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El 'rompemichelines'. Crónica de un homenaje

El 'rompemichelines'. Crónica de un homenaje

Escrito por: Mario De Las Heras11 mayo, 2016
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Paco Gento es un marinero retirado. Podría pasar por el arponero Queequeg. Un caníbal del fútbol. Tiene ron en la garganta y todo él es de palo, de madera emotiva como el bate de Robert Redford en El Mejor, que tenía un rayo grabado a cuchillo como en los árboles las declaraciones de amor. Yo lo vi ayer en el hotel Villamagna de Madrid, convertido en puerto sin gaviotas (allí todo era madridismo), donde la Fundación Real Madrid le organizó un homenaje al que acudieron varios de sus compañeros, una tripulación cuya leyenda supera a la del Pequod: "Llamadme Paco", así comienza Moby Dick.

Santamaría, Miera, Pachín y Serena ejerciendo de escuderos por esos campos de España, como toda la vida. My Generation cantarían los Who y los yeyés. Siempre creyeron que Gento les conquistaría una ínsula como Sancho Panza lo creyó de don Quijote. Pero Gento no estaba loco. No está loco. Gento conquistó ínsulas y Copas de Europa ("Seis toros, seis" reza el cartel). Y todavía le siguen (¡Hasta el final, vamos Real!) para desfacer entuertos. Santamaría lleva un dedo educado en sus bolsillos de tweed, y Pachín ("tú dale, dale, y si os echan a los dos, mejor", esas eran las instrucciones de Miguel Muñoz) recordaba esos tiempos en que veían lejano al Madrid, la ballena blanca, a pesar de que ya estaban los montañeses como Paco y Marquitos.

Pachín llegó al Bernabéu con veinte años, como Gento, a un equipo de ensueño, uno de verdad, escrito en español. Y sus ojos son de veinteañero y no de octogenario cuando cuenta lo que fue llegar allí donde jugaban Di Stéfano y Puskas: la entrada de Alejandro en Babilonia. Una vez Fusté, del Barcelona, le dijo que no había ganado ninguna Liga. Pachín se lo dijo a Paco ("Oye, que dice Fusté que no ha ganado una Liga...") y Gento le respondía en un polinesio castizo santanderino (ese es el idioma que utiliza) que cómo no iba a ser eso si eran ellos los que lo habían ganado todo.

Gento Homenaje

"Ahora me toca hablar a mí", dijo como no queriendo, remolón, entre risas. Miera contó que a veces era así, remolón, en el campo, y todos le miraban antes de saltar sobre la yerba para ver si se frotaba las manos. Si Gento se frotaba las manos no había nada que temer. LeBron James haciendo el ritual de sumo y a correr. Un frotar de manos por el frío donde no puede haber nada más español, un frotar de castañas y bufanda, donde Gento no inventaba palabras sino que hacía caminos. El "rompemichelines", dijo Santamaría, que corría veinte metros y se paraba, y luego corría otros veinte metros y otra vez se paraba, y entonces ya no estaba su marcador. Menudo escándalo. Los Space Cowboys en el Villamagna.

Yo recuerdo a mi abuelo frotarse las manos. Nuestros abuelos, como Gento, se frotaban las manos. Yo me froto las manos por ellos, por Gento. Una vez en Bilbao, "que es donde saben de fútbol, además de en Madrid", dijo Miera, tuvo que salir a saludar porque la gente no se iba de San Mamés. Eso es casi más gloria que las seis Copas orejonas que estaban allí expuestas junto a otros recuerdos. "¿La mejor?, la Sexta porque nadie daba un duro por nosotros. Fue un triunfo fabuloso" Yo esto lo veía, lo soñaba, y me maravillaba. Yo ahora mismo soy más del Madrid, llevado casi en brazos al Villamagna por DiosaMaracana (Serena quiso escaparse pero no pudo, seducido por sus encantos) junto a Jorgeneo, los dos con rebeca y patucos, con esa camiseta, sencilla y antigua, blanca, con el escudo bordado por una mano artista. Del actual y del pasado, del Madrid del amor propio y de la lucha. "No todo es jugar", carraspeaba Gento.

Se dijo que hacía diez coma nueve segundos en los cien metros con el balón en los pies y le preguntaron que cómo lo hacía. "Yo ya nací así. Eso es natural", dijo. El delirio y los cojones, como lo de pedir más entendimiento entre Bale y Cristiano ("quizá así ganaríamos más títulos", dijo como si estuvera viendo a Di Stéfano), o como que comían carne y pescado y que no comían espagueti como ahora. "Eso y alguna copa de vino, que a Muñoz le gustaba el vinillo". "Fue Guijarro, el que mandaba entonces en los fichajes del Madrid, quien vino a Santander a por mí. La gente se enteró y vino al estadio a chillar. Nos tuvimos que ir al faro a firmar el contrato, y la gente nos siguió hasta el faro. Al final tuvimos que firmar en un garaje".

Contó don Paco que sus dos primeros años fueron muy malos. "Yo corría y me dejaba el balón atrás. Menos mal que alguien pensaba que todavía podía llegar a ser algo. Estaba asustado con todos esos jugadores allí. Aprendí mucho de Di Stéfano. Yo le veía por todos lados. Se ponía de delantero, de extremo, de defensa. Yo no la daba de tacón. Aprendí con Rial a hacer paredes..."

A Paco Gento le enseñaron dos tarjetas rojas en toda su carrera. La segunda fue porque Ilulegui le estaba sacudiendo, "...y entonces yo le sacudí. pero le pedí perdón, ¿eh?". La primera fue mucho más que madridismo, casi más que aquello de Santamaría (qué señor): "A pesar de que nos quieran hundir no van a poder", refiriéndose con sus ojos líquidos al Real Madrid del presente. Un espectador dijo que no habría mayor honor que ganar la Undécima por el "once" que llevaba Gento a la espalda. Y don Paco que se emociona, cómo no emocionarse. Y lo de la primera tarjeta: "Estaba Marquitos discutiendo con el árbitro. Pasé yo por allí y le dije: mándale a tomar por culo".

A mí ya nunca se me va a olvidar apagar la luz al salir de un cuarto porque es lo que les decía don Santiago Bernabéu a la Galerna del Cantábrico y a todos esos peloteros inolvidables de blanco y negro, "que hay que pagar la nueva tribuna".

Foto: @VeteranosRM