Las mejores firmas madridistas del planeta

Leyendo la magnífica crónica del reciente concierto de Sabina en la capital, uno no puede menos que acordarse del aniversario que hoy celebra el madridismo. Y es que si cada 6 de marzo el club más prestigioso del mundo suma un año más de vida, el 20 del mes en curso se debería instaurar como el día de su renacimiento.

No es ningún atrevimiento —espero— aventurar que para el madridista medio, esta fecha adquirió desde hace ya 27 años la misma categoría que su aniversario de bodas, noviazgo o incluso el propio cumpleaños. Eliminando de la ecuación a los más jóvenes (aunque seguro que la primera historia que escucharon de sus mayores fue la del champán prestado por la Juventus de Zidane, Del Piero, Peruzzi o Di Livio —todavía tiemblo al escribir sus nombres—), todo aficionado blanco recuerda dónde estaba, quién le acompañó y cómo perdió el conocimiento celebrando la Séptima, la Copa de Europa más deseada.

“Vivir es ir tropezándose”, escribe Antonio Lucas en su texto a colación del legado sabiniano. Y justo eso se pasó cumpliendo el Madrid durante 32 años en el que había sido su hábitat más natural, la competición europea. Especial mención, sin duda, al infausto cruce con aquel rácano y malencarado PSV en 1988, cuando el arte alegre de Butragenio (como le llamaba Mendoza) y sus compinches perdieron el último tren antes de ser arrasados por el Milán y el nuevo fútbol de músculo y tiralíneas.

Porque, si “una de las potencias de Sabina”, como sigue el periodista, “es el vínculo que establece con sus canciones”, no podemos albergar dudas de que la Séptima fue la reconciliación más bella de un equipo y su afición, el lugar donde se volvieron a reconocer, el día a partir del cual se pudo presumir con orgullo de que había llegado el color a la pasión más bonita del mundo.

Feliz Día de la Séptima.

Buenos días, amigos. Los últimos coletazos de una temporada francamente aciaga se mezclan con los primeros compases del mercado de fichajes para la temporada que viene y la extraña evidencia de que la presente, en realidad, tampoco ha acabado aún, puesto que falta el Mundial de Clubes. Son sensaciones raras. El cuerpo no sabe si instalarse en el duelo futbolero, el pajiplantilleo característico del verano o la expectativa de un torneo nuevo y prometedor.

Lo del pajiplantilleo es doble este año, viene en dos fases, o así al menos lo dejaba ayer caer Sison, tuitero de la esfera insider a quien muchos de vosotros conoceréis. Sus errores en la predicción de fichajes son legendarios (él los llama “humo negro”, culpando a sus seguidores de no conocerle bien por no saber distinguir los tiros que deliberadamente son de fogueo), pero también son impresionantes sus aciertos.

La persona que se esconde detrás de Sison es una incógnita, si bien hay quien apunta a alguien muy cercano al entorno de Florentino. Por el contrario, hay quien asegura que se trata de nuestro editor, Jesús Bengoechea, cosa que él niega tajantemente. Él, pero no nosotros, portanalistas, quienes ni ponemos ni quitamos rey.

Sea quien sea Sison, que es el autor de términos como “busiana” o “summeriana”, lo de este año es más complejo, puesto que hay una serie de fichajes previstos para antes del Mundial y otros para después. Hay pues una summeriana, pero también una springiana (que ya ha sido inaugurada con el fichaje de Dean Huijsen).

Lo entenderéis (?) mucho mejor en este post del inigualable Sison.

Sison tiene esta jerga y quien no la siga debe, básicamente, fastidiarse. Tras el Mundial serán “las gallinas que entran por las que salen”. Cristalino. Antes de ello, 3+1NoTrucho y todos tan contentos. Diáfano. Quizás el 3+1NoTrucho pueda desglosarse en 3 fichajes y 1 renovación (NoTrucha, sea lo que sea que esto signifique), y quizá esa renovación sea la de Luka Modric.

As dice que Luka, héroe entre los héroes, está “más cerca de seguir”. De sobra sabemos que hay un sector del madridismo que aboga por no renovar a Luka porque presuntamente cierra el paso a Arda Güler u otros. Nosotros pensamos que, si Arda Güler u otros valen para el Madrid, lo demostrarán esté allí Luka o no, y que la temporada del croata amerita de sobra el que el club se plantee su continuidad pese a la edad marcada en su pasaporte. Los 40 son los nuevos 30, y nadie está en condiciones de descartar que para Luka sean los nuevos 20. Quizá ya no aguante muchos minutos al máximo, pero la media hora que te da Luka Modric no te la da nadie en el planeta. Si se ajusta a su nuevo papel, y ajusta asimismo su salario a las necesidades del club, a nuestro juicio su continuidad solo puede hacer bien.

