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Si Enzo se apellidara Jueves

Si Enzo se apellidara Jueves

Escrito por: Dani Benavides20 agosto, 2016
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He querido rescatar de mi acervo filológico El hombre que fue jueves para inspirar la creación de una pieza cuyo objeto es examinar la pertenencia de Enzo Zidane al Real Madrid. La ficción literaria que evoco fue redactada por Gilbert Keith Chesterton a principios del XX y su argumento gira sobre un personaje que ejerce de detective. Recibe el sobrenombre de Jueves. Su cometido es someter a un control férreo a grupos de anarquistas peligrosos. Quizá ese nombre prosaico, cotidiano, que se relaciona con los días de la semana o, en la tradición popular, con el estar en un lugar inadecuado que obstruye el paso podría ser un apellido adecuado para camuflar el tal Zidane, sin duda, un obstáculo inexorable para Enzo.

(Revisado lo anterior debo celebrar mi logro. Ya pueden concederme el plácet para que me elogie a mí mismo. He superado una gran reválida: construir un párrafo sobre Enzo en correcto castellano, con una sintaxis válida y sin que haya tenido que recurrir a la expresión “hijo de” que tan asidua ha sido a nuestros oídos en el último mes. Un mes de duelo para el antimadrisdismo que ha debido hallar recogimiento en las menudencias de ese parentesco).

Decía que en el último mes el nombre de Enzo Zidane ha adquirido un inusual recorrido junto a su hermano. Los hijos del entrenador francés han sido aludidos de las formas más despectivas posibles. Un tropel de gente que no les han visto jugar ha declarado con osadía que los hijos de Zidane no merecían formar parte de la expedición madridista. Como si fueran un relleno o una imposición del entrenador para con el club.

Esa idea ha ocupado un lugar preponderante en los debates y, en cambio, se ha difuminado la discusión sobre aspectos que otrora eran relevantes como el protagonismo de la cantera, los no-dispendios onerosos como indicio de la famosa planificación y la inflación de un mercado vesánico.

Lejos de detenerse en estas cuestiones, los detractores han optado por abrir un debate tímido, pero cáustico y acre que atañe al propio entrenador –pese a consagrar éste en la Supercopa su único baremo: los méritos diarios-. En este pseudodebate se ha apuntado la elucubrada falta de aptitud de sus hijos para dedicarse a la actividad balompédica.

He decidido aguardar a que el tropel de gente pudiera observar a Enzo por primera vez. Nada mejor que presenciar sus maneras en un partido en el que iba a compartir césped con jugadores ya contrastados. Un Enzo que avala la modestia cada vez que reclama que se le conozca con el apellido de su madre. Enzo Fernández es el nombre aconsejable. Así lo decidió junto a su familia. No querían que la huella de su padre adulterara su desarrollo.

Zinedine y Enzo

No obstante, el apellido Zidane es lo suficientemente ubicuo para que no consiga disociarse de su nombre. Y en el caso que nos ocupa la propensión de los diletantes especialistas en hallar resquicios de debilidad en el madridismo se plasma en la repetición de una serie de tópicos con los que zaherir al club: “Juega por ser su padre quien es”, “[…] por decreto”, “[...] por enchufe”. Ninguno de estas osadas voces se molesta en documentarse sobre las características del jugador. Sienten abulia para seguir un partido del Castilla. Si se les interpelara por las destrezas futbolísticas de Enzo responderían de forma confusa con frases estereotipadas semejantes al “Zidane descendió al Castilla a Segunda B”. Probablemente justificarán su controversia confundiéndose de hijo: “Enzo recibe muchos goles por actuar adelantado” o, en caso de identificarlo, ciñéndose a los números “[…] marca muy pocos goles en Segunda B para ser mediapunta, en primera no marcaría ni uno”.

