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Alves: juventud, divino tesoro

Alves: juventud, divino tesoro

Escrito por: Nanook The Eskimo15 noviembre, 2021
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Hagamos un ejercicio de ficción. Cuanto se va a manifestar aquí es hijo de la ucronía, pero imaginemos por un momento que Dani Alves escribiera en La Galerna y hubiera nacido en España. Creo que sus memorias podrían rezar de la siguiente manera:

 

Hola, me llamo Dani. Nací en 1983. Soy de esos que han llevado chaqueta vaquera y también he sido usuario de las famosas bomber, con su forro interior del color del pelo de Pumuky. Mi niñez observó a los Fraggel, a David el Gnomo, con su correspondiente troll de moco en perenne suspensión, a Willy Fog al que acompañaba un gato amanerado y un ratón con acento de las 3000 viviendas, a los Thundercats, quise tener los puños de Mazinger Z y las mamellas Tomahawk de Afrodita sembraron en mí desconcierto y curiosidad a partes iguales.

Fraggel rock

Crecí en esa época en la que la hoy llamada superposición de texturas se llevaba al absurdo, en la que imperaba la androginia exacerbada de los mal llamados “nuevos románticos”, constituyendo Boy George ejemplo paradigmático de estos dos aspectos. Ese tiempo en que las hombreras hacían que cualquier mequetrefe aparentase la consistencia física de Apollo Creed, y en el que en menos de un año veías los estrenos de Águila de Acero y Top Gun, terminando de apuntalar la decisión irrevocable de ser piloto de combate. Mientras tanto, la Marca España estaba liderada por la bicefalia Amarras – Don Algodón.

A mis ojos, nadie podía ser más duro que Europe, que eran los tíos esos de pelo largo que salían en la tele siempre que había algo de música. No me gustaban, porque yo era de Queen. Esos sí que molaban. Veía a Freddie Mercury como un poco cursi, pero era un tipo que ponía a dar palmas en tiempo a un estadio lleno de gente con Radio Ga Ga. Roger Taylor tocaba como una fiera y Brian May, antes de convertirse en doble para las escenas de riesgo de la Duquesa de Alba, era el mejor guitarrista que podía existir. Eso es poderío.

Boy George

In illo tempore, mi lógica infantil, me indicaba que Margaret Thatcher estaba casada con Ronald Reagan, pues sus nombres salían insistentemente en las noticias de la radio, igual que intuía que Pinocho, esa película de Disney cuyo metraje final veía de manera obsesiva por estar fascinado con la ballena, en inglés se decía Pinochet, otro nombre recurrente en el Telediario.

La televisión alternaba a McGyver con el Equipo A, sin olvidar la trinidad de vehículos maravillosos de El Coche Fantástico, El Halcón Callejero y El Trueno Azul. Mis ratos de esparcimiento se repartían entre el fútbol de parque, especialmente gravoso para las rodillas de mis pantalones, y muñecos de He-Man, con los destrozaba con todo amor el Castillo de Greyskull que me trajeron los Reyes. Igualmente simulaba la más futurista y épica de las guerras con mis G.I. Joe mientras puteaba de manera inmisericorde a mi hermana, prima o compañera de clase, que, entre Barbies, Nenucos, Nancys y Candy Candy, soportaron los innumerables fusilamientos a los que mis Ojos de Serpiente, Sombra, Flint, Hawk y tantos otros, en sucesivos pelotones, sometían a sus Kens.

Creciendo, creciendo vinieron las camisas vaqueras que se abrochan con automáticos, preferiblemente con camiseta debajo, los cinturones con tachuelas y los vaqueros de Charro. Ramón Trecet y su Cerca de las Estrellas nos aproximaron a la figura ahora legendaria de Michael Jordan. Nos presentaron a un rubio con pinta de funcionario de correos que jugaba en los Celtics de Boston, que por cierto jugaron un partido de exhibición contra el Real Madrid, y que enchufaba los triples con la misma facilidad con que  mi madre, mis tías o mis primas cogían un vaso del armario de la cocina para ponerse un Tab. Eso sí, tirando la anilla a la basura. Podré contar a mis nietos que vi a los Lakers del Showtime ganar anillos a los Celtics de Bird, McHale, Parish y compañía, vencer a los Pistons de los Bad Boys Dumars, Rodman, Laimbeer, Microondas Johnson e Isiah Thomas, y en medio de todos ellos, jugando en Golden State con 2’30 de altura, Manute Bol (QEPD).

