Las mejores firmas madridistas del planeta

-Courtois: NOTABLE. Aunque el gran protagonista bajo los palos fue Di Gregorio, que salvó a la Juve en incontables ocasiones, el belga también ofreció su habitual ración de buenas paradas.

-Trent: APROBADO ALTO. Su centro en el gol vale su peso en oro. Desubicado aún a ratos, pero metiendo balones que denotan su gran categoría.

-Fran García: NOTABLE. Omnipresente, y casi siempre con acierto.

-Tchouaméni: SOBRESALIENTE. El mejor de la línea de atrás. Inmaculado, firme, pletórico, y perfilándose en ataque con peligro en remates de cabeza y tiros lejanos.

-Huijsen: NOTABLE. La línea de tres centrales hace que la responsabilidad en la salida de balón esté más repartida, con lo que luce menos su buen pie. Con todo, estuvo impecable. Casi marca en una gran volea desde lejos.

-Rüdiger: APROBADO ALTO. Oficio y liderazgo.

-Valverde: SOBRESALIENTE. Mereció el gol, del que le privó Di Gregorio. Lo intentó hasta de chilena. Marcará muchos con Xabi. Se hizo con todos los rechaces en la frontal de la Juve, como si calzara un imán. Enorme en el corte y pujante en la presión.

-Güler: NOTABLE. Mandón, energético y con detalles geniales. Presiona y roba balones como el que más.

-Bellingham: APROBADO ALTO. Enorme desgaste y un constante peligro para el marco juventino.

-Vinícius: NOTABLE. Sensacional partido en la presión y permanente dolor de muelas por su banda. Su abanico de aportaciones al ataque se va ampliando.

-Gonzalo: NOTABLE. Pocas más intervenciones aparte del gol. Para qué quieres más. Lo suyo va muy en serio.

-Mbappé: SUSPENSO. Muy desdibujado en los 25 minutos que tuvo, sin duda afectado aún por las consecuencias de su enfermedad.

-Modric y Ceballos: SIN CALIFICAR.

-Xabi Alonso: SOBRESALIENTE. Perfecto planteamiento, buscando el vértigo y la pausa cuando convenía en cada ocasión.

 

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Arbitró el polaco Szymon Marciniak. En el VAR estuvo su compatriota Tomasz Kwiatkowski.

Partido de guante blanco con un ritmo bajo y sin apenas faltas.

Solo hubo un amonestado, que fue Bellingham por una entrada por detrás a Nico González en el 86'. También pudo verla antes Rugani por golpear en la cabeza a Gonzalo en un salto, pero el polaco lo dejó en advertencia verbal.

Por último, en el 94' hubo una caída de Kolo Muani en una pugna con Rüdiger, que realizó una carga legal.

Marciniak, BIEN.

Después de las eliminaciones de dos favoritos en sus respetivos partidos como Inter y City —que no es un tren, sino dos clubes europeos punteros— el Madrid no quería ser el siguiente grande en caer en octavos de este Mundial. Lo que ocurre es que enfrente le esperaba otro grande, la Juve. Finalmente se clasificó. Fue de menos a más, con un Fede pletórico y un Gonzalo, de nuevo determinante, autor del gol que mete al Madrid de cabeza en cuartos.

Xabi Alonso repitió planteamiento inicial. El triunvirato Rüdiger, Tchouaméni y Huijsen flanqueado por Fran García y Trent conformaban la retaguardia. Güler, de nuevo al volante, junto a Valverde y Bellingham. En punta, Vini y un Gonzalo que se asienta.

La primera ocasión clara fue para la Juve, Kolo Muani encaró a Courtois con mucho peligro, afortunadamente elevó demasiado el balón y acabó saliendo de los límites del terreno de juego por encima del larguero. Poco después, Yildiz descerrajó un tirazo que no acabó en gol porque Tchouaméni pudo desviar con la puntera de la bota. Estaba juguetón el 10 bianconero.

El partido entró en stand by veraniego. Como si Xabi hubiese telefoneado a Tudor al más puro estilo Gila: ¿Es el enemigo? Que digo yo que podíamos parar un rato para ver el partido, que están jugando el Madrid y la Juve.

Poco antes de la media hora se sucedieron de nuevo varias acciones más intensas. Bellingham pudo marcar el primero mediante un tiro cercano, pero Di Gregorio salvó al modo de un guardameta de fútbol sala.

Minutos más tarde, Tchouaméni cabeceó al aire en lugar de al balón y desperdició una inmejorable ocasión.

El encuentro de los blancos no contaba con la intensidad, fluidez y atractivo del anterior. El rival tampoco era el mismo, pero el juego del Madrid era farragoso como la excusa de un político. A menudo esos problemas se solucionan con un zapatazo. Eso pensó Fede en el 45' y arreó un zurriagazo que Di Gregorio despejó a córner aunando eficacia y plasticidad.

Empate a cero al descanso. El Madrid necesitaba mover el balón con más velocidad, pero el cansancio era patente en ambos equipos. Esperábamos que Xabi tomase las medidas tácticas precisas para mejorar el panorama. Y así fue.

En la reanudación, una voleíta de Valverde, floja pero peligrosa, no se fue por mucho a la derecha del meta juventino. Poco después, un desajuste entre Rüdiger y Courtois provocó taquicardias en la parroquia blanca.

El Madrid fue de menos a más, con un Fede pletórico y un Gonzalo, de nuevo determinante, autor del gol que mete al Madrid de cabeza en cuartos

Di Gregorio, una vez más, evitó el primero del Madrid. Jude había driblado y chutado abajo y al palo corto. Acto seguido, salvó una volea lejana de Huijsen.

A la tercera fue la vencida. Un centro preciso de Trent lo reventó de cabeza el 30 madridista para adelantar 1-0 al Madrid. Un remate con aroma a Santillana. Qué bien remata de cabeza Gonzalo, cuánto nos gusta a los madridistas que así sea y qué valioso es un jugador con sus características, capaz de ofrecer alternativas interesantes.

