Las mejores firmas madridistas del planeta

1- Sistema de juego y once probable

 

Séptima jornada de Liga y derbi en el Metropolitano. Igual que el año pasado. Por las mismas fechas que el año pasado. Y en el mismo escenario del año pasado en esta primera vuelta. El sorteo de la Liga de Tebas que es de todo menos puro y no dirigido. Un partido que se antoja muy caliente como viene siendo habitual. El feudo colchonero es una visita al dentista para los blancos a los que les cuesta ganar mucho en ese campo y en los últimos años no han saboreado el triunfo. Los locales hacen de su terreno de juego un fortín, a diferencia de lo que ocurre fuera de casa, donde han sufrido derrotas últimamente como en Bilbao y Liverpool. Simeone cuenta con las bajas seguras de Barrios y Sorloth, mientras que Julián Álvarez llega justo tras una sobrecarga y está por ver si será titular después de su declaración veraniega admitiendo que quería marcharse y de su nula relación actual con la parroquia rojiblanca. Pero en un derbi todo puede cambiar. El Cholo parece que optará este curso de nuevo por el sistema de tres centrales que utilizó hace algunos años, aunque hay encuentros en los que sigue jugando con línea de cuatro atrás. Para el duelo ante los madridistas se espera esa línea de 5 en defensa. Un once probable es el formado por Oblak, Llorente, Pubill, Romero, Hancko, Grimaldo; Koke, Hjulmand; Baena, Kang In; Jonathan David.

 

2- Presión

 

El Atleti plantea partidos contra el Real Madrid muy físicos, de alto ritmo donde sostiene presiones intensas y cercanas al área rival. Siempre salen los primeros minutos así y con el cuchillo entre los dientes. Este apartado estaba en el librillo de Simeone sobre todo en otras temporadas y momentos concretos como suelen ser los partidos en casa en el Metropolitano. Por tanto, se podrá ver una mezcla con instantes de presión muy arriba y agresiva con otros donde se instalará en bloque medio, juntando mucho las líneas y siendo muy compactos esperando al Real Madrid al que cederá el cuero. En un choque con similitudes con los de antaño, los blancos deberán mover el cuero rápido, con una circulación de balón de pocos toques, cambios de orientación para girar a la defensa rojiblanca y tener paciencia hasta encontrar los huecos para causar peligro.

3- Salida de balón

 

La presencia de Pubill y Hancko otorga calidad, precisión y visión al sacar con clarividencia el balón desde atrás. En el caso del eslovaco podría desempeñarse por banda si Simeone sale con cuatro defensas atrás. Se espera a un equipo madridista que siga con su intención de presionar alto y agresivo, como en algunos partidos de este curso, lo que ha hecho lograr goles de recuperaciones altas. Si los defensas saltan la primera línea merengue, Koke, con ayuda de Hjulmand, serán los encargados de conectar con la delantera e iniciar la transición defensa-ataque. Otras opciones son las bandas, con futbolistas de proyección ofensiva y rapidez como Llorente o un buen pie como Grimaldo. También existe la opción del balón largo para que lo luche Jonathan David o Julián si el argentino es titular.

 

4- Apartado defensivo

 

El Atleti ha configurado una línea de gran nivel con el refuerzo del Cuti Romero que se adapta perfectamente a lo que pide Simeone. Los tres defensas centrales garantizan solidez, fiabilidad y contundencia, tanto por arriba como por abajo. Un poco más adelante también Hjulmand destaca por su trabajo. Por la derecha, Llorente siempre da un gran despliegue físico y será importante su duelo con Vinicius. Por el otro costado, Grimaldo se siente mejor en una línea de 5 como carrilero que en una defensa de 4 en la que florecen sus defectos. Uno de ellos es que no es un valladar defensivo y sufre con jugadores habilidosos. Por arriba, no ha cambiado demasiado el panorama y el conjunto atlético es un equipo poderoso por sus grandes cabeceadores en la defensa.

Atleti real madrid

5- Aspecto ofensivo

 

Su potencial es enorme con mucha pólvora y artillería arriba. Están Kang In, Julián, Jonathan David, Giuliano, Lookman y lo que puedan aportar en esa faceta desde la segunda línea Baena o Hjulmand. El Atleti te puede crear peligro tanto por banda como en zonas interiores sobre todo en el caso de Baena y Kang In. Por la izquierda, hay calidad en la combinación y gran eficacia en los centros con Grimaldo. Por la derecha, Llorente tiene mucha llegada y calidad para centrar y está de nuevo en un momento dulce. También Giuliano ofrece velocidad, fuerza, coraje y muchas carreras generosas. Por la zona central tanto Koke como Cardoso y Hjulmand tienen calidad para organizar y crear juego. Son los encargados de conectar con Kang In, que se incrustará en zona de tres cuartos. En la segunda mitad, con la profundidad de plantilla colchonera puede aparecer Lookman, Giuliano o Julián. Por último, no hay que olvidar el poderío aéreo del Atlético de Madrid con sus centrales.

 

6- Estilo de juego

 

Equipos intensos, fuertes, exigentes en lo físico, estrechos, compactos, graníticos atrás, muy competitivos y de alto ritmo durante los 90 minutos son los que ha construido el ‘Cholo’ desde su llegada al club rojiblanco. En ataque, son directos y rápidos buscando el gol con pocos toques y siendo especialistas en jugar a la contra cuando el rival deja espacios. Con futbolistas de mayor toque y talento con el balón que se han ido incorporando estas dos últimas temporadas, el entrenador argentino intenta un juego más asociativo, combinativo y mandón con el cuero en la posesión propia. El Atleti funciona como un reloj cuando el equipo rinde atrás y se hace fuerte, si ahí hay errores o importantes resquicios, el plan se viene abajo como un castillo de naipes y la identidad rojiblanca desaparece. Es un equipo peligroso, con grandes futbolistas que en un derbi siempre están motivados para dar lo mejor y es que ganar en casa a su eterno rival es el partido del año para todos los miembros de la entidad.

7- Hombre clave

 

El surcoreano Kang In ha heredado el 7 de Griezmann y está cumpliendo con nota en casi todos los encuentros de lo que va de temporada. Es un jugador con una gran calidad en la zurda, habilidoso, técnico, asociativo y con un disparo fantástico. Ha marcado goles de bella factura, está adaptado y creciendo en las huestes rojiblancas. Muy peligroso cuando se escora en la derecha y sale hacia dentro en diagonal buscando el chut o el centro al área al segundo palo. Se asocia bien, juega en espacios reducidos y está con la chispa desequilibrante. Jugador muy a vigilar.

 

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Arbitró Juan Martínez Munuera del colegio valenciano. En el VAR estuvo Raúl Martín González Francés.

Partido que llevaba bien el trencilla de Benidorm hasta su grave error en la jugada con Christensen lesionado en el suelo.

Antes, los culés reclamaron dos penaltis sin demasiada razón. Ni cuando Castrín en el 11' pugnó con Cubarsí agarrando de forma insuficiente, ni tras una caída de Lamine en el 35' ante Agoumé, que lo rozó y, a continuación, el extremo cayó al suelo tras poca cosa. Además, la acción se produjo fuera del área.

La acción reseñada de Christensen se produjo en la segunda parte con 1-2 en el marcador. Los locales se enfadaron mucho, y con razón, porque paró el juego cuando el danés estaba lesionado en el césped y el Sevilla atacaba con peligro. Pudo detener la jugada mucho antes y no en el momento en el que el Sevilla filtró un balón que podía terminar en una ocasión manifiesta de gol de Correia.