La prensa cataculé sigue con una especie de perpetua erección mañanera. El priapismo de los clientes de Negreira se plasma en la portada de Mundo Deportivo en una foto en la cual Flick parece Truman Capote mientras en el frontispicio Laporta afirma: “Testaremos el Camp Nou en el Gamper”. Hay que ser hortera para decir “testaremos” en lugar de “probaremos”, si bien se nos antoja que este es el menor de los problemas de esta promesa, siendo su cumplimiento uno de los más graves.

En Sport hay exclusiva con el propio Laporta, a quien gusta más una entrevista que comer huevos con chorizo en compañía de Javier Tebas. Dice el bueno de Jan que “rechaza el papel de víctima con los árbitros”, aserto cuya veracidad es sencillo comprobar con una simple mirada a sus declaraciones más recientes.

A ver si va a suceder que lo que Laporta rechaza no es tanto el papel de víctima con los árbitros cuanto el de persona decente.

Por lo demás, Marca abre hoy con una portada para consumo interno del prescrito Miguel Ángel Gil Marín y de la familia de Oblak, excelente guardameta cuyas manoplas tantas veces han salvado al aguerrido Atleti. Que la disfruten.

Pasad un buen día.

Las despedidas son como las derrotas, no hay ninguna buena por más que, en la vida, despedidas y derrotas sean inevitables e, incluso a veces, necesarias. Carlo Ancelotti se despide del Madrid hoy como hace exactamente diez años. Aunque es mentira eso de que la historia se repite, asusta contemplar el sentido circular que tiene muchas veces la existencia de los hombres y de las organizaciones humanas. Aunque el fútbol es cruel por naturaleza y el madridismo más, en la definitiva marcha de Carletto sólo puede decirse: hemos sido tan felices.

Como dice Valdano, el Madrid es épica y castigo. Ancelotti, que lo supo desde el principio, presintió que su salida sólo podría ocurrir tras una demolición o un incendio. Sólo de ese modo pueden acabar los grandes amores, y el Madrid es uno que reduce a polvo todas las llamas que consumen a quienes, como él, alimentan su fuego imperecedero. Si se acaba la vida, dijo hace poco cuando un periodista le preguntó por su futuro, cómo no se va a acabar también el Madrid. Entrenó al Real como si cada día fuese el último: un último negroni frente al mar, una última calada al habano, un último baile con la mujer amada.

Imagen generada con IA

Carletto se supo siempre afortunado, consciente de que entrenar una vez al Madrid es un privilegio, y de que hacerlo dos veces constituye una gracia del cielo. Lo mejor de Ancelotti en el Madrid no han sido los títulos, sino la identificación del madridismo con ese regalo existencial: el privilège du blanc que asocia la vida con la pasión y la alegría de estar asistiendo a un milagro, la emoción profunda de presenciar algo grande, misterioso y sagrado, con la sensación extraordinaria de saber que formar parte de ello es una auténtica bendición.

Aunque el fútbol es cruel por naturaleza y el madridismo más, en la definitiva marcha de Carletto sólo puede decirse: hemos sido tan felices

Hombre de fe, hijo de campesinos, Carlo Ancelotti trajo al Madrid un sentido premoderno de las relaciones personales: la confianza genuina en las capacidades de los individuos, el compromiso con la autoridad natural, el respeto por lo aprendido de los mayores. Carletto trajo carisma en un sentido cristiano, puso su don para la jerarquía y la enseñanza, el pastoreo de hombres y una bonhomía espiritual. En su filosofía el fútbol, como emanación de la propia vida, debe ser entendido con sencillez. Todo está inventado desde hace mucho tiempo y nadie, en realidad, es insustituible. Mucho menos en el Madrid, donde el pasado pesa como un bloque de mármol y el futuro ya tiene su perfil tallado con dientes de sierra en la imaginación de aficionados, técnicos y presidentes. La alta competición tiene más que ver con la psicología que con la astrofísica, con la palabra que con la pizarra. Nada es definitivo en este mundo, excepto la muerte.

Ancelotti, Bellingham, Vinícius

Ancelotti ha entrenado al Madrid como si fuera el padre de todos nosotros. En una mano tenía la benevolencia y, en la otra, el conocimiento del método de los maestros y de los dragones que ocultan los mapas. No ha dotado a sus equipos de esquemas de juego revolucionarios, tampoco ha mecanizado ningún aspecto de su funcionamiento. El Madrid de Ancelotti no ha girado en torno a una gran idea central. Su labor ha sido, sin embargo, mucho más importante: ofreció a sus futbolistas la fuerza moral necesaria para que creyeran en sí mismos, para que creyeran en lo realmente buenos que eran. Regó el camino de migas y enseñó a sus pupilos a seguirlas. Dispuso las cosas para que los jugadores del Madrid salieran al campo confiados en tener, dentro de ellos mismos, el empuje preciso para superar todos los obstáculos.

