Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
Trevor Miles, Dignidad

Trevor Miles, Dignidad

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares13 diciembre, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Johnny Peaklan tenía el pelo como un pollo asado sin grill. Lo primero que deslumbraba de él era su aliento y, si no tenías suficiente, el fogonazo de su arma. Estaba sentado al final de la barra del bar de Lou, con cara de estúpido y olor a jueves húmedo sin orear. Tenía la mirada sumergida en una jarra de cerveza, como si intentase explotar las burbujas de gas con la vista. La última vez que supe de él fue cuando le condenaron a prisión. Una noche entró a robar a un apartamento, le habían dado un chivatazo. Cuando salía con el botín sin que el inquilino ni siquiera se hubiese despertado, le pegó tres tiros en la sien mientras dormía. El inquilino resultó ser un teniente de policía. Cuando el juez le preguntó que por qué le había matado, si ya había conseguido lo que buscaba y la víctima estaba durmiendo, Johnny Peaklan le contestó: «¿y qué quería, que le despertara? ».

—Lou, tienes que desmalezar el bar.

—¿Lo dices por Johnny Peaklan, Trevor?

—Sí.

—Acaba de salir de la cárcel.

—Entonces hay que tener mal gusto para venir aquí.

—Gracias, Trevor.

—Ya sabes, Lou, las adicciones aumentan la sociabilidad porque se toleran situaciones que no se aguantarían si no se ansiase la recompensa.

—Oh, cuán cortés eres, querido Trevor. Casi tanto como Luka Modrić.

—Luka muestra que es posible una senectud futbolística digna, con bondad y con el egoísmo justo y necesario.

—No soy amigo de las cursilerías, Trevor, pero el gesto que entregar el Balón de Oro a Messi implica un talante a la altura de su talento.

—Lou, como hagas otro juego de palabras como ese te arrojo a la cabeza las almendras alicatadas que me has servido con la copa.

—Son peladillas.

—Me es igual.

—Calma, Trevor, hace un momento presumías de sociabilidad.

—Era irónico, pero está bien, Lou, prosigo con Modrić. Es un jugador excepcional con una normalidad inusual en el mundo excesivo del fútbol. En ataque, es el cerebelo del equipo; procesa la información que recibe y realiza movimientos coordinados y suaves en el momento preciso. En defensa, es un anticuerpo inclemente que persigue por delante al contrario.

—Fuera del campo raya a la misma altura, Trevor.

—Por desgracia, no puedo contradecirte, Lou. Es una excepción, tiene la capacidad de darse cuenta de que su rendimiento físico ha comenzado a decrecer, el valor de aceptarlo sin aspavientos y la inteligencia de saber que la mejor opción para él y para el equipo es asumir su papel y disfrutarlo. Se le ve feliz.

—Desde luego, ningún balón de oro que de un año a otro cede el trofeo y la titularidad en su equipo había mostrado la educación de Luka en la pasada Gala. Tampoco existe ningún interior que le pegue tan bien con el exterior.

—Te lo advertí, Lou, toma almendrazo alicatado. Además, Cunningham y Juanito también manejaban bien el golpeo con el exterior, aunque es cierto que no eran interiores; Cunningham era delantero y Juanito de la costa de Málaga.

—¡Trevor, para o no te sirvo más!

—Vale, vale. Como te iba diciendo, a menudo, Lou, las grandes estrellas son un derroche de ego grotesco que la sociedad ha normalizado sin sentir vergüenza ajena. Luka Modrić parece inmune a esta plaga, tiene la sobriedad y la madurez de otra época.

—Ya lo predijo nuestro amigo portugués, acertó de pleno con lo que sería Modrić en el Real Madrid.

—Así es, Trevor. Por favor, sírveme otra copa mientras saco del bar a Johnny Peaklan de un puntapié con el exterior.

1-Resurrección.

2-La esperanza de un madridista perdedor.

3-El diámetro noruego.

4-Bendito aplazamiento

5-Dignidad

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *