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Relativismo madridista

Relativismo madridista

Escrito por: Jorge Garcia Vela22 marzo, 2016
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Parece que Florentino es la maldad personificada, como ha venido anunciando As desde hace años, logrando convencer a un buen número de madridistas que llevan más allá la crítica lógica. La llevan mas allá porque de sus radicales argumentos se extrae que Florentino se equivoca por pura maldad, para perjudicar al club, a sus seguidores y, por extensión en el absurdo, a sí mismo finalmente.

Debemos partir de la base de que nuestro actual modelo de gestión es innegociable si queremos seguir compitiendo al máximo nivel. Un modelo que ya fue esbozado por el propio Santiago Bernabéu rudimentariamente y a fin de convertir a nuestro club en el más importante de la historia. Un gran estadio, aumentar y mejorar el acceso a los aficionados y contar con los mejores jugadores del mundo. Eso ha hecho Florentino: profesionalizar la gestión de un club de fútbol desde una concepción empresarial, algo que han imitado todos los equipos de élite, ya sean sus dueños los socios o un multimillonario.

La cuestión es cómo se ejecute ese modelo. En el Real Madrid los fichajes de grandes jugadores no siempre se han correspondido con las necesidades deportivas de la plantilla, haciéndose estas contrataciones de acuerdo sobre todo a la beneficiosa explotación económica que se podía derivar de ellas. Nombres ante los que es difícil negarse, pero que a veces impiden la venida de otros jugadores que cubran puestos más necesitados. Esta ha sido una de las causas de las habituales descompensaciones de plantilla. Es evidente que no hace falta una estrella anual, aunque sea muy beneficiosa económicamente, lo que ha provocado un superávit de futbolistas para unos pocos puestos mientras que otros aparecen mal cubiertos.

Florentino ha sido consciente de estos defectos y ha intentado poner remedio varias veces y de muy distintas formas, pero no acaba de corregir ese lastre y de plantear un plan equilibrado al respecto. Florentino ha contado con directores deportivos, que han pasado sin pena ni gloria, llámense Valdano, Sacchi o Benito Floro. Cuando la cosa salía mal se le criticaba que no los escuchaba, pero muchas de las contrataciones más cuestionadas, tanto de jugadores como de entrenadores, han sido realizadas por mediación de estos directores deportivos. Con Mourinho se probó otro sistema. Fue el entrenador que más poder de decisión tuvo, haciendo las veces de técnico y director deportivo, consensuando las altas y las bajas.

Si bien es cierto que hay vaivenes, en este aspecto, no se puede negar que se ha intentado todo. Quizá ha faltado paciencia, o insistir en lo que parecía un proyecto serio que acabó dando buenos réditos con el trabajo de Mourinho y Ancelotti, pero es lógico que en un club como el Real Madrid las decisiones se tomen en consenso.

Mourinho, por ejemplo, que tenía poder de decisión, tuvo que ceder en muchas cosas. Hubo jugadores que pidió y no vinieron (Bale, por ejemplo) y otros que vinieron y no pidió, como Pedro León. Pero las cosas se hicieron en función de las necesidades. En la toma de esas decisiones hay que tener muchos aspectos en cuenta, desde las necesidades deportivas a las posibilidades económicas para acometer un fichaje, desde el rendimiento comercial que el jugador puede tener a su carácter más o menos indispensable para cubrir una posición concreta. De ahí que las decisiones consensuadas sean la mejor opción siempre.

Nadie se acuerda de un director deportivo o un secretario técnico cuando se gana. ¿Alguien lo hizo tras la Décima?

FloPer

Florentino Pérez salvó al Real Madrid y lo puso en disposición de poder competir con los clubes más potentes de Europa. El Madrid es hoy lo que es gracias a él, y esto parece olvidarse. De no haber llegado estaríamos en manos del algún multimillonario y no sabemos en qué situación. Esto no significa que deban omitirse las críticas, pero desgraciadamente hay muchas personas que exceden el reproche a las fisuras del sistema, pretendiendo derruir el entramado y cuestionando el modelo mismo. Un modelo imitado por todos los clubes potentes del mundo, reitero.

Y es que muchos se quedaron en los 90. Como de futbol puede opinar casi todo el mundo, así se hace. Todos hemos visto partidos y jugado al fútbol de una u otra manera, podemos hablar de goles que se meten, tácticas y dibujos, de jugadores mejores o peores, más o menos adecuados, pero de cómo se gestiona y negocia en una gran empresa son pocos los capacitados, porque cuando el mundo del fútbol se profesionalizó tanto y cambiaron las formas de gestión a un patrón empresarial, la mayoría perdió pie. Muchos añoran la sencillez de antaño y desprecian lo que no se entiende, algo apreciable en cualquier ámbito de la vida.