Cuando el Madrid imprimió más intensidad que la del soplido de un asmático, llegaron primero las ocasiones y después el gol

La Juve no tardó en responder y Thibaut se vio obligado a repeler un remate de Conceição. Francisco, no Flavio, aquella suerte de acelga cocida en el medio del campo que vistió la camiseta blanca a principios de siglo.

Fede —here, there and everywhere— se atrevió con la suerte conocida como chilena, pero una vez más Di Gregorio despejó el acrobático remate. No tuvo bastante el meta y en el 71 evitó el gol de Güler tras una gran combinación entre Vini, Mbappé —que acababa de sustituir a Gonzalo— y Valverde.

En el 80 Vini se coló por el carril bici hasta la línea continua, sin embargo, su pase de la muerte fue liquidado por la defensa antes de llegar a las botas de Kylian.

Di Gregorio, again, realizó otra intervención de mucho mérito. Desvió con la yema de los guantes un disparo raso y lejano de Tchouaméni.

En el 90', la sustitución de Valverde por Ceballos. Fede es el futbolista total. Partido gigantesco del capitán del Madrid hasta que cedió el brazalete a Modric. El gol de Gonzalo no solo sirvió para ganar, también evitó que fuese el último encuentro del croata con el Real Madrid.

 

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Lo primero que supimos de él fue un gol en el descuento que hacía ganar al Madrid una eliminatoria de Copa. Como bautismo de fuego no está mal. Gonzalo saltó al campo y tocó una sola vez el balón: un cabezazo canónico, ejecutando perfectamente los tiempos, con lo que tuvimos claro que el muchacho conoce bien los rudimentos de su oficio.

Ahora, el Mundial de Clubes está siendo su debut con picadores, y lo cierto es que se puede decir que Gonzalo está preparado de sobra para tomar la alternativa. Lo mejor que tiene es una intuición natural para entender el vaivén del juego, algo no menor y que no hay que dar por hecho que lo tienen todos los futbolistas profesionales. En un delantero centro, esa inteligencia resulta una virtud muy notable, casi imprescindible, y tal y como está el fútbol en este momento constituye, además, un capital valiosísimo. Gonzalo está explotando bien.

Lo mejor que tiene es una intuición natural para entender el vaivén del juego, algo no menor y que no hay que dar por hecho que lo tienen todos los futbolistas profesionales

Los canteranos tienen que saber reconocer su momentum. El fútbol europeo está lleno de gente que salió de la academia del Madrid, en gran medida porque, en el primer equipo, no tenían sitio. Gonzalo ha irrumpido en un momento en el que Xabi Alonso tiene a su disposición un par de monstruos totales, Mbappé y Vinícius, además de varios perfiles de jugador de área distintos, como Endrick o Rodrigo. Y sin embargo de ninguno se puede decir que sea un rematador puro, un nueve clásico. Que, por otra parte, no han abundado mucho en el Madrid contemporáneo: Van Nistelrooy, el fugaz Adebayor y el breve, pero glorioso, paso de Joselu.

Pero Gonzalo es más que un Joselu-type striker. En un equipo cuya historia reciente ha quedado marcada por la impronta de alguien como Karim Benzema, es preciso que su delantero centro tenga otras cualidades. Gonzalo es rápido y sabe estar siempre bien colocado para que sus movimientos contribuyan a maximizar la potencia de fuego de Vinícius, Bellingham o Valverde. Es la concepción del nueve como un distribuidor de juego y espacios entre la segunda línea y las alas del ataque, un tipo capaz de hacer saltar por los aires la presión rival con una ruptura o un apoyo en corto; para aparecer después en el sitio donde caen siempre los rechaces, dentro del área, y golpear.

Al igual que la poesía de Borges que su tío-bisabuelo ayudó a publicar por primera vez en la revista Grecia de los ultraístas sevillanos, Gonzalo también es un arma que parece cargada de futuro

De cabeza va como un avión, a pesar de que no es especialmente alto. Tiene recursos técnicos jugosos como, por ejemplo, la vaselina, casi más gutista, por fina y elegante, que raulista. Es completo y tiene espíritu. Sobre todo, lo que tiene es hambre, y quizá eso es lo más importante de todo.

Gonzalo, además, pertenece a un linaje de artistas andaluces, con origen en Paradas, provincia de Sevilla. Su abuelo, de segundo apellido Cansino, fue un torero sin suerte, primo de Rita Hayworth, que era hija de un bailaor flamenco también pariente de Rafael Cansinos-Assens, uno de los grandes promotores literarios de la primera mitad del siglo XX en España. Los Cansinos-Assens, que por el camino perdieron la ese del apellido, una estirpe ilustre con sangre sefardí que, además, cuentan ahora en su prosapia con un delantero centro del Real Madrid. Que, al igual que la poesía de Borges que su tío-bisabuelo ayudó a publicar por primera vez en la revista Grecia de los ultraístas sevillanos, también es un arma que parece cargada de futuro.

 

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Buenos días, queridos amigos. Hoy debemos adoptar un tono grave, más serio, la actualidad lo requiere. Los devaneos del fútbol con la linde de lo tolerable están llegando a un punto de no retorno. Las exigencias de elementos ornamentales de este deporte, como los jugadores o sus propios agentes, flirtean con el despropósito. Encontramos un ejemplo en la portada de Mundo Deportivo.

«Nico se encalla. Su agente exige máximas garantías de inscripción que el Barça considera inaceptables y no estaban pactadas». Una vez más, el siempre veraz y comedido diario de Godó —¡grande de España!— vuelve a dar en la diana con la palabra clave de esta ópera bufa: inaceptable.

La exigencia de máximas garantías para que Nico Williams sea inscrito supondría que el Barça debería cumplir con una serie absurda de normas y reglas, amén de observar toda la legislación vigente al respecto. Incluso significaría que el propio Ejecutivo, el Gobierno, la respetara. Hecho este último que supera la inaceptabilidad y se instala en el escándalo. Por atrevido e inusual.

El diario Sport, abanderado —no nos referimos a la marca de ropa interior— de la ética periodística y faro moral de occidente, sigue la senda de la otra cabecera catalana: «El club (el Barça) se resiste a aceptar una cláusula liberatoria en caso de no inscribirle (a Nico) a tiempo, pero se abre a fórmulas que permitan recuperar la inversión».

