Las mejores firmas madridistas del planeta

XII

Escrito por: José María Faerna5 junio, 2017

Yo ya he visto y ustedes han visto conmigo tantas Copas de Europa blancas como vieron nuestros mayores. Yo estaba tan seguro como siempre de que era nuestra (la Copa de Europa siempre es nuestra), pero estaba más nervioso que nunca. A la final llega el que se lo gana, pero desde la Séptima esta era la primera vez que teníamos a un rival de nuestra talla. Me importa un bledo si me llaman arrogante, pero ustedes saben como yo que ganarle la final a la Juve no es lo mismo que ganársela a la Sampdoria o al Leverkusen o al Valencia o al Atlético. Ganarle la final a la Juve es ganársela a quien la persigue con una convicción parecida a la nuestra, sin desmayar, pese a que se le resiste mucho más que a nosotros; es ganársela a quien ha presentado candidatura en forma, a quien te desafía sin bajar la mirada, a quien ha hecho una temporada rocosa, a quien se planta en tu cocina con un castillo inexpugnable.

Ganarle la final a la Juve es ganársela a alguien que la persigue con una convicción parecida a la nuestra

Por todo eso estaba yo seguro como siempre y nervioso como nunca. La ocasión no era como otras y la gloria en juego mayor. Además íbamos a la batalla con los mismos que volvieron victoriosos de Milán el año pasado. Ayer circularon por los túneles internos de La Galerna Laurence Olivier y Kenneth Brannagh travestidos de Enrique V en Agincourt arengando a sus tropas con las palabras de Shakespeare. Ayer era el día de San Crispín y los nuestros como los soldados de Inglaterra no querían ni uno más para compartir tanta grandeza, ni uno que pudiera romper aquella hermandad de los happy few.

A la altura del descanso entré en una extraña placidez. La segunda parte la recuerdo con una extraña distancia, como la victoria. Los viejos sueños están cumplidos. Por fin la fortaleza es nuestra de nuevo. Me siento como el judío al que le han dado la llave de su casa en Sefarad y al entrar reconoce la posición de cada uno de los muebles y determina quedarse a vivir allí para siempre.