En lo disciplinario solo vio amarilla Agoumé por un pisotón a Pedri en un balón dividido en el 80'.

Martínez Munuera, DEFICIENTE.

 

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De profecías en el desierto

 

Decíamos ayer que a Pedro Martínez le iba a costar bastante cambiar el estilo del Madrid. Servidor estaba convencido de que, tras heredar un equipo acostumbrado a cierta administración de las respiraciones y dominado a menudo por ese sensato afán de guardar algo para después, convertirlo en una incesante sucesión de contraataques y agilidad necesitaría de mucho más tiempo. Hoy, este humilde columnista se conforma con el cliché más conocido de Fray Luis de León para comenzar la crónica, puesto que se ha demostrado que una alusión a la profecía del Tajo estaría fuera de lugar. No en vano ha quedado evidenciado que uno posee escasas dotes proféticas. Menos de veinticuatro horas después de pedir paciencia y tiempo para la metamorfosis del Madrid de Martínez, el singular entrenador catalán me obliga a matizar mis palabras, consiguiendo que en una final europea aparezca ya —contra el rival que menos parecía prestarse a ello— una parte apreciable de ese baloncesto más dinámico y atrevido que ayer se auguraba aún lejano.

Un Olympiacos–Real Madrid, aun sin entrar en la cadena de venganzas por los agravios del pasado, siempre constituye una cita imponente, que incluso puede estar por encima de la competición donde se disputa —como aquellos Nadal-Federer disputados en un Masters 1000 en lugar de en un Grand Slam—. Solo el tiempo dirá si esta victoria concreta importa más que el propio trofeo. En cualquier caso, también comentamos ayer que el club blanco es poco dado a metafísicas y suele tomar el botín sin cuestionarse en exceso los motivos. El madridismo se acerca más a María Zambrano que a Fray Luis: toda pregunta indica la pérdida de una intimidad o el extinguirse de una adoración.

El partido comenzó con una sucesión compartida de errores que los más compasivos atribuirán a la tensión de una final y los más cínicos achacarán al poco rodaje de ambos conjuntos. Pero enseguida se pudo apreciar una diferencia en el cuadro merengue respecto a lo mostrado en la semifinal: el Madrid estaba dispuesto a equivocarse, si bien siempre hacia delante.

Campazzo continuó sin alcanzar el nivel excelso que le conocemos, aunque mejoró notablemente sus prestaciones. Por su parte, Tavares volvía a erigirse como ese faro —¿hay alguna analogía que no hayamos desgastado miserablemente?—, refugio de todos los navegantes perdidos. Alrededor de las piezas centrales, el resto del engranaje fue encajando hasta mejor de lo esperado: Luwawu-Cabarrot, Deck, Pradilla, Feliz... Las rotaciones de Pedro mantenían activados y concentrados a todos y la fluidez se vio reflejada pronto en el marcador, que señalaba un 15-24. No era una estampida, sino algo mucho más prometedor: una ventaja construida entre muchos. El rebote caía del lado blanco y Olympiacos, con todo su músculo defensivo, no encontraba una manera limpia de detener aquella sucesión de pequeñas heridas. Solo había un borrón en la hoja madridista: el intolerable número de pérdidas de balón. Es bien sabido que correr tiene un precio y que jugar deprisa exige conocer antes que nadie dónde estará el compañero, pero los atenuantes resultan irrelevantes en un contexto competitivo. La hemorragia en ese apartado transfundía el oxígeno que requería la desarbolada escuadra helena.

Bartzokas reaccionó y sacó a su artillería pesada: Montero, Fournier y Vezenkov, mientras Donta Hall y el resto de colosos interiores convertían la pintura en una habitación cada vez más estrecha. Los secundarios del Madrid no se arredraron de primeras, con un Jantunen que se había sacudido la timidez de la semifinal y aportaba intendencia en ambos lados de la cancha, y con un Jones que hizo olvidar el desconcierto con el que Sarr acusó las ausencias de Tavares frente al Dubai BC. Pese a todo, la ventaja comenzó a encogerse. Conviene señalar que ayudó el peculiar criterio arbitral de Belosevic, sospechoso habitual de una determinada manera de interpretar los contactos. Olympiacos aprovechó el carrusel de tiros libres para limar más fácilmente la diferencia, y se llegó al descanso separados por apenas cuatro puntos. 43-47.

el Madrid ha hecho lo que resulta coherente con su manera particular de entender la historia. Esto es, plantar la bandera en un territorio sin cartografía

Tras la reanudación, el Madrid regresó del vestuario como si hubiera dejado algo importante allí dentro. Una serie de pérdidas —de nuevo el castigo— consecutivas regalaron al Oly el combustible que necesitaba. A esas alturas Vezenkov ya estaba caliente, y Miller-McIntyre entendió que el partido podía ganarse en la frontera de los contactos, cargando en una ocasión tras otra contra la zona madridista. Los griegos habían encontrado una puerta y se dedicaron a golpearla con violencia, nada de sutilezas de caballos huecos de madera. El doloroso parcial de 29-14 a su favor seguramente atrajo los fantasmas del pasado al subconsciente blanco, especialmente cuando los muchachos se vieron cinco abajo y con Tavares y Luwawu-Cabarrot en el banquillo por miedo a cometer la cuarta y quinta personal de sus casilleros.

En ese instante crucial ocurrió algo que sin duda explica el tipo de equipo que quiere construir Pedro Martínez: aparecieron los secundarios. Si Deck había apoyado con un par de triples la solitaria actuación de Maledon como sostén merengue en el aciago tercer período, Abalde encontró también el aro desde la esquina, Jones combinó varios tapones con un par de mates guiando la bola cuando la canasta quería escupirla, Jantunen continuó fajándose contra exteriores o interiores indistintamente y Feliz, por encima de todos, volvió a surgir con el rictus heroico de los que no saben retroceder. 70-75, el Madrid de nuevo por delante. Y Martínez puso la guinda: introdujo de nuevo en el parqué a Cabarrot, convenientemente aleccionado para no cometer el error de la descalificación. El francés, que apunta a fichaje histórico, respondió con defensas valientes y un triple extraordinario. 72-82.

Olympiacos, no obstante, es de esa clase de monstruos a los que hay que derrotar varias veces. Un nuevo arreón por parte de sus tres jugadores dominantes, con Vezenkov lanzando con catapulta, volvió a colocar a la defensa del Madrid contra las cuerdas. Tavares también se encontraba con cuatro faltas, lo que le obligaba a caminar por el borde del precipicio sin mirar abajo. Por otro lado, Pradilla, que posee suficientes fundamentos y atrevimiento para hacernos olvidar que aún está aprendiendo, pagó la novatada y cometió un campo atrás que dejaba el electrónico tiritando: 89-91. El recuerdo de la última Final Four atenazaba a la afición hasta que Montero pisó la línea lateral, quién sabe si como gentileza inconsciente hacia su excompañero en Valencia.

Con la siguiente posesión madridista el partido quedó suspendido en esa clase de silencio que solo existe cuando una final está a punto de decidir si se confirmará como recuerdo o como cicatriz. Entonces apareció Feliz, que en las jugadas finales siempre parece dispuesto a convertir su apellido en la profecía que el cronista nunca se atreve a verbalizar. La puerta estaba cerrada, pero el dominicano avanzó, decidido a derribarla, y su penetración tuvo premio. 89-93, y los tiros postreros de Vezenkov y Fournier se demostraron impotentes. El reloj corrió, inexorable, y la bocina sonó a trompeta triunfal. El Madrid volvía a ser el primero en inscribir su nombre en la historia de una competición.

