Madrid con entusiasmo. Por los viejos tiempos.
Y si este puñado de anécdotas desordenadas sirve para entender mejor al personaje, bienvenidas sean. Entre líneas, creo que hay más que motivos para pensar que empieza algo grande.
PD: Se me ha olvidado contaros lo de Iván Campo y la invasión de campo en la Europa League. 100 likes y actualizo el artículo con la anécdota.
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El lunes en La Galerna se certificó el acta de desolación por una temporada que expira dejando un obituario evidente para nuestro compañero Antonio Valderrama. La primera víctima clara ha sido Carlo Ancelotti. William Pogue se despedía del técnico italiano de forma magistral y expresaba por escrito lo que muchos pensamos. A estas horas parece hecho el fichaje de Xabi Alonso pero su inmediata incorporación no es todavía oficial. Si bien el tolosarra ya se ha despedido del Bayer Leverkusen, el Real Madrid parece querer cuidar los tiempos para su anuncio. Con la voluntad y el deseo del entrenador entrante es una situación que todas las partes parecen querer entrelazar de la mejor manera.
El lunes por la tarde, Ednaldo Rodrigues, presidente de Confederación Brasileña de Fútbol, anunciaba el fichaje de Carlo Ancelotti. En un vídeo institucional, el máximo dirigente de la CBF declaraba: "Llevar a Carlo Ancelotti al frente de Brasil es más que una decisión estratégica. Es una declaración al mundo de nuestra determinación por recuperar el primer puesto del podio. Es el mejor entrenador de la historia y ahora dirige a la mejor selección nacional del planeta. Juntos, escribiremos nuevos capítulos gloriosos para el fútbol brasileño". Rápidamente todos los grandes nombres del fútbol brasileño se felicitaban por poder contar para el Mundial de 2026 con la dirección técnica del preparador italiano.
Mientras gran parte de nuestra afición celebra la salida de Ancelotti, el país que más sabe de fútbol celebra su llegada a la pentacampeona de la Copa Mundial
Así pues, para la selección más laureada de la historia del fútbol, el fichaje de Carlo Ancelotti es todo un acontecimiento. Mientras gran parte de nuestra afición celebra la salida de Ancelotti, el país que más sabe de fútbol celebra su llegada a la pentacampeona de la Copa Mundial. Algo saben de esto los señores de Brasil. Durante dos años han perseguido a nuestro entrenador. Será por algo, ¿no creen?
Porque, llegados a este momento, es justo recordar para los desmemoriados que Ancelotti es el entrenador con más títulos en la historia del club: tres Champions League, tres Supercopas de Europa, una Intercontinental, dos Mundiales de Clubes, dos Ligas, dos Supercopas de España y una Copa del Rey. Dicho palmarés lo ha logrado en dos etapas que suman seis años ocupando el banquillo del mayor club del mundo del fútbol. Quien pueda que lo empate. Venga quien venga, dudo ni que se aproxime al palmarés del entrenador más laureado del Real Madrid.
Decía Jorge Luis Borges que felices los valientes, los que aceptan con ánimo parejo la derrota o las palmas. El escritor argentino viene a decir algo parecido a lo que expresaba Rudyard Kipling en su célebre poema If, en el que aconsejaba al lector tratar igual a esos dos impostores que son el triunfo o el fracaso cuando tratan de imponer el imperio de su ley. En el fútbol parece imposible que casi ningún aficionado entienda esto. Acatar la lógica en un ejercicio irracional es como querer que un infante se comporte como un señor. Al final, una vez más, tiene razón Pepe Kollins cuando dice que los aficionados al fútbol somos como niños.
Esta temporada llega a su final y tenemos una oportunidad de oro ya en el próximo mes de junio. La Copa Mundial de Clubes de la FIFA puede ser nuestro bálsamo
Todos sabemos que en el fútbol el eslabón más débil es el técnico. Es la pieza a sustituir más accesible. Cuando las cosas vienen mal dadas, el técnico es el primer responsable. Si tras un ciclo ganador se asoma el desgaste, el culpable es el entrenador. Por lo tanto, a entrenador cesado, entrenador contratado. Cuando se necesita un golpe de timón, fichas a un entrenador. Cuando quieres transmitir la idea de un tiempo nuevo, presentas a un entrenador. El entrenador que viene siempre parece tener las respuestas que el anterior no poseía. Generalmente todos sabemos cómo acaban estas cosas, pero preferimos fingir que la solución siempre pasa por el banquillo. Al fin y al cabo, es lo más sencillo.