Cuando pedimos que se haga limpia en el vestuario, que se den 7 u 8 bajas (yo lo pido cada vez que puedo), lo hacemos como el que cambiaba cromos con los amigos en el recreo, pero esas operaciones tienen un impacto económico que desconocemos y que quizá las haga inabordables. Hay infinidad de matices que deben tenerse en cuenta. Los contratos son multimillonarios, lo que permite mantener la competitividad y conservar a los jugadores, de modo que darles una baja supone una indemnización cuantiosa, como es fácil imaginar. Además, hay que contar con nuevas contrataciones para sustituir esas bajas, que salgan rentables tanto deportiva como económicamente para seguir sosteniendo un modelo donde lo económico y lo deportivo deben ir de la mano indispensablemente.

Nosotros con decir “Ah, eso no lo sabía” lo resolvemos todo, pero mientras nos hemos dedicado a hacer juicios de valor y el caldo gordo a los medios de comunicación antimadridistas o amarillistas “porque tenemos derecho a opinar”, perjudicando al club que se supone de nuestros amores, sin conocimiento alguno. No parece un comportamiento muy responsable.

Podemos debatir sobre si las renovaciones son más o menos acertadas, sobre si se dio en el clavo con este o aquel fichaje, pero debemos relativizar las cosas, comprender que en cada caso hay infinidad de matices que se desconocen y que provocan decisiones que no son tomadas desde la maldad sino con un sentido y una coherencia, con mejor o peor acierto, pero no desde la arbitrariedad.

He escrito en múltiples ocasiones que la limpia del vestuario debió comenzar hace unos años. Quizá así ahora no harían falta 7 u 8 bajas. Ha sido un error de Florentino acometer esa limpia en su momento, pero es necesario recordar que en medio conquistamos una Champions, lo que varió completamente el escenario.

En La Galerna tenéis mi opinión sobre el rendimiento de Sergio Ramos en varios artículos. No entendí la renovación de un jugador que ha estado al máximo nivel medio año de los últimos cuatro, pero en el escenario de un verano convulso con la salida de Casillas, y con un compromiso previo por la consecución de la Décima (donde fue esencial), es más comprensible esa apuesta esperando una reacción en un jugador que no es un mal profesional y se cuida mucho, cabeza aparte. No es condenable tal circunstancia.

Con Casillas ocurrió lo mismo. El club fichó incontables porteros, con lo que el mensaje era claro, desde el respeto a un icono del club, pero la actitud de Casillas, que no aceptaba su rol, y la circunstancia de que Ancelotti se entregara a los “héroes de la Décima” tiró por tierra todo aquello, retrasó la salida del portero y acumuló problemas.

El despido de Benítez, que como se ha demostrado no era el culpable de lo que ocurría, ha sido una solución de emergencia buscando un impulso para unos jugadores que tienen capacidad para lograr lo máximo, una decisión desesperada que salve una temporada que se escapa, lo que no es algo absurdo o ilógico tal y como estaban las cosas, aunque no fuera la opción más deseada. Y lo digo yo, que defendí hasta el final a Benítez, que me mostré en contra del despido de Ancelotti… ¡Hasta apoyé a Pellegrini!

Cuando se toman decisiones en un club tan grande no se hacen por meros impulsos; están meditadas, reflexionadas y debatidas, con Juntas y técnicos, donde las sensibilidades son variadas y distintas, donde se deben tener en cuenta muchas cosas. Porque no siempre lo que oímos en la prensa, intuimos o sospechamos se corresponde con la realidad.

Debemos quitarnos de la cabeza esas ideas simplistas, entre otras cosas porque son las que llevan décadas vendiendo desde los medios. Es normal que ocurra, lo sé, es más fácil explicar las cosas desde el simplismo para cargarnos de razón, sobre todo cuando no se tiene toda la información, y en algunos casos no se quiere tener (hernias, esparadrapos…).

Ese está siendo uno de los defectos del presidente, esa falta de determinación para acometer decisiones drásticas. Aunque comprensibles o explicables, los mensajes a ese vestuario han sido contraproducentes y han incentivado el conformismo. Es un aspecto que la dirección del club debe corregir y creo que está en ello, a pesar de todos los problemas que nos rodean.

¿Por qué pienso esto? Por algunas entrevistas que Florentino Pérez dio y donde su diagnóstico daba en el clavo de lo que estaba sucediendo en el vestuario. Florentino Pérez, en diversas entrevistas, puso el dedo en la llaga de la intensidad, añoraba la que se tenía hace tres años (época de Mourinho) y se lamentaba de que se hubiera ido perdiendo poco a poco. Esa fue la causa que expuso para el cambio de entrenador, coherente, y pedida por muchos madridistas, para revitalizar al equipo con un técnico duro y exigente, en este caso Benítez.

Son declaraciones que parecen confirmar un diagnóstico defendido por la mayoría de madridistas, que hay un problema de competitividad en esta plantilla, que tiende a relajarse a la mínima de cambio. Parece confirmar que es con la figura de Mourinho con la que más se identificó, que esos valores que inculcó eran la senda a seguir, pero que se vieron traicionados posteriormente. Subyace una autocrítica en esas reivindicaciones e ideas, pero no siempre parece actuar en consecuencia el presidente.

Ese buen diagnóstico debe ir acompañado d