Ancelotti ha entrenado al Madrid como si fuera el padre de todos nosotros. En una mano tenía la benevolencia y, en la otra, el conocimiento del método de los maestros y de los dragones que ocultan los mapas

La gran idea de Ancelotti en el Madrid fue, siempre, el amor: a la vida, al juego y a la camiseta blanca. Después de bailar con los chavales tras ganar la Catorce, en París, dijo que lo había hecho porque aquellos jóvenes futbolistas eran, sencillamente, sus amigos. No esperaba volver y, a un cuarto de hora de la jubilación, renunció al doble de dinero que ganaba en el Everton para devolverle el favor a la vida y al Madrid con las dos Copas de Europa más apasionantes de cuantas ha habido. Como la gente adora las explicaciones rebuscadas y complejas de las cosas, el éxito de Ancelotti, tan natural puesto que es debido a su inteligencia, fue casi siempre subestimado, desdeñado o caricaturizado. Carletto hizo que su Madrid ganara sin que nadie supiera por qué. Ante sus momentos fulgurantes sentimos la estupefacción y el asombro infantil que produce contemplar Las Meninas. Sabemos que participa de la materia divina de Dios y que son fenómenos irreproducibles como el paso majestuoso de un cometa; conservaremos en la memoria su recuerdo inolvidable y sólo podremos dar las gracias por haberlo visto, y gozado.

 

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—Buenos días, sírvame un maquillaje a la plancha y un carajillo con complejo de inferioridad, por favor.

—¿Pero cómo va a desayunarme usted eso, señor Oriol, que le va a sentar mal y la Seguridad Social está hecha unos zorros?

—¿Acaso no estuvo atento ayer a la penúltima jornada de liga?

Dado lo psicotrópicamente vergonzoso de nuestro fútbol, no sería extraño que una absurda conversación como la de arriba hubiera sucedido esta mañana en cualquier bar patrio.

Ayer, por fin a una hora decente para la práctica y el seguimiento del balompié, las siete de la tarde, el Madrid se enfrentó al Sevilla. El choque fue tan interesante como asistir a la siesta a cámara lenta de un folívoro, también conocido como perezoso. No es reprochable, la mayor parte del interés del fútbol y lo que impele a los jugadores a competir reside en la emoción, la incertidumbre, la disputa, la lucha por la victoria. Si extirparnos el principal aliciente, nos queda un juego banal y aburrido. Ese es uno de los motivos por los cuales nos ha sentado tan mal que nos engañaran durante décadas con el caso Barça-Negreira.

La victoria por 0-2 sirvió para que Kylian se asegurara el Pichichi y se acerque a la Bota de Oro. Así lo destaca Marca en su portada.

Marca As

As también se refiere el asunto goleador de Mbappé en su azotea, junto a la posible renovación de Modric. Aunque el foco principal es para Alcaraz, rey de Roma. Felicidades, Carlos.

Con el campeonato adjudicado, que no ganado, había llegado la hora de aplicar maquillaje estadístico para que quienes están en el ajo puedan en el futuro esgrimir excusas. La primera decisión fue designar un colegiado normal llegado a Primera División d. N. (después de Negreira). Uno de esos que se equivoca como nos equivocamos todos, que puede estar más o menos acertado pero que aparentemente pita lo que ve, que no ha pagado al hijo del interfecto (en su segunda acepción del DLE) por coaching ni ha sido conducido a los estadios por él, que no se ha intoxicado en La Torrada, que no ha sido llevado de «karaoke».

Solo era necesario hacer esto y dejar pasar el tiempo del partido. ¿Qué ocurrió? Que Busquets Ferrer mostró dos rojas acordes a reglamento (si no gustan las normas, puede proponerse su cambio, pero son las que son). A Carlos Martínez se le notaba incómodo, porque aunque probablemente estuviese al tanto de que se trataba de una burda operación cosmética, el instinto le puede.

Cabe destacar una frase que se le escapó cuando el VAR estaba analizando si había o no fuera de juego previo a la falta a Mbappé que supuso la primera expulsión. Algo así como «están eligiendo el frame adecuado». Delator, porque frame solo hay uno, el del momento del golpeo al balón.

El maestro Guasch se pregunta en su Mira, chato de hoy si el CTA habría colocado ayer a Busquets Ferrer, probablemente el mejor árbitro de la actualidad, para dirigir el partido si el Madrid aún hubiese contado con opciones de lograr el título liguero. Él mismo se responde: «Ni de broma».

Si ayer los blancos se hubieran encontrado a dos puntos del club cliente de Negreira, Rolex Cantalejo habría elegido a uno de sus árbitros de cámara, uno de esos internacionales tan bueno que jamás pitan en Champions. Uno de esos que te aseguran que la patada que pudo partir a tibia la Tchouaméni se queda en amarilla, con suerte, nunca en roja, como aprendimos con las acciones de Romero sobre Kylian o Maffeo sobre Vini. Uno de esos que la jugada de la primera roja no la muestran si quien comete la falta es Iñigo Martínez. Uno de esos que sabemos todos.