Todavía no sabemos si la supercopa de la Euroliga se consolidará como una tradición verdadera o quedará como uno de esos trofeos que se debaten entre la exhibición y el palmarés. De cualquier modo, el Madrid ha hecho lo que resulta coherente con su manera particular de entender la historia. Esto es, plantar la bandera en un territorio sin cartografía. Y, al mismo tiempo, ha dejado una pista. Decíamos ayer que Pedro Martínez quería otro Madrid. En la final vimos inesperadamente un esbozo bastante más concreto de lo esperado: un equipo nuevo que todavía no conoce del todo su identidad, pero capaz de reconocerse en medio de las dificultades. Dubái es una ciudad que parece erigida contra la memoria, levantando edificios donde solo había arena como si el hombre pudiera convencer al desierto de que olvide su naturaleza. En semejante escenario, paradigma de la ausencia de raíces, el Madrid ha salido campeón haciendo honor a su pasado, confirmando su presente e insinuando su futuro. Por fortuna para este cronista, no hace falta tener dotes de profeta para percatarse de ello y celebrarlo como merece.

 

Fotografías realmadrid.com

El martes pasado, los jugadores del Madrid y del Elche salieron al césped del Martínez Valero con unas camisetas en apoyo a los caballas, gentilicio coloquial de la gente de Ceuta. Tres de los nuestros salieron con la camiseta recogida a la altura del pecho: Konaté, Mbappé y Vinícius Jr., y se ha liado la mundial.

Antes de nada, mi opinión sincera respecto a ponerse la camiseta: creo que era un acto de apoyo a un pueblo español que lo está pasando realmente mal en una situación crítica. Creo que los jugadores se equivocaron. Es más, es preferible no ponértela que hacerlo a medias. No veo nada político detrás de la acción, aunque la política en la vida es todo. Tu forma de comportarte y entender la vida es política.

Apoyar a un pueblo que ha sufrido un desastre natural, como un terremoto, un tsunami o un volcán, es algo que se hace sin fisuras. Lo que ha pasado en Ceuta tiene detrás un componente político y, para muchos, apoyar este tipo de cosas lleva asociada la política. Y lo que sí tengo claro es que criticar esto de la forma en que se está haciendo por parte de algunos es política. Me explicaré.

Creo que los jugadores se equivocaron. Es más, es preferible no ponérte la camiseta que hacerlo a medias

Recopilemos lo que sabemos a ciencia cierta: las camisetas las hizo la Asociación Valenciana de Empresarios, que lidera el expresidente madridista Vicente Boluda, en apoyo a los empresarios ceutíes. Este grupo de empresarios pidió a los cuatro equipos de la Comunidad Valenciana (Valencia, Levante, Villarreal y Elche) que salieran en sus próximos partidos de casa con la camiseta y que la iniciativa se hiciera extensible a los equipos rivales.

En este vídeo podemos ver que, realmente, la cosa no estuvo muy bien organizada por parte del Real Madrid y las camisetas se reparten unos segundos antes de saltar al campo. Se puede ver a Fede Valverde diciendo: «Nos las ponemos», y a Vinícius dudando:

Sin dejar de pensar que Vinícius, Mbappé y Konaté cometieron una torpeza que ha traído todo lo qué sabemos.

Aquí Riano, documenta compruebas fehacientes de qué nuevamente Tebas, Riquelme y el accionista del Lodazal Cope, Vicente Boluda perpetraron una encerrona al Madrid. ⤵️ https://t.co/Zygh7YVmYf pic.twitter.com/gVxt3dlFmp

— El Pirata Moreno (@MORENOAYALA1) September 17, 2026

Creo que lo suyo era que se hubiera hablado y explicado en el vestuario y que salieran con ellas puestas. Y ahí se ve que esta parte no se hizo, y me parece una completa chapuza.

El lema de la camiseta era «Todos somos caballas», y debajo, en una frase más pequeña, ponía «Ceuta y sus caballeros de la mar». La expresión «caballeros de la mar» puede entenderse también como una evocación de la tradición marinera de la Compañía de Mar de Ceuta, integrada en el Ejército de Tierra y cuyos antecedentes se remontan a 1415.

Está claro que para ninguna persona española debería suponer un problema ponerse dicha camiseta, aunque luego matizaré esto. Yo, como español, tengo cero problemas en salir apoyando al pueblo ceutí. Lo veo obligado con compatriotas que lo pasan mal.

El día anterior, en el Estadio de la Cerámica, los jugadores locales, del Villarreal, y los visitantes, del Betis, salieron con las camisetas. Abde, jugador verdiblanco que juega en la selección de Marruecos, recibió insultos y amenazas en redes por salir con la camiseta. Está documentado que recibió amenazas, pero no he encontrado una fuente sólida que permita calificarlas específicamente como «amenazas de muerte».

Los posibles reparos de Konaté, musulmán, de Mbappé, cuya madre es musulmana y tiene amigos marroquíes, y de Vinícius, que ha estado este verano en Marruecos y tiene allí muchos amigos, pueden ayudar a entender su reacción

Esto puede hacer comprensible que Konaté, que es musulmán, tuviera reparos en ponérsela y que Mbappé, cuya madre es musulmana y tiene buenos amigos marroquíes, también tuviera reparos. Vinicius Jr. ha estado este verano en Marruecos y tiene muchos amigos, supongo que lo suyo iría por ahí.

Tengo claro que la camiseta no va contra Marruecos ni contra los musulmanes, y sé perfectamente que Ceuta y Melilla son ciudades españolas desde siglos antes de la independencia del actual Reino de Marruecos. Desde Marruecos se cuestiona la soberanía española y también lo hizo esta primavera un informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de EE. UU., recuperado mediáticamente en agosto, que describía Ceuta y Melilla como ciudades «administradas por España» y «situadas en territorio marroquí». España jamás en la historia ha tenido colonias.

Cuando bajo el reinado de Felipe II no se ponía el sol en España, desde América hasta Filipinas, no había ninguna colonia o territorio de ultramar al estilo de Francia y Reino Unido. Todo era España, y los ciudadanos tenían los mismos derechos y leyes en toda la geografía española.

Código Negro esclavos Francia

Pero gran parte del pueblo marroquí, engañado por sus dirigentes, piensa que esas ciudades son suyas y se las ha arrebatado España en un afán colonialista. La gente que tiene raíces musulmanas o marroquíes, o que tiene vínculos con el país africano, puede sentirse violenta poniéndose la camiseta. Pero es que, viendo las imágenes anteriores, no parece que el Real Madrid lo tuviese muy explicado ni que eso se llevara a cabo como se debía. Es todo muy precipitado, y puedo entender que estos tres jugadores pensaran que no debían exponerse. Aclaro, nuevamente, que creo que de forma equivocada.

Gracias a esto, muchos madridistas se han enterado de que el Barça el otro día decidió no ponerse la camiseta cuando jugó en el campo del Levante. Si no sucede esto, ni lo sabríamos, porque la prensa, cómplice, apenas se hizo eco. Bajo mi punto de vista, puedo entender la decisión del Barça sabiendo que su estrella Lamine tiene, entre otros, orígenes marroquíes y se le iba a poner en un aprieto, y prefirieron no ponérsela. Lo que no comparto es lo que he leído a mucho culé: en nuestro club no politizamos el deporte. En fin, lo que hay que oír y leer de esta gente es impresionante.

