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¡Vuelve el arzobispo de Barcelona!

¡Vuelve el arzobispo de Barcelona!

Escrito por: Fred Gwynne21 abril, 2020
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La ceremonia transcurría felizmente. Tenía a Maricielo a mi lado, más guapa que nunca bajo aquel transparente velo blanco, enfundada en un ceñido traje de novia que marcaba sus rotundas caderas, con un escote palabra de honor al que miraba de reojo y que me absorbía como si fuese un Maelstrom anticipando nuestra noche de bodas.

 ¿Se puede ser célibe cinco años y no acabar loco? ¿Se pueden pasar cinco laaaargos años reservando lo mejor de uno mismo para entregárselo a la persona a la que amas? Sí, se puede. Nosotros lo habíamos conseguido, con esfuerzo, sí, con sufrimiento, también, pero allí estábamos Maricielo y yo, orgullosos de nuestra castidad, vírgenes, felices y, por qué no decirlo, con ganas de consumar nuestro matrimonio, después de un lustro de amor y abstinencia, media docena de veces esa misma noche.

Teníamos a doscientos elegantes invitados sentados a nuestras espaldas en la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia y al arzobispo de Barcelona con su mitra preciosa bendiciendo nuestra unión. Nada podía fallar, habíamos planeado nuestra boda con mimo. Estaba deseando escuchar lo de “puedes besar a la novia” …

—Os amaréis en la pobreza y en la pobreza, en la salud y en…

—Arzobispo, perdone, perdone que le corte, es mi primera boda y no tengo yo mucha experiencia, ¿no era en la riqueza y en la pobreza?

—No, ya no, ha cambiado.

—¿Cómo que ha cambiado? ¿Ya no hay riqueza?

—No, eso se terminó, ahora todos somos pobres. El dinero quema nuestras manos como los pecados nuestra conciencia. ¿No es socialmente mucho más solidario que el Real Madrid, en lugar de fichar a Mbappé, utilice ese dinero para erigir media docena de hospitales?

—Eminencia, yo es que llevo unos años buenos, de mucho trabajo y tengo unos ahorrillos…

—Nada, olvídalo, dónalos al arzobispado. ¿Hay algo más cristiano que el trueque? Tú nos donas el dinero y nosotros te damos amor. El Barcelona dona a Rey Manaj al Inter y el Inter nos envía a Lautaro, el PSG nos manda a Neymar y nosotros les regalamos a Umtiti. El trueque es amor, y amor, mucho amor, es lo que necesita la sociedad en estos momentos. Y vosotros también, pillines, que se os nota en la cara…

Reconozco que en Barcelona tienen una habilidad especial para, en función de su situación económica, social o deportiva, decidir lo que es moralmente aceptable para el resto de los equipos.

Llevan un par de semanas intentando justificar que éticamente es igual fichar habiendo solicitado un ERTE, pagado por todos los contribuyentes y con jugadores de esa misma empresa cobrando 30 millones de euros al año, que fichar sin haberse visto obligado a recurrir a él.

Santi Nolla, el director de Mundo Deportivo, es un buen ejemplo de estos nuevos arzobispos de la prensa que deciden, casualmente cuando la deuda del Barcelona está a punto de llevarse por delante al club, lo que es social y moralmente aceptable:

“Hoy y mañana, resultaría indecente que el FC Barcelona pagara 111 millones de euros por Lautaro. O que el Madrid invirtiera algo más por Pogba o Kane o que alguien se volviera loco poniendo encima de la mesa más de 150 por Mbappé. El fútbol y el deporte es, seguramente, el mejor complemento de la sociedad, pero no puede vivir en una burbuja. Ha de estar al lado de la gente y ahora muchas personas sufren y los grandes clubs de fútbol necesitarán reforzarse, seguro, pero deberán hacerlo con una gestión económica responsable y, sobre todo, solidaria con el resto del mundo. El Barça ha decidido que no pagará sumas indecentes en un mercado necesitado de corrección”.

 Todos ya hemos vivido estos momentos y otros muy parecidos en el pasado: lo decente, lo indecente, la cantera, la cartera, el estilo irrenunciable, los atletas, el contraataque, el toque, la posesión, la humildad, la prepotencia, el fichar balones de oro, el buenismo, el més que un club

Nos han dicho cómo teníamos que jugar, a quién teníamos que fichar y cuánto era el dinero que debíamos de gastar. Lo aceptable e inaceptable han ido cambiando de bando en función de sus necesidades. Hoy te acuso de franquista y ayer le otorgo tres medallas oro y brillantes a Franco como agradecimiento por habernos salvado de la quiebra. Hoy te acuso de cartera y mañana me gasto 500 millones en Coutinho, Dembélé y Griezmann. Hoy juego así y mañana asá.

 

—Maricielo, cariño, ¿habíamos elegido brócoli de plato principal para nuestro menú de boda?

—No, lechazo al horno.

—Perdonad, perdonad que me inmiscuya, hijos míos, no os había dicho nada. Me he visto obligado a cambiar vuestro menú de boda por otro del arzobispado más acorde a estos tiempos de veganismo, meditación y solidaridad. Yo sé lo que os conviene.

—Pero, pero, su Excelencia Reverendísima, ¿cómo no nos había dicho nada?

—El trueque, el trueque es amor, no lo olvidéis.

 

Ahora, con un ERTE a cuestas, y con un horizonte sombrío por culpa de una pésima y desastrosa gestión, han dado un nuevo paso hacia la moralidad del momento, la de quita y pon, la que se diluye con el tiempo o se afianza con el banco: hoy es indecente pagar por un jugador, vuelve a ser socialmente inaceptable fichar con dinero. La superioridad moral nos indica que lo aceptable no es pagar, es el trueque.

Vuelven los arzobispos, los hospitales y la solidaridad.

 

Fred Gwynne
Soy un hombre hecho a mí mismo. El problema es que me sobraron algunas piezas. SOL O CONTIGO. Persigo playas.

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