Teatro, puro teatro. Maquillaje, pura cosmética. «Roja aquí, roja allá, maquíllate, maquíllate», como publicó con son mecánico @Holden66666 en X.

Mundo Deportivo Sport

Mundo Deportivo y Sport están exultantes con la insultante concesión del trofeo liguero al Barcelona tras palmar contra el Villarreal. El Barça como equipo de despedidas de soltero: pierdes el partido, pero te lo pasas bomba. A celebrar la ignominia. Pero en la situación actual, si queréis limpieza en el fútbol español podéis esperar sentados. Aquí, por ejemplo:

¡La silla de @daniolmo7! 🪑 pic.twitter.com/voca83a3hF

— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) May 18, 2025

Esta publicación de la cuenta oficial del FC Barcelona no es sino la asunción pública de una patología, de un grave problema de autoestima, del un complejo de inferioridad. Dicen que la imitación es la forma más sincera de admiración, y quizá esta sea la mejor respuesta. Aunque en Can Barça no se vea como admiración, sino como necesidad. Es obsesión, carencia crónica de originalidad.

Lo que en su día fue un estallido espontáneo de madridismo desatado de Alaba, convertido casi en reliquia pop de culto blanco, ayer se recicló en un contexto que no lo justificaba por un jugador incrustado en la plantilla con el calzador del Gobierno.

No es solo plagio, es una metáfora del Barça: busca en el Madrid lo que no encuentra en sí mismo.

Pasad un buen día.

España, desde la paz de Westfalia, solo pudo vengarse de los Países Bajos en la final del Mundial. El resto ha supuesto un conglomerado de batallas perdidas, bélicas y políticas, en el que “Holanda” se ha erigido como dueña y señora en la sombra de la Unión Europea, dirigiendo y ordenando desde su minúsculo país. Pero, en 2025, podemos decir que le hemos arañado una muesca a su espigado ego al robarle uno de los centrales llamados a ser generacionales en el fútbol europeo de la próxima década: el malagueño Dean Huijsen jugará para España y, a partir de Mayo, para el Real Madrid.

 

De Marbella a Turín

 

Acunado en Ámsterdam con un balón bajo el brazo por su padre exfutbolista, Doni Huijsen, o mejor dicho MaraDoni Huijsen, por lo supuestamente habilidoso que era, se mudó a Marbella con cinco años, donde creció, creció mucho, siendo delantero en el Costa Unida hasta que llegó, ya como central, a las categorías inferiores del Málaga. Diestro de nacimiento, zurdo por obligación, ya que su padre le entrenó para golpear al balón con las dos piernas. El exfutbolista ha cincelado cual Miguel Ángel un futbolista que te puede poner un balón con la izquierda a 30 metros o marcar un gol con esa misma pierna mala desde fuera del área. Y lo de delantero lo lleva marcado en el ADN, como Sergio Ramos, su ídolo, ya que cuando pisa área o frontal de área es letal.

Cuando destacaba como cadete en el Málaga, el Real Madrid llamó a su puerta aconsejado por un amigo de su padre, un tal Clarence Seedorf con el que compartió banquillo. Pero finalmente le convenció más la oferta de la Juventus. El ambicioso Dean quería hacer un master en defensa italiana y jugar cuanto antes en la élite. Eso le prometieron, pero en Italia no salieron las cosas perfectas. Bien, pero no perfectas. Destacó en el filial de la Juventus y debutó con el primer equipo, pero no consiguió asentarse en el 11 inicial, como es normal para un chico de su edad.

Llegó la llamada de Mourinho en unas Navidades para llevárselo a la Roma. En la capital jugó minutos de calidad a las órdenes de José, que duró muy poco en el puesto, pero dejó unas famosas declaraciones: “es uno de los proyectos de central de mayor calidad de Europa”. Su sustituto, De Rossi, mantuvo la confianza durante los primeros partidos, pero acabó sentándolo en el banquillo, seguramente para apostar por otros jugadores que no estaban cedidos.

 

Postgrado en Inglaterra

 

Una mala jugada de la Juventus, que le impidió ir a los JJOO, y el querer jugar ya de titular en la máxima élite, acabaron con la relación con el club transalpino. Es en ese Julio del 2024 donde eché de menos un interés serio del Real Madrid por la situación de Dean, y así lo hice ver en la antigua Twitter. El Madrid buscaba central tras el intento fallido por Yoro y mostré mi sorpresa ante la falta de interés en Huijsen, que había pedido ser transferido.

Apareció Iraola con su ilusionante Bournemouth y el chaval de 19 años decidió doctorarse en la Premier. Algunos lo tildaron de un paso atrás en su progresión, un Erasmus. Comprendo las dudas que incluso a mí me surgieron, pero nada más lejos: en menos de un año, Huijsen se ha convertido en el central sub-21 más prometedor de Europa.