Desde que ha sucedido esto, no he parado de leer, incluso en comentarios de La Galerna, que a estos jugadores hay que silbarles, que el club debería sancionarlos o incluso echarlos, y mil barbaridades más. Es decir, nos quejamos de las tonterías que hace el Barça politizando el club y pretendemos que el Madrid haga lo mismo. Porque, lo siento y me da igual que me aticéis por todos los sitios, pero es lo que pienso: si los madridistas estáis tan sumamente enojados con esto, es por un tema político. Sois de derechas, y el problema en Ceuta viene con el Gobierno de Pedro Sánchez, que lo está haciendo de pena.

Gracias a esto, muchos madridistas se han enterado de que el Barça el otro día decidió no ponerse la camiseta cuando jugó en el campo del Levante. Si no sucede esto, ni lo sabríamos, porque la prensa, cómplice, apenas se hizo eco

Y ahí es donde entra en juego la polarización de la sociedad española y los extremismos a los que hemos llegado. Todo es blanco o negro y no sirve el término medio: o conmigo o contra mí.

La mayoría de la gente de izquierdas no se atreve a solidarizarse públicamente con el pueblo de Ceuta porque piensa que eso es criticar a los inmigrantes y está mal visto por la izquierda. La mayoría de la gente de derechas no critica a Israel por su actuación en Gaza porque está convencida de que defender a Palestina equivale a defender a los terroristas de Hamás. Siento mucho tener que decíroslo si estáis en uno u otro grupo, pero estáis cayendo en un comportamiento bastante gregario.

Aunque no quiero hablar de política, permitidme que lo haga para explicar varias cosas. Yo toda mi vida he sido de izquierdas. Eso no quiere decir que me sienta representado por ningún partido de izquierdas de este país, y mucho menos por el PSOE. Y pude ser más efusivo en mi juventud, pero ahora mismo soy bastante dialogante y no tengo ningún problema en debatir, sin acalorarme, con muchos amigos que tengo de derechas de forma razonable, porque en este país no existe un solo partido político que merezca la pena.

Tengo cero problemas en sentirme orgulloso de ser español, de nuestra bandera y de apoyar al pueblo de Ceuta, que ha sido víctima de una invasión organizada por Marruecos.

Es más, profundicemos, ya que Trump amenazó unos días antes de que sucediera a España con que aprendería la lección. Esto está alentado y financiado por los dos principales socios que tiene Marruecos: EE. UU. e Israel. Y es necesario decirlo para que algunos entendáis que, si gobernara la derecha, tendríamos exactamente el mismo problema, ya que Abascal se ha fotografiado con Netanyahu en muestra de su apoyo, y Aznar, Feijóo y Ayuso los apoyan incondicionalmente. Y también se han mostrado dispuestos a pagar el 5 % del PIB a la OTAN que reclama Trump. Una OTAN que, aunque la mayoría no lo sabe, entre sus obligaciones no tiene defender a Ceuta y Melilla; pero nuestros soldados están por Estonia y Finlandia protegiendo a esos países de Rusia, que es falso que vaya a invadirlos, mientras aquí sí nos invaden, de verdad, por el sur, y estamos solos. Fantástico todo.

Abascal se ha fotografiado con Netanyahu en muestra de su apoyo, y Aznar, Feijóo y Ayuso han mantenido posiciones de respaldo a Israel en distintos momentos. Abascal se reunió con Netanyahu en 2024. El PP, además, se ha comprometido públicamente a asumir el objetivo del 5 % del PIB en seguridad y defensa de la OTAN si gobierna.

Y alguno se piensa que, de verdad, los partidos de derechas que apoyan eso sin fisuras harán algo mejor con temas como este. No tenemos política internacional, hacemos lo que nos dictan la UE y la OTAN.

Y como el Gobierno actual es el de «Perro Santxe», como gusta decir a los votantes de derechas, y ha pasado esto, pues da la casualidad de que buena parte de la gente madridista avergonzada y que quiere perder contra el Atleti es de derechas. Exactamente igual que si el Gobierno fuera de derechas y hubiera pasado lo mismo en Ceuta, estarían que trinan los madridistas de izquierdas.

Algunos dicen que Mbappé iguala a invasores con invadidos, eso es mentira: Kylian igualó a seres humanos que sufren

El Madrid no es un héroe nacional que tenga que salvar cada problema de España, es un equipo de fútbol y no debe mezclar política con deporte. Algo que, por cierto, lleva haciendo fenomenal toda su vida. Y son los políticos los que han aprovechado esto para sacar tajada, y es la gente la que opina qué debería hacer el club en función de su ideología.

He leído la salvajada: «Si a mí me hacen elegir entre los invadidos, violados, amedrentados, robados, asesinados y los invasores ahogados, me quedo con los nuestros». Que sea una entrada masiva que un informe policial considera planificada no quiere decir que quienes entraron aquí fueran invasores ni que pretendieran invadirnos. La gente que ha entrado aquí son seres humanos en situación vulnerable, muchos de ellos movilizados bajo informaciones falsas o engaños.

Muchos de ellos huyen de guerras en sus países y ni siquiera son marroquíes. El Gobierno de allí se los quita de en medio y los ha llevado en camiones del ejército a escasa distancia de la frontera para que cruzaran bajo premisas falsas. Esa gente no tiene culpa de nada y, evidentemente, hay mucho desgraciado que aprovecha la circunstancia para meterse, pero las 140 personas ahogadas son una desgracia humanitaria.

Algunos dicen que Mbappé iguala a invasores con invadidos, eso es mentira: Kylian igualó a seres humanos que sufren.

El Madrid es un equipo de fútbol y, si no te gusta que se signifique políticamente según tus gustos y por ello prefieres que pierda, tienes de madridista lo mismo que Laporta. Exactamente igual que todos los que conozco de izquierdas que dicen renegar del Madrid por ver en el palco a Aznar, Ayuso y otros políticos del PP.

Aprended a separar, demonios, que mientras tanto seguimos sufriendo arbitrajes espantosos y el Barça, amigables.

 

Getty Images e IA

Decía Eugenio d’Ors que lo que no es tradición es plagio, y parece que el mundo baloncestístico europeo ha preferido recurrir a la segunda opción antes que a la primera. La Euroliga se ha inventado una nueva competición con formato de cuatro equipos, mezcla de su Final Four y de algunas supercopas del fútbol, para inaugurar con plata que llevarse a la boca una temporada que suele caracterizarse por demasiados partidos relativamente intrascendentes. No será un servidor quien lo discuta, pese a que la localización, Abu Dabi, no parezca la más apropiada. Qué quieren que les diga, uno espera encontrar en una supercopa europea un cierto acervo, un mínimo de historia alrededor del pabellón. Sin embargo, en una ubicación como el Etihad, entre rascacielos, petróleo y arena, cualquier pretensión clásica constituye un espejismo. Sol, desde luego; solera, ninguna.

