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Road to Cardiff (V): Piperismo prostático

Road to Cardiff (V): Piperismo prostático

Escrito por: Jesús Bengoechea10 octubre, 2016
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Una de las cosas que llaman la atención en el Cardiff City Stadium cuando se está disputando un partido de la selección de fútbol de Gales es el perpetuo trajín que se observa en la grada. Es una grada que anima muchísimo y que lo hace a veces de forma conmovedora, como cuando de forma espontánea se arranca con el himno galés y sus acordes solemnes se van extendiendo por la multitud. Eso conmueve, mientras lo del trajín intriga. ¿Por qué tanta gente se levanta de su asiento en medio del partido y vuelve al cabo de un rato? El efecto es similar al que registra un madridista decente, en el Santiago Bernabéu, cuando ve desfilar al piperío a partir del minuto 75 y en lo más emocionante del partido.

Hay dos diferencias. Para empezar, los piperos vikingos salen del estadio y se encaminan corriendo a desaparcar en Padre Damián para evitarse el atasco, es decir, se van para no volver, mientras que los piperos del Cardiff City Stadium regresan a su localidad al cabo de un rato. Y la segunda: los hinchas de Cymru no necesitan esperar al minuto 75, pues el trajín, las idas y venidas, se producen desde los primeros compases del choque y no cesan en los noventa minutos.

-Ya está- concluí con mi compañero de asiento, sabedor como soy de la querencia al ale de mis ya cuasi-compatriotas.- Van a por cervezas.

-Qué va- respondió mi acompañante, un amigo español.- Fíjate en los que vuelven a sus asientos: regresan con las manos vacías.

Nunca habría desentrañado el enigma de no haber acudido al baño en el descanso. Una auténtica horda de fieles dragones, una multitud ingente, se agolpaba en el camino a los urinarios, haciendo impracticable la micción. Las continuas idas y venidas eran pues las de los previsores que, valiendo por dos, orinan al menos como uno, y que saben que en el descanso -ora por insuficientes infraestructuras mingitorias, ora por la profusa libación de ales antes de entrar al estadio- va a ser poco menos que imposible triunfar en la aglomeración. La próstata dicta su propia ley, y esa ley es la prudencia: vayamos ahora porque ya sabemos cómo se pone eso al descanso, y si para aliviar nuestras vejigas hemos de perdernos un mayestático y tempranero gol de cabeza de Bale, marcando académicamente los tiempos en un saque de córner del vice-héroe Ledley, nos lo perdemos y a otra cosa.

Lo malo es que muchas de las otras cosas también se las perderían todos los diurético-piperos de la capital del Taff. Se perderían detalles -y cualquier detalle es demasiado- de una nueva exhibición de Gareth Bale, galopadas, frenazos en seco, controles apabullantes, pases en largo, sombreros, giros, desmelenes. Cuánto pelo cabe en un quiqui es pregunta con menos carga de realismo sucio de lo que pudiera pensarse a primera vista. Yo vi ayer a Sansón en busca de una Dalila que no le cortase pero sí al menos le recogiera las guedejas, aunque al final demostrara apañárselas admirablemente en el arte de reducir tan sorprendente pelambrera (rebelde) a su mínima expresión con una goma. No hizo falta Dalila ni Delilah, ni siquiera la de Tom Jones. No sabemos cómo andará de la próstata el Tigre, otro galés -como Gareth, quizá no tanto- para la Historia.

tom-jones-doctorGeorgia iba a empatar al comienzo de la segunda parte, aunque justo es decir que ya había estado a punto de conseguirlo en la primera por medio de un golpe franco prodigiosamente desviado por Hennessey tras el cual el colegiado, asombrando a todos, decretó saque de puerta. No habría sido la primera vez que un portero reclama que le tiren un córner para que no le birlen el mérito de su intervención, pero Hennessey no dijo esta boca es mía con envidiable espíritu de equipo, espíritu que de poco le sirvió en el remate de Okriashvilli, el apellido más raro que hasta la fecha había aparecido en La Galerna.

Coleman optó entonces por meter al campo dos tanques a falta de uno (Robson-Kanu se unió a Sam Vokes), pero el empeño resultó contraproducente. Gales se puso a bombear balones al área como si Ian Rush no se hubiera quedado en Mónaco tratando de abrir una de las bolas calientes de Florentino, y la brillantez de Gareth se extravió en aquel despropósito aéreo. Estuvo cerca Georgia de llevarse los tres puntos en algún contragolpe apañado y en un disparo al palo de otro que no era Okriashvilli, aunque es justo indicar que quienes apretaron de forma encomiable fueron los locales, y aquí ya hablamos tanto de los jugadores como del público, que en la última media hora casi no acudió a mear ni una sola vez. No cesaron de animar ni un instante. Resultó infructuoso. En el minuto 85, se produjo una falta cerca del área, en una posición que ni pintiparada para el once, para el bueno. Mientras Gareth ensayaba la postura que tradicionalmente antecede al chut, la que no sabemos si le copió a Cristiano o a la ingeniería industrial, no había en el Cardiff City Stadium un solo alma que no estuviera de pie sobre su asiento.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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