¿Quién aceptaría en su sano juicio una cláusula de este tipo? Los ejemplos a menudo sirven para ayudar a comprender la realidad de las cosas, así es en este caso, de modo que procedemos a ello: si vosotros contratáis un servicio, por ejemplo la luz o el gas natural, ¿sería de recibo que como contrapartida al pago de su coste exigierais su prestación a tiempo? No cabe en cabeza de nadie, ¿verdad? Pues la posición de Nico y de su agente es similar: demandan que el futbolista sea inscrito a tiempo y reclaman garantías. Toda una provocación, sin duda.

Escándalo: Nico Williams exige legalidad al Barça

Como se ha comentado antes, inscribir legalmente a Nico implicaría el cumplimiento de la ley y demás normas y reglas que rigen el fútbol. Absurdo de todo punto. La solución, sabemos todos, pasa por la intervención del Gobierno, vía CSD, para inscribir al jugador. Pero Williams y su representante —y aquí está la clave— exigen que sea «a tiempo». ¡De locos!

Habría que explicarles a estos dos individuos que los miembros del Gobierno son personas muy ocupadas con múltiples compromisos, lo cual supone que no puedan atender peticiones como estas al momento. Además, la cola para no respetar la ley es larga y hay preceptos más importantes que quebrantar, algunos de ámbito constitucional, por lo que la inscripción de Nico pasa a un comprensible segundo plano. Todos saben que acabará sucediendo, pero quizá lleve algo más de tiempo.

La solución es sencilla y la aporta el galernauta Hank: «Si Nico Williams ha contratado a un equipo de asesoría legal que le ayude a obtener garantías de que el equipo que le fiche sea capaz de inscribirle yo podría ahorrarle un pastón ahora mismo simplemente recomendándole no fichar por el equipo más corrupto y endeudado de Europa».

Si Nico Williams ha contratado a un equipo de asesoría legal que le ayude a obtener garantías de que el equipo que le fiche sea capaz de inscribirle yo podría ahorrarle un pastón ahora mismo simplemente recomendándole no fichar por el equipo más corrupto y endeudado de Europa.

— Dani Garrido (@Hankscorpio66) June 30, 2025

Cambiamos de tercio para tratar un asunto que no aparece en las portadas por haberse producido después del cierre de las cabeceras. Como magistralmente apunta José María Faerna en el chat de La Galerna: Pep pierde el derbi del Golfo. El Al-Hilal ha enviado al carrer al Manchester City de Guardiola.

Después de apear al Barça de Lamine Yamal de la Champions merced a un 4-3, Inzaghi hoy ha descabalgado al City gracias a un 3-4. Y 4+3=7. La cábala siempre en contra de los mismos.

El varapalo es mayor para los antimadridistas que para los derrotados. El club de Guardiola no necesita los millones en premios que ha dejado de percibir por caer en octavos. Tampoco merma la confianza que los jeques tienen en el proyecto pues la exigencia es baja: apenas han ganado una Champions después de tanto tiempo de inyección económica infinita.

El club de Abu Dhabi lleva gastados en fichajes unos 400 millones de euros en lo que va de año. Esta derrota probablemente suponga varios cientos más de manera inminente. Siempre observando el más estricto fair play financiero, por supuesto.

Esta victoria del Al-Hilal sobre los de Pep afea aún más el papel del Madrid en el Mundial: los de Xabi apenas pudieron empatar contra un equipo que solo, repetimos, solo ha podido superar al City por un gol. Inaceptable también.

Por cierto, el Inter cayó contra el Fluminense. Esta noche a las 21, hora peninsular, es el turno del Madrid, ya con Mbappé, que deberá ganar a la Juventus de Turín si quiere hacerse un hueco en los cuartos del Mundial de Clubes. No queremos hacer las cuentas de la lechera porque nunca funcionan, pero en el hipotético caso de que los blancos se plantasen en la final, probablemente les esperaría el City de… Perdón, hemos tenido un lapsus. Mejor lo dejamos por hoy.

Pasad un buen día.

Mi amigo Javi, nuestro Javidatos, el de todos, @RMadriddatos, el jefe de la estadística blanca (y por lo que me dice, amenaza con ampliar su espectro al resto de clubes), el que todos conocemos y deseamos que se recupere pronto, me enseñó en el servicio militar, en la mili, a jugar al mus. Como sevillano que soy, lo del mus me sonaba más a chocolate o a limón que a juego de cartas pero, evidentemente, las tardes cuarteleras eran tediosas y, cuando no había obligaciones o hacíamos deporte, jugábamos al noble deporte del envite a grande. Gracias a sus enseñanzas y a perder multitud de botellines de cerveza, me hice un buen jugador. Aquí, en Sevilla, poco se puede practicar, pero cuando subo a Madrid, siempre montamos alguna que otra partida con madridistas ilustres en las que explayo mi calidad musística. Cuando una pareja juega muy bien (normalmente la de uno) y otra muy mal (lógicamente, la del otro), los que ganan suelen decir una frase lapidaria que joroba mucho al contrario: “Esta partida es de corderos contra pajaritos”. Recordemos que en el mus, más que ganar, importa la “humillación” del contrario, siempre en buena lid, siempre con buena amistad, pero la chanza y el regodeo no pueden faltar en una partida que se precie. Pues algo así pasó ayer en el Mercedes Benz Stadium, donde los corderos (el PSG), ha pintado la cara por 4-0 (y gracias) a los pajaritos (el Inter de Miami).

Lo del partido de octavos de final del Mundial de Clubes no fue un partido de fútbol. Fue un espectáculo folclórico. Una zarzuela mal afinada. Una exhibición coreográfica de geriatría aplicada. O, si prefieren ustedes la versión breve: jugó el Inter de Miami.