De cualquier modo, mucho me temo que la expedición madridista no ha tenido tiempo para reflexionar sobre estas cuestiones. El nuevo proyecto de Pedro Martínez —volantazo estilístico respecto a Scariolo— se supone que va a consistir en un retorno a las esencias de las épocas más divertidas del equipo blanco: velocidad, puntos, contraataque, posesiones consumidas enseguida y la sensación de que la cancha tiene más metros cuando se recorre hacia delante. No obstante, nada de esto se pudo dar en la semifinal de la supercopa. Por el contrario, se jugó al pastoso ritmo de Xavi Pascual, antigua némesis venida a menos. El equipo de Dubái, con esa pinta postiza de recién desembalado, quiso imponer músculo, control y defensa, y a fe que consiguió transformar el encuentro en un parto larguísimo y muy sufrido.

Gracias a su físico, a su querencia por el contacto y a la habilidad de los enormes cuerpos de sus integrantes para ocupar todo el espacio posible, el Dubai BC trató de sacar a empellones del parqué a los merengues. Mientras el Madrid trataba de aterrizar, los locales metieron los cinco primeros triples que lanzaron para lograr un 24-10 inmisericorde. En el desierto no había arena, pues, sino fuego. Aferrado a Tavares como referencia ofensiva y defensiva, el equipo blanco quiso refugiarse en lo conocido antes que en aplicar un nuevo libreto seguramente aún no interiorizado del todo. Por desgracia para todos, la otra estrella habitual, Campazzo, tuvo una actuación obtusa. Estuvo casi todo el partido sin anotar y, lo más extraño, demostró una falta de confianza inesperada en alguien con su personalidad. Todos los años surgen los agoreros que quieren obtener estatus de profeta a costa de su viejazo; naturalmente, algún día acertarán, no en vano el tiempo juega con ventaja y siempre termina cobrando. Convendría, eso sí, por el bien de las opciones del Madrid, que el Facu continúe ganando la carrera de la edad todavía.

El segundo cuarto intensificó la puesta en escena del primero, de modo que se hubo de recurrir a catecismos antiguos que sirvieran de detente bala. Deck y Feliz aparecieron con esos ramalazos de jugadores que nunca necesitan demasiadas instrucciones para recordar quiénes son, y a ellos se sumaron el atrevimiento y el coraje de Pradilla y la calidad exquisita de Luwawu-Cabarrot, fichajes que apuntan a un acierto total. Por desgracia, otras incorporaciones no estuvieron a esa altura: Shulga pareció descubrir que la Euroliga no deja demasiado tiempo para respirar, Jantunen tuvo un desempeño discreto y de Sarr mejor no hablar, pues su torpeza muy probablemente condicionó las rotaciones que había preparado Martínez, quien solo le concedió siete minutos sobre la pista, castigando en consecuencia a Tavares con una factura física a todas luces excesiva. Tras sobrevivir a las caricias de Kabengele gracias a los tiros libres, un portentoso parcial de 0-14 en la última parte del período dejó el electrónico en un ajustado 43-42.

El Madrid tiene todo aquello de lo que carece Dubái, lo que no servirá de nada contra Olympiacos si no es capaz de dar mucho más que en la semifinal

Tras el descanso, Xavi Pascual dobló la apuesta. El Madrid se vio obligado nuevamente a jugar a la velocidad que le imponían, sin lucidez suficiente ni en Campazzo ni en Maledon. Cada ataque parecía necesitar una deliberación parlamentaria —del Congreso actual, como mínimo—, y mientras tanto Okobo iba adquiriendo esa temperatura que alcanzan los grandes anotadores cuando descubren que la defensa empieza a temerlos. En el último cuarto, a la solvencia de un fatigado Tavares se añadió la explosión de Cabarrot, quien demostró no temer la asunción de ese rol hezonjiano del que acepta que le pidan canastas que a priori no estaban en el guion. De repente, a menos de cinco minutos para el final la peligrosa excursión al desierto daba la impresión de haber finalizado en el oasis anhelado: 74-81. Pero, en ese instante, Okobo consumó su metamorfosis y cambió su letra final por una e, empezando a meter triples como quien enciende luces en mitad de una carretera. Dubái volvió a creer y el partido viró de nuevo: a falta de 34 segundos, el 88-85 era a favor de los locales. Solo un triple milagroso e inverosímil de Cabarrot consiguió forzar la prórroga.

El mazazo hizo mella en los dubaitíes, y ese aturdimiento en el tiempo extra fue aprovechado por un astuto Feliz, que estiró el marcador con cinco puntos consecutivos. La única canasta en juego de Campazzo parecía cerrar el partido, si bien Okobo aún tendría fuerzas para protagonizar el enésimo intento de remontada, recogiendo un balón perdido casi en medio campo por la indecisión de sus compañeros y anotando de una manera increíble. Sin embargo, ni siquiera en el desierto arábigo el petróleo es inagotable y, pese a la inveterada costumbre de Belosevic de regalar injustamente posesiones al rival del Madrid —acaso pretenda compensar ciertos paralelismos puskianas en el perímetro abdominal—, el desastre no se consumó y el Real jugará la final contra el Olympiacos.

El Dubai BC no tiene historia. Tampoco recuerdos que transmitir, ni generaciones que explicar, ni tardes antiguas que vuelvan a sentarse en las gradas. Circunstancias que, por desgracia, no suponen ningún impedimento para casi nada en el deporte actual. Juegan la liga Adriática y la Euroliga como quien compra una entrada para un reservado: es un equipo de plástico, uno de tantos productos de esa Champions deportiva contemporánea en la que las fronteras pesan menos que la capacidad de poner dinero sobre la mesa. Aunque eso sí, tienen a Okobo, por más que a uno le siga chocando que un club tan artificial pueda contener a un jugador capaz de convertir una posesión moribunda en una epopeya.

El Madrid tiene todo aquello de lo que carece Dubái, lo que no servirá de nada contra Olympiacos si no es capaz de dar mucho más que en la semifinal. Necesitará que el resto de sus piezas nuevas aprendan sus nombres y que sus piezas antiguas recuperen sus hábitos en las finales, para así orientarse en un cielo todavía extraño. Las apuestas están en contra, si bien hay caminos que el Madrid lleva décadas recorriendo. Regresar de los Emiratos con una copa bajo el brazo parece la mejor forma de comenzar una temporada tan larga como —ejem— una travesía en el desierto. Ganar sin preguntarse por qué, he ahí la mejor tradición madridista. Ya habrá tiempo de comprobar si este torneo se acaba consolidando como un oasis o como un espejismo.

 

Fotografías realmadrid.com

Buenos días, amigos. El Real Madrid realizó ayer su primera visita oficial a Ceuta. Florentino Pérez, Pirri y Butragueño viajaron por los canales establecidos a la ciudad, que, según el Parlamento Europeo ha sido invadida.

Ceuta es española desde hace siglos, mucho antes de la existencia del actual Reino de Marruecos y apenas unas semanas antes de que el Barça comenzase a pagar a Enríquez Negreira. La soberanía española de Ceuta incluso fue asumida por los sultanes de la zona en distintos acuerdos, entre ellos el Tratado de Marrakech de 1767 y la demarcación de límites de 1782. El Tratado de Wad-Ras de 1860 se refiere expresamente a Ceuta como «Plaza Española», amplió su territorio y estableció la cesión de esos nuevos terrenos a España «en pleno dominio y soberanía».

Ceuta, por tanto, tiene los papeles en regla y no se salta el fair play, a diferencia del club de Laporta.

As dedica su portada al apoyo del Real Madrid a Ceuta. José Martínez Pirri, ceutí y presidente de honor del Real Madrid, sostiene junto a Vivas una camiseta estirada para que se vea entera.

