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El madridismo de Winston Churchill

El madridismo de Winston Churchill

Escrito por: Athos Dumas2 enero, 2018
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“Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol, y los partidos de fútbol como si fuesen guerras.” (Winston S. Churchill)

Sin entrar a sopesar sus ideas políticas, la figura de Winston Leonard Spencer Churchill es, a mi juicio, la más importante de todos los hombres de Estado del siglo XX. En estos últimos meses, con estrenos cinematográficos como “Dunkerque” o “Churchill”, ambas cintas interesantes sin ser obras maestras, vuelve a la actualidad una personalidad absolutamente descomunal, controvertida, brillante, astuta, única. Su coraje y su carácter indomable arrastró a todo un país, el Reino Unido, a hacer frente, en su condición de Primer Ministro, al mayor enemigo de la libertad y de la paz mundial, el totalitarismo que representaba la Alemania nazi. Tan solo por eso – nada más y nada menos -, vayan el reconocimiento y el respeto eterno a Sir Winston de parte de todas las mentes amantes de la libertad.

No se trata de hacer aquí un sesudo análisis sobre la biografía de Sir Winston, sino de tratar de relacionar algunas de sus más famosas frases o hechos con el espíritu que dignifica - para mí - ciertos valores innegociables del madridismo. No caeré en la osadía de decir que Churchill era profundamente madridista – aunque sí fue un buen aficionado al fútbol, seguidor del Milwall FC londinense, y asistió muchas veces al mítico derby del sur de Londres entre su equipo y su acérrimo rival, el West Ham United – , pero sí que hay fuertes indicios que demuestran que se pueden encontrar varias conexiones de peso entre Churchill y el Real Madrid.

La primera proviene sin duda del mejor discurso corto – cortísimo - que se ha pronunciado en toda la historia. En octubre de 1941, tras año y medio de guerra, y aun a la espera de que más aliados se uniesen contra el Eje Alemania-Japón-Italia (con la excepción de la Unión Soviética),  en el Harrow School donde él había estudiado de adolescente, pronunció estas 9 palabras, no se puede ser más escueto y más locuaz en ese momento: “Never, ever, ever, ever, give up. Never give up!”  es decir “Jamás, nunca, nunca, nunca, os rindáis. ¡Jamás os rindáis!” A los hechos me remito: el único equipo del mundo, y eso lo saben todos nuestros rivales, grandes y no tan grandes, que jamás da un partido por perdido, aunque esté siendo goleado – lo cual no pasa muy a menudo -, y que jamás hinca la rodilla para pedir pleitesía es el Real Madrid.

Algunas frases históricas de Churchill que ilustran esta relación podrían ser:

“El éxito no es el final, el fracaso no es lo fatal: es el coraje de continuar lo que cuenta.”

“Un pesimista ve dificultades en cada oportunidad; un optimista ve oportunidades en toda dificultad.”

 “El esfuerzo continuo – no la fuerza o la inteligencia – es la llave para abrir nuestro potencial.”

"¿Cuál es nuestro objetivo?" Puedo responder con dos palabras: la victoria, la victoria a toda costa; la victoria por largo y difícil que sea el camino; porque sin la victoria no hay supervivencia".

Apostaría sin duda a que nuestro Zinédine Zidane aplica a menudo estas afirmaciones. Me cuesta encontrar a alguien más optimista que él. Contra viento y tempestades, siempre logra esbozar una sonrisa y extrae lecturas optimistas tras malos resultados, lesiones o contratiempos varios.

Para Churchill, independientemente de sus ambiciones personales, lo más importante era el bien de su país, al que reverenciaba. Y para ello sabía que tenía que contar con el mayor apoyo posible de todos sus conciudadanos, ya fuesen militares, políticos, empresarios, banqueros…y también, por supuesto, con la gente de a pie.

Hay una anécdota prodigiosa sobre esto. En plena guerra contra Hitler, Churchill tuvo también que lidiar con conflictos internos, laborales y sociales. Los mineros, cansados de sus malas condiciones de trabajo y sus escasos beneficios salariales y sociales, se plantearon seriamente abandonar sus puestos de trabajo para enrolarse en las fuerzas armadas, profesión también de riesgo sin duda, pero mucho mejor valorada de cara a la opinión pública y también mejor remunerada. El sector carbonero era vital para la economía británica. Sin carbón, peligraba la suerte de la guerra, no solo por las necesidades militares sino también por las propias necesidades energéticas de cada hogar británico.