Y no solo jugó: hizo el ridículo. Otra vez. Cuatro goles le ha endosado el PSG (con medio equipo suplente y Luis Enrique bostezando en cinco idiomas) a la tropa de jubilados en chancletas que dirige Mascherano, el jefecito, el que no sufrió la sanción máxima en encuentro alguno cuando jugaba en ese equipo del que usted me habla, ese croupier del caos que ha conseguido reunir en un solo vestuario más artritis que talento, más recuerdos que piernas y más egos que pulmones. Y al frente de todo, por supuesto, el gran ilusionista del fútbol mundial: Lionel Messi.

Messi. Ah, Messi. ¡Qué paseo! ¡Qué clase! ¡Qué caminata! Nuestro Javi me ha contado que, de niño, en el famoso Parque de Atracciones de Madrid, existían entradas de paseo, pagabas menos y no te montabas en nada, porque, bien estabas acompañando a tu hijo Romualdito a que se montara en los siete picos, el barco del Mississipi o en los coches de choque, o ibas al concierto del teatro. Pues eso, ayer, en Atlanta, Leo hormonas Messi compró entrada de paseo en el partido. El argentino volvió a firmar otro de esos encuentros en los que da la sensación de estar oliendo las margaritas del césped mientras decide si le apetece o no implicarse.

Lo del partido de octavos de final del Mundial de Clubes no fue un partido de fútbol. Fue un espectáculo folclórico. Una zarzuela mal afinada. Una exhibición coreográfica de geriatría aplicada. O, si prefieren ustedes la versión breve: jugó el Inter de Miami

En la primera parte no ha rascado bola, salvo en los saques de centro tras cada gol encajado. Eso sí, en la segunda (con el 4-0 en el marcador y el PSG ya con la toalla puesta) ha querido hacer "algo bonito". Algún regate inofensivo, algún pase para la galería, alguna jugadita vintage, un par de tiros a puerta… Qué tierno. Como cuando los Beatles rescataron Free as a Bird con la voz de Lennon sonando desde otra dimensión, mágica y lejana. Solo que Messi no es Lennon, y esto no es una joya rescatada, sino un fraude con peineta incluida ¿Que si marcó? No. ¿Que si asistió? Tampoco. ¿Que si engañó a alguien? Como siempre… al menos, lo intentó, como lleva los últimos 10 años, de ridículo en ridículo en campeonatos internacionales, porque en los domésticos, entre que su club de ese país pequeñito pagó millones de euros al vicepresidente de los árbitros para comprarse el sistema arbitral al completo Y AÚN NO HA PASADO NADA, que no se olvide, y en el PSG, la liga francesa se la regalan con el cartón de leche, ha ganado lo que quiera haber ganado, total…

Porque lo de Messi no es nuevo. Es la misma estafa emocional de siempre. El fraude mejor envuelto del siglo XXI. Un futbolista al que los organismos internacionales le han fabricado una leyenda con la misma destreza con la que un gobierno dictatorial infla estadísticas de crecimiento. Pero claro, lleva la camiseta rosa del Inter de Miami (más propia de una despedida de soltero que de un club profesional) y hay que rendirle pleitesía. No sea que se enfade la FIFA, se ofendan en ESPN y se desate el apocalipsis del marketing.

Y mientras Messi pasea, su íntimo amigo Luis Suárez se dedica a repartir bofetadas. Literal. El uruguayo ha estado más cerca del octógono de la UFC que del área rival. Codazos, empujones, pisotones. El tipo parecía un vigilante de discoteca moldavo en plena jornada laboral. Y lo más gracioso: el árbitro, bien, gracias. El VAR, ausente. No se sabe si estaban dormidos, distraídos o simplemente atemorizados de que una expulsión tempranera empañase el reality show que la FIFA ha montado para que los abuelos de Miami se luzcan. Qué miedo da Messi, hasta cuando no hace nada. Especialmente cuando no hace nada.

Y qué decir del resto del cuarteto geriátrico: Busquets, caminando con la elegancia de un ministro jubilado en una romería. Jordi Alba, persiguiendo sombras como si jugase con gafas de sol en una cueva. La nostalgia vestida de short. Verlos a todos juntos (en el mismo césped, al mismo tiempo) arrastrándose como un comando de la tercera edad en maniobras tácticas, ha sido una delicia. Una gozada. Un masaje para el alma. Especialmente para aquellos que llevamos años denunciando el tinglado, el relato, la mentira.

Y mientras Messi pasea, su íntimo amigo Luis Suárez se dedica a repartir bofetadas. Literal. El uruguayo ha estado más cerca del octógono de la UFC que del área rival. Codazos, empujones, pisotones. El tipo parecía un vigilante de discoteca moldavo en plena jornada laboral

Porque si algo quedó claro ayer es que el Inter de Miami no debería estar en este torneo. No por calidad, no por méritos, no por historia. Están aquí por invitación. Por decreto FIFA. Por exigencias del guion y del patrocinador. Y eso ya es vergonzoso. Pero lo que roza el delito es que, después del esperpento de ayer, dos de sus actores principales (Messi y Suárez) figuren en el once ideal de la fase de grupos del Mundial de Clubes. ¿Perdón? ¿Ideal para qué? ¿Para un geriátrico con campo de golf? ¿Para un spa con rampa de acceso y dispensador de colágeno?

Lo de ayer fue un baño de realidad. Y de ridículo. Y si alguien en Suiza todavía tiene dignidad, debería retirar ese once ideal, pedir perdón y prometer que jamás volverá a montar una pantomima como esta. Porque no todo vale por el show. Porque el fútbol no es un parque temático de leyendas en prejubilación. Y porque el PSG (ese equipo francés que juega por obligación y gana por tener el dinero por castigo) ha desnudado al Inter de Miami como lo que es: una atracción de feria, un equipo de exhibición, una tournée geriátrica con forma de club.

Y aún hay quien aplaude. Y aún hay quien compra camisetas.

Pues nada, que siga la fiesta. Que sigan los paseítos, las sonrisas, los toques de cara a la galería. Que siga el fraude. Que siga la broma. Nosotros, mientras tanto, seguiremos aquí, riendo. Porque si esto no es una comedia, no sé lo que es.