El diario de Prisa destacas las palabras de Pirri: «Nací aquí, muy cerca del ayuntamiento, y estoy muy triste por la situación; me siento muy orgulloso de ser caballa».

Sobre el término «caballa» también ha habido polémica. No faltan quienes han rebuscado en la genealogía de la palabra caballa para explicar que en origen no designaba a todos los ceutíes. Es verdad: comenzó aplicándose a un colectivo menor. Después se extendió a todos sus habitantes, hasta el extremo de que hoy la RAE define caballa como la manera coloquial de referirse a un ceutí. Se llama extensión semántica y sucede bastante. Culé, por ejemplo, nació por unos cuantos aficionados del Barça que enseñaban el culo sentados sobre el muro del viejo campo de la calle Industria y hoy se aplica a todos los barcelonistas, incluidos quienes jamás han mostrado las posaderas en público. Que sepamos. Que cada cual que piense lo que quiera.

Según Vivas, Pirri fue de los primeros en llamarle para interesarse por la situación y ofrecer la ayuda necesaria.

Todas las personas, sea cual sea su nacionalidad, religión, sexo, creencias, incluso si son del Atleti o del Barça, merecen que se respeten sus derechos. Esto incluye a los inmigrantes de buena voluntad que buscan un futuro mejor —muchos engañados y arrojados literalmente a la muerte, intolerable— y a los ceutíes que han perdido sus libertades y, de facto, van perdiendo partes de su ciudad. Los primeros son ayudados fuertemente por el Estado español —no por sus Estados de origen—. La solidaridad con los segundos ha sido extraordinariamente escasa. La visita del Real Madrid cobra relevancia en este contexto.

Lo que sucede es que el Madrid no solo apoya a los ceutíes. La Fundación del club colabora activamente con mucho esfuerzo, cariño y dinero en múltiples lugares del mundo más desfavorecidos que Ceuta. Aunque no lo publicite y la gran mayoría no tenga ni idea. Este argumento desmonta el de quienes sostienen que no quieren priorizar sufrimientos. El Madrid apoya activamente, no de boquilla, a todos. Es el primer club que se moviliza ante cualquier catástrofe o drama humanitario, sea donde sea.

Mientras el Real Madrid abraza a Ceuta, el Estado español abraza al FC Barcelona. Decimos Estado español porque tenemos serias dudas de que España lo haga.

🆕 @Telefonica, nuevo Partner Oficial del Espai Barça | #TelefonicaxEspaiBarça 🤝

🔗 Los detalles: https://t.co/kWxihj1HLm pic.twitter.com/tn9Cr33Qra

— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) September 18, 2026

Telefónica se ha convertido en nuevo socio oficial del Espai Barça durante los próximos cinco años.

Desde 2024, el Estado, a través de la SEPI, es uno de los principales accionistas de Telefónica, con un 10% que costó a los contribuyentes cerca de 2.300 millones de euros. Su presidente ejecutivo, Marc Murtra, llegó al cargo en enero de 2025 a propuesta de la SEPI. Murtra, además, es patrono de la Fundación La Caixa, cuyo brazo inversor tiene otro 10% de la compañía. Dejamos por aquí esta infografía realizada por Fútbolgate.

No será, en cualquier caso, el primer encuentro provechoso entre el Barça y una empresa sostenida, total o parcialmente, desde lo público. En 1988, cuando Johan Cruyff acababa de llegar al banquillo azulgrana, TV3 firmó un contrato de 2.000 millones de pesetas con el Barcelona. La televisión catalana era y es pública —luego acusan al Madrid de club Estado—. Aquella formidable inyección coincidió con la reconstrucción del equipo posterior al motín del Hesperia. Con ese músculo económico llegaron los jugadores que conformarían el llamado Dream Team, un equipo que ganó cuatro ligas seguidas. Tres de ellas fueron las dos robadas en Tenerife y la del penalti de Djukic.

Por cierto, el Barça ni se puso la camiseta en apoyo a Ceuta, ni homenajeó a los campeones del mundo ni ha estado ni se le ha esperado cuando otros clubes o ciudadanos han sufrido problemas. Para apoyar el independentismo —insolidaridad con el resto de habitantes españoles— sí están los primeros.

Os dejamos con el resto de portadas. Pasad un buen día.

La victoria in extremis y el vendaval por la negativa de tres jugadores a ponerse la camiseta de apoyo al pueblo de Ceuta nublaron una imagen que pasó desapercibida en el partido del Real Madrid en Elche. Sucedió al final, cuando Tchouaméni y Valverde, que compartían titularidad por primera vez desde su encontronazo de mayo, se fundieron en un abrazo para celebrar el sufrido triunfo.

Hace unos días se estrenó Los mejores años de nuestra vida, el documental de imprescindible visionado que repasa la fascinante trayectoria de Hombres G. Ahí está casi todo, desde sus inicios como unos chicos de barrio sin más pretensiones que revolucionar los garitos de Madrid, hasta la apabullante reconquista del público tras su regreso en 2002. Y también, por supuesto, el momento más determinante de la banda, que no fue su descubrimiento por un productor extravagante tras dar un concierto más extravagante aún —con caída y rotura de bajo incluida por los efectos etílicos—, sino la comida de sus cuatro integrantes en la que se decidiría si volverían o no tras una década separados.

Como cuentan David Summers, Javier Molina, Rafa Gutiérrez y Daniel Mezquita, ese día podía ser el reinicio de algo muy grande o la voladura definitiva del grupo. Y todo, o en gran medida, debido al distanciamiento entre los dos primeros, que como sucede en las familias, habían consentido que la dejadez y algún desencuentro se transformaran en una discrepancia enquistada. Pero cuatro verdades a la cara y un abrazo y un beso después, el mal quedó encerrado y los G regresaron como nunca, dispuestos a vivir los mejores años de sus vidas.

En el caso de los madridistas, que llegaron a poner al borde del precipicio la paciencia del club y de sus aficionados, al menos en público y para el equipo, parece que todo está resuelto. Así lo ha expresado Mourinho, que en esa tampoco le van a pillar, cuando en varias ocasiones ha declarado que si a él no le cuentan lo sucedido, jamás diría que el uruguayo y el francés (además de una mesa, no lo olvidamos) tuvieron mucho más que palabras.

nadie les pide a Tchouaméni y Valverde que compartan un brunch los domingos. Ya somos adultos. Nos conformamos con que repitan lo de Elche, trabajando juntos en la zona más sensible del campo, mostrando empatía por el otro, como exige el técnico portugués

“¿Por qué no dar la mano, ser como hermanos? ¿Por qué no intentamos vivir en paz?”, canta Summers en Por qué no ser amigos (2004). Pero nadie les pide a Tchouaméni y Valverde que compartan un brunch los domingos o se turnen para llevar a los niños a la escuela. Ya somos adultos. Nos conformamos con que repitan lo de Elche, trabajando juntos en la zona más sensible del campo, mostrando empatía por el otro, como exige el técnico portugués, porque sospechamos que su participación conjunta va a ser mucho más que testimonial durante la temporada. Y quién sabe, quizá ahora vengan los mejores años de sus vidas…

 

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Este domingo en el Metropolitano se juega uno de esos partidos con más de tres puntos en juego. Se juega el derbi de la capital, sí, y también a una parte importante de la credibilidad de este nuevo Real Madrid. Es un examen que la competición hace al proyecto y a la capacidad de este equipo para responder cuando el escenario exige algo más que fútbol. Porque todo lo que no sea ganar supondrá, como mínimo, quedarse a cinco puntos del líder, si se cumple lo que parece previsible viendo la dinámica de estas primeras jornadas.

