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Senderos de Gloria

Senderos de Gloria

Escrito por: Mario De Las Heras4 junio, 2020
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Estaba imaginando al futbolista que vuelve ya pronto a los campos y pienso en la figura del toreo que tuviese que volver a colarse en las fincas para torear desnudo a la luz de la luna. Pienso en el silencio al saltar al césped casi como un maletilla, como en busca de una oportunidad a estas alturas.

Está la infancia en este “volver, con la frente marchita... sentir que es un soplo la vida...” para volver y volver a escuchar el fútbol. El chut. El sonido seco del chut como un pistoletazo de salida tras el que encontrarse en el patio de un colegio sin nadie que te mire. Cómo si sólo te mirases, se mirasen, ellos.

Escuché el otro día a Toni Kroos y sentí como si quisiera expresarse en este sentido al hablar del regreso al tajo que nunca fue más tajo con tantos partidos seguidos, con tanta exigencia física, en loor de estrecheces. Esta competición a once partidos va a ser un fútbol de currantes, un fútbol de posguerra sin el brillo de las multitudes.

Nunca pensamos que el gentío y el bullicio pudieran lustrar tanto, pero su ausencia nos ha devuelto (y nos devolverá) sentidos olvidados, recuerdos escondidos e incluso penurias ocultas. El eco esencial del fútbol en el que están el chut y los gritos, los quejidos, las instrucciones.

Sonidos callejeros de patio de colegio, que es donde nace el fútbol y luego va creciendo y haciéndose mayor y enseñoreándose y finalmente profesionalizándose para los elegidos. El fútbol va a empezar de nuevo casi desprofesionalizándose, desenseñoreándose, haciéndose más pequeño hasta parecer un niño.

Imagínese usted de vuelta al colegio en medio de la distopía romántica que se afrontaría con una mezcla de estupor, de emoción y de reto. Así vi yo a Toni. Lo nunca visto. Es la superación del fútbol como remedo de la guerra. Futbolistas en guerra durmiendo en las trincheras. Cantando canciones de amor en las concentraciones a la espera de la próxima e inminente batalla.

“¿Cuántos caerán esta vez?”, será un pensamiento recurrente, quizá en la encomienda a la amada. “¿Quiénes vencerán?” Y el estado de guerra será un aliciente para espectadores (televisivos) y para los soldados, que quizá lleguen a salir vendados, rotos, imbuidos de un espíritu primigenio, nada moderno. Atávico y germinal.

Va a ser otro fútbol donde quizá nadie finja, donde quizá se olviden toda clase de tácticas espurias para luchar en el campo sin más armas que la cabeza y las piernas, y en eso habremos ganado, aunque ahora nos hagamos preguntas como, por ejemplo: ¿Qué será del Barcelona en ese escenario cuerpo a cuerpo?

¿Será como un actor de cine mudo incapaz de incorporarse al cine sonoro con el éxito pretérito? Va a ser una prueba para todos los equipos. Quizá la prueba más dura de las carreras de estos futbolistas, pero quizá podamos ver así de qué madera están hechos, si de la de los Milli Vanilli o de la de los toreros en ciernes, esos chicos que daban más importancia a su única camisa que a su única vida.

 

Fotografías Getty Images.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.