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Caso Marcos Llorente: por qué entiendo a (casi) todos

Caso Marcos Llorente: por qué entiendo a (casi) todos

Escrito por: Jesús Bengoechea16 junio, 2019
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Quillo Barrios ofrecía ayer en estas mismas páginas un alegato en contra de la hipotética venta de Marcos Llorente al Atlético de Madrid. Simpatizo con la animadversión que Quillo tiene a la idea de ver a Marcos vestido de rojiblanco. A mí tampoco me hace ninguna gracia. Tengo en muy alta consideración al jugador, que fue uno de los mejores en las oportunidades que tuvo durante la aciaga temporada anterior. Casualidad o no (yo creo que no), el equipo se sostuvo mientras a Llorente le respetaron las lesiones, y se derrumbó cuando no contó con su concurso. Incluso para un zidanista convencido como yo se antoja complicado entender cómo nuestro técnico no tomó nota de nada de esto mientras veía los partidos del equipo en televisión, en su papel temporal de madridista de a pie.

No me gustaría ver a Marcos reforzando al rival madrileño y directo, y en esto soy un madridista de tantos y tantos. Sin embargo, soy capaz de entender que el mundo no empieza ni acaba a mi conveniencia, como le recordaba Walter Sobchak a Donny en El Gran Lebowski.

Hay cosas que no me gustan pero a lo mejor tienen que suceder. Aún hay posibilidades de que no suceda, y yo preferiría eso, que no suceda. Ojalá en el club sean capaces de hacer ver a Marcos que Zidane está aquí de paso, como todo el mundo, y que si acepta una cesión (por oposición a un traspaso) el futuro puede reservar para el centrocampista la oportunidad de volver y triunfar en el mejor club de la Historia. Ojalá, caso de obstinarse Marcos con un traspaso y no una cesión, llegue una oferta fantástica para jugador y club que le permita ir al Calcio o la Premier en lugar de recalar en el Wanda. Si nada de esto sucede, sin embargo, Marcos jugará a las órdenes del Cholo, y yo, por mucho que me duela, lo tendré que aceptar. Y lo tendré que aceptar porque, en esa eventualidad, entenderé a todas las partes implicadas.

Entenderé, para empezar, al futbolista. Ya ha sido apuntada sobradas veces la diferencia entre el hincha y el deportista profesional, que salvo grandiosas excepciones mira más por su corta carrera que por las filias y fobias que caracterizan al aficionado. Pero hay más. El padre de Marcos jugó en el Madrid, pero también en el Atleti. El abuelo materno de Marcos jugó en el Madrid, pero también en el Atleti. Un Llorente-Grosso-Gento es por fuerza ajeno, en consecuencia, a la tirria por lo indio que caracteriza a no pocos vikingos, y esto no puede sino aceptarse como normal. Por lo demás, se está haciendo en Madrid una casa con un gimnasio tan sofisticado como demanda su exigente y constante entrenamiento individual, y su pareja apuesta decididamente por un futuro en la capital, lo que hace que todo apunte en la misma dirección. Yo en su lugar, por el mismo sueldo, me iría sin dudar por ejemplo a la liga italiana (de donde procede la más potente de sus ofertas internacionales), pero no todo el mundo tiene por qué compartir este espíritu aventurero.

No conviene por otro lado perder de vista otro elemento. Algunos jugadores (Morata, James) se han marchado del club en busca de más minutos. Marcos se va (caso de confirmarse su marcha) porque no cuentan con él ni para el banquillo. No se marcha enfurruñado por unas aspiraciones frustradas de titularidad. No exige un número determinado de minutos, como sucede con quienes le precedieron tomando la puerta de salida. Él se conformaría con formar parte de la plantilla para luchar por un puesto sin componendas ni apriorismos. Pero no se le concede. Considerando además que ya se le ha hecho formar parte de la plantilla en dos ocasiones, sin luego apenas darle oportunidades, es necesario un punto de crueldad para negarle la opción, tras ser desechado, de dar con sus huesos paleolíticos en el club que más le convenza.

Todas estas razones las contempla el club, y eso me hará entender también, con matices, la eventual postura de dejarle ir al Atleti. Soy el primero que ha lamentado el tradicional bienquedismo blanco en sus relaciones con el Atleti, club que sistemáticamente se niega a negociar con el Madrid por jugador alguno mientras nosotros les abrimos su puerta a los nuestros. Empero, considero que este caso es especial por las razones que comento. Y por otra más que Florentino Pérez, siempre sensible a cuestiones tocantes a la Historia del club, sin duda no pasa por alto. Los apellidos Gento, Llorente y Grosso no son cualquier cosa en dicha Historia. Hay que tener muy buena razones para bloquear la carrera profesional de alguien que pertenece a esa estirpe, todo ello en el entendido de que la eventual oferta del Atleti sea medianamente sustanciosa. El club debe esperar un tiempo razonable por si llegase otra mejor, que convenciera tanto al Madrid como a Marcos. Caso de no llegar, sólo resta dejar marchar al pivote al Atleti con tanto dolor como resignación. Por eso decía antes que ojalá esa oferta llegue. La del calcio que decía antes no es a día de hoy tan potente como la de los colchoneros.

Y cómo no entender, por último, a la entidad manejada por Cerezo. Caso de lograr la apetecida adquisición, los del Cholo se harán con los servicios del medio centro con más futuro de España, seriamente posicionado para llevar la manija de la selección española en los próximos seis o siete años. Quién no querría eso.

Este artículo (lo recuerdo) se titula “Caso Marcos Llorente: por qué entiendo a (casi) todos”. El “casi” ya ha quedado sucintamente revelado, con una postrera y atrevida recomendación para Zizou: la de repasar los dos partidos del último Mundial de clubes.