Y digo previsible porque, cuando llega el Barcelona, algunos equipos afrontan el partido con una gestión de esfuerzos que cuesta muchísimo más encontrar cuando tienen enfrente al Real Madrid. Rotaciones, descansos y una especie de resignación anticipada que alimenta una percepción incómoda: hay equipos que parecen competir contra el Madrid con una exigencia y una intensidad que desaparecen misteriosamente cuando delante está el Barcelona. Es una sensación que no puede presentarse como una prueba de que nadie compite, pero que forma parte del paisaje de esta Liga y que resulta imposible ignorar cuando se mira la clasificación.

Hay partidos en los que puedes conceder, corregir, aprender y seguir avanzando. Y hay otros en los que necesitas demostrar que estás preparado para competir de verdad. El del Metropolitano pertenece a la segunda categoría

Por eso, si el Barcelona suma los tres puntos que se esperan de su partido frente al Sevilla, el Madrid necesitará responder con más motivo del que ya de por sí tiene. No porque una derrota en septiembre vaya a sentenciar una Liga de muchos meses, sino porque hay derrotas que pesan bastante más que lo que dice una tabla clasificatoria. No sería matemáticamente dramático quedarse a cinco o seis puntos del líder a estas alturas del campeonato. Dar una Liga por perdida en septiembre sería, sencillamente, una estupidez. Pero el fútbol no vive de matemáticas. También vive de sensaciones, de confianza, de autoridad y de la capacidad de un equipo para mandar un mensaje cuando llega el momento de hacerlo.

Metropolitano

Este domingo llega uno de esos momentos. El Real Madrid visita la casa del Atlético y tiene, además, una cuenta pendiente que todavía no está cerrada. El 5-2 de hace apenas un año en el Metropolitano forma parte de un pasado que ya no sirve para explicar el presente, porque este equipo no es exactamente el mismo, las circunstancias han cambiado, y además sería absurdo pretender que un proyecto nuevo tenga que cargar eternamente con los errores de otro.

Pero el honor sí tiene memoria, y el aficionado sí recuerda. Y, aunque los jugadores no salten al campo pensando en una derrota concreta de hace meses, el club sí sabe perfectamente lo que significa volver al escenario donde recibió un golpe tan duro hace tan poco. El fútbol tiene esa capacidad de guardar heridas, aunque cambien los protagonistas. Y precisamente por eso este derbi llega en un momento especialmente interesante. El Real Madrid todavía está buscando saber qué es exactamente. Un proyecto nuevo necesita tiempo, evidentemente, pero también necesita pruebas. Hay partidos en los que puedes conceder, corregir, aprender y seguir avanzando. Y hay otros en los que necesitas demostrar que estás preparado para competir de verdad. El del Metropolitano pertenece a la segunda categoría.

Cogida en el Metropolitano

No porque ganar allí vaya a convertir automáticamente al Madrid en campeón, ni porque perder vaya a convertirlo en un equipo incapaz de luchar por nada, sino porque un gran escenario exige una respuesta de gran equipo. Este partido debe servir para saber si el Madrid está preparado para eso. Para jugar cuando el ambiente apriete, cuando el rival convierta cada duelo en una batalla, cuando cada error se magnifique y cuando el partido deje de ser una cuestión de funcionamiento para convertirse también en una cuestión de carácter. Ahí es donde un proyecto empieza a enseñar sus verdaderas intenciones. No basta con convencer cuando todo funciona.

El Cholo

Para el Atlético, mientras tanto, vuelve a aparecer ese partido que durante tantos años ha tenido un significado especial. El derbi como trofeo del año, como oportunidad para alterar el orden de la capital durante noventa minutos, y como escenario perfecto para recordarle al vecino que, cuando están enfrente, todo cambia. No así en las finales, pero se conforman con poco, ya saben. No hace falta que haya un título en juego para que un Atlético-Real Madrid tenga una temperatura diferente, el propio partido se encarga de elevarla. Y el Madrid tiene que entenderlo desde el primer minuto.

Si el Madrid sale del Metropolitano con los tres puntos, tendrá tres semanas para respirar, trabajar y creer

 

Pero hay otro elemento que convierte este encuentro en todavía más importante: después viene un parón terrorífico para la confianza de una plantilla. Tres fines de semana consecutivos sin fútbol de clubes tras este derbi significan que el resultado del domingo puede acompañar al equipo durante demasiado tiempo. Si ganas, el parón se afronta de una manera. Si pierdes, de otra completamente distinta. Y si además pierdes viendo cómo el Barcelona se escapa en la clasificación, la espera se hace todavía más larga. Eso es lo verdaderamente peligroso de este partido. No los cinco o seis puntos, no la matemática ni el ruido. Tres semanas dan para que una victoria se convierta en ilusión y para que una derrota se convierta en preocupación.

Dan para que el aficionado mire una y otra vez la tabla, repase el partido, busque explicaciones y empiece a hacerse preguntas. Y esta afición, después de los dos últimos años, no está precisamente para regalar paciencia. Si lo ganas, estas tres semanas sin fútbol de clubes dejarían de ser una amenaza para convertirse en un periodo de tranquilidad. Se hablaría del derbi ganado, del carácter mostrado y de la posibilidad de que este equipo, todavía en construcción, esté empezando a encontrar su sitio. Y eso es lo que necesita el Real Madrid. Una prueba superada, con una gran respuesta. Un partido que permita mirar al calendario y pensar que sí, que la Liga puede ponerse cuesta arriba, que puede haber rivales que parezcan competir de una manera especialmente feroz contra ti y que el Barcelona puede sumar puntos regalados mientras tú tienes que pelear cada jornada como si fuese una final, pero que este equipo está dispuesto a aceptar el reto.

El domingo, por tanto, no se juega una Liga. Se juega algo más inmediato y, en cierto modo, más importante: la sensación de que este Real Madrid está preparado para competirla. Se juega la confianza en un proyecto que todavía necesita construir su identidad. Se juega el orgullo después de una derrota dolorosa en su última visita. En definitiva, se juega el honor. Ese que no aparece en ninguna clasificación, que no suma puntos y que no se puede medir con estadísticas, pero que, en partidos como este, pesa. Porque hay días en los que ganar significa mucho más que ganar, y el domingo es uno de ellos. Si el Madrid sale del Metropolitano con los tres puntos, tendrá tres semanas para respirar, trabajar y creer. Si sale derrotado, tendrá tres semanas para convivir con todas las preguntas que un nuevo proyecto todavía no quiere replantarse tener que responder.

 

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Buenos días. Día de entrevistas con estrellas del fútbol en la prensa patria que sufrimos. Hoy la sufrimos un poco menos, la verdad, por la magnitud de los entrevistados, y porque necesitábamos algo de simple futbolerismo en un contexto lleno de polémicas desagradables y malas noticias. Entre las segundas destaca la concesión de la final de la Champions 2029 al Camp Nou, que en sí misma no es un drama, pero que lo es como señal inequívoca de que UEFA no tiene la menor intención de sancionar al Barça por el caso Negreira.