En la Premier ha demostrado que está para competir con los mejores delanteros de Europa y sus estadísticas en defensa son comparables a las de una referencia absoluta como es Van Dijk (ver gráfico). Pero donde más destaca, lo que le hace especial, es en la salida de balón. Seguro, preciso, valiente, lector voraz del juego, es capaz de distribuir y filtrar balones a ambas bandas, con ambos pies. Tampoco hay que olvidarse de los 3 goles que ha marcado, tirando de lo aprendido en la época del Costa Unida. Es por esto por lo que Xabi no ha dudado y así se lo ha hecho saber a Jose Ángel y cía.

 

Convencido por Xabi Alonso

 

Este verano Huijsen iba a salir seguro del Bournemouth tras coronarse como defensa revelación de la competición y conseguir debutar con la selección absoluta.  Por cierto, me terminé de enamorar del jugador tras sus partidos con el equipo nacional, hacía mucho que no veía a un central tan superior en el pase y la conducción.

El coqueteo de su padre con las redes sociales hizo que la T4 le bajase los humos y enfriase su interés. Por lo que creo que ha sido el último impulso de Xabi Alonso, mediando conversación, lo que ha precipitado su fichaje. El jugador le ha asegurado a su club, al Bayern, Chelsea y Liverpool que solo ficharía por el Real Madrid. También habrá influido un madridismo más que notorio. Me imagino por dónde ha ido esa conversación: “Vas a ser el eje de mi sistema ya que necesito un jugador con tu calidad en el pase y con tu lectura del juego. Me vienes como guante al dedo en mi sistema de 3 centrales y también en la defensa de 4. Si te lo ganas, vas a ser titular indiscutible”.

Y no está nada lejos de la realidad. Xabi es un obseso del pase y de las pérdidas de balón y, como es normal, ha detectado un defecto de calidad en el pase en la plantilla blanca desde la despedida de Kroos y Ramos. Los dos primeros fichajes de la temporada van en esa dirección, ya que Arnold y Huijsen van a elevar la calidad del trato al balón de forma rápida y tajante.

Por encima de las cualidades señaladas, lo que realmente convierte en generacional al joven Dean es su mentalidad. Tranquilo, demasiado tranquilo, pero muy ambicioso. Los retos no le suponen ningún problema porque no le tiemblan las piernas y no pierde la actitud en ningún momento. Su defecto es ser demasiado optimista, ya que se ve muy diferencial. Apodado “chill guy” —chico tranquilo— debido a una famosa celebración imitando un meme de Twitter, ha tenido que afirmar delante de las cámaras, con mucho carisma, que no consume marihuana ya que, debido a su cara relajada y ojos risueños, se estaba extendiendo una broma por las redes.

Xabi ya tiene a su “central chill” y la directiva va a por más. Huele a verano de golpe sobre la mesa. Esa Dinojunta, cuya parálisis ha sido más que señalada por parte de la afición, ha despertado en menos de dos semanas y ha cerrado al entrenador más prometedor de Europa, al central joven más generacional y ya está apuntando a uno de los mejores laterales izquierdos jóvenes.

Los faraones no estaban muertos, estaban de parranda.

 

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¿Hubiese pitado Busquets si el partido hubiera ido en serio?

 

Las reacciones después del Sevilla-Real Madrid fueron muy divertidas. Tuvo su mérito después del tostón que nos comimos.

Divertidas por la casi unanimidad entre el madridismo: eso, dos rojas al rival, fue puro maquillaje. Una gran parte del pueblo sospecha que:

1.- Jugándose el Madrid la Liga se hubiera liquidado con dos amarillas. A lo sumo.

2.- Jugándose el Sevilla el descenso, lo mismo.

¿Si lo comparto? No tiene importancia. Me parece inevitable, pero es imposible saberlo. No desviemos el tiro. Lo mollar es que la experiencia lleva a estas elucubraciones. A coincidir que el de ayer era un partido facilísimo de dirigir. Y de jugar. Ni el 0-2 ni el 2-0 cambiaban nada.

Ese es el problema. Que la mayoría de una afición viva con la mosca detrás de la oreja. Con la mosca, la avispa, hasta con un cocodrilo. Es lo que propicia eso, lo vivido, la experiencia. Un asunto entre Romeros para más pitorreo. ¿Es más roja la de Isaac, ayer, que aquella de Carlos en Cornellá, cuando el Madrid se presentó con siete puntos de ventaja?

1-0: Ancelotti nunca hace cambios; el CTA tampoco

Pues no: son roja las dos. Más escandalosa aquella, una falta a un rival en carrera, que se iba a campo abierto. El lento Mbappé, además. La de ayer sucedió rebasado el centro del campo, exceso de potencia, mala elección: la patada es a la tibia. Midió mal el sevillista. Roja.

El árbitro fue Busquets Ferrer, que cometió sólo un error: la tarjeta que mostró a Bellingham y que le impedirá cerrar la Liga en el Bernabéu. Verá el adiós de Ancelotti vestido de calle. Otro año con despedida lacrimógena. Hace un año, Kroos. Este, Carletto.

