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Tom Petty: se fue un Galáctico

Tom Petty: se fue un Galáctico

Escrito por: Athos Dumas6 octubre, 2017
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The Traveling Wilburys fue la banda galáctica por excelencia entre 1988-1990. Galáctica porque todos y cada uno de sus miembros eran estrellas de la música rock en aquellos momentos: George Harrison (The Beatles), cuyo madridismo ya se probó en este artículo, Bob Dylan, Roy Orbison, Jeff Lynne (líder y fundador de la Electric Light Orchestra) y Tom Petty. Precisamente, el gran Tom, líder de su banda Tom Petty and the Heartbreakers, nos dejó esta misma semana, al no superar un infarto de miocardio a sus 66 años de edad en su residencia de Santa Mónica, en California.

Esta prodigiosa banda fue capaz de grabar un disco absolutamente antológico e imprescindible para todos los amantes del Rock (Traveling Wilburys  Vol.1). Se juntaron como se junta un grupo de amigos para tocar en casa de uno, a otro se le había olvidado su guitarra en esa casa la semana anterior, otro llegó para compartir unas cervezas y así, sucesivamente, crearon un LP que fue nada menos que triple disco de platino en Estados Unidos y todo un éxito mundial. Supuestamente se trataba la banda de los hijos de Charles Truscott Wilbury Sr.: George era Nelson Wilbury, Dylan era Lucky, Orbison se hacía llamar Lefty, Lynne era Otis y finalmente Petty era Charles T. Wilbury Jr. Este álbum tiene obras maestras como Handle with care, End of the line, Heading for the light o Dirty world.

Su segundo y último disco (Traveling Wilburys Vol.3 -el volumen 2 no existe-) fue un homenaje a Roy Orbison, que había fallecido nada más publicarse el Vol.1. .No logró tanto éxito como su predecesor, pero nos dejó para el recuerdo piezas excelentes como Inside out o The Devil’s been busy (compuesta por Petty) y en la que los 4 Wilburys supervivientes cambiaron de seudónimos: Spike (George Harrison), Clayton (Jeff Lynne), Muddy (Tom Petty) y Boo (Bob Dylan).

Una super-banda en el Rock no es nada habitual, a no ser que se junten excepcionalmente para un macro-concierto benéfico (por ejemplo en el mítico Live Aid en 1985, simultáneamente en Londres y en Filadelfia) o para un homenaje a un compañero desaparecido (como el célebre Concert for George en el Royal Albert Hall de Londres en 2002). Una alineación Petty-Dylan-Orbison-Lynne-Harrison en su momento fue, salvando las distancias, un hecho excepcional; como lo fue que en 2004 se juntaran al mismo tiempo en el Real Madrid Figo-Zidane-Ronaldo Nazario-Beckham-Owen. Algo único. Inédito. Fabuloso. Excepcional. Y, en su momento, un maravilloso regalo que muchos recordamos, como la primera vez que alguien contempla por dentro el estadio Santiago Bernabéu, por ejemplo, o su sala de preciados trofeos.

Quizás Tom Petty fuera el menos galáctico (junto con su íntimo amigo Jeff Lynne) de todos ellos, pero indudablemente era un grande. 80 millones de discos no los vende cualquiera. Pasará a la historia (ya está, de hecho, en ella, con méritos más que notorios) de la música Rock sobre todo como un gran profesional, un buen solista, y a la vez un personaje carismático y siempre solidario. Como músico no era un 10 quizás, pero siempre cumplía (en sus discos y en sus actuaciones en directo) mínimo con un 8.

Tras una infancia muy difícil en su Florida natal, acabó triunfando en la Costa Oeste, en California. Con 26 años de edad, creó su banda Tom Petty & The Heartbreakers, entre otros junto a su fiel amigo el también guitarrista Mike Campbell. 13 álbumes en total (el último en 2014, Hypnotic Eye), y una trayectoria, con altibajos, de más de 40 años, con joyas como Damn the torpedoes (1979). También grabó 3 discos en solitario entre ellos el fabuloso Full Moon Fever en 1989, con colaboraciones de George Harrison y de Jeff Lynne, y con hits como I won´t back down o Free fallin’. Siempre quedarán para el recuerdo canciones suyas tan emblemáticas y excelentes como American Girl, Breakdown, Mary Jane’s last dance o I need to know.

En sus vitrinas lucen varios premios Grammy (ganados con su banda y también con los Wilburys), y en 2002 entró a formar parte del prestigioso Rock and Roll Hall of Fame. Obviamente también tiene su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Con Tom se va uno de los grandes, un amigo de todos (Ringo Starr o Paul McCartney entre ellos), polifacético (incluso hizo un cameo en la película de Kevin Costner El mensajero del futuro), y siempre dispuesto a echar una mano a organizaciones benéficas como Unicef o participar en conciertos contra el peligro de las centrales nucleares (No Nukes Concerts). Se recuerda con mucho cariño sus intervenciones en el Concierto del 30º aniversario de Bob Dylan (interpretando Rainy Day Women 12&35 o la fabulosa My back pages con el propio Dylan, Roger McGuire, Eric Clapton, Neil Young y George Harrison – en otra mini pachanga Galáctica).

Tom Petty, otro madridista – que quizás no supo nunca que lo fue – que se nos marcha: jugador de equipo, con mucha calidad individual, discreto, a ratos muy brillante, siempre dispuesto a ayudar y a colaborar, e igualmente eficaz en los estudios de grabación como en los conciertos en directo. Un artesano de la guitarra con momentos de genialidad.

Como leí hace unas horas, resulta muy duro seguir en un mundo con más Traveling Wilburys fallecidos (Orbison, Harrison y Petty) que vivos (Dylan y Lynne). Menos mal que, como el Madrid, son carne de inmortalidad.

So long, Tom!