En cuanto a las primeras, las polémicas desagradables, vivimos aún en la resaca de las célebres camisetas de apoyo a Ceuta que Mbappé, Vinícius y Konaté no quisieron lucir en Elche. Ya dijimos, en el portanálisis/editorial de ayer, todo lo que considerábamos que hay que decir sobre esto. Curiosamente, vivimos, sí, en la resaca de una polémica en lugar de vivir en la polémica permanente del club que no ha movido un dedo por Ceuta y de sus jugadores, españoles en su mayoría, héroes del Mundial en muchos casos, autoproclamados iconos de patriotismo o patrioterismo algunos, que no demuestran solidaridad con Ceuta ni portan camisetas por la sencilla razón de que juegan en un club que es el brazo propagandístico del independentismo catalán.

As trae en portada su entrevista con uno de los protagonistas de la polémica, Mbappé. Publicadas en sus redes sociales las explicaciones del francés al asunto de las camisetas, As pasa página y trae a portada lo estrictamente deportivo de lo dicho por Kylian.

De lo comentado por el delantero, nos parece especialmente relevante su visión acerca de la autocampaña que está llevando a cabo para ganar el Balón de Oro. “El Balón de Oro debe volver al Bernabéu”, proclama, y solo cabe alabar su inteligencia. El tipo te puede caer bien, mal o regular (como todos los tipos), pero nadie le podrá negar ni que es un goleador superlativo ni que es un ser humano muy listo.

Con estas declaraciones, está socializando su objetivo personal. Consciente de las frecuentes acusaciones de egoísmo, las combate a base de (intentar) convertir en un logro comunal lo que sería uno individual.

Se podría incluso pensar que no está mal tirado. ¿Estaría el madridismo orgulloso de tener en sus filas al Balón de Oro? La respuesta más honesta es que sí. Muchísimo menos orgulloso que de ser el presente campeón de Europa, por ejemplo. Todo el mundo preferiría, si hay que elegir, ganar la Dieciséis muy por encima de que uno de nuestros atacantes sea Balón de Oro. Pero no nos desagradaría lo segundo. Kylian se percata de ello y trata de embarcarnos en la consecución de su meta. Cada uno es muy libre de hacerlo o de no hacerlo.

Marca contraataca (no sabemos si es coincidencia) con una entrevista con otro excepcional jugador, nada menos que Harry Kane. Seguro que alguna vez os han preguntado eso de ¿a qué jugador que nunca jugó en el Madrid te habría gustado ver de blanco? Este portanalista, pese a haber visto ya mucho fútbol a través de sus ojos repletos de pata de gallo, probablemente situaría a Harry Kane en el Top1 de una hipotética lista.

Y poco más por hoy. Os dejamos con la prensa cataculé.

Pasad un buen día.

Hola a todos. Sigue coleando lo de los tres jugadores del Real Madrid que no lucieron (o lucieron de aquella manera) la camiseta en apoyo a Ceuta en el partido de Elche. El asunto está trascendiendo la prensa deportiva (de hecho, solo As entre las portadas del día dedica algo de espacio a las explicaciones de Mbappé), hasta el punto en que reporteros de la cosa política andan revolucionando el patio congresista para que parlamentarios de corte mayormente derechista puedan rajar a modo de Vini, Konaté y el propio Mbappé.

Es curiosa esta polémica, que se genera a partir de la falta de apoyo de tres futbolistas extranjeros a una causa nacional mientras jugadores nacionales de otro club (el club cliente de Negreira) no han ofrecido el menor apoyo a Ceuta sin que dicha falta de apoyo haya generado el menor ruido mediático. Esto incluye futbolistas autoerigidos en santo y seña del orgullo patrio a resultas del logro del Mundial (“¡Viva España! ¡Viva el Rey!”).

Con infinita gracia lo sintetizaba nuestro amigo Jorgeneo en la red social X.

Una vez transcurridas las horas necesarias para ver el asunto con una perspectiva más calmada, nos gustaría hacer constar nuestro parecer en estos puntos.

-La Galerna es apolítica y apátrida, aunque está fundamentalmente hecha por españoles que apoyan con todo el corazón a Ceuta en un momento gravísimo en la historia de la ciudad y del conjunto del país.

-Como consecuencia de ello, nos duele que algunos jugadores del Real Madrid, nuestro equipo, no hayan ofrecido ese apoyo a Ceuta.

-Dicho lo anterior, el asunto es delicado y admite infinidad de matices, como los que a continuación expresaremos. Rechazamos visiones viscerales del tema que no contemplen esos matices.

-La Galerna está a favor de la libertad de expresión y celebra que el Real Madrid la consagre también. El compromiso de personas y entidades con la libertad de expresión se ve especialmente (casi diríamos que solo se ve) cuando mostramos nuestra actitud con aquellos con quienes discrepamos. Defender la libertad de expresión del afín no tiene mérito alguno. El Real Madrid ha auspiciado actos de apoyo a Ceuta por parte de su grada OFICIAL de fans, y ha permitido a sus jugadores que luzcan camisetas u otros signos de apoyo a la ciudad, como se vio en Elche. Lo que no debe hacer (y por tanto hace muy bien en abstenerse de ello) es obligar a sus futbolistas a implicarse. Solo imaginar la posibilidad de que el club obligase, sin ir más lejos, a Brahim a hacerlo expone a las claras la inconveniencia de una obligatoriedad semejante. Asimismo, por consiguiente, convierte en injusta y absurda cualquier reclamación de sanción a los jugadores por parte del club, lo que no impide que estén proliferando esas peticiones con no poco sensacionalismo y radicalidad.

-Hay una masa de madridistas españoles que no termina de asimilar la universalidad del club, o simplemente pretende que la institución o sus representantes deben comulgar con todas sus ideas para sentirse deportivamente representados por el Madrid.

—No toda iniciativa de apoyo a Ceuta es intrínsecamente perfecta y merecedora de adhesión. Con el prisma de las horas, nos ha sido dado el saber que la de Elche era una iniciativa de empresarios levantinos en solidaridad con empresarios ceutíes y la implicación de alguna organización militar que también se “anunciaba” en la camiseta. Nos parece razonable que, en una iniciativa poco preparada y en un contexto de desconocimiento de detalles, algunos jugadores desconfiaran, por cuestiones de ideología, patrocinios o razones de cualquier otra índole.

-Mbappé ha ofrecido explicaciones que pueden satisfacer o no, pero son las suyas, y no tienen por qué coincidir con la línea ideológica del club porque por lo demás, como debe ser, esa línea es inexistente. A los autores de este portanálisis/editorial les parece que Kylian no ha calibrado de manera correcta ni el asunto del que hablamos ni la sencillez de una simple toma de postura a favor de la población ceutí, cosa que en sí misma no implica posicionamiento político alguno. Sin embargo, el que él no entienda eso puede hacerle reo de confusión, pero no necesariamente de mala intención. No apoyamos en modo alguno iniciativas de boicots que no tienen sentido por parte de aficionados. A ninguno de los tres jugadores ni a ningún otro jugador.

-Finalizamos recalcando la escandalosa hipocresía que está llevando a los medios, las redes sociales y hasta los políticos de esta país a criticar durísimamente a estos tres jugadores, que ni siquiera son españoles, mientras el club cliente de Negreira niega toda colaboración con la causa ceutí, ni siquiera la de jugadores culés españoles a quienes supuestamente había que apoyar durante el Mundial en aras del patriotismo pero a quienes dicho concepto no les mueve a tener el arrojo de enfrentarse a la (ahora sí) línea ideológica de su club para estar con Ceuta.

Os dejamos con las portadas. Pasad un buen día.

 

 

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