Estábamos en Busquets: sin duda uno de los mejores pito en ristre. Nuevo, no está contaminado de negreirismo y esas cosas. Si acaso vive en ese ambiente tóxico. Sí procede preguntarse si hubiese sido el elegido si el Madrid hubiera seguido en la Liga. ¿Respuesta? Ni en broma.

¿Hubiese sido el elegido Busquets Ferrer si el Madrid hubiera seguido en la Liga? Ni en broma

¿Tiene usted información, Tomás? ¿Los pelos de la burra que decía el gran Alfonso Azuara? No los tengo, claro. Sí tengo la experiencia, la sospecha, volvemos a lo mismo. De jugarse algo el Madrid habría pitado uno de los de cámara, sin la menor duda.

¿Hubiera enseñado las dos rojas? Quizá. O no. O una sola. Uno con experiencia se tragó aquel empujón trasero de Jesusito Navas a Vinícius en el área, lo recordarán ustedes.

Esa es la cuestión. Ante dos acciones tan evidentes, tan palmarias, no debía caber la duda. Que hubiese pitado el Munuera de turno o así, segurísimo: uno con experiencia. Más que Busquets tienen varios, es simple cuestión de edad, dudoso mérito.

Busquets Ferrer en el Sevilla - Real Madrid

Por eso nos encontramos con tanta gente que recela de la Liga. Que se pregunta por qué, el Madrid mediante, en Europa no suceden estas cosas. Que allí, cuando está bien es campeón y cuando no aparece mismamente el Arsenal y lo elimina. Sin más.

El Arsenal: dije ya en la ida que no le veía campeón de Europa, que es un muy buen equipo… y punto. El Madrid del año pasado le ganaba en Londres y en Chamartín. Como hizo el PSG. Bingo.

Pues eso, que un partido sin más nos dejó unos momentos para el debate y el descollone, como debe verse la Liga. El rival del Madrid, con nueve, juerga gorda.

Pasó también que el Villarreal ganó en Montjuïc. Ya lo hizo el año pasado y metió cinco. Esta vez le bastó con tres. Cualquiera con un mínimo de organización y tal le hace tres al Barcelona. 39 goles ha encajado por 38 el Madrid. El que ha tenido a casi toda su defensa en la enfermería esta temporada. Ayer no estuvieron Carvajal, Militao, Rüdiger, Asencio, Mendy y Alaba.

Sí, el Madrid ha arrastrado muchas y pesadas cruces este curso. Su escasa capacidad, por no decir nula, de ser un equipo sólido y fiable no se discute. Se añadieron otros factores. Las lesiones, por supuesto.

Pero hay números excitantes. Tres de los últimos cuatro visitantes del campeón marcaron tres goles: Celta, Madrid y Villarreal. Cuatro hizo el Inter. Un Madrid mejor, ni siquiera invencible en plan el año pasado, mejor, fiable, organizado, continuo y con arbitrajes homologables, aquellos penaltis ante Osasuna y Atleti, estaba camino de Cibeles. O de vuelta ya. En fin…

 

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El Real Madrid ha ganado un partido tremendamente aburrido en Sevilla.

Se trataba del primer encuentro completamente intrascendente de la temporada y Ancelotti no quiso forzar a Asencio. La pareja de centrales formada por Vallejo y Jacobo habría sido insospechada en septiembre. Por lo demás, pocas sorpresas. Quizás la única la suplencia de Ceballos.

La primera parte fue bastante anodina. Incluso la expulsión de Badé en el minuto 15 le quitó espacios al Madrid, puesto que el Sevilla apostó por esperar atrás y resistir. Pocas ocasiones trascendentes: una de Endrick tras gran una jugada de Güler y otra de Mbappé promovida por un pase maravilloso de Modric.

El Sevilla pudo irse con ventaja tras un enorme fallo de Jacobo, pero Lunin logró cerrar bien todos los huecos al atacante del Sevilla.

La segunda parte comenzó con una nueva mala noticia para el Sevilla, ya que el VAR avisó de una entrada muy dura de Isaac Romero que merecía la roja.

El Madrid seguía jugando al tran tran, pero tuvo una ocasión muy clara por mediación de Valverde en el 60’. Gudelj sacó el balón en la línea de gol.

En el 65, Vallejo salió para que entrase Gonzalo. Pocos minutos antes se había ido lesionado Endrick para que Víctor Muñoz siguiese acumulando minutos con el primer equipo.

En el 70, Modric encontró a Mbappé en el área y el francés estrelló el balón en el larguero tras una buena maniobra antes de disparar.

En el minuto 74 llegó el gol de Mbappé. El francés realizó un disparo seco desde fuera del área y adelantó al Madrid. Tras el gol entraron Lucas y Ceballos por Güler y Fran.

En el 86’, Víctor Muñoz centró a Gonzalo, quien puso muy bien al segundo palo para que Bellingham hiciese el 0-2.

