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De ti depende, Isco

De ti depende, Isco

Escrito por: Athos Dumas14 febrero, 2019
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Lamentablemente, esta temporada se está hablando mucho más de Isco Alarcón por motivos ajenos a su labor en el campo que por sus méritos futbolísticos.

Este es su sexto año en el Real Madrid y en los primeros cinco llegó a disputar prácticamente 250 partidos, es decir, 50 por temporada. No todos de titular, claro está, pero es una cifra notable en un período en el que los merengues han conseguido ganar, por ejemplo, 4 de las 5 Copas de Europa disputadas.

Cuando llegó Lopetegui, rápidamente se vio que Francisco Alarcón iba a ser su líder en el campo. Ya sin Cristiano, con Modric todavía celebrando su exitoso Mundial de Rusia, y con un equipo sin gas por la falta de pretemporada de muchos de sus teóricos titulares, Isco estaba llamado a ser, como en la Selección española, el referente blanco. Y así fue durante los partidos de agosto y de septiembre, con una cima escalada en el partido de Champions ante la Roma (3-0), mediante un golazo de libre directo y una exhibición del malagueño.

Pero una inoportuna operación de apendicitis mandó a Isco a la lona a finales de septiembre. En el partido siguiente fuimos goleados por el Sevilla. Y luego octubre se convirtió en un mes “horribilis” para el Madrid, que, con la ausencia de Alarcón, cayó en Moscú, en Vitoria y en el Bernabéu frente al Levante. Lopetegui, en una situación de “muerte súbita” en vísperas del Barça - Madrid, se encomendó a Isco para tratar de impedir su despido ante un Barça titubeante (había perdido en Leganés) y sin Messi, lesionado.

Ya recordarán ustedes lo que pasó en el Camp Nou. Obviamente, toda la culpa no fue de Isco, faltaría más. El de Arroyo de la Miel, muy mermado, forzó para llegar e hizo un partido lamentable, pero como la mayoría de sus compañeros.

Solari tomó las riendas, presumiblemente como interino, y pese a que en Melilla sacó de titular a Isco, algo debió de notar para que, poco a poco, fuese desapareciendo de las alineaciones. En Éibar casi ni jugó, tuvo un roce con el cuerpo técnico tras el ominoso 3-0 de Ipurua, y en el siguiente partido, en Roma, el técnico argentino le envió directamente a la grada. A reflexionar. Aunque los acontecimientos posteriores no dejan claro que lo hiciese.

Noviembre, diciembre y enero fueron unos meses en los que todas las ruedas de prensa giraban en torno a Isco. Incluso la semana pasada, antes del derbi, y tras un tuit desafortunado del malagueño, los Meana, Burgos y Pidal de turno, en lugar de preguntar sobre el trascendental encuentro, quisieron ahondar en la herida. Obviamente, no es el mejor contexto para superar un rendimiento inestable.

No obstante, creo que la solución al “caso Isco” está fundamentalmente en el propio jugador. Solari no va a tirar piedras contra su propio tejado. Como escribió hace poco mi admirado Joe Llorente, la forma de un jugador no se coge disputando encuentros. Ni jugando partidos enteros ni minutos sueltos. La forma ideal se adquiere, única y exclusivamente, trabajando muy duro, día a día, como si cada entrenamiento fuese el último. Tenemos una prueba palpable de esta afirmación en la aparición fulgurante de Marcos Llorente, olvidado en el banquillo o en el graderío, que salió precisamente en Roma en un partido grande y no notó para nada la inactividad. De hecho, no había permanecido inactivo, trabajaba a diario sin descanso en Valdebebas. Nadie recordaba cuando había sido su último partido. Y a Marcos le dio exactamente igual. Pero, como bien dijo Solari hace muy poco en rueda de prensa, “el único trabajo del futbolista es dar el 100% cada día en el entrenamiento”. Lo de jugar, o no, ya es decisión que compete al entrenador, no al jugador. Los casos de Reguilón, de Lucas Vázquez, de Marcos Llorente, de Valverde, están ahí. Nacho Fernández lo entendió hace tiempo. Odriozola parece que va por la misma senda.

En mi modesta opinión, no debería ser ésta la última temporada de Isco en el Madrid. La calidad que atesora posiblemente sólo la tienen en la plantilla, ahora mismo, Benzema, Asensio y muy pocos más.

Si Isco lo da todo cada día, en vez de distraerse en lamentaciones tuiteras; si Isco reacciona como lo ha hecho ejemplarmente Marcelo, aceptando un rol casi desconocido para él desde hace doce años; si Isco cambia de actitud y no se pierde en malos gestos y miradas; si respeta la jerarquía del equipo técnico y sus decisiones en función de la meritocracia, en definitiva, si Isco se concentra de lleno en su trabajo, seguro que volverá a tener oportunidades

Estamos en el momento crucial de la temporada. Quedan quince partidos de Liga más otro de vuelta de semifinales de Copa. Empiezan las rondas eliminatorias de Champions League. En total y si nos plantamos en las finales, quedan veinticuatro partidos, casi todos decisivos. Isco debería de estar entre los 14 o 15 jugadores más utilizados, como siempre. Es muy necesario. Ha sido titular tanto en Cardiff como en Kiev. Es, además, el referente absoluto para Luis Enrique en la Selección.

Quién no recuerda su excepcional temporada 2016-2017. La del doblete Liga-Champions. Isco fue capaz de subir posiciones dentro del escalafón, liderando el célebre “Equipo B” que Zidane se atrevía a poner cada quince días, especialmente fuera de casa. Con Kiko Casilla, con Danilo, con Nacho, con Kovacic, con James, con Asensio, con Morata. Con exhibiciones valientes – y arriesgadas – en La Coruña, Gijón, Pamplona, Eibar. Para los que recordamos las épocas de los discos “singles”, muchas veces valorábamos más las “caras B” que las “caras A”. En el caso de The Beatles, por ejemplo, me quedo siempre con “We can work it out” (cara B) antes que con “Day Tripper” (cara A). Con “Tell me why” (B) por delante de “If I fell” (A). Y, por supuesto, me parece mil veces mejor “I am the walrus” (B) que “Hello Goodbye” (A). Y “Yellow submarine” (B), siendo musical y líricamente inferior a “Eleanor Rigby” (A) , tiene una fama infinitamente mayor.

Con aquella actitud, el malagueño, además de meternos en el bolsillo para siempre, consiguió la titularidad absoluta y formar parte del XI de la mejor final de Copa de Europa del siglo XXI: la que se disputó en Cardiff ante la Juventus.

Isco tiene 26 años. Maravilló a media Europa con la cabalgada del Málaga que solo pudo frenar un mal árbitro en Dortmund, en cuartos de final de Champions. Con 21 años había hecho sobrados méritos para fichar por el club más grande. Debe de salir él solo del atolladero en donde está metido y de donde no le van a sacar los aduladores que tanto daño le hacen. Y aunque se defiende muy bien con el micrófono – y nos remitimos a los gloriosos zascas al fabulista Diego Torres y a Juanma Castaño –, haría mucho mejor en quemar energías y dejarse la piel en los campos de Valdebebas para recuperar el lugar que, sin duda, merece en la plantilla del Real Madrid.

Isco, depende de ti. Vuelve, por favor.