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El viacrucis rectal del madridismo

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

El viacrucis rectal del madridismo

Escrito por: La Galerna29 febrero, 2016
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Buenos días. Ya no caben más giros sarcásticos e hirientes del Destino, y sin embargo seguro que caben. Parafraseando al gran Alfredo Bryce Echenique en aquel capítulo de Martín Romaña en que su héroe sufría unas incapacitantes hemorroides, esto es para el madridismo un auténtico viacrucis rectal. El triple ganador e inconcebible de Llull nos sirve de ligero lenitivo, pero todo lo que tiene que ver con el fútbol continúa siendo una tortura china cuyo final no se atisba en el calendario. Sabemos que hay muchos de vosotros que entran en esta página en busca de palabras de consuelo y ánimo. Las ofrecemos en la medida en que nos reste la menor capacidad para dar confort a nuestros correligionarios, pero hoy, la verdad, no es el caso, y pensamos honestamente que nos hemos ganado un minuto de desfallecimiento para compartir con vosotros. Al fin y al cabo, llorar juntos reconforta también, o eso aseguran los profetas de la inteligencia emocional.

Son días tan aciagos, son días tan de mierda que hasta aquellas cosas que siempre nos gustaron se vuelven hoy en nuestra contra, inopinadamente, arteramente, como ese escorpión que mordía a Kirk Douglas al final de aquella película de Mankiewicz cuando metía la mano en el agujero desértico donde había ocultado el botín. Metemos la mano en el hoyo cinéfilo de nuestro consuelo a través de las gratas noticias de los Óscar, y nos pica por sorpresa un bicho que nos inocula un veneno devastador. En La Galerna (lo tenemos muy hablado en el pueblo) siempre hemos sido muy de Di Caprio, y hasta esto se tiene que volver en contra nuestra.

mundodeportivo.750 (54)Una cosa: si este señor se llama Lionel, ¿por qué le llaman Leo? ¿No debería ser Lío? ¿Acaso se trata de evitar con este subterfugio el que nos acordemos de inmediato de sus tenebrosos líos con la Hacienda Pública? El hecho es que le llaman Leo, y a través de ese vocativo se nos muere un poco Leo, el de verdad, o sea, Di Caprio, que después de sobrevivir al ataque de un oso y al despeñe a caballo limpio por el precipicio aquel fallece al fin entre los dientes de esta coincidencia incomprensible y monstruosa. Los únicos leos que La Galerna reconoce son Di Caprio y Da Vinci. Lío, a tus líos.

Eso no es nada. La mujer de Piqué se llama igual que la de Michael Caine. Os lo advertimos para que no os pille desprevenidos. Nuevamente, las palabras de Fernando Hierro a Gracia Redondo cuando le expulsó en Anoeta resuenan desde los 90 con estremecedor eco profético.

marca.750 (54)Marca tampoco sabe ya cómo jodernos, pero por si acaso intenta nuevas fórmulas. El NO, al fin y a la postre, ya lo tiene. Un polvorín dice que somos, y a lo mejor tiene razón. En estos días invivibles que nos tocan hay que dar la razón a la prensa como se la daríamos a un niño que nos recuerda "Te lo dije" tras hacer PUM el globo que, después de anunciar lo que iba a suceder, pincha con su propio alfiler. No es que tuvierais razón, caterva de buitres leonados (y no nos referimos aquí -o no en exclusividad-) a Marca. Es que, a base de hacer el ambiente irrespirable, contribuís decisivamente al cumplimiento de vuestros malos augurios. No enteramente, claro, porque hay otros culpables cuyas responsabilidades hay que dilucidar, pero en gran parte es una profecía autocumplida de manual.

as borja mayoral

sport.750 (56)Por su parte, As y Sport ofrecen la nota surrealista del día. El surrealismo puede ser risueño o inquietante, pero combina pésimamente con la tragedia. Mientras Ouija Daily rompe la baraja con la primicia apabullante de la presencia de Borja Mayoral en la grada del Parla-Puerta Bonita (a qué viene esto es algo que se nos escapa, pero nosotros a estas alturas ya lo ignoramos todo), y se guarda para su edición de mañana la noticia según la cual el canterano había desayunado una hora antes cola-cao y corn flakes, Sport ensaya lo que suponemos es una mala broma sobre las censuras que ha recibido Messi a resultas del penalti genial (?) contra el Celta. La broma, decimos, les sale mal, sobre todo porque esas censuras, salvo por La Galerna y dos señores de Ciudad Real, fueron inexistentes.

Lo de menos hoy (y en realidad siempre, lo que vuelve a situar esta sección al borde mismo de un precipicio conceptual que ríete tú del de Di Caprio) es lo que dice la prensa. Lo de más es constatar que idolatr(áb)amos a un grupo de jugadores empeñados en dar la razón (aunque no la tengan) a la más sarnosa versión de sus odiadores en prensa y Twitter mientras medios como La Galerna (hay otros) tienen que meterse por vía rectal -pese al viacrucis- el approach positivo que los caracteriza. Lo peor de todo esto (con ser horrible) no es cuánto sufre tanto madridista ejemplar, sino cuánto se siente reafirmado tanto pájaro de mal agüero y adalid del catastrofismo afín y desafín al club. Nosotros pens(áb)amos que es preferible apostar por la recuperación de jugadores objetivamente extraordinarios que hacerlo por su deportación, pero ya no sabemos si dar la razón a los sombríos funcionarios de migración que blanden el matasellos desde la primera patada al aire. Y esto es lo que más nos duele, sin que la duda nos incline en lo más mínimo al afecto por dichos funcionarios, adalides asimismo de la profecía autocumpida.

Por nuestra parte, nos quedamos con algunas de las dolorosas opiniones de Juanma Rodríguez, no sólo en lo relativo al clamoroso penalti cometido por Gabi, del que tanto se hablaría de haber sido en sentido contrario, sino en sus comentarios sobre Mourinho también. Deseamos toda la suerte del mundo a Zidane, que ojalá sea capaz de lograr esa Champions salvífica que ahora mismo se antoja tan utópica. Al mismo tiempo, irremediablemente, nos preguntamos si no sería conveniente interesarse por saber si en Manchester está ya todo atado y bien atado. De estarlo, eso sí, y salvo hecatombe en lo que resta, la apuesta por Zidane debe prevalecer.

Y nada más. Feliz viacrucis, amigos. Mañana quizá seamos capaces de alegraros.