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34 apuntes sobre la Liga 34 (1-10)

34 apuntes sobre la Liga 34 (1-10)

Escrito por: Jesús Bengoechea17 julio, 2020
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1. La paradoja del posconfinamiento.

Recordaremos siempre esta Liga porque es una Liga pero son dos. Dos evaluaciones. El parcial (antes del confinamiento) lo perdimos por ser un equipo poco fiable, tan capaz de lo sublime como del batacazo. El examen final lo superamos con nota precisamente por nuestra fiabilidad, administrando lo sublime con cuentagotas y neutralizando los batacazos. Paradoja. El parón del Covid como punto de inflexión. 

2. El reto de la anomalía.

Al Madrid, inevitablemente ahíto de Historia, le excitan los retos nuevos, y el viejo fútbol depara pocos. Una vez se vio galvanizado para superar el empate con el que se iniciaron los seis minutos pendientes de un partido aplazado por un aviso de bomba. Ahora se ha visto espoleado por un desafío que también ha tenido su origen en lo extrafutbolístico. Estos once partidos, estas once finales de Liga, han constituido la versión maxi-single de aquellos seis minutos. Aquel minipartido se ganó. Esta miniliga también. 

3. Los gritos del silencio.

La ausencia de público ha supuesto una ayuda adicional. Ya Fantantonio adelantó en este espléndido artículo el alivio que supone “el silencio de España” para los jugadores del Madrid, entendiendo por dicho silencio el del antimadridismo y sus características encerronas. Más triste y digno de inspirar reflexión en la masa social blanca es el hecho de que al Madrid también le haya venido bien jugar en casa pero sin su público. 

4. La discreción del Di Stéfano.

En este sentido, el optar por el Di Stéfano en lugar del Bernabéu se ha manifestado un verdadero acierto, y no solo por haber permitido avanzar más rápidamente en las obras de remodelación del estadio, sino también en el plano meramente deportivo. El Madrid se ha adaptado mejor que nadie a las nuevas condiciones, y ello ha sido en parte por el nuevo recinto. Jugar sin público es una anomalía, pero jugar sin público en un pequeño estadio es una anomalía menor que hacerlo en un estadio gigantesco. La mente lo asume mejor que al hacerlo ante enormes extensiones de cemento vacío. 

5. Ni encerronas ni piperos.

Jugar sin público ha podido tener un peso en el factor arbitral. Fuera del Bernabéu, los árbitros han tendido siempre a dejarse influir por el ambiente de linchamiento (con un poco de suerte, solo moral) a los blancos. En el coliseo blanco, los colegiados propenden tradicionalmente a sobreactuar para, precisamente, dejar bien claro que no  se dejan influir por esa masa social en concreto. Todo ello ha quedado neutralizado por el síndrome del estadio vacío.

6. Videoarbitraje y justicia.

El VAR ha sido decisivo. Quien (empezando por la prensa cataculé) ha llamado despectivamente al Real Madrid “el campeón del VAR” cree hacer de menos a la legitimidad del triunfo blanco, ignorando que es la simple constatación de una realidad objetiva y en absoluto vergonzante. Si acaso, debería hacer pensar a quienes han sostenido en la competición, durante lustros, un dominio al que habría ahora que pasar el VAR como la prueba del algodón. El videoarbitraje no ha hecho más que objetivar un reparto de justicia que ha contado con el sonrojante escándalo de muchos que se han destapado, así, como enemigos de la verdad. La herramienta, y sobre todo el uso de la misma, son susceptibles de indudables mejoras que deben ser puestas a discusión. Tantas manos a la cabeza por decisiones acertadas del VAR, en ocasiones corrigiendo un dictamen inicial erróneo de los colegiados, deben hacer reflexionar sobre todo, sin embargo, a los propietarios de las manos. “No, es que son muchas decisiones al límite”. No. Con el VAR no existe el límite, esa es precisamente su ventaja. Posibilita una medición objetiva de muchas cosas, con la justicia (a veces reparadora) que ello trae consigo. Opinaré exactamente lo mismo si algún día las decisiones objetivas del VAR favorecen en la consecución de un campeonato para el Barça. 

