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Undiano, qué jugador

Undiano, qué jugador

Escrito por: Mario De Las Heras15 mayo, 2017
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La alineación de Zizú es para que vuelvan con el tabarrón del equipo A y del equipo B. La próxima vez yo les diría que voy a sacar a Fénix y a Murdock de titulares, a ver qué dicen. Escribir mientras se oye Master Chef y la tertulia surgida alrededor abocado a una total ausencia de recogimiento me obliga a acortar mi versión del asunto en el Bernabéu. ¿Cómo puede uno mantener la tensión narrativa mientras escucha a ese cocinero vasco con voz de Mefistófeles y cutis de cantor de Escolanía?

Ese hombre es un ser híbrido mitológico, como el minotauro, como un centauro, como Undiano Mallenco, mitad árbitro, mitad jugador (ayer) del Sevilla. Aunque para mitología la de Nacho, ese futbolista una quinta parte central, un quinto lateral, un quinto mediocentro, un quinto delantero y un quinto capitán. En el minuto nueve es el único ser (mitológico o no) que ve el hueco a balón parado en la frontal.

Es un gol que vislumbra él, ejecuta él y celebra él antes que nadie mientras el resto del Real Madrid y el Bernabéu se pregunta por qué no le han avisado. Se me viene a la mente el tal Cristóbal Soria como Medusa y Nacho corriendo con su cabeza de serpientes en la mano.

Zidane es la misma imagen de la bondad celebrando en el banquillo esa maravilla imprevista, la bondad con la mirada despierta, el ojo felino de Daniel Day Lewis dentro de un pozo de ambición. No cabe mayor dicha. Yo le imagino anciano en ese mismo lugar. Un Zidane septuagenario (como uno mismo) ganador de, por ejemplo, veinte Ligas y quince Copas de Europa. Un anciano venerable, el mayor mito viviente del fútbol aún en activo sentado allí como Al Pacino en el Castello degli Schiavi.

Con un centro del campo culebreante, como Kovacic, el Sevilla va poco a poco imponiéndose, siempre entre contra y contra del Madrid. Jovetic casi marca por dos veces seguidas con Keylor perfectamente colocado. Y ese casi, ese desempeño electrizante del costarricense es lo que necesitan sus compañeros para recordar por qué están allí.

Roba Asensio en el medio campo y recoge Cristiano (¡en el medio campo!) que se la deja otra vez a Asensio. Al mallorquín le para la defensa. La pelota rebota y la toma James que ya está en el área. Vuelve a rechazar la defensa pero el ataque es mortal, como el de una manada de leones. Cristiano ha venido acompañando esta jugada con una inteligencia deslumbrante. Sabe donde va a quedar ese último rechace. Es un gol de depredador y entre sus fauces se debate Sampaoli.


A partir de ese momento Undiano Mallenco, el híbrido mitológico, empieza a hacerse notar de maneras asombrosas. La primera es una falta de Kroos tan mitológica como él mismo. La segunda es Krohn Dehli derribando al notable Danilo a media altura y saliendo de todo ello sin castigo. La camiseta rota de Cristiano es otro mito como Keylor. Keylor y su larguero marca Nimbus dos mil.

Kovacic en pleno ejercicio gimnástico. Kovacic podría ser una gimnasta de las antiguas del Este. Le pitan falta por caerse de la barra. Undiano. Luego Danilo recibe una amarilla por acercarse a unos centímetros, literalmente, a un sevillista. Undiano, qué jugador. Está imparable en ese momento. Pero Keylor sigue diciéndole "no" a Jovetic. Y ya van tres veces o cuatro.

En la segunda parte marca al fin el Sevilla. Jovetic, claro. Undiano saca el puño por lo bajinis. Yo lo veo. Y no se conforma. Un contraataque del Madrid lo desbarata Vitolo sacándole la pelota a James que intenta recargar. No se qué habla Raúl, aquel que fue nuestro Raúl (y que da miedo que vuelva a serlo y perturbe toda esta armonía), de la confianza del colombiano. Todo en Raúl me parece de un antimadridismo galopante. Me toco la frente, me tomo el pulso. No parezco enfermo.

Otra vez Undiano hace una gran jugada: amarilla para Morata por levantarse el flequillo. Qué partidazo está haciendo el híbrido mitológico. Es un escándalo aunque, por lo visto, para escándalo lo que está sucediendo al mismo tiempo en Las Palmas. Se me olvidan un poco los escándalos con la sustitución de James. James se despide del Bernabéu. Está sucediendo y yo me acuerdo de aquel Oliver Atom de la primera temporada.

Casemiro esta en el campo. Y también Lucas Quinto en lugar de Morata. Por los arreones de Lucas se vuelca el Madrid, que encuentra el equilibrio definitivo con la entrada de Modric, que está incluso mejor que Undiano. Como Ronaldo, que está mejor que nunca. Fresco y sabio y juvenil. Su gol en el setenta y siete es un prodigio de juventud, es la pubertad explotándole en la escuadra a Sergio Rico mientras Sampaoli cuelga ya inerte de las mandíbulas del ídolo.

Undiano se rebela y le saca la amarilla a Nacho por existir. Qué árbijugadorazo. Y dos minutos después es Lucas el amonestado por rascarse la mejilla. Tarjetas mayores. No le quedan tarjetas a Undiano. El Madrid no se arredra y sigue jugando al fútbol de maravilla. El gol de Kroos con el exterior en el ochenta y tres es otra vuelta de tuerca. Asensio habilitando a Nacho que corre por la banda y centra con precisión. Momentos mágicos tras el cuatro a uno y tres partidos para una gloria para la que no sé si están elegidos pero para la que sí sé que tienen, como tituló Tom Wolfe aquella historia: Lo que hay que tener.