Llegados a este capítulo quisiera dejar un mensaje de aliento. Todos los momentos desagradables tienen solución. Por nuestra experiencia, todos sabemos que hasta el día más difícil se termina, pues tiene 24 horas. Por no resultar más manida la frase no deja de ser una enseñanza de la vida. Pues bien, quiero recordaros a todos que también esto pasará. Esta temporada llega a su final y tenemos una oportunidad de oro ya en el próximo mes de junio. La Copa Mundial de Clubes de la FIFA puede ser nuestro bálsamo. Hasta entonces, cerremos con dignidad nuestros compromisos y despidamos con honor a don Carlo Ancelotti. Gracias por todo, míster.
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El Real Madrid siempre vuelve. Hay pocas certezas en el mundo del deporte, pero una de las que siempre se cumple es esta, que el Madrid siempre regresa, siempre halla la manera de volver a la senda del triunfo, así pasen las décadas y los rivales. Aún no ha terminado la temporada en curso y ya está pensando en la siguiente, en los tiempos nuevos que están por venir, con ese inserto del Mundial de Clubes entre la desesperante 2024-25 y la esperanzadora 2025-26, con Xabi Alonso a los mandos.
El diario As se centra en los previsibles fichajes del Real Madrid para la defensa. Dos que parecen ya cerrados, Alexander-Arnold y Huijsen, y un tercero, Álvaro Carreras, que sigue en negociaciones. O no, porque son tantos los nombres que han llevado los medios a las portadas en los últimos ejercicios que darían para confeccionar tres o cuatro plantillas completas. Conocemos de sobra este período de entreguerras: surgirán muchos nombres en las próximas semanas, algunos inverosímiles, y por ello, haremos bien en atender solo a los comunicados oficiales, por mucho que la política de comunicación del club nos haya resultado incomprensible durante mucho tiempo.
Hay mucha fiesta culé en las portadas de la prensa, y también mucha estupidez, si nos permiten la redundancia. Hemos descubierto la creación de un nuevo título: “el triplete nacional”. ¿Qué les parece? ¿Quién quiere tres Champions consecutivas cuando puede obtener “el triplete nacional”? Pues nada, ahí lo tienen, en la misma portada del diario madrileño As. Podríamos discutir si el club cliente de Negreira obtuvo el archiconocido y megavalioso “triplete nacional” pues, como pudieron leer ayer, el título de Liga de este año quedó desierto. Dejémoslos en su gozo de creer que no fue así. Pondrán el triplete nacional en alguna vitrina, junto a ese invento que mezcla dos temporadas distintas llamado “sextete”, y junto a alguna foto del “destete” en el vestuario, esa cosa irreproducible aquí, pues somos un medio que nos destacamos por el buen gusto.
Peor es lo que encontramos en alguna esquina de la portada del diario Marca.
Quién nos iba a decir que el ciclismo, deporte que pasó años oscuros de bajas audiencias debido al dopaje y la ausencia de fair play de sus principales figuras, iba a ser lo mejor de las portadas de hoy. El diario Marca destaca la fenomenal victoria de Juan Ayuso en el Giro de Italia, su primera gran victoria tras un ataque letal con el que lanza, además, un aviso para navegantes: no ha ido a Italia de paseo. El Marca no puede evitar uno de sus habituales juegos de palabras, pero venga, hoy estamos generosos y admitimos “AyuShow” como hallazgo destacable, muy por encima de “Lunin creciente”, “TreMendy” o “Cholo ante el peligro”.
Lo que no nos entra en la mollera es ese engendro que aparece en la esquina inferior derecha: “la rúa de la felicidad”. Aparte del culerío, ¿de la felicidad de quién? ¿La vuestra, Juancho? Durante toda la temporada se os ha visto muy proclives a ensalzar las virtudes de un equipo que no tenía que estar compitiendo en Primera, se os ha visto pasar por alto sus irregularidades financieras, sus inscripciones fraudulentas, la impunidad de sus actos negreiros o los conflictos de intereses con los gestores de las imágenes, del mismo modo que se os ha visto mirar para otro lado con las tropelías arbitrales que ha sufrido el Real Madrid, de manera especial desde que se puso con siete puntos de ventaja en el liderato, por eso, repetimos la pregunta: ¿la rúa de la felicidad de quién? Ayer vimos más bien un homenaje a un ilustre barcelonés, que no barcelonista, Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón, pues por momentos nos pareció la rúa de los 13 percebes.
