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Road to Cardiff (X): Una verdadera historia de amor

Road to Cardiff (X): Una verdadera historia de amor

Escrito por: Jesús Bengoechea9 febrero, 2017
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El hombre de la estatua es Frederick Charles Keenor, el legendario capitán del Cardiff City que lideró a su equipo en el logro del que hasta la fecha es el único título oficial en la historia de la escuadra conocida como los Blue Birds. Sucedió (como muestra la placa que orgullosa luce en el pedestal) el 23 de abril de 1927, cuando los pájaros azules derrotaron 1-0 al mismísimo Arsenal gracias a un gol del delantero centro Hughie Ferguson en el minuto 74 de la gran Final de la FA Cup. Me encanta el modo en que, reflejando la tradicional rivalidad Gales-Inglaterra, lo enuncia la placa: fueron "el primer club que se llevó la FA Cup fuera de Inglaterra".

-Fue nuestra primera gran hazaña y, para serte sincero, también la última. 1927, sí.

Quien así me habla, mientras hacemos tiempo antes de entrar al estadio dando vueltas alrededor de la estatua, es mi nuevo amigo Geraint Morgan, un abogado a quien conocí en un pub (todo el mundo habla con todo el mundo en los pubs) y con el que estoy cimentando una incipiente amistad a la que él contribuye hoy invitándome al fútbol. Invitándome a ver al Cardiff City contra el Norwich, para ser exactos. Con todo, el proceso de consolidación de nuestra amistad marcha por buen camino.

-Keenor es nuestra gran leyenda- prosigue detallándome Geraint. Es un tipo de complexión fibrosa y mirada noble, cuyo impecable gusto en el vestir y elegante flequillo gris le confiere un aire de distinción-. Es nuestro Di Stéfano, salvando todas las distancias de calidad y también las temporales, porque nuestra leyenda se remonta a un pasado más remoto. Jugó 507 partidos con los Blue Birds entre 1913 y 1931. Es un largo espacio de tiempo, lo sé. Pero es que en 1915 abrió un paréntesis en su carrera para alistarse en el batallón 17 del regimiento de Middlesex y combatir en la Primera Guerra Mundial. Resultó gravemente herido y, aunque todo el mundo daba su carrera por perdida, volvió a jugar en 1919, año en el que además debutó con la selección absoluta de Gales.

-Madridismo- musito.

-I beg your pardon...

-No importa. Cosas mías. Ya va a empezar, ¿no? ¿Vamos entrando?

Podría ofreceros una crónica del Cardiff City-Norwich pero al fin y al cabo qué me habéis hecho vosotros a mí. O mejor: qué ha hecho el Cardiff City por Geraint Morgan para desatar en él un amor tan incondicional y apasionado. Como suele ser habitual en su historia, con la excepción de lo sucedido hace un par de temporadas y muy pocas otras, el Cardiff City languidece en lo que ahora llaman la Championship, pero ello no ha minado la fidelidad inquebrantable de este hombre, que apenas se pierde un partido.

Lo que ahora llaman la Championship es lo que en cristiano llamaríamos Segunda División. Anteriormente, nuestra Primera División era su Premier y nuestra Segunda División era su First Division. No costaba mucho dar un paso más en la profundización del eufemismo para llamar Premier a Primera, Championship a Segunda y First Division (entiendo) a Segunda B, o algo así. Lo he atribuido al proverbial gusto por el eufemismo de los británicos pero en realidad debe de ser cosa de los patrocinadores. Siempre todo es cosa de los patrocinadores.

Geraint y yo estamos ya sentados en nuestras localidades, minutos antes de comenzar el choque. El estadio está medio vacío. La afición vive una etapa de especial desencanto, si es que cabe decir ello de una afición que no es oficialmente "encantada" desde 1927.

-El nuevo dueño del club, un billonario malayo, no está invirtiendo mucho en el equipo y la gente anda quemada- me informa Geraint.- Encima, tuvo la ocurrencia de cambiar el color del uniforme. "A mi madre le gusta más el rojo", espetó, para pasmo y exasperación de la gente. Rojo. ¿Lo comprendes? We're the f*cking BLUE Birds! Menos mal que le han aconsejado bien y ha terminado por recular. Hemos vuelto al azul. Nos queda ese consuelo en medio de una temporada aciaga. En fin, como casi todas.

-¿Qué es peor?- me permito preguntar a Geraint, observando la naturalidad y la calma con la que asume una frustración ancestral.- ¿Saberos en Segunda (perdón, en la Championship) y sin viso alguno de ascender, o ser conscientes de que al Swansea, vuestro rival, le va razonablemente bien en la Premier?

-That was below the belt- me responde Geraint, fingiéndose jocoso el ofendido.

El partido transcurre. Iba a añadir algo más a la frase, que clama por algún complemento circunstancial, pero es que eso y no otra cosa es lo que hace el partido: transcurrir.

-En 1968 jugamos contra vosotros aquí, lo sabes, ¿no?- le comento a Geraint.- Cardiff City-Real Madrid. Fue en lo que vosotros llamabais, haciendo gala de vuestro pragmatismo, the Cup Winner's Cup y nosotros llamábamos la Recopa. Y nos ganasteis 1-0 en el que fue uno de los últimos partidos de Paco Gento. Lo siento porque a la vuelta en el Bernabéu os tuvimos que remontar ganando 2-0, creo. O 3-1.

