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La Saeta marsellesa

La Saeta marsellesa

Escrito por: Amalio Campa21 julio, 2016
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No me queda más remedio que reconocer que cuando a mitad de la pasada temporada el Real Madrid anunció la destitución del técnico Rafa Benítez y la consiguiente promoción de Zinedine Zidane desde el Castilla hacia el puesto de trabajo acaso más complicado en este país, no me recorrieron por el cuerpo sensaciones precisamente agradables. Cometí un doble error: en primer lugar, achacar la totalidad de la culpa por el mediocre devenir de la temporada a los jugadores, y en segundo lugar no otorgarle al otrora enorme estrella del balompié ni siquiera el beneficio de la duda. Lo cómodo ahora mismo, una vez conseguida la undécima Copa de Europa, sería apuntarme al carro victorioso con carácter retroactivo y no admitir que durante semanas no paraba de menear la cabeza de un lado a otro en señal inequívoca de escasa conformidad.

El tiempo, como diría el contumaz García, se comporta como el juez que te da y te quita la razón a medida que te hace quedar o no como un perfecto idiota (esto último es cosecha propia y no pertenece a la inagotable fábrica de chascarrillos del minúsculo maestrillo de periodistas). Pues bien, estoy francamente encantado con que el jovial paso del tiempo haya colocado mi inteligencia y mi sapiencia deportivas a la altura del betún de Judea. Nunca me atreveré a cuestionar la capacidad de Benítez a la hora de gestionar un vestuario de primer nivel, pero lo que resulta más que probado es que Zidane consiguió una conexión con los jugadores que el madrileño no supo encontrar, vaya usted a saber por qué. Quizá, como muchos postulan, debido a que las actuales estrellas reverencian un legado de grandeza y sólo se motivan en situaciones como aquella. Me niego a pensar que la solución a un enigma tan enrevesado sea tan simplona. Evidentemente debe existir algo más.

Di Stefano Zidane

Con la elevación a los altares mediáticos de la figura del francés por parte de una prensa tan proclive a los excesos (la cual no dudará en derribar con cuerdas de sutileza al ídolo tan pronto la pelotita deje de entrar), ya han empezado a surgir los paralelismos entre Zidane y Alfredo Di Stéfano por un lado, y sus mentores Santiago Bernabéu y Florentino Pérez por el otro. Similitudes existen, eso es innegable. La Saeta y Zizou pueden ser catalogados como enormes figuras de este deporte que ayudaron al club a resurgir y alcanzar cotas muy elevadas desde su rol de jugador. Ambos llegaron ya con carreras muy amplias y exitosas en otros equipos a sus espaldas y se convirtieron en entrenadores del Real Madrid. Y observando desde bambalinas, podíamos vislumbrar a los presidentes que hicieron posible que dos genios del fútbol pudieran demostrar sus habilidades, Santiago Bernabéu y Florentino Pérez.

Probablemente a este último se le reconocerán sus méritos una vez que haya dejado su actual posición como cabeza visible de un club al que salvó en lo económico. Igual que al pionero Bernabéu, al cual se le venera ahora desde cualquier punto cardinal de este país cuna de la envidia, mientras que durante su mandato fue seguramente echado a los pies de los caballos por los antepasados profesionales de los actuales periodistas deportivos que pululan por Valdebebas o por las redacciones en busca de hernias, contubernios y escandalillos prefabricados. Lo que une a estos dos personajes de despachos y trajes de marca es el hecho innegable de que al menos con Alfredo y Zinedine no se equivocaron.

Existiendo como existen similitudes evidentes, aún son más las diferencias, empezando lógicamente por las épocas tan dispares que les tocó vivir, por las situaciones tan opuestas por las que atravesaba el club y también por el propio panorama competitivo, tan alejado uno del otro como la noche del día. Sin embargo, en mi opinión, la prueba más complicada que le toca superar a Zinedine Zidane para convertirse en una moderna Saeta Marsellesa es la perspectiva que otorga el tiempo, aquel juez insobornable que citaba el Butano un día tras otro en sus sermones de las ondas. Al actual entrenador, el cual demostró todo dentro de un campo de juego, le falta por aprobar el examen de la perspectiva. Su inicio es más que prometedor, y cuando dentro de espero muchos años abandone el Real Madrid para seguir su carrera en otro lugar, entonces echaremos la vista atrás y podremos colocarlo o no a la altura del gran Di Stéfano. Complicado será, aunque si al final se logra aprobar el examen, los madridistas celebraremos la enhorabuena de que al menos cada generación haya podido disfrutar de talentos de esta naturaleza.

Amalio Campa
Soy madridista de cuna, literalmente. La primera vez que asistí al Bernabéu jugaba un tal Juan Gómez, JG7. Incrédulo, suspicaz, inconformista. Tengo alergia a dos cosas en esta vida: a envejecer y a la mezcla de azul y grana. Escribir lo que se me ocurre es una de mis pasiones.

5 comentarios en: La Saeta marsellesa

  1. Por este articulo dedicado mayormente a Zidane,me viene a la memoria,otro articulo pero este en el diario Marca,titulado genericamente"NO ME GUSTAN LOS LUNES" y que dedico el firmante a Zidane.Creo que fue su debut como primer entrenador del Madrid ysaben vds.cual fue la comparativa que se permitio hacer el firmante del articulo?Dijo que habria sido igual poner a Zidane que a un MANIQUI DEL CORTE INGLES.
    Solucion fantastica ya saben lo que tienen que hacer,algunos equipos que no han ganado LA CHAMPION LIGUE(atl.madrid por ejemplo),sencillamente poner el fantastico MANIQUI.
    P.D.El firmante-autor del articulo,con el que se cubrio y no de gloria presisamente,es un tal PALOMAR.
    Por cierto,¿estaria obligado por lo que se llama ETICA PERIODISTICA, a pedir publicamente PERDON?
    Yo creo que no lo hara y es mas,por el ridiculo hecho,estara a la primera que se equivoque Zidane para hacer el maximo daño posible,si no al tiempo.