Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
La vida sigue igual

La vida sigue igual

Escrito por: Jorge Garcia Vela6 octubre, 2015
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Muchas veces tengo la desoladora sensación o la certeza de que todas las esmeradas letras que damos a luz se confunden en el tiempo con una línea continua, que todas las voces y argumentos se desvanecen como en un ensordecedor concierto de rock.

Es la dictadura de la inmediatez, que impide y oprime la reflexión, la maduración y el rigor analítico, lo que lleva irremediablemente a la repetición de patrones especialmente infernales, como remedos de Sísifo.

Tras el partido del presupuesto hemos podido comprobar que todo esto que digo se cumple con desquiciante precisión. Nadie vale para el Real Madrid y ayer Benítez, tras soportar los desprecios de parte de su afición nada más llegar, tuvo una nueva ración de despiadadas críticas por empatar en el Calderón un partido que se tenía ganado y del que se perdió el control. Empatamos en el escenario donde la temporada pasada recibimos cuatro.

La locura se apoderó de parte de la afición, que lejos de una crítica analítica y mesurada se entregó a la histeria ventajista cuestionando toda decisión una vez se confirmó el resultado. Es la histeria absurda, la incontinencia critica. Un madridismo que es como Ofelia despechada por la indiferencia de Hamlet, y parece acoger con gozo su dirigirse hacia el abismo cuando el Madrid no le da lo que quiere en la medida y tiempo que quiere…

Y es que se nos llenaba la boca con eso de que “hay que defender al entrenador”, “hay que proteger al equipo de los ataques externos”, “hay que apoyar al equipo hasta el final”… Pero a las primeras de cambio la pregunta es evidente: ¿De la propia afición y su locura quién protege al club?

Nadie vale: ni Pellegrini, ni Ancelotti, ni Mourinho, ni Benítez… Uno no le gusta a este grupo, otro no le gusta a aquel y el de allí no le gusta a ninguno, así que en cuanto hay ocasión nos zambullimos en el prejuicio y… a zurrar.

Esto es sangrante con muchos de los que se decían mourinhistas, que olvidaron estos valores con la salida del portugués, con lo que su posicionamiento se descubrió impostado, falso. Mourinho abogada por el blindaje del club, por apoyar al entrenador y la plantilla hasta el final e ir todos a una… Una radiografía del madridismo, ¿eh?

Hasta anteayer prescindir de la BBC y jugar con Kroos de interior era la panacea para todos los errores, así como las rotaciones, dando descanso a jugadores como el propio alemán para que su rendimiento no decayera… Esto era hasta anteayer, porque ayer la clave del partido fue que se cambió a Benzema (que marcó el gol y destacó en la primera parte especialmente), pero poca incidencia tendría ese cambio en un error en la salida del balón que cuesta el empate o en el hecho de que no se llegara a puerta durante todo el partido (con la excepción del gol). El domingo jugó Kroos de interior, que ha descansado en varios partidos, y se prescindió de la BBC en la parte decisiva del encuentro, pero como el resultado no fue de victoria, la clave la tenemos en el cambio de Benzema y en el “no cambio” de Cristiano… Las claves de hace bien poco ya no sirven.

Noticia-63063-va_21

No hay manera de que cale que los errores o las causas de un mal funcionamiento dentro de un equipo suelen estar vinculados a motivos más profundos y complejos, si es que los hay. Claro, ahora todo el mundo tiene altavoz para manifestar lo que quiera en el tono que quiera, y eso es mucha gente y mucho ruido.

No me está convenciendo el Madrid particularmente. Se muestra irregular en todos los partidos. Pero soy consciente de que queda bastante para que alcance su mejor versión, y sé que hay mucho margen de mejora para que los nuevos planteamientos se afiancen y maduren. Por supuesto no me van a encontrar en ningún aquelarre ni en la amargura melancólica o demente de una heroína de Tennessee Williams, esa que embarga a buena parte de la afición en cada contratiempo. No.

El derbi del domingo tuvo muchas similitudes con el sobrevalorado encuentro de San Mamés. El de Bilbao fue más abierto, con más llegadas y ocasiones por las dos partes, pero con una segunda mitad peor que la primera, lo que nos llevó a recibir un gol que suponía el empate. En Bilbao, afortunadamente, marcamos el 1-2 en la jugada siguiente, como quien dice, pero aquí no hubo esa reacción.