-No minusvalores mi edad ni la cantidad de años que llevo viniendo aquí- me responde Geraint.- No solo sé lo que me cuentas, sino que yo estuve en aquel partido.

-¿De verdad?

-De verdad. Era muy pequeño y no me acuerdo de casi nada. Pero estuve. En este mismo asiento, de hecho. Oh, f*ck.

Los "f*ck"s que emite Geraint son "f*cks" sosegados, elegantes  y siempre vienen justificados por el guión. El Norwich acaba de marcar, de cabeza, al saque de una falta lateral.

-¡Estuviste en aquel partido!- le reitero admirado, cuando observo que el disgusto ha comenzado a remitir en su rictus facial, que en cualquier caso nunca ha pasado de reflejar un malestar ligero, cotidiano.

-Así fue.

-Pero una cosa. Si en 1968 jugasteis la Recopa, tiene que ser porque en 1967 hicisteis algo reseñable...

-No te engañes- contesta Geraint, con un aire de melancólico realismo.- Por entonces el ganar la Copa de Gales te daba derecho a jugar el Cup Winner's Cup en Europa. Ganar la Copa de Gales no es cosa del otro mundo. Pero nos dio la posibilidad de jugar contra el Madrid. Es la primera vez que vi al Madrid jugar en este estadio.

-¿La primera? Acaso hubo otra?

-Claro. La Final de la Supercopa de Europa en 2014 contra el Sevilla.

-Cierto, se jugó aquí. Siempre me extrañó que fuese aquí y no en el Millenium Stadium, con mucha más capacidad.

-No puedes olvidar que el fútbol, en Gales, sigue teniendo mucho menos tirón que el rugby. La Supercopa de Europa de fútbol no llena el Millenium.

-¿Ni con Gareth Bale?

-Ni con Gareth Bale. Por cierto, cómo jugó contra el Sevilla aquel día. Menudo pase le mete a Cristiano en uno de los goles, creo que el segundo. Gareth se merece que el Madrid juegue la Final de la Champions en el Millenium, y ganarla. Lo merece todo.

Siento un atisbo de pudor ante la mención de nuestras grandes gestas cuando acabamos de hablar de la anodina marcha de los pájaros azules. Creo que llego a sonrojarme un poco, aunque siempre puedo atribuirlo al frío pelón. No hace falta especificar que este vetusto, típicamente británico estadio carece de calefacciones, o de forma alguna de sortear los elementos. Una lluvia que está a un paso de ser granizo, y que nos llega en ráfagas de viento oblicuas y discontinuas, hace especialmente bienvenido el descanso y la cerveza en el interior. En el bar, Geraint sigue glosando las glorias de aquella Supercopa, las glorias vikingas.

-Cristiano estuvo soberbio. Qué gran noche aquella. La noble fiereza del espectáculo que estás contemplando hoy tiene su encanto, supongo, y por eso vengo yo aquí cada domingo desde hace cincuenta años, pero no está de más que una vez cada tanto, cuando uno paga por ver un partido de fútbol, reciba a cambio fútbol de verdad.

El segundo tiempo transcurre. Exactamente igual que el primero, con dos únicas diferencias: la lluvia arrecia con más fuerza, obligándonos a sacar los paraguas, y el Norwich no marca esta vez ningún gol. La escasa media entrada que registra el estadio no cesa de animar a fin de lograr que quien marque sea en cambio el Cardiff City. Se llega a término con un arreón postrero de los Blue Birds. El colegiado señala el final y no tengo nada que oponer.

-Habéis merecido al menos el empate- le digo a mi amigo, creyéndolo y creyendo servir de sincero apoyo, que es lo peor.

Lo que cunde entre la gente, al abandonar el estadio, es una especie de lánguida resignación, un pesar consuetudinario. Allí nadie pide la cabeza de nadie, nadie grita iracundo y los niños, bufanda blanquiazul al cuello, desfilan por los vomitorios de la mano de los padres, en conmovedora procesión. Al salir junto a Geraint bajo el aguacero, y volver a pasar junto a la estatua de Frederick Charles Keenor, experimento de nuevo un prurito de rubor.

Entendedme. Yo estaba convencido de que lo mío con el Madrid era una verdadera historia de amor.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

2 comentarios en: Road to Cardiff (X): Una verdadera historia de amor

  1. Precioso artículo, muchos estábamos allí, bajo la lluvia, ......., en descargo nuestro, he de decir que estos fieles amantes de sus colores, lo son a lo único que deportivamente tienen, si no lo soportaran, to support, supporters, tampoco tendría otra opción, son de su tierra, aunque llueva o no de frutos, con lo que les es más llevadero, ......., nosotros, deportivamente, lo tenemos todo y, por ende, tan solo una cosa única, que lo es en todo este universo futbolístico y deportivo y, ......, y es nuestra leyenda, ......., a nosotros nos toca pues, estar casi eternamente inconformes y atentos para atesorar entre todas las manos, tantos honores, ........ 🙂

  2. No sé si yo iría mucho al fútbol si viviera en Galés. El frío y la lluvia me acobardan. Supongo que es como todo, acostumbrarse. Por lo demás, un placer leer esta sección.

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