Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Whatever will be, will be

Whatever will be, will be

Escrito por: Mario De Las Heras22 septiembre, 2016
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

A los expertos futbolísticos de España, que sin duda son todos los españoles menos los que hacemos La Galerna y puede que algunos más, les tienen en alerta las rotaciones de Zidane. El entrenador del Madrid, el buen doctor, casi el poeta, es como el doctor Zhivago cuando regresa a su casa de Moscú y se la encuentra allanada por el pueblo. Allí le esperaban su mujer y su suegro y su hijo, y además un delegado del comité que a partir de ese momento iba a estar continuamente advirtiéndole de que, literalmente, "su actitud no pasaba desapercibida".

Un empate no es una tragedia, aunque sea el Villarreal el que lo propine fiel a la cita, pero ya no faltan la reorganización y la redistribución de ese pueblo experto que ve sospechas de traición a la patria y en el barullo, el desorden, es capaz de robarle a Zizú hasta la balalaika. A Zidane que no le toquen la balalaika, porque algunos, yo al menos, por Zidane matamos.

Instrumentos aparte, como el árbitro, el Villarreal vino a Madrid a mecerse con el viento que era suave, a veces con fuertes ráfagas, pero en general suaves. Nada que ver con la Tramontana que se espera por la que amanecía ahorcado en Cadaqués el hombre aquel del cuento de García Márquez. Es un tiempo caprichoso, nada estable (aunque yo apuesto a que se avecina el anticiclón), en el que yo vi a Bale y Benzema (quien no necesita coger la forma sino la inspiración) y hasta a ¡Danilo!, que tiene unas maneras esplendorosas pero difusas como si estuviese encajonado y buscara desesperadamente el aire de la libertad, crear corrientes e incluso remolinos intercambiándose las funciones.

Kovacic en ocasiones se adelantaba sobre un caballo la pelota, sorteando obstáculos igual que si la yerba estuviera pintada de cuadrados de tiza, y en esos arreones el Madrid luego combinaba con virtuosismo, un virtuosismo deslavazado que acababa deshaciéndose al perder el balón y tomarlo el Villarreal cuya hamaca al moverse hacía un ruido de pueblo abandonado, un sonido de Comala con una rueda de carro elevada girando por la brisa.

La paliza a saques de esquina era sintomática. No pocas veces los púgiles golpean una y otra vez y el rival resiste sobre la lona sin saberse muy bien por qué como si fuera el misterio del teatro por el que al fin todo acaba saliendo bien. Todo tenía buena pinta en los blancos, salvo algunos individuos como Ronaldo, que está al llegar, y el ritmo. Porque el secreto de todo está en el ritmo, que lo tiene el Madrid, y lo tuvo ayer aunque quizá hubiese hecho falta atizarlo como al fuego.

El colmo fue la lesión de Marcelo y un árbitro, como instrumento, que mantuvo a los locales varios minutos sin recambio. Una ofuscación, un error de Varane en la puerta de casa que permitió una oleada invasiva del pueblo: ahí estaba la casa ocupada del doctor Zhivago, y el descacharrante en todos los sentidos Ramos, el albatros con esas alas pudimos llamarle ayer cuando debió mantenerlas plegadas, porque no es la primera vez.

zhivago

Luego el sevillano se redimió, porque su historia es como la de esos hombres que encuentran a Dios, aunque después lo vuelvan a perder. El salto de Ramos es portentoso y su desempeño como cabeceador inigualable, pero si sacamos la calculadora, restamos un gol y sumamos otro el resultado es igual a cero.

Yo no me voy a marear a estas alturas con cálculos, en todo caso con impresiones, y entre estas la del de Camas es como un culebrón amoroso decreciente; todo lo contrario que en James, cuyo partido fueron mil capítulos de Cristal perdiendo la cabeza por su bellísimo pie izquierdo. El pie izquierdo de James es quien piensa en James. Ese pie izquierdo describe parábolas y cura a los leprosos, y todo James Rodríguez es un talento tan precioso que yo, en cuanto saliera del campo, lo cogería en brazos como a una geisha para no estropear sus lirios dorados.

Uno que también los tuvo en su día, los lirios, o los lotos, fue Pato, que salió al campo por Sansone el cual, a su vez, me recordó por consonancia al periodista Sassone, que una vez entrevistó a Jacinto Benavente y éste le hablaba muy mal del comunismo, del que decía algo así como que era la religión del odio, esa a la que el Madrid y ahora su doctor Zhivago están acostumbrados a combatir.

Yo veía disparar a Kroos y pensaba "toma", y luego Kroos disparaba otra vez y una vez más que pensaba yo "toma", como cuando veo a Lucas Quinto es-tirar al equipo con un brío tan emocionante que el pueblo ya le canta al ritmo de Queen. En otros tiempos el pueblo español y madridista ya le hubiera compuesto un pasodoble, entre otras cosas por la forma que tiene de empezar a ganar los partidos que ayer no pudo ser, pero será, será.