El coche fantástico

Todo ese baloncesto estaba eclipsado por el Madrid de la Quinta del Buitre, tirano en España y maldito en Europa pese a memorables noches en la UEFA contra Anderlecht e Inter primero, y, ya en nuestro trofeo, contra Oporto y Nápoles después, si bien vieron postergada la consecución de la Séptima merced a jornadas malditas contra PSV o Milán.

De pronto, fruto de toda esa invasión NBA, todos los niños nos dimos cuenta de la seria e impostergable necesidad de tener zapatillas de baloncesto de las de bota para sujetar bien el tobillo y saltar más. Insuperable si lo que tenías eran unas Nike Air Jordan. La necesidad antes referida se tornó en babeo incontenible cuando aparecieron las Reebok The Pump, con su lengüeta que contenía medio balón de baloncesto en caucho y que, al apretarlo repetidas veces, las hinchaba. Daba igual que de tanto hincharla tu pie estuviera lo suficientemente apretado que los ojos te saltasen de las cuencas, aquello repercutía muy positivamente en tu rendimiento baloncestístico, aún a pesar de que lo que hicieras fuera jugar al fútbol. De ahí en adelante, la planta de deportes del Corte Inglés se llenó de niños y chicos que apretaban con gesto experto las suelas de las zapatillas de deporte para comprobar si tenían cámara de aire. ¿Te suena? A mí también.

Lamento tener que abandonaros, pero debo embadurnarme de linimento Sloan antes del entrenamiento, y Javi es tan exigente con la puntualidad como en la altura del césped.

Un abrazo.

 

Fotografías Imago.

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10 comentarios en: Alves: juventud, divino tesoro

  1. Sinceramente, no entiendo esta obsesión de La Galerna por el Barça y sus jugadores. Este artículo os lo podíais haber ahorrado. En mi opinión, no tiene ninguna gracia ni tiene nada que ver con el madridismo. Creo que estamos cayendo en una peligrosa tendencia más propia de los de la esquinita. A mí me traen sin cuidado los fichajes del Barça y si Alves tiene 38 años. Pero, insisto, es mi opinión. Espero que nadie se ofenda.

    1. Yo también pienso que están saliendo demasiados artículos referidos a la Farsa en La Galerna. Creo que puede ser, en parte, por el aburrido parón de selecciones; de algo hay que hablar, y no se puede negar que lo ponen a tiro con las cosas que están haciendo...

      1. Es que la rivalidad sana, los piques, los comentarios mordaces al rival, etc, han sido siempre la salsa y el picante del fútbol. Si le quitamos esto pierde parte de su esencia y su atractivo y se convierte en algo aburrido. Sobre todo en los últimos tiempos en que el 95 % de los partidos son un truño infumable .

    2. Toda la razón, por fin os dais cuenta de la completa mugre que es este ""diario"". El único fin es echar toda la mierda posible al Barca y de vez en cuando al Atleti. FIN. Está creado y dirigido a esos dos equipos. Como barcelonista que soy, me alegra de escuchar por parte de amigos del Madrid que esta basura no les representa. Cada dia dan mas asco a los propios madridistas, pero bueno, esa son sus costumbres y hay que respetarlas.

  2. Allá cada cual con sus filias , fobias y demás. Como madridista me gusta reírme del Farsalona y que pierda hasta el autobús. Pero de ahí no paso. Y distingo entre el MQUC y Cataluña. Por mucho que se empeñen , no es lo mismo. Sí podría aceptar o, mejor dicho, entender que el personal establezca relación entre Generalitat y Farsa, de acuerdo. Pero no olvidemos que Cataluña tiene gente y colectivos mucho mejores que los dos mencionados. Españoles todos, reflexionad.

  3. Artículo genial. La galerna hace daño al antimadridismo, seguid así por favor. El falso relato está quebrado, como el balance de Farsa y Patético. Lo de Alves debería avergonzarles pero son de tal bajeza que encima pretenden que estemos calladitos. Como español, madrileño y ciudadano de bien estoy orgulloso de ser del Madrid.

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