El “delirio” culé es inmenso y agradecemos el acierto del Mundo Deportivo al escoger esa palabra. Un delirio es, según la RAE:
Y ese delirio, en su acepción tercera, es donde vive el barcelonismo con Laporta. La confusión mental de verse donde no tenían que estar, las alucinaciones de creer que han ganado de manera limpia y la reiteración de los pensamientos absurdos que les hacen creer que ganan con “valors”. Los suyos, que, afortunadamente, distan mucho de los nuestros. Con el número de hoy, el diario del conde de Godó ofrece un especial sobre “Las Ligas del Barça”. Debe ser triste para un culé de bien (nos consta que existen, aunque sean una especie en extinción) saber que el cuarenta por ciento de las mismas se consiguieron durante la época de los pagos a Negreira.
Quien tuviera estómago pudo presenciar ayer imágenes bastante penosas, como la de Casadó paseando con unos boixos nois encapuchados, o algunos recuerdos a Vinícius de muy poca clase. Ninguno tan patético como ver a Iñigo Martínez ondeando una estelada. Suponemos que Pedri, Gavi, Fermín y tantos otros mirarían para otro lado como en su día lo hicieran Iniesta, Pedrito o tantos extranjeros que pasan por ese club y a los que se alecciona de manera conveniente. Iñigo Martínez, natural del Alt Empordà, el mismo que hace un par de semanas nos hablaba de los valores del club que lo adoptó pasada la treintena y lo permitió jugar de manera fraudulenta. Solo dijo una verdad y es que los valores de su club no se parecen en nada a los del Madrid. Estamos muy de acuerdo, Ignasi.
Todo esto ya lo hemos vivido. Y hay una verdad absoluta en el deporte: el Real Madrid siempre vuelve. Y cuando vuelve, lo hace a lo grande.
Pasad un gran día, amigos.
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Buenos días. El Campeonato Nacional de Liga 24/25 ha sido declarado desierto al no existir un campeón legítimo. El FC Barcelona, como recordaréis, fue descendido a Segunda División B hace algo más de dos años a resultas del descubrimiento de que había sobornado durante un mínimo de 17 años al estamento arbitral. Al seguir el club azulgrana en Segunda B, y no contemplar el reglamento que el título lo pueda ganar un equipo de otra categoría, este año se ha optado por declarar desierto el ganador del campeonato de Primera División, como sucede en los certámenes literarios cuando nadie merece el galardón y/o se han producido irregularidades.
Han sido otras muchas las irregularidades cometidas por el presunto campeón. Se darán a conocer oportunamente, es decir, cuando estos nuevos delitos hayan prescrito para la justicia deportiva y por consiguiente no se puedan tomar medidas contra el club que representa el brazo propagandístico del independentismo catalán que gobierna España. Es importante que todo el mundo sepa la verdad, pero es más importante aún que nunca jamás se haga justicia.
Desconocedores de la realidad de última hora que os trae La Galerna, es decir, la proclamación del premio como desierto, la prensa del día trae noticias que ya no tienen validez alguna. Os dejamos con sus portadas, no obstante, por si os parece que tienen algún interés antropológico.
Pasad un buen día.
En estos días turbulentos donde la opinión pública dicta sentencia más rápido que cualquier tribunal, el nombre de Raúl Asencio, joven jugador del Real Madrid, ha sido arrastrado por una tormenta mediática injusta y desproporcionada. Acusado de estar vinculado a un caso de grabación y difusión de un vídeo sexual en el que aparece una menor de edad, Asencio ha sido señalado, condenado y linchado en las redes sociales y ciertos medios de comunicación sin que se haya emitido aún una sentencia judicial.
Pero repasemos los hechos con objetividad. Raúl Asencio no participó en el acto sexual, no fue quien grabó el vídeo, y no fue quien lo difundió masivamente en grupos de WhatsApp. De hecho, según consta en el sumario, en todo momento colaboró con las autoridades y facilitó ayuda a las víctimas. Lo que sí parece haber sucedido es que estuvo presente en un entorno donde otros sí cruzaron líneas graves. ¿Cometió errores? Posiblemente. Pero, en cualquier caso, no por maldad ni por perversión, sino por inmadurez o desconocimiento. Y eso es precisamente lo que debe valorar un juez, no X.
Sin embargo, la maquinaria mediática y la voracidad de los haters no han esperado a la Justicia. Le han llamado de todo: violador, corruptor de menores, difusor de pornografía infantil. Palabras mayores, acusaciones gravísimas, muchas de ellas completamente infundadas, que ya han dañado irremediablemente su imagen, su vida privada y su salud mental. ¿Y quién va a reparar eso si finalmente se le declara inocente, o si su implicación resulta mínima? Nadie. Porque el daño ya está hecho. Y ojo no sólo hablamos de anónimos en redes, también de periodistas tribuneros con nombre y apellidos.