Winston Churchill decidió afrontar a los mineros y a sus reivindicaciones y les hizo ver la importancia que tenía su trabajo para lograr el éxito en la guerra. Les hizo ver que, pese a que sus trabajos parecían ser menos visibles  y menos importantes que el de los soldados que salían cada día a poner su vida en peligro, la realidad es que sin su arduo trabajo diari, toda Gran Bretaña podría estar destinada a perder la guerra y, por lo tanto, sus libertades. Se cuenta que de estos hombres duros brotaron lágrimas tras escuchar a Churchill y regresaron a la oscuridad de sus minas con la resolución firme de seguir haciendo su necesaria aportación para mantener la libertad de su país.

Todos cuentan. Cada granito de arena es importante. No olvidemos que, pese a la proliferación últimamente de premios individuales – máximo goleador, mejor cancerbero, mejor gol – el fútbol es ante todo un deporte de equipo. Las siglas de FIFA (Fédération Internationale de Football Association, fundada en 1904) y de UEFA (Union of European Football Associations , fundada en 1954) nos lo recuerdan por si alguien tiene dudas. Deporte de Asociación. El equipo siempre es más importante que las individualidades – y siempre ha de ser así – y el Real Madrid, como club de fútbol más laureado del mundo, siempre ha tenido a gala presumir de equipo y no de suma de individualidades. La célebre política de rotaciones de Zidane es una excelente muestra práctica de aplicación de esta filosofía.

Churchill siempre será un excelente referente para muchos coachs, tanto en el ámbito de la empresa como en el de los grupos deportivos, ya que no hay mayor motivación en un equipo que el que todos sus miembros se sientan parte importante dentro de él. Y el líder que no haya profundizado en este axioma habrá fracasado, y, por lo tanto, no habrá sido líder, tan solo habrá sido un mal dirigente.

Los títulos, su sala de trofeos, avalan la trayectoria de Churchill: amén de sus numerosas condecoraciones civiles y militares, estos son algunos de sus galardones y logros:

  • Primer Lord del Almirantazgo (en las 2 guerras mundiales)
  • Ministro del Interior
  • Ministro de Defensa (Guerra y Aire)
  • Ministro de las Colonias
  • Ministro de Hacienda
  • Primer Ministro (2 veces)

Hay que destacar que, tras haber sido la pieza más fundamental para que su país fuese uno de los vencedores en la II Guerra Mundial, Sir Winston perdió las elecciones en 1945 inesperadamente, pero al cabo del tiempo se levantó de nuevo (Never give up!), y en 1951 (¡a sus 77 años de edad!) volvió a ser nombrado Primer Ministro hasta 1955.

Por si fuese poco, como gran escritor que era, Churchill obtuvo también el Premio Nobel de Literatura en 1953, entre otras cosas por sus magníficos trabajos sobre ambas guerras mundiales. También fue un pintor destacado, y hoy en día algunas de sus obras pictóricas están valoradas en varios cientos de miles de libras esterlinas.

Fue ejemplo de persona polifacética y capaz de adaptarse  siempre a las circunstancias, sin ampararse en axiomas infalibles o en el pensamiento único. Este también puede ser el secreto del éxito de los equipos  en donde predomina el saber adecuarse en todo momento a los partidos o a las plantillas, sin olvidar el objetivo principal, que es – debería ser - siempre la victoria.

Churchill fue tan inmensamente hábil que consiguió transformar una derrota dura como fue la retirada del puerto de Dunkerque en 1940 en el inicio de una gloriosa victoria final.

Por último, reseñemos una frase mítica en la que Churchill se refirió directamente al Real Madrid, lo cual le acerca con méritos propios a su condición de madridista no confeso. O, al menos, de admirador. Cuando le preguntaron qué es lo que los ingleses nunca podrían tener de España, tras un breve intervalo para reflexionar, dijo: “Obviamente, nunca podremos tener el Mediterráneo.” Y añadió: “Hay otra cosa más que nunca podremos tener; y es ese endiablado Real Madrid”.