Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Atropellados por nuestro futuro

Atropellados por nuestro futuro

Escrito por: Jesús Bengoechea6 febrero, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

En una noche memorable, a la vez por lo aciaga y por lo frenética, el Real Madrid fue atropellado por su propio futuro y por el futuro de otros. El futuro propio es por supuesto Ødegaard, que jugó tan maravillosamente como sólo él sabe y se abstuvo de celebrar para recordar al madridismo que le piensa devolver con creces lo que le quitó hoy, que no es poco. Tras retirarse, el Bernabéu le dedicó una ovación memorable también. Valdanista incluso, si rememoramos aquella vieja sentencia tinerfeña sobre el dar y el quitar.

El futuro del Madrid es Ødegaard y el futuro de otros es el de una serie de jóvenes jugadores realistas, con el estupendo Isak a la cabeza, que demostraron un ansia de gloria y una calidad individual y de grupo que estuvo cerca de humillar al 13 veces Campeón de Europa. Alguno dirá que por qué digo solo “cerca”. La repuesta solo puede hallarse, primero, en el ejemplar y emocionante intento de remotada protagonizada por los blancos, prototípica de eso que se ha dado en llamar el ADN. Nunca antes se le había aplicado un término científico a algo que lo sea menos. El Madrid perdía 1-4 en el minuto 79 (repetimos: 1-4 en el minuto 79) y no había un solo alma en el estadio capaz de descartar del todo que renaciera. Tanto flotaba en medio del desastre el peso de la historia blanca que esa bruma imposible de fe por poco se transforma en lluvia. Aunque infructuosos, fueron 15 minutos finales canónicos de madridismo trágico, técnico y sociológico. Pasaron muchas cosas. El VAR concedió y anuló tantos goles en tan poco tiempo que hay quien sostiene que el marcador final es otro distinto del que refleja la prensa. Ojalá.

La otra razón que impide absolutamente hablar de humillación es el reparo que produce hace sangre con un equipo, el de Zidane, que llevaba hasta hoy una trayectoria admirable. No queda, sin embargo, más remedio que subrayar el aroma a despedida que la triste faena de algunos dejó para rumiar, y hablamos tanto de alguno que ha sido esencial en el segundo mejor ciclo histórico del club como de otro que nunca entró y ya muy probablemente nunca entrará en esa categoría.

La alineación ultraofensiva planteada por Zidane sorprendió a todo el mundo. Como ha dejado de sorprender el que Zidane nos sorprenda, ya nunca confundimos la sorpresa con la preocupación. Pudo, sin embargo, haber exceso de confianza en ese once inicial. O sea, que tal vez debimos preocuparnos. Marcelo y James quedaron señalados desde el principio por su baja forma, Nacho y Militão vacilaron en exceso también y Brahim, precipitado, pareció querer resolver en pocos minutos lo que la dificultad invencible por hacerse con un puesto le impide conquistar paulatinamente. No se le puede culpar. Le sobra ambición (insiste en convencer a Zidane desde la sombra), y la ambición es confundida con frecuencia con esa hermana menos agraciada que responde al nombre de ansiedad.

Alguien dirá que, con su planteamiento, Zidane dilapidó la opción de un título que estaba a tres partidos de distancia. Tendrá razón. Otro dirá que dio una fallida lección de compromiso con la totalidad de su plantilla y de confianza en un cara a cara de fútbol de ataque contra un equipo eminentemente ofensivo. También tendrá razón. Todo puede decirse y ser válido en una noche triste, irritante, loca e insoportablemente madridista.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

9 comentarios en: Atropellados por nuestro futuro