Asencio no es un criminal. Es un buen chico, con valores, con educación, con una familia humilde y honesta que lo ha guiado en su carrera. Les conozco. No se ha escondido. No ha mentido. No ha echado balones fuera. Ha dado la cara, ha colaborado, ha reconocido si algo no estuvo bien, y ha confiado en la justicia. Pero la justicia mediática es despiadada y no se rige por pruebas, sino por titulares. Es increíble como el periodismo se ha podrido tanto que hasta en TVE en su programa mañaneros han emitido un vídeo sin rigor y totalmente denunciable sobre este tema. Eso, antes, era impensable.
Palabras mayores, acusaciones gravísimas, muchas de ellas completamente infundadas, que ya han dañado irremediablemente su imagen, su vida privada y su salud mental. ¿Y quién va a reparar eso si finalmente se le declara inocente, o si su implicación resulta mínima? Nadie
Tal vez el verdadero pecado de Asencio sea ser jugador del Real Madrid, haber tenido la osadía de abrirse camino en el primer equipo de uno de los clubes más exigentes del mundo. En esa posición, cada paso en falso se convierte en escándalo, y si no hay paso en falso, se inventa. Él, que menos implicación tiene en el caso, ha sido convertido en chivo expiatorio, mientras otros más responsables se mantienen en el anonimato, lejos del foco y del escarnio público.
Este artículo no pretende encubrir, justificar ni exculpar lo que aún debe ser analizado por un tribunal. Y ante todo, siempre del lado de la víctima o de aquel que se siente como tal y busca una reparación en la Ley. Lo que sí denuncio es el linchamiento prematuro y despiadado que sufre un joven que, en el peor de los casos, actuó con torpeza, no con malicia. A los que hoy se colocan la toga del juez en redes sociales, cuidado: mañana podrías ser tú el juzgado con la misma dureza.
Raúl Asencio saldrá de esta. Con cicatrices, sí, pero también con la fuerza de quien sabe que la verdad no necesita ruido, solo tiempo. Y en ese tiempo, muchos estaremos a su lado. No somos los más ruidosos, pero somos firmes. Y cuando todo esto pase, cuando el juicio real hable y el juicio mediático se disuelva en su propia inconsistencia, veremos a Asencio levantarse como lo que es: un gran jugador y una mejor persona.
Y será entonces, como central del Real Madrid, cuando el silencio de ahora se convierta en aplauso.
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En tiempos de pérdidas, abundantes son las ganas de demolición. Pero, más allá de los debates de barra de X, cualquier proyecto serio para el Real Madrid debería cimentarse en base a lo que se ha demostrado válido incluso en una temporada aciaga como la presente.
Las carencias del año son de sobra conocidas. De partida, una evidente mala planificación en lo que pareció una huida hacia la aventura a la espera de que en la selva no aparecieran imprevistos. Pero coincidieron todos y la catástrofe adquirió tintes insólitos. Como segundo plato, las lesiones que han convertido al equipo en un ‘sálvese quién pueda’ y por las que, sorpresivamente, no se están exigiendo muchas responsabilidades hasta la fecha. Y en tercer lugar, las decisiones del timonel, que siempre carga con su responsabilidad. Si no se le puede acusar de traicionarse en ningún momento -Ancelotti ha seguido esta campaña al pie de la letra su modus operandi- sí podemos achacarle que, a nuevos males, no aplicara nuevas soluciones. Aunque qué fácil resulta escudriñar los tiros desde la trinchera… y más a tiempo pasado. ¿Otro entrenador habría logrado mejores resultados con los mismos mimbres?
Con todo, y el partido del Mallorca lo refrenda, el equipo presenta evidencias, pilares que deberían sostener el Madrid de Xabi Alonso. De partida, cuenta con los dos elementos que diferencian a los equipos grandes de los buenos: un portero -en este caso el mejor del mundo- y un delantero de referencia, capaz de superar los 40 goles en su primera temporada. También dispone el tolosarra, aunque existen dudas de si en la planta noble lo siguen considerando, de uno de los centrocampistas con más clarividencia y jerarquía de Europa. Modric es un burlador de la edad que ha vuelto a conseguir que, llegados a mayo, desprenderse de él pueda considerarse toda una imprudencia. En tercer lugar, el clavo al que agarrarse, ese cañón con pulmones que es Valverde (aunque habrá que cuidarlo más en el futuro). Y por último, un servicio de emergencias, la cantera, que se ha revelado como solvente, con la aparición feliz de Asencio y la incursión de Jacobo Ramón y Gonzalo.
Ahí está el camino, pero ya veremos el mapa de Alonso.
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