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Terapia

Escrito por: Nacho Faerna2 marzo, 2017

Vivimos tiempos de gran indignación. ¿Quién no se siente indignado hoy en día? Nada genera más sospechas y recelos que una persona que no dé muestras de sentirse permanentemente agraviado. Miren cómo bufo. Escuchen mis reproches. Todo es intolerable, inadmisible, el sistema está corrupto. En orden inverso de importancia: España roba a los catalanes, los catalanes quieren romper España, Europa es un fracaso, la globalización una desgracia, los polos se derriten y el Madrid no juega a nada.

Yo soy el primer indignado, que conste. No me gusta nada el rumbo que han tomado las cosas. ¿Qué cosas? Pues no sé, las cosas, así en general. Es el clima el que está contaminado, y no sólo el meteorológico. Lo que nos indigna nunca es concreto, porque entonces tendría solución. Nuestra indignación necesita de la inconcreción, del trazo grueso, es el vacío que produce la onda expansiva de una gran explosión, no un agujero de bala. Cabe la posibilidad de que la verdadera causa del calentamiento global sea el recalentamiento testicular y ovárico de la población.

No sé si se han sometido alguna vez a una terapia psicológica. Yo sí. Si nunca lo han necesitado, les felicito. En el caso de que piensen que tal vez les vendría bien, se lo recomiendo vivamente. Hace unos años atravesé una crisis personal y fui a un psicólogo. Sería más preciso decir que me arrastré hasta su consulta. Estaba mal, para qué nos vamos a engañar. Muy mal. Cada vez que iba a ver al terapeuta entraba hecho un guiñapo y ese santo varón me devolvía a la calle de nuevo erguido y recompuesto. Su método era muy sencillo. Se limitaba a pedirme que escribiera allí mismo lo que salía de mi boca, la expresión verbalizada de mi angustia, y después yo tenía que intentar reelaborar esas afirmaciones desesperadas, simplemente siendo más preciso. Si yo afirmaba que algo me resultaba “insoportable” me obligaba a concretar. ¿Cómo de insoportable? ¿Insoportable comparado con qué? ¿Insoportable como cuando decimos que es insoportable ver que ejecutan a todos los miembros de tu familia delante de ti? Yo le contestaba que no, por supuesto, que comparado con eso era, todo lo más, incómodo, molesto, una lata. Cuando yo le aseguraba que mi desesperación brotaba del convencimiento profundo de que “nunca más” volvería a retomar el control de mi propia vida, él me preguntaba: ¿Nunca? ¿Seguro? ¿No crees que tal vez dentro de veinte, treinta años volverás a recuperar el control de tu vida? Ante la necesidad de ser más preciso, yo reducía el plazo. Lo cierto es que parecía probable que en, yo qué sé, dos o tres años, sería capaz de reconducir mi vida. Y lo escribía. Reformulaba la frase. Lo insoportable pasaba a ser una lata; “nunca” se convertía en dos años.

Y la angustia remitía.

El que diga que las palabras se las lleva el viento es que no conoce a mi psicólogo.

Ya me encuentro mucho mejor, gracias. Hace años que mi terapeuta me dio el alta y de momento no he vuelto a necesitar ir a su consulta. Sigo angustiándome, me indigno como todos ustedes, bufo y proclamo mis reproches. O sea, tengo cuenta de twitter. Estoy cabreadísimo con todo, así en general. Pero, por favor, si están leyendo esto es muy probable que sean madridistas, y si es así, ¿de verdad creen que hay motivos para exhibir de manera tan absolutamente ridícula algún temor? Peor aún, ¿algún reproche? ¿Tan mala memoria tienen? ¿Tan poco aguante? ¿Cómo pueden ser tan desagradecidos? No con el Madrid, con su entrenador, con sus jugadores, que también, ¡con la vida!

Recuerdo especialmente un día que fui a ver a mi terapeuta. Decir que en esa ocasión me arrastré sería un eufemismo. Estaba hundido, desolado, me sentía impotente. La vida es horrible, le dije. Y en aquel momento no sirvió de nada reformular la frase. Describía exactamente cómo me sentía. Puestos a elaborarla sólo se me ocurrían calificativos aún más deprimentes y apocalípticos. El método no funcionó aquella vez. Entonces el terapeuta dijo con una naturalidad pasmosa, sin intentar convencerme de nada: “Qué va. La vida es cojonuda".

Y la angustia remitió.

Decidí creerle. Era imposible no hacerlo. Transmitía una seguridad y un aplomo apabullantes. Incontestables.
Ser madridista es una de las mejores cosas que les van a pasar en la vida, hagan el favor de creerme. Ayer empatamos, sí, ahora somos segundos en la Liga, es verdad. Yo no pude sentarme a ver el partido hasta el minuto ochenta. Encendí la tele e íbamos 1-3. ¿Qué demonios está pasando?, me pregunté. Y bufé y me indigné, porque vi en twitter que nos habían anulado un gol, que habían expulsado a Bale… De repente, Benzema estuvo a punto de marcar, vi a Lucas Vázquez correr como un velociraptor y a Cristiano marcando un penalti y un gol de cabeza. Vi a un equipo reformulando su desesperación, convirtiendo lo insoportable en una lata. Debí de ser el único. En mi timeline y en mi whatsapp lo que decían la mayoría de madridistas es que está visto que nunca volveremos a ganar una Liga.

¿Nunca? ¿De verdad? Yo digo que ésta no se nos escapa.

Nacho Faerna, el tercero de los Faerna, es guionista y novelista. O sea, que le pagan por mentir, pero tuitea gratis en @nachofaerna y @galernafaerna. Se toma muy en serio sus placeres. El Madrid es uno de ellos.

7 comentarios en: Terapia

  1. Esta Liga la ganamos y va a va a tener muuuuucho mérito. Ya lo creo que si.

    Doctor: A ver caballero. Diga 33.
    Paciente: 33.
    Doctor: Hala Madrid, está usted perfecto.

  2. "...De repente, Benzema estuvo a punto de marcar, vi a Lucas Vázquez correr como un velociraptor y a Cristiano marcando un penalti y un gol de cabeza. Vi a un equipo reformulando su desesperación, convirtiendo lo insoportable en una lata."

    Ya me encuentro mucho mejor, gracias Don Nacho, sus palabras me transmitieron una seguridad y un aplomo apabullantes. Todo lo contrario a lo que sentí el día de ayer durante el partido.

    Esta liga la ganamos, claro que si. ¡Hala Madrid!

  3. A mí me pasa lo mismo; no entiendo tanta crítica derrotista al mínimo traspié. Es normal que haya altibajos a lo largo de una temporada, pero hasta el rabo todo es toro. La diferencia es que nosotros jugamos con handicap, tenemos a los árbitros y a la federación en contra, pero sabremos sobreponernos. El equipo necesita nuestro apoyo, no se lo neguemos.
    #HalaMadrid