Una primera parte bien jugada, dominada por completo, con una circulación de balón muy fluida y una continua sensación de peligro que, desgraciadamente, no se consolidó en ocasiones claras, la esencia de este deporte. Una primera parte donde todo presagiaba una victoria cómoda y donde el mejor del Atlético fue un Sergio Ramos que se esmeró en regalar un gol al rival, sin fortuna, gracias a Dios y a Navas.

Tras el gol reculamos, algo que no está mal planteado, pero este equipo no termina de llevar el control de los partidos de esta forma, por lo que recibe ocasiones y le da alas al rival. Perdimos el control.

En la segunda todo cambió y el Atlético fue superior, por simple empuje. No duraba el balón, la imprecisión fue regla general y la posición en el campo del equipo se retrasó, beneficiando las acometidas atléticas sin respuesta al contragolpe.

No fue excesivo el sufrimiento, y sólo otro error individual, de Arbeloa en la salida de balón, posibilitó el contraataque atlético que culminó en el empate. Un segundo tiempo donde el Real Madrid parece pecar de cierta prepotencia, de exceso de suficiencia, una actitud poco estimulante.

Es obligado destacar a Casemiro, que el domingo jugó de “5”. El brasileño se marcó un auténtico partidazo, que si lo hace alguien de otro equipo, un Arturo Vidal, por ejemplo, muchos madridistas estarían pidiendo su fichaje aunque fuera por 70 kilos… No sólo destacó en la destrucción, también en la salida de balón, con algunos desplazamientos diagonales en largo excepcionales, para nuestro deleite.

Uno de los mejores jugadores madridistas del partido fue Carvajal, que además dio la asistencia de gol. Su lesión sí resultó clave en el devenir del partido. El lateral derecho se incorporaba al ataque en cada jugada y generaba superioridad en medio campo con su presencia, facilitando así la salida de balón (se está inflando a centros esta temporada). Con su lesión se perdió esa superioridad y vía de salida y el equipo lo acusó al no poder Arbeloa aportar lo mismo.

El otro gran destacado del equipo fue Navas, que sigue en estado de gracia y salvó el resultado, parando un penalti incluso. Benzema y la primera parte de Modric, e incluso Kroos, también merecen reconocimiento.

En la parte negativa tenemos a un Cristiano Ronaldo que no apareció, aunque en la segunda mitad no se creó juego alguno y tan sólo tuvimos una ocasión reseñable durante todo el partido, la del gol; e Isco, que cada día confirma los peores presagios hacia su fútbol. Isco es un jugador de detalles que progresó mucho el año pasado, pero este parece estancado y sumergido en sus peores vicios (ralentización del juego, intermitencia, falta de determinación…)

Simeone, al menos, estará contento. Su modesto equipo de paupérrimo presupuesto (presupuesto que tan solo le permite fichar tanto como Madrid y Barcelona juntos este año), logró sacar un empate a base de casta y un árbitro que estuvo lastimoso (lo de las tarjetas fue deplorable). Se ve que la consigna según la cual debía beneficiar al Madrid por sólo haber ganado una Liga en siete años la malinterpretó el colegiado navarro, Undiano Mallenco.

En definitiva, volvimos a desaprovechar un pinchazo del Barcelona, esas cosas de las que te acuerdas al final de temporada.

A pesar de los dos empates consecutivos en Liga, estamos segundos y por delante de nuestros principales rivales (empatados con los culés). La cosa no parece para tanto ni tan grave, pero, desgraciadamente, muchos prefieren regodearse en el apocalipsis e intentar vaticinar el desastre -no cuestionaré las aficiones de cada uno-, a pesar de que para eso haya tiempo y, seguro, muchos otros momentos y circunstancias más adecuadas que lo permitan con fruición (por ejemplo cuando se esté muy lejos del liderato o se haya perdido algún título), pero se ve que en el Real Madrid hay una parte de la afición emparentada con la de los culés o atléticos, de los cuales no reíamos: se deleitan en el fatalismo y el lloriqueo.

Prefiero apostar por la tradicional mentalidad madridista, ese optimismo esencial y vital que lleva a pensar que todo es posible en toda circunstancia porque lo hemos vivido muchas veces… Además, ahora es fácil: esto acaba de empezar.

Jorge Garcia Vela
Definirme es limitarme, y yo no tengo límites. Tuiteramente conocido como @mrsambo92, escribo también sobre cine y música en cinemelodic.blogspot.com