Les dejo con la frase de mi amigo, que juega mucho peor que yo al mus, faltaría… Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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Hay que proponerse la misión gigantesca cada día. No dejar hacer, no permitir una infamia sin respuesta. Hay que vencer la indescriptible e insoportable pereza mientras llegamos a la sima más profunda de este tórrido verano transcontinental del Mundial de Clubes, en el que en medio de un diluvio, un colegiado de Zambia o de Antigua y Barbuda decreta la pausa de hidratación.

Tenemos que recuperar recuerdos y sensaciones dando testimonio de los brotes verdes de este nuevo Real Madrid y aguantar la náusea, para hablar del corrupto Laporta, del rancio Barcelona, de la acomplejada secta de sus seguidores; de la élite de influencers y periodistas zombificadores que cobran por sentir y por propagar la falsedad de una grandeza que nunca tuvieron y que ya será para siempre inalcanzable.

Entre visita y visita a los juzgados, el inefable Jan mantiene a sus borregos con la dosis de relato que les conecta a esa realidad paralela que compran sin el menor atisbo de crítica. No tiene rival, no tiene oposición. El macho alfa del barcelonismo es un vendedor de crecepelo de mercadillo ambulante, especie muy anterior a la aparición del minoxidil; es el Saul Goodman del fútbol, el golfo que cae bien en su huida hacia un final trágico que no veremos en esta España distópica, con un CTA corrompido hasta el hueso y con un Tebas cinematográfico, a medio camino entre Fétido y Vladimir Harkonnen.

Y ahí está Jan, colocando trolas y soflamas patrióticas a sus parroquianos cada vez que se acerca a un micrófono. Trolas infantiles, intragables, diríanse generadas por un cerebro disfuncional, por una inteligencia artificial iraní o por una natural degenerada durante décadas. Trolas dirigidas principalmente a los individuos Épsilon del universo de Huxley. Mientras Jan les proporcione "soma", los culés seguirán viviendo en su Mundo feliz.

Dice Laporta que el modelo del Barcelona es (nada menos) que “crear talento en La Masía que luego llega al primer equipo”. Veamos. El talento no se crea ni se siembra en una maceta. El talento existe o no y se lleva en el ADN. El concepto es plausible, sin embargo: abres tus puertas a miles de niños, les pones tu camiseta e inviertes tiempo y recursos mientras esperas pacientemente un destello que aparezca en el proceso de cribado. Entonces, detectas un Lamine Yamal, por ejemplo. Después lo puedes pulir, educar, completar. Decir que se crea en La Masía es como decir que el oro se crea en las joyerías. Pero al culé le sirve. A un Épsilon le sirve casi todo.

En contraposición, mientras el Barça “crea” talento en La Masía (no sabemos si antes, después o incluso durante la era Benaiges), "el Real Madrid es más de ir al mercado a fichar". Permítanme unos numeritos ilustrativos: gasto en sus 171 fichajes del Barcelona en los últimos 10 años, 1.430 millones de euros. Gasto del Real Madrid, por 128 fichajes, 1.000 millones. Si detraemos los ingresos por ventas, resulta un balance de -349 millones para el Barcelona por -232 millones para el Real Madrid. No necesitamos hablar de la rentabilidad deportiva de ese gasto para un club y para el otro, ¿verdad?

Laporta miente como quien respira. Probablemente es la primera actividad de su sistema simpático. Su cerebro está perfectamente adaptado a la mentira, el engaño, la manipulación

Resumen: Laporta miente como quien respira. Probablemente es la primera actividad de su sistema simpático. Su cerebro está perfectamente adaptado a la mentira, el engaño, la manipulación. Inconcebiblemente, semejante sujeto tiene predicamento y crédito para cientos de miles de personas. Afortunadamente para ellos, el seguidor internacional del Barça ignora la descarga diaria de la prensa deportiva de Cataluña y de “Madrit”, subvencionada por el club, que sigue considerando a Laporta (previa facturación de su importe) un personaje público digno de atención.

El hecho es que el Barcelona es quien más ha ido al mercado a fichar durante la época más dorada del Real Madrid, paradojas de la vida. Sin embargo, en el mundo imaginario culé Laporta sólo se dedica a crear talento en La Masía como quien va podando y guiando las ramitas de un bonsái. Relatos.

El bueno de Jan es famoso entre otras cosas por su incontinencia verbal. Una vez que pilla la linde es imparable. Su performance de hace unos días continuó con otra frase psicotrópica: "en el Barça somos más de libertad y de democracia (sólo faltaría), contra el poder del Real Madrid". Os aseguro que lo ha dicho tal cual. Los buenos y los malos. Los “valors” del Barça contra las poderosas fuerzas del mal. Ni Xabi Alonso se libró de la diarrea mental del periodista subvencionado que le metió los dedos en la boca durante la rueda de prensa del Mundial, reproduciendo la ida de olla de Jan. Todo para visibilizar a un Barça invisible este verano.

Laporta no tiene una pizca de vergüenza y no le importa ni a él, ni a los Épsilon, ni a su ejército mediático a sueldo del propio Barça los días pares y de LaLiga los impares, en un mecanismo indistinguible del soborno.

Mentira tras mentira, hígado tras hígado, corruptela impune tras corruptela, innumerables favores políticos y económicos con el efecto de una amnistía interminable que borra cada abuso. Nada es suficiente para Jan, él quiere, como un RocknRolla de pueblo, el pack completo. Lo quiere todo y además lo quiere gratis. Y por supuesto, quiere y necesita uno o varios archienemigos superpoderosos para agitarlos delante del belfo babeante del culé. Recuerden el merecidísimo trofeo MVC (Most Valuable Caradura) que se ganó a distancia sideral del segundo y rojiblanco clasificado tras terminar la liga 2024/25, ganada "contra todo y contra todos".

Mentira tras mentira, hígado tras hígado, corruptela impune tras corruptela, innumerables favores políticos y económicos con el efecto de una amnistía interminable que borra cada abuso. Laporta lo quiere todo y además lo quiere gratis

Decir que el Barça es libertad y democracia es como decir que Corea del Norte también lo es. Libertad, querrá decir, para incumplir las normas sistemáticamente pública y orgullosamente, sin temer las consecuencias, o para amagar con el pago de cláusulas de futbolistas que ya verá cómo inscribir sin poner un céntimo.