Los anteriores silogismos, poco cerebrales, deberían haber quedado contradichos esta misma semana. A los detractores les llegó su oportunidad de contemplar a Enzo de cerca. Los asistentes al Trofeo Bernabéu pudieron conocerlo. En la segunda parte saltó al césped y su figura emergió revestida de una gran confianza. En ocasiones arrancaba desde banda izquierda para, siempre que podía, asentarse en una posición central y desde ahí sacar lo mejor de su repertorio. Clase, regate y visión de juego. En un momento se atrevió con un disparo desde fuera del área que tuvo que ser repelido de forma apurada por el guardameta francés. Su acción más lúcida fue la asistencia a Mariano en el gol anulado. Un pase preciso, precedido de una bicicleta y un giro solo al alcance de un futbolista que ve el fútbol de forma diáfana.

Mourinho lo convocó a entrenamientos con el primer equipo. También Rafa Benítez. Con Luis Miguel Ramis contó con muchos minutos y con licencia para entrar frecuentemente en contacto con el balón y marcar el ritmo de juego cada vez que estaba sobre el césped. No se puede equiparar el nombre de Enzo al de Paco Sanz, a quien su padre le trataba de añadir a cualquier operación con otro club en la que estuviera implicado un futbolista. El bueno de Paco no tenía ni peto en los entrenamientos. No entraba en los planes de sus técnicos. Tampoco es coincidente este caso con el de Jesús Mariano Angoy, yerno del malogrado Cruyff, quienes dejaron de ser entrenador y portero de fútbol al mismo tiempo. Su sino era estar unidos de forma compacta en lo profesional.

Es cierto que Enzo es un jugador que precisa del esférico. Se siente cómodo como guía ofensivo de su equipo. Talentoso, con una gran conducción con la cabeza levantada que le lleva a filtrar pases por los recovecos más recónditos. Aporta pausa al juego. Dispone de muchos recursos para quebrar al contrario y aguanta muy bien el balón. No habrá muchos futbolistas con su capacidad para intuir el desmarque de su compañero y enviarle el balón con tiento. Es un futbolista distinto. En los tiempos presentes le penaliza su lenguaje corporal. No realiza aspavientos. No exagera entradas del rival, ni cuando son bruscas. No resulta muy expresivo. No es un jugador que destaque por la fuerza, la pugna o el juego aéreo. Sufre lo indecible cuando el campo está impracticable y se resiente si debe trabajar demasiado en la recuperación y no se siente protagonista con el balón.

Como han podido advertir Enzo tiende a padecer especialmente ante el prototipo de rival actual del Castilla, especialmente cuando debe oficiar junto a sus compañeros de visitante. En tantos estadios afectados por la meteorología Enzo ha realizado dos temporadas que valdrían para graduarse en un máster en el otro fútbol que le han otorgado trazas de mejor jugador.

Sus virtudes hay que resaltarlas. Calidad innata transmitida por herencia. Regateador imprevisible y pasador preciso; para él jugar en un campo en perfecto estado es garantía de deleite.

Enzo es mejor futbolista cuanto mejores son sus compañeros y cuanto mejor son las condiciones del terreno de juego en que se desenvuelve. Recrear una posible combinación con Benzema, quien habría caído a zona tres cuartos y que resuelve la acción devolviéndole la pared a Enzo para que éste dé el pase definitivo sobre Cristiano es articular una maniobra de fútbol-ficción muy plausible. Todo muy verosímil. Es cierto que, como le han ocurrido a tantos futbolistas de este club, Enzo integra la corriente del malditismo, es un juglar poético que no levanta la voz, que no hace ruido, que no gesticula apenas y que, por encima de todo, por motivo familiar se convierte en un incomprendido –básicamente porque no se le quiere ver jugar antes de hablar- y en ocasiones esa visión sesgada arraiga entre los madridistas. Tampoco se afana en luchar contra ello. Sigue la escuela familiar.

A Don Zinedine tampoco le agradaba ni un ápice abrazar al personal para conseguir adhesiones incondicionales. Prefería dejar todo a recaudo de sus merecimientos. No temía las prédicas arbitrarias no regidas por hechos futbolísticos.

Enzo