7. Think globally, play locally.

“Algo pasó tras la vuelta del parón. Una ilusión especial en los jugadores. Se quedaban horas entrenando al final de los entrenamientos”. Estas palabras de Zidane tras ganar el título revelan el afán casi insensato con el que los jugadores se prepararon, en la soledad de sus confinamientos primero, y en el reencuentro de los entrenamientos después, para ganar esta Liga. Fue una conjura interior, individual primero, que se vio después galvanizada por la puesta en común de ese anhelo. Resulta que todos estaban igual de locos por ganarla, y todos se aplicaron con el mismo ahínco y algo que va más allá del extremo de la profesionalidad. El Madrid, club universal donde los haya, alentó el empeño irrenunciable de llevarse la competición a la luz de su localismo. Madrid, la ciudad, la provincia, habían sufrido como pocos otros lugares en el mundo la lacra del Covid, y se sabía obligado a hacer algo al respecto. Obligado a ayudar. De igual modo que el Club había prestado todo su apoyo financiero y logístico, que es mucho, a la Comunidad en la lucha contra la pandemia, no es aventurado pensar que los jugadores se vieron transidos por una voluntad superior de similar cariz. El Club podía poner dinero, podía prestar su legendario estadio para albergar material sanitario. ¿Y ellos? ¿Qué podían hacer los futbolistas para paliar en lo posible tanto padecimiento? Estaba claro: jugar al fútbol y cumplir con lo que se espera del Real Madrid: ganar. No hizo otra cosa (10 de 10) desde que el desastre abrió entre sus zarpas un hueco para dejar rodar el balón. Produce un escalofrío escribirlo, pero qué le voy a hacer si lo siento así. Esta gente ha jugado por nuestros muertos. Ha ganado por ellos. ¿Cómo no ganar cuando la causa es así de incalculable, así de abrumadora, y si además resulta que eres y te sabes buenísimo?

8. El Zidane anímico.

Volver a escribir sobre la capacidad de Zidane para aglutinar a su alrededor las voluntades de sus subordinados resultaría redundante. Pero sí lo ejemplificaremos: bombas de relojería en potencia como Bale o James, jugadores de fama mundial en situación de práctica marginación, no han generado apenas conflicto, sabedores de la magnitud del crimen que habría supuesto poner palos en las ruedas de una voluntad colectiva tan unánime, la voluntad de ganar la 34.

9. El Zidane táctico.

Aunque algunos se sorprendan o finjan sorpresa, el control táctico de los partidos por parte de Zidane no es cosa que acabe de manifestarse. Es más bien algo que cualquier observador no sesgado debió admitir ya en los primeros meses de desempeño de Zidane al frente del equipo, cuando conquistó para el club la Decimoprimera merced a unas semifinales ante el City y una final ante el Atleti que entran por derecho propio en la relación de los partidos más puramente tácticos que ha jugado el Real Madrid en su historia reciente. “Be Italian”, le reclamaba yo a Zizou en un viejo artículo en El Español. Acabamos de vivir el segundo apogeo de su tacticismo made in Calcio y nos hacemos los encontradizos, pero sólo Capello y Mourinho han ganado en el Madrid moderno con patrones de pizarra tan definidos. Flexibles, nada dogmáticos, pero profundamente trabajados. 

10. El Zidane físico (aka as Dupont).

Zizou y su muy eficiente experto en preparación física han puesto a los jugadores como toros para esta vuelta a la competición tras el parón del Covid. Mientras los demás hacíamos una tabla online para mantener los michelines bajo control en pleno confinamiento, cada uno de estos jugadores se convertía en la quietud de su domicilio en su propio sargento de hierro, y todo con la sola ayuda de un francés que daba consignas al otro lado del zoom. Y todo ello para ganar por la causa. La causa ya comentada. 

(Continuará...