No sé a qué puede referirse diciendo que el Barça es democracia. Tal vez es una metáfora. No hay duda de que Laporta es un demócrata de manual. Es un presidente que escucha a todos y que toma decisiones de consenso. Delibera especialmente con los familiares y amigos que ha mantenido o colocado en su directiva mientras ha puesto en la calle a todos los profesionales del club que trataron de maquillar (por vergüenza) su creativa gestión económica. A quien más escucha, realmente, es a su excuñado (no es broma) y mano derecha, Alejandro Echevarría. Alejandro es el hombre que susurra a Laporta, cargo que compatibiliza con su actividad como patrono de la Fundación Francisco Franco, otro famoso demócrata. Francisco digo, no Echevarría.

A esto es a lo que llama democracia Laporta, probablemente. También a homenajear en su 95 cumpleaños a uno de los mayores saqueadores de dinero público de la historia de España, a inscribir jugadores sin fair play mediante engaños y tráfico de influencias, a falsear las cuentas del club hasta el punto de que ningún auditor de prestigio las quiera firmar, a inventar patrimonio que vende a testaferros (en realidad, que se autovende Roures, el verdadero CEO del Barça, ventrílocuo detrás del muñeco Tebas y muñidor político) y que nunca nadie compró; a involucrar al Barcelona con empresarios de pésima reputación, haciendo negocios con empresas fantasma... a eso llama Laporta democracia. El polvo de lo que quede de Cleístenes o Heródoto a estas alturas debe estar convulsionando en el cuerpo de todas sus reencarnaciones.

 

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Buenos días, amigos. Ayer se disputó un combate múltiple de Ultimate Fighting Championship (UFC) en los Estados Unidos de América. A un lado del ring de césped, un puñado de grandes deportistas en activo. Al otro, una selección de viejas glorias ataviadas con uniforme color subrayador Stabilo Boss.

La lucha —sin cuartel, por hallarse en un terreno de juego— fue desigual. No hubo color salvo el rosa chillón. El conjunto francés de profesionales del deporte conocido como PSG recibió una variada colección de mamporros y empujones por parte del rival americano, el Inter de Miami.

Dos integrantes rositas brillaron especialmente: Messi y Luis Suárez. Los que fueran grandes futbolistas en el pasado ofrecieron un show de golpes y empellones de altura.

El nueve uruguayo demostró su mordiente habitual e inteligencia para aprovechar sus puntos fuertes, como el peso, abalanzándose sobre el rival para derribarlo con mayor facilidad en una suerte de abrazo de oso.

Aunque el protagonista, y héroe, del choque fue Lionel Messi Cuccitinni. La acción estelar fue su serie de acoso y golpeo sobre Vitinha.

pic.twitter.com/JJhdx37LB2

— fan (@noodleball1) June 29, 2025

Merece la pena recrearse en esta exhibición de UFC. Messi va a por el portugués, lo agarra por el cuello pero el pérfido rival se resiste a «entregar la cuchara» y el astro de la lucha argentino lanza su puño derecho contra el pecho enemigo. A pesar de ello, Vitinha aguanta, aunque no tiene más remedio que realizar aspavientos. Entonces Leo le acosa con la pierna y la cadera, le da un meneíto que no es sino una mera distracción para el golpe final: un apoteósico overhand contra la cabeza del deportista del PSG.

Todo ello, ambientado con los halagos merecidísimos de los comentaristas habituales de los medios españoles. No nos extraña que Messi sea portada hoy del diario As.

Imagen generada con IA

Vaya, hemos vuelto a ser víctimas de nuestro editor bromista, que ha generado la portada con IA (nos hemos dado cuenta por el error del titular, somos muy avispados). La anterior no es la portada real de As. Repetimos, no es la portada real de As. Messi no ha ganado ningún campeonato de la UFC (aún). Aunque si no logra que le regalen otro Balón de Oro no es descartable que le consigan uno. Pedimos sinceras disculpas.

Esta es la primera plana verdadera del diario de PRISA.

Quien se proclamó campeón del peso ligero de Ultimate Fighting Championship fue Topuria, no Messi. Y el choque entre PSG e Inter de Miami no fue un combate —a pesar de las agresiones rositas—, sino un encuentro del Mundial de Clubes en el que los futbolistas se impusieron por 4-0 a los otros.

Lo que sí afirman en As es que «Messi no merece esto».

¿Qué es «esto»? ¿Qué es «merece»? ¿En el fútbol se merecen las victorias o se logran? ¿Se juega en el presente o en el pasado? Sin embargo, es cierto que Messi no merecía esto, porque su equipo, atendiendo al rendimiento deportivo, no debería haber estado presente en esta competición. La verdad es que Aritz Gabilando está firmando un Mundial de 10, casi a la altura del de Messi.

En Marca no se quedan atrás y publican otra pieza con titular casi calcado:

Lo que no es casi calcado, sino directamente calcado es el titular: «Invencible». Aunque la foto es otra, una más desagradable que incluye a una persona sangrando por la cabeza.

El tratamiento bochornoso dispensado a Messi y compañía no es exclusivo de As y Marca, ya sabéis. DAZN publica sin sonrojo alguno el siguiente tuit:

¡Llegaron los destellos de Messi y se iluminó Inter Miami! ✨✨✨✨@FIFACWC | Todos los partidos gratis en https://t.co/yWCWbevPop | #FIFACWC #TakeItToTheWorld pic.twitter.com/wWrwnoYFSI

— DAZN Fútbol (@DAZNFutbol) June 29, 2025

Alipori máximo. Los mismos destellos que una cortina de pana.

La prensa culé también se hace eco de la victoria de Topuria y trufa sus portadas con asuntos de consumo interno. Que si la «Semana Nico» en El Corte Inglés, perdón, en Mundo deportivo; que si «Araujo en el escaparate» (sin la coma que debería sustituir al verbo omitido) en Sport, que una vez más sirve de tablón de anuncios del Barça.

Pasad un buen día.

¡Ay, doña Yolanda!  Debió usted casarse con Negreira

 

Oséase que la guillotina en el Comité Técnico Arbitral se produjo porque lo mandó el Madrid… que es el que manda también en eso.

