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Barcelona ovaciona al Real Madrid

Barcelona ovaciona al Real Madrid

Escrito por: David Mata11 septiembre, 2019
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En el artículo titulado "La inquina de Bernabéu al Barcelona", publicado en esta misma web, hablamos sobre los dos "partidos de la paz" entre Barcelona y Real Madrid, celebrados a raíz de los polémicos episodios que rodearon el 11-1 de 1943. De lo que no dimos cuenta en aquella ocasión fue de que en 1956 hubo una secuela de ese par de encuentros, un partido denominado por el Boletín Oficial del Real Madrid como "La Copa de la Amistad". El evento se celebró en Barcelona como homenaje al Real Madrid primer campeón de Europa, a sugerencia de Diego Ramírez Pastor,  presidente de la Asociación de la Prensa de Barcelona, si bien la iniciativa fue rápidamente avalada por don Agustín Pujol - presidente de la Federació Catalana de Futbol y delegado de España en la UEFA - y por el presidente del C de F. Barcelona, don Francisco Miró-Sans.

 

Con motivo de la consecución del título europeo, el periódico barcelonés "Solidaridad Nacional" publicó un artículo firmado por Ramírez Pastor, titulado "El Real Madrid merece un homenaje". Allí se afirmaba que "los once hombres del Real Madrid han demostrado que su condición de profesionales no es incompatible con la práctica de las virtudes deportivas; y aunque vistieran los colores de determinado club, han sido, en realidad, exponente vivo de nuestras condiciones raciales. Por esta causa, y sin perjuicio del homenaje que Madrid dedique a sus favoritos, entiendo que este equipo, al que podemos llamar campeón de Europa, merece otro homenaje de mayor amplitud y significación.Y creo que debe ser Barcelona—la gran rival de Madrid en las competiciones deportivas—la que brinde a los vencedores la ocasión de que el público les aplauda". Y Agustín Pujol, por su parte, aseguró que el equipo blanco había triunfado debido a "la más depurada técnica, unida a las tradicionales características del fútbol español: el coraje y la furia".

"debe ser Barcelona—la gran rival de Madrid en las competiciones deportivas—la que brinde a los vencedores la ocasión de que el público les aplauda"

Notese que en ambas declaraciones existía una intención, por parte de estos hombres del Régimen, de relacionar al equipo campeón con cualidades nacionales intrínsecas, siguiendo las consignas del Movimiento, pero una lectura atenta a las entrevistas realizadas a Raimundo Saporta y a Santiago Bernabeu con motivo de "La Copa de Amistad", deja entrever que existía una polémica implícita al respecto. El Madrid estaba en entredicho por no ser lo suficientemente "español", por no ser un perfecto ejemplo de las cualidades nacionales. Y es que a pesar de la prohibición de firmar futbolistas extranjeros, en 1956 el Real Madrid contaba con hasta tres futbolistas argentinos, que además frecuentemente formaban el triangulo interior de ataque. Todavía peor, en aquel terceto sólo Hector Rial tenía origenes españoles, puesto que era hijo de padre gallego y madre castellana, pero es que además su estilo de juego estaba en las antípodas de la "furia española".

Indudablemente el madridista que concitaba mayor atención mediática, tanto española como internacional, era Alfredo Di Stefano. El diario Mundo Deportivo, antes de la final de la Copa de Europa, destacó lo mucho que le habían piropeado los rotativos franceses, orgullosos incluso de poder reivindicarle como un poco propio al tener la madre del astro ascendencia francesa.  Se subrayó además el impacto que había producido entre los aficionados europeos la victoria blanca ante un Milan cuajado de estrellas. Mientras que en el otro lado del ring, por parte de los franceses, el gran hombre a seguir era el atacante de origen polaco Kopa.

Durante una entrevista que Saporta concede a Vicente Esquiroz para Mundo Deportivo (agosto de 1956), cuando aún no se sabía si la "Delegación Nacional de Educación Física y Deportes" iba a reabrir la opción de contratar futbolistas extranjeros, el directivo madridista negó que hubiese gestiones de su club para fichar a Kopa y aseguró que su club mantenía la disciplina respecto a la Delegación Nacional de Deportes. A tenor de la entrevista, da la sensación de que tanto entrevistador como entrevistado sabían que Saporta estaba mintiendo, pero no podía romperse la formalidad. El Madrid le estaba echando un pulso a los federativos, motivo por el que los dirigentes madridistas afrontaban cada entrevista como un campo minado, en el que era importante no dar la sensación de estar cometiendo un desafio; y aunque ellos pretendían la reapertura, tampoco podían dejar un titular susceptible de ser utilizado como prueba de que la importación de extranjeros iba en menoscabo del futbolista nacional.

A Saporta se le interrogó sobre Kopa (fue portada) y el tesorero no negó el interés aunque si las gestiones. Se le preguntó después si los fichajes de extranjeros eran "necesarios", algo a lo que él respondió afirmativamente, aunque matizando que sólo si eran "super-clases", porque ayudaban a mejorar a los demás. Y por último, le interrogaron sobre el impacto que había tenido Di Stéfano en la mejora de juego madridista; y Saporta respondió destacando su clase, pero también su afición. Parece evidente que no sólo había que vender la idea del buen juego, si no transmitir que las estrellas poseían algun tipo de valor espiritual (afición) y como su presencia suponía una mejora para los futbolistas españoles, más allá de golearlos inmisericordemente.

A Bernabéu, con motivo del homenaje del fútbol barcelonés al Real Madrid, le entrevistó para la Vanguardia el célebre reportero y caricaturista Manuel del Arco, y este puso toda la carne en el asador para sacarle alguna confesión comprometedora a don Santiago. Del Arco era un antiguo anarquista, depurado tras la contienda, pero no puede afirmarse que se ensañase especialmente con Bernabéu por motivos políticos, puesto que siempre solía ser un entrevistador muy directo. Tenía la costumbre de ir pintando una caricatura de sus entrevistados, mientras que simultáneamente les hacía preguntas, mirandoles muy fijamente a los ojos con la excusa de ir dibujandoles, y esto parece que le servía para desarmarles y sacar jugosas declaraciones.