 

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Lunin: suspenso. Anduvo de vendimia, aunque no sabemos cuán abundante fue la cosecha.

Valverde: bien. Cuando el Sevilla se quedó con 10, adelantó su posición. Gozó de una buena oportunidad, pero su disparo lo repelió un defensor.

Vallejo: aprobado. Hoy no pudo dar otra asistencia de gol. Junto a Jacobo Ramón, formó la pareja de centrales de un partido que acabó con la portería a cero.

Jacobo Ramón: suspenso. Bisoño y desacertado. Un error suyo casi cuesta un gol. Le perdonaron una amarilla y poco después sacó un buen balón en defensa. Mejorará.

Fran García: bien. Aseado y competente.

Tchouaméni: notable. Quizá el jugador más en forma en este tramo final de temporada. Acabó de central cuando Gonzalo sustituyó a Vallejo y el terreno de juego se llenó de globos, probablemente sin que un hecho guarde relación con el otro.

Modric: bien. Le siguen funcionando las piernas, la cabeza y aparentemente el resto del cuerpo.

Güler: aprobado. Destellos de mucha clase y poco más.

Bellingham: aprobado. No ahorra esfuerzos, pero no está en condiciones de rendir. Esperemos que se opere pronto. Marcó un gol.

Endrick: aprobado. No aprovechó la oportunidad para reivindicarse. Sufrió una carga hombro con hombro en área rival. Concretamente de la parte del hombro del sevillista llamada codo contra la parte de su hombro llamada cara. Se marchó lesionado.

Mbappé: bien. Intentó marcar por todos los medios y por él mismo. Gozó de una ocasión clara antes de ver puerta, un disparo al larguero tras un buen pase de Luka. Anotó de tiro cruzado lejano y raso. Un gran gol.

Víctor Muñoz: bien. Pudo jugar un buen puñado de minutos. Gran pase a Gonzalo en la jugada del segundo gol.

Gonzalo: bien. Un cabezazo suyo acabó en gol tras empujarlo Bellingham a la red.

Lucas Vázquez: sin calificar.

Ceballos: sin calificar.

Ancelotti: ya da igual.

 

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Arbitró Mateo Busquets Ferrer del colegio balear. En el VAR estuvo Soto Grado.

El mejor árbitro de Primera división ya está aquí a sus 31 años. Un colegiado que pita lo que ve, aunque pueda tener sus errores, obviamente. Su historial con el Madrid es sorprendente. En cinco partidos dirigidos ha enseñado cuatro rojas a los rivales. Nadie puede decir algo parecido.

Las dos expulsiones al Sevilla fueron justas. La primera a Badé se puede discutir la regla, pero es una acción que si se pita debe ser roja porque es último defensor, agarra y el balón va hacia el área y no al córner. La de Isaac también es cristalina. Su error fue no verla de primeras y necesitar la ayuda del VAR. Entrada muy peligrosa por altura y por la plancha.

El resto del partido lo llevó bien en cuanto a faltas y apartado disciplinario. Bellingham vio una amarilla por una patada tardía a Juanlu en el 65' y fue el otro amonestado del choque.

En el área hubo dos caídas no punibles. Una de Endrick con Sow, que fue un choque legal, y otra de Kike Salas con Lunin que resultaba poca cosa para los once metros.

Busquets Ferrer, MUY BIEN.

De los mismos creadores de Luis “el Breve” y Alejandro “el Magno” llega ahora Carletto “el Incomprendido”.

Que fácil es hacer leña de un árbol caído, y si este árbol es una secuoya milenaria, más fácil aún, porque hay materia prima para sacar más leña, más muebles, incluso más mondadientes.

No deja de sorprenderme cómo el vinagrismo digital madridista se apodera de las redes y termina creando un relato tan bajo y mezquino como el que he visto en las últimas semanas, justo cuando el Real Madrid ha perdido los partidos más importantes del año. No se trata solo de perder, sino que aquí entran las formas, y dentro de las formas se van arrejuntando las emociones, el odio y la esquizofrenia.

La temporada pasada se ganó todo, fuimos felices y lo supimos. Nos cansamos de celebrar, cantar, opinar y creernos —de verdad— que el Real Madrid es el mejor equipo de este siglo. Carletto daba lecciones a sus colegas, Carletto se inventó la posición de Bellingham, Carletto potenció la figura de Joselu, Carletto logró una temporada soñada a pesar de las múltiples lesiones, Carletto, Carletto... No hubo espacios para dudas, para recriminaciones por haber confiado poco en la cantera. No hubo reclamos por poner a los mismos de siempre. El estado físico era muy potente en mayo, el buen rollo en el vestuario, la planificación deportiva fue excelsa, solo hubo alabanzas y créditos infinitos. Un grueso colchón, digamos.