Es la última. Y extraordinaria. El gag del día supera al anterior y hasta mañana. El Madrid manda en la cosa arbitral y de ahí el hachazo: ¡jaaaaja! No saben lo que dicen quienes lo dicen. Eso supondría echarle flores al Madrid, no se han ‘percatao’. Deberían confesarse. Mandar sin pagar el número 2 de la organización que se sepa. Ni al 1, el 3 o el 77. ¡Mandar gratis! Mucho arte.

Una maravilla con añadido, pues se comenta que entre los posibles candidatos a la sucesión cantalejiana estarían don Fernández Borbalán, un gran amigo del Madrid, siempre eso, y doña Yolanda Parga, lo que supondría que por primera vez en la historia una mujer estaría al frente de la cosa. Si eso sucediera, la toma de posesión debería organizarse en el Ministerio de Igualdad. O el de Defensa.

Oséase que la guillotina en el Comité Técnico Arbitral se produjo porque lo mandó el Madrid…  que es el que manda también en eso. ¡jaaaaja! Mandar sin pagar el número 2 de la organización. ¡Mandar gratis! Mucho arte

Parga es la responsable del arbitraje femenino en la Federación. No se trata pues de una farmacéutica bien relacionada, una astronauta con tiempo libre entre misión y misión. Pero, oh, además, tela, sapristi, horror, es la esposa del exárbitro Carlos Mejía Dávila, delegado arbitral del Madrid. Acabáramos.

Una casualidad seguramente fatal ese parentesco para la candidatura de Parga. Un error del amor. Si fuera la esposa de Negreira, su nuera, pues bien pudo enamorarse de Negreirita, quizá una destacada vecina, sus posibilidades para ocupar el cargo sin duda se multiplicarían. Cupido y sus cosas.

Y tiene mal remedio: ¿Qué pedimos, que se divorcien? De ninguna manera y es más: el Madrid no toleraría eso. Ni que el favorito para el cargo fuera Toñín el Torero. Lo cual sí aseguraría que el rival no pasaba de medio campo.

No tengo idea de cómo acabará la cosa, pero conociendo el favorito es sin duda Borbalán, el típico cambio para que nada cambie. No corramos, claro. Desde la Federación dicen que están cocinando un tiempo la mar de nuevo, imagino que con el OK de Tebas, y nada perdemos por esperar. Personalmente me recuerda cuando compro lotería: espero el cambio, pero no acaba de producirse.

Sí tengo confirmado que estos días por América los enviados de RealMadrid TV les están poniendo unos vídeos a Xabi y su equipo, a Trent y Huijsen para que se vayan haciendo idea de lo que (probablemente)  les espera. Por lo visto, el lateral inglés sufrió ya un par de ataques de risa en pleno visionado y llegó a decir que “eso le pasa a Salah y Egipto ataca Inglaterra”. Normal.

Los hay que nos han hecho ver, muchas gracias, que los árbitros seguirán equivocándose por mucho cambio que llegue. Ya. Y el portero y el delantero centro. De lo que se trata es de ser creíbles, casi ‘ná’

Esperemos sin chuparnos el dedo: sigue habiendo mucho negreírico suelto y el cambio sólo sería creíble si desaparecieran todos. Imposible, me temo. Los hay que nos han hecho ver, muchas gracias, que los árbitros seguirán equivocándose por mucho cambio que llegue. Ya. Y el portero y el delantero centro. Sería insoportable un fútbol, una vida, de perfectos. De lo que se trata es de ser creíbles, casi ‘ná’.

Fíjense en el Mundial. Lío ha habido de momento uno, con el Atleti, lamentablemente. Pero eso acostumbra a pasar y, bueno, uno después de la fase de grupos y metidos ya en los octavos, resulta de lo más firmable. Eso sí: le hubiera podido pasar a otro.

Puede haber más, claro. Pero no he visto a nadie poner en tela de juicio lo que estamos viendo, atletistas al margen. He leído, quizá ustedes también, que la FIFA no quiere al Atleti en el Mundial y ahí puede estar la clave. Sí, puede ser.

Al Madrid, en tres partidos, le han pitado un penalti en contra en el debut —le costó el empate— y se quedó con diez en el minuto siete del segundo. No hubo quejas. Ni vídeos: quizá la calor.

Total, que a la espera del cambio quedamos muy seguros de que no será el que le conviene a nuestro fútbol y a nuestros árbitros aunque ellos no lo sepan. O sí. El primer Mundial de Clubes pasará a la historia también porque no participó un árbitro español. Ni uno. Y eso mal casa con la tan cacareada mejor Liga del mundo. Queridos y queridas: o recupera lo vuestro la credibilidad, el prestigio, o vais a ver los grandes torneos por televisión.

Y eso, esperando la tele en el Madrid-Juventus, primer evite serio de la etapa Alonso. De momento va evolucionando bien. El equipo parece ligar con el nuevo entrenador y es legítima la ilusión del madridismo. En el torneo y en lo que vendrá después.

Poner a Xabi al frente de este ‘fregao’ buscaba eso, meterse en harina lo antes posible, hacer los primeros deberes: enhebrar. Y no está mal la cosa. Volverá Mbappé, apareció Gonzalo, confirmó Huijsen, está el nuevo Güler, los lesionados van acortando plazos, excepción hecha de Alaba… Vinícius se aleja de Arabia. Sigamos. Si encima ganan, ni les cuento.

 

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El 30 de junio de 2025, en medio de un calor pegajoso, viendo el mundial de clubes al fresquito del aire acondicionado de casa y tras otra temporada haciendo el ridículo en Copa de Europa, ese club del que usted me habla abonará a Lionel Andrés Messi Cuccittini, El Mesías, el mago del balón, el múltiple Balón de Oro, la quintaesencia del balompié, la módica cantidad de 5,95 millones de euros. No es una prima por haber ganado algo, ni por marcar un gol en una final, ni por salvar a un gato de un árbol en la Ciutat Esportiva. Es, atención, el último pago de su finiquito. Una deuda arrastrada desde 2021, cuando el supuesto mejor jugador de todos los tiempos hizo mutis por el foro, dejando tras de sí un club en ruinas, una economía desahuciada y un relato agotado.

