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SPORTillos a la mar

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

SPORTillos a la mar

Escrito por: La Galerna18 abril, 2020
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Buenos días. No sabemos por qué, porque no hay ninguna razón para pensarlo, pero no podemos dejar de imaginar cada mañana a nuestro admirado Ernest Folch llamando por teléfono, o por videollamada, todas las noches a nuestro no menos admirado Josep María Bartomeu para preguntarle, como le preguntaría el capitán de un barco de pesca al meteorólogo del puerto, cómo va a amanecer el día.

En esta fantasía nuestra absolutamente loca, Bartomeu le responde a Folch, invariablemente, que soleado, pese a que el día, o las semanas, pinte feo. Tan despejado está el día en Barcelona y tan en calma la mar salada, que Sport se dispone hoy a navegar a todo trapo, con Messi y Suárez acompañados de Lautaro y Neymar.

No sabemos si los mástiles culés podrían aguantar este despliegue, pero en Sport hay una tripulación valiente y Ernest es un capitán tan audaz que no le importa arriesgar el barco cada vez, un poco al modo en que lo arriesgaban cada capítulo (y lo perdían) los infortunados piratas de Astérix. Cuántas naves sportivas yacen en el fondo del mar y cuántas veces se han visto esos marineros flotando en el mar sobre los restos del naufragio.

Siempre recordaremos como a un Titanic aquella portada de los “42 millones para tapar vergüenzas”. Pero ellos siguen frotándose las manos como el primer día, ajenos a todo peligro o previsión, como si cada uno de ellos borrara el anterior y portadas y portadas, como pelillos, se fueran a la mar.

Otro estilo cataculé es el de Mundo Deportivo, aunque el cataculerismo es como una familia donde uno siempre puede encontrar rasgos distintivos. Si en Sport despliegan el velamen en el dique seco, en Mundo Deportivo despliegan la jeta (otro tipo de locomoción muy socorrido) hasta el delirio. Ya habíamos visto casos parecidos. Es un poco como si en la reunión de portada el director y los redactores jefe se miraran a las caras en situación de apuro y se dijeran: “En Sport se han lanzado al mar, ¿qué hacemos nosotros? ¿Jeta? ¿Delirio? ¿O ambas cosas?”.

En ello cobra esencial importancia el plante, que en el cataculerismo es un concepto invertido. No es plantarse en una cifra cuando alguien quiere algo tuyo, sino al revés: tú quieres algo de otro, ofreces una cantidad a cambio y te plantas en ella, esperando que el otro acceda porque sí, por irrisoria, absurda o insultante que pueda resultar tu oferta. Todo es susceptible de invertirse y de moldearse al gusto sin ninguna limitación.

El acostumbrado lector culé lo admite todo a estas alturas. No hay problema o no debe de haberlo a juzgar por la constante. “NO A 111 MILLONES” y se acabó. Que esta sea la cifra que cuesta Lautaro da lo mismo.

—¿Cómo me vas a cobrar eso, con lo que me gusta este jugador?

—Porque es lo que vale.

—Pero es que tenemos un ERTE encima.

—Y a mí qué.

—Cómo que a mi qué, pero bueno. Te ofrezco jugadores a cambio.

—No.

—Pero es que yo lo prefiero.

—Muy bien. Pero yo no.

—Qué desfachatez.

Y con la desfachatez es con la que vive el culé al que han enseñado a encantarse consigo mismo en todo momento y en cualquier circunstancia. Sin que podamos descartar que el Inter de Milán sepa tanto en primera persona de las pretensiones del Barsa como de la técnica de la sardana.

En As la escasez de temas suele traernos portadas como la de hoy, a propósito de unos exjugadores que están haciendo el curso de entrenador desde su casa, por supuesto, a los que han tenido la idea de llamarlos “EL CURSO DE LA PANDEMIA”, y luego más abajo también: “La promoción del coronavirus”, en un alarde de delicadeza y estilo que haría temblar al Vogue de la envidia.

En Marca la escasez temática los lleva siempre por otros derroteros que a los de su vecino. Más medidos, más pausados y agradables. Más serenos, si cabe, donde el sensacionalismo se atenúa de una forma que casi nos da esperanza para afrontar este mar verdaderamente embravecido.

Pasad un buen día.