Ancelotti

Apenas unos meses después comenzaron a suceder cosas normales dentro de la dinámica de cualquier club de fútbol: algunas lesiones graves, un gran fichaje, un par de salidas, etc. Unas planificadas y otras meros accidentes lamentables. También debemos añadir que la plantilla “se cansó de ganar”. Igual que las dinámicas negativas se intentan eliminar o reducir, las dinámicas positivas se agotan, se pierde un poco la ilusión de ganar. El triunfo se convierte en un lugar común, en algo conocido, bello —por demás—, pero ya no es esa conquista de la mujer más guapa de la cuadra. Ya se salió con ella, ya se le invitó a cenar y ya se conquistó varias veces. Podríamos decir que ya fuimos presentados en la cena familiar. Es lo normal, es lo lógico, es una condición humana, por más que nos enfrasquemos en creer que los jugadores y técnicos del Real Madrid son dioses mitológicos, inmunes a los vaivenes emocionales de la vida deportiva.

Adicionalmente, los equipos contrarios se prepararon especialmente para enfrentar al omnipotente Real Madrid. Lo más común era ver a la gran mayoría de rivales defendiéndose con diez jugadores atrás del balón, dos líneas muy juntas de cinco defensas y cuatro medios, dejando muy poco espacio para pases filtrados o internadas en el área, teniendo el Madrid que bascular y bascular eternamente buscando un resquicio, lo que definitivamente desgasta tanto a jugadores y técnicos como al público. Los modelos se agotan. Las ideas no surgen. Es lo normal. Es lo lógico.

Estoy total y absolutamente convencido de que Carletto hizo todo lo posible con las herramientas que tenía para traernos más títulos y más alegrías en esta temporada. Es el primer interesado en ganar partidos, su sueldo y prestigio dependen de ello. Además, todos sabemos que el bueno de Ancelotti tiene la experiencia como jugador, el conocimiento teórico para ser entrenador, tiene el culo plano de tanto banquillo y además posee un carisma tremendo, capaz de entender y gestionar egos y emociones de jugadores élite.

Hay una frase del poeta Rafael Bielsa que a mi parecer describe algo de la personalidad de Ancelotti: “La terquedad es persistir en el error, la tenacidad es persistir en el deseo”

Pero es que además siempre se nos olvida algo, Carlo pasa incontables horas conviviendo con los jugadores. Sabe perfectamente cómo es su estado de ánimo, sabe si durmió bien, si entrenó bien entre semana, si tiene alguna ligera indigestión previa al partido. La mayoría de nosotros juzgamos sus alineaciones según el desempeño de los futbolistas en el último partido, es la única información que manejamos, información incompleta porque apenas son noventa o menos minutos, comparado con el tiempo de entrenamiento, viajes, comidas, charlas técnicas, etc.

Si Carletto no le dió más minutos a Arda Güler más temprano en la temporada es porque consideraba que todavía no estaba como para un partido importante o para liderar el día a día del Real Madrid. Sí, yo también estoy encantado con Güler, yo también le veo como un bastión del centro campo madridista en los años que vienen, pero el domingo pasado se evidenció que en un partido grande la pelota le quema en los pies. Igual ha pasado con Endrick. El tiempo terminó dándole la razón a Ancelotti, pero nadie habla de ello. Ya el desgaste es de lado y lado.

Güler el hermeneuta

También ha sido muy criticado por mantener el 4-3-3, pero tal como decía Zidane, “eso de 4-3-3 o 4-4-2 es solamente un dibujo”, el fútbol de hoy en día requiere de un dinamismo tremendo, requiere de esquemas muy flexibles, diferentes según la coyuntura y el contexto, si estás defendiendo, si estás atacando, si es el minuto 8 o el 89, si estás jugando contra el City una semifinal o contra el Albacete en la Copa del Rey.

Las lesiones en defensa y la llegada de Mbappé requirieron cambios estructurales de la forma de jugar y plantear los partidos. Un jugador como Kylian —con un peso específico tremendo— necesita espacios y libertad, necesita un entendimiento perfecto con los extremos para no chocarse (como pasó varias veces). Eso no se logra en días, quizás ni en meses. Hablamos de decisiones que deben tomarse en microsegundos, que se practican muchas veces en Valdebebas, que requieren automatismos y cambios. Con todo eso, Mbappé ha sido capaz de liderar el pichichi a falta de 3 jornadas. Eso, eso también es mérito de Carletto, que quizás rinda más frutos deportivos la temporada que viene cuando tengamos una defensa más sólida y estemos en las manos de Xabi Alonso, pupilo de Carletto, por cierto.

Los insultos al entrenador más ganador en la historia del Real Madrid (lo que ya es mucho decir) están siendo muy exagerados. Yo solo espero que el homenaje que se le dé a Carlo Ancelotti en la última jornada sea acorde a su incomparable palmarés deportivo, pero también a su aguante,  estoicismo y tenacidad.

Hay una frase del poeta Rafael Bielsa que a mi parecer describe algo de la personalidad de Ancelotti: “La terquedad es persistir en el error, la tenacidad es persistir en el deseo”.

Te queremos, Carletto.

 

Getty Images

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