Pagarse a sí mismo con 5,95 millones en 2025 por servicios prestados hasta 2021 sería ya escandaloso en cualquier empresa normal. Pero en el club cliente de Negreira, ese club-estado que mezcla la contabilidad creativa con el victimismo estructural, es simplemente otro martes.

Por situarnos: Messi no gana una Copa de Europa desde 2015, cuando todavía llevaba Cristiano Ronaldo el pelo con gomina y la palabra "VAR" no existía más allá de las novelas de George R. R. Martin. Y su último gol en una final de la máxima competición continental data de 2011, en aquel partido contra el Manchester United en Wembley, que desde entonces se menciona en la capital de ese pequeño país con la reverencia de los milagros eucarísticos. Desde entonces, nada. O mejor dicho, menos que nada: goleadas históricas, debacles en Roma, en Anfield, en Lisboa… y un club arrastrando la losa de su propio tótem.

Pero Messi, ese mismo que lloró con cara de resignación calculada en su rueda de prensa de despedida, sigue cobrando. El Mesías se fue, pero la factura permanece. Como las plagas en el Antiguo Testamento. Como el "Espai Barça". Como los tuits de Piqué.

El contrato que firmó Messi en 2017, revelado por El Mundo en 2021, contemplaba una cifra cercana a los 555 millones de euros brutos en cuatro temporadas. Para ponerlo en contexto: eso es más de lo que algunos países dedican a su sanidad pública. Fue la obra magna de Bartomeu, ese visionario sin presupuesto, ese encantador de serpientes que vendía la sostenibilidad financiera del club mientras quemaba la caja como Nerón el Foro Romano

Durante ese contrato, el Barça no ganó ni una sola Copa de Europa, fue humillado por el Liverpool, el Bayern, la Roma y hasta el PSG. Messi metía goles, sí, pero ninguno decisivo en Europa desde hacía años. Ganaba títulos nacionales porque durante décadas pagaron al vicepresidente del CTA millones de euros Y AÚN NO HA PASADO NADA, que no se olvide, mientras la deuda se inflaba como una burbuja de chicle. Y encima, para rematar la ópera bufa, cuando el argentino se marchó, no fue con la gratitud serena del que ha cobrado bien por lo que dio. No. Se marchó con una deuda pendiente y un club que, para poder pagarle, ahora tiene que vender el alma al fondo de inversión que pase por la puerta.

Messi, ese mismo que lloró con cara de resignación calculada en su rueda de prensa de despedida, sigue cobrando. El Mesías se fue, pero la factura permanece. Como las plagas en el Antiguo Testamento. Como el "Espai Barça". Como los tuits de Piqué

Lo de Messi no fue un fichaje. Fue una hipoteca a tipo variable en una economía temblorosa, fue el símbolo de una gestión basada en la nostalgia, el cortoplacismo y la idolatría. Un club que le construyó un altar mientras se hundía el suelo, que le renovaba contratos galácticos mientras los ingresos caían y el gasto se disparaba, que le pedía sacrificios económicos al vestuario mientras a él le garantizaban variables por respirar.

Y ahora, cuando el Camp Nou ni siquiera existe como estadio funcional y el amante de la Fuente de Canaletas juega como okupa en Montjuïc, siguen pagándole casi seis millones de euros. En 2025. Cuando Messi ya ha jugado en el PSG, en el Inter Miami, ha ganado un Mundial (ejem…), ha dejado de competir en Europa y es el niño bonito de la liga estadounidense haciendo el ridículo partido tras partido con sus salidas de pata de banco contra árbitros y rivales.

El problema no es sólo económico. Es también moral. Porque el mismo club que defeca continuamente en el fair play financiero, que amenaza con retirarse de la Liga, que acusa a la UEFA, a Tebas, a Florentino, a los árbitros, a los jeques y a las galaxias de su desgracia sigue honrando religiosamente la deuda con su icono, sin pedirle jamás que renuncie, que perdone, que alivie a la entidad que le dio todo.

Cualquier otro futbolista que realmente “ama al club”, como tantas veces se repite en las misas culés, habría dicho: “Gracias, pero no hace falta, ya he cobrado bastante”. Pero no. El Messi de 2025 cobra hasta el último euro con puntualidad suiza mientras el club suda para inscribir a Fermín López. ¿Legítimo? Sí, ¿legal? También. ¿Está en su derecho? Por supuesto. Pero ¿moralmente criticable? Desde luego.

Y que nadie se engañe: Messi no es víctima del Barcelona. Es su coautor. El símbolo de un sistema que se devoró a sí mismo. La gallina de los huevos de oro que exigió tantas pepitas que acabó con la granja hipotecada. Si el club cliente de Negreira es ahora un club de saldo, un gigante endeudado, Messi es parte central de la trama. No por maldad, sino por omisión. Porque nunca dijo “basta”.

Lo de Messi no fue un fichaje. Fue una hipoteca a tipo variable en una economía temblorosa, fue el símbolo de una gestión basada en la nostalgia, el cortoplacismo y la idolatría

Cuando dentro de veinte años se estudie en las escuelas de economía el caso del més que un club, se hablará del “efecto Messi” como un fenómeno singular: cómo un jugador lo ganó todo y a la vez dejó al club como un erial financiero. Se hablará de cómo un amor mal gestionado puede arruinar no solo las cuentas, sino el relato. Porque ni siquiera el relato ya sostiene. Ni el ADN, ni la Masía, ni la esquinita del campo.

Solo queda la deuda.

Y, por supuesto, el pago del 30 de junio de 2025: 5,95 millones de euros.

Me despido con la esperanza de ver ganar el martes a nuestro equipo a la Juventus y pasar a cuartos de final del Mundial, repito, esa competición que el club ese del que usted me habla, el club que se ha arruinado hasta la extenuación por tener en sus filas al rosarino de la hormona del crecimiento, mira con envidia desde el sofá de su casa. Y con la frase de mi amigo Javi, que está deseando ser él el que escriba estas líneas. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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