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Salta inesperadamente la liebre

Salta inesperadamente la liebre

Escrito por: Antonio Escohotado19 enero, 2019
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Otra vez tocado por el inexplicable via crucis de su enfermería, al Real le tocaba medirse con uno de los equipos más en forma del campeonato, y cuando llegó el descanso las ocasiones habían sido pocas pero el juego tuvo su viveza. En contraste con los penosos partidos previos, Reguilón me pareció francamente bien, y Casemiro no anduvo tan fallón tampoco. Vinicius demostró que conduce y pasa como los ángeles, sin perjuicio de tirar como un cadete, Benzema mantuvo su honorable línea, y Ceballos bulló discretamente.

Reparé de repente en que la planificación no tomó en cuenta que el puesto de extremo derecha corresponde sí o sí a Lucas Vázquez, cosa asombrosa en un equipo con las aspiraciones del Madrid;  pero estaban a punto de comenzar los mejores tres cuartos de hora en esta liga, donde todos salvo Vázquez se agigantaron, con Modric como imponente director de orquesta. Qué exhibición de armonía y ritmo, qué capacidad para anonadar a un contrario en modo alguno acostumbrado a capear el incesante chaparrón de ocasiones, qué flexibilidad para ir de aquí para allá sin rifarla.

Cuando Casemiro se quitó con un misil a la escuadra cualquier asomo de los nervios que le tuvieron atenazado hasta esta tarde, el Real merecía llevar dos o tres goles, entre ellos el soberbio tiro a la cruceta de Ceballos, y siguió urdiendo otra ocasión y otra. Los espectadores acompañaban el festival de juego con los aplausos y olés reprimidos desde septiembre, y hubiese sido una puñalada trapera que el Sevilla materializase algún lance a balón parado. Pero por una vez no fue así, y si el árbitro no hubiese anulado absurdamente un contraataque que dejaba solo a Benzema, el segundo habría caído bastante antes. Pero incluso así cayó, coronando a Modric con el tercer tanto en pocas semanas.

Me pareció clarividente que Solari diese descanso a Lucas, ofreciendo a Isco la penúltima ocasión para redimirse, aunque tampoco se acercara a aprovecharla, despilfarrando más bien sus minutos con otra demostración de lentitud muscular y cerebral. Valverde, en cambio, se hizo notar segundos después de pisar el césped, y a despecho del tiempo perruno nadie dejó su asiento para evitar el pandemonio que crean docenas de miles tratando de volver a sus lares simultáneamente.

Está claro que no todo van a ser sinsabores para la afición, y a mi juicio también que con un tercio de quienes empezaron la temporada como indiscutibles cabe también hacer un partidazo, sin duda porque el míster no tiene un pelo de incompetente.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

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