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Veraneos futboleros en los años 70

Veraneos futboleros en los años 70

Escrito por: Athos Dumas18 junio, 2020
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Recuerdo bien aquellos veraneos de infancia, allá por los años 70, tan diferentes en cuanto a actividad futbolera a los de este siglo XXI.

Nuestra familia – muy numerosa – solía pasar unos días cerca del mar, ya bien fuera en el Norte – País Vasco francés – o en Levante, pero la mayor parte del veraneo transcurría en localidades serranas cerca de Madrid. Muchas veces en el pueblo de Las Navas del Marqués, provincia de Ávila, con noches a temperaturas relativamente bajas – durmiendo con pijama y manta zamorana – mientras mi padre tenía que seguir trabajando en Madrid en julio con muchos días a más de 40 grados de temperatura.

Los días pasaban entre jugar al fútbol en las praderas, darse un chapuzón en el río Cofio, escalar enormes pedruscos planos en el Risco de Las Navas, o montar en bicicleta por la ruta de las Atalayas o por la Ciudad Ducal. No teníamos televisión, la única que había estaba en la casa de Madrid y no era cuestión de llevarla de acá para allá, aparte de ser un armatoste casi más ancho que largo.

¿Cómo hacer entonces para seguir la pretemporada de nuestro equipo favorito? Para comprar la prensa deportiva había que ir hasta el kiosko del pueblo, y suponía un largo paseo. Los jueves, sí, por supuesto, era el día en que salían a la venta todos los tebeos infantiles, de periodicidad semanal: Pulgarcito, Tío Vivo, Din Dan, DDT, Lily - para mis hermanas -, todos ellos de la Editorial Bruguera, algunas veces también Jabato Color o El Corsario de Hierro. Los jueves por lo tanto convencíamos a mi madre para ir en tropel hasta el kiosko y hacer buen acopio de tebeos, además de comprar el Marca y el As. Poca lectura futbolera pues, aunque los fines de semana mi padre compraba ambos diarios deportivos también.

De vez en cuando, por las noches escuchábamos en una chicharra “Radiogaceta de los deportes” a la hora de cenar, con Juan Manuel Gozalo de presentador, pero es cierto que en julio había poca actividad sobre fútbol, y las noticias se centraban sobre todo en el Tour de Francia, con las batallas que daban Luis Ocaña y el Tarangu Fuente al caníbal Eddy Merckx por los puertos pirenaicos. Así que de los fichajes del Madrid sabíamos bien poco. Tampoco había presentaciones multitudinarias como hoy en día, ya que solían ser a puerta cerrada y sólo para la prensa.

La mejor forma de enterarse de todo era comprar el calendario Dinámico, de la editorial zaragozana Tomás Tocino e Hijos, que era una especie de biblia del fútbol en formato liliputiense (debía ser un librito de 10 * 12 centímetros como mucho) en el que había infinidad de datos sobre la temporada anterior de liga, tarjetas amarillas y rojas, cambios, goleadores, alineaciones, además de unos códigos que ríanse ustedes de la máquina alemana Enigma de la 2ª Guerra Mundial, y que servían para descifrar datos como asistencia a los estadios, temperatura a la hora del partido, actuación del árbitro y ¡hasta si el equipo local había sido recibido con ovación, con silencio o con una pitada! Además, por supuesto, incluía un completísimo calendario para la temporada siguiente, con fichas de los jugadores, estadios y equipos.

Para convencer a mi padre de que me comprara el Anuario Dinámico, que costaba un dineral – 25 pesetas de 1972 cuando el Marca costaba apenas 5 – había que haberse portado muy bien buena parte del verano, además de tener que ayudar en las tareas del hogar. Pero una vez conseguido, uno ya no podía soltar el Dinámico hasta septiembre o quizás hasta el verano siguiente, tal era la cantidad de información que aportaba sobre todos los clubs de Primera y de Segunda División, un torrente de estadísticas que sería capaz de saciar al mismísimo Alberto Cosín, genio de los datos donde los haya (ni Maldinis ni Pedritos Números, háganme caso).

Recuerdo que, en una ocasión, mi padre nos llevó a dos de mis hermanos y a mí hasta el puerto de Navacerrada, al célebre hotel Arcipreste de Hita, donde por aquel entonces se concentraba el Real Madrid al regreso de las vacaciones de los jugadores. No eran por supuesto épocas de pretemporadas en China ni en Canadá, ni siquiera aún en Suiza o en Austria. Algunos años después recuerdo que el Madrid estuvo en la provincia de Orense, en el pueblo de Cabeza de Manzaneda.

Debido a que mi padre conocía a Raimundo Saporta por haberle dado clase en el Liceo Francés, nos dejaron pasar unos momentos a un salón donde los jugadores descansaban tras haber almorzado en el hotel. Hoy en día nos habríamos hecho sin duda selfies y numerosas fotos con los móviles, pero las cámaras fot