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Recuerdos madridistas

Recuerdos madridistas

Escrito por: Athos Dumas23 marzo, 2017
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“Nunca verás un trío defendiendo mejor que Zamora, Ciriaco y Quincoces”. ¡Cuántas veces me contó aquello mi querido padre! Hijo de franceses que se instalaron en España a finales de los años 20, mi padre empezó a ir muy pronto con sus padres –mis abuelos – al viejo Chamartín. En aquella época de entreguerras, los franceses tenían fascinación por el Real Madrid, ya que uno de sus ídolos, René Petit, había brillado como jugador en los años 1914-1917. Así pues, cuando mis abuelos tuvieron que elegir equipo en Madrid, la elección fue muy sencilla.

Zamora, Ciriaco y Quincoces. Y Luis Regueiro.  Y Leoncito. Y el gran Gaspar Rubio, el “Rey del Astrágalo”, quien, según cuentan las leyendas, salía resacoso en algún partido, jugaba la primera parte poco menos que KO y, tras una ducha fría en el descanso, era capaz de marcar 4 goles él solito en la segunda parte. Recordemos que este fenómeno fue capaz de marcar ¡9 goles! en los 4 partidos qué jugó con la Selección.

Y qué decir del 11-1 en semifinales de Copa al Barcelona en el año 1943, remontando un 3-0 de la ida, con los goles de Pruden, de Chus Alonso, de Sabino Barinaga. Sí, ese mismo Barinaga que marcó el primer gol del Madrid en el nuevo Chamartín (posteriormente Estadio Santiago Bernabéu) a Os Belenenses el día de su inauguración…Tantas y tantas historias que me contaba…De gente que jugó 20, 30, 40 años antes de que yo naciese…Y son tan familiares para mí como personajes míticos de la literatura como Athos, Porthos o D’Artagnan…

Pero cuando se trataba de hablar de ídolos, mi padre se deshacía en elogios al hablar de Don Santiago Bernabéu. A Don Santiago tuvo la suerte de conocerlo en persona, no en vano mi padre fue profesor de francés del gran Raimundo Saporta, mano derecha de Bernabéu tantos años y quien fue el alma máter de nuestra gloriosa sección de baloncesto. Siempre me contaba mi padre la faceta de visionario de Don Santiago al conseguir los terrenos y la financiación necesaria para construir ese nuevo estadio para más de 75.000 personas en primera instancia, y para más de 120.000 en su primera remodelación allá por los primeros años 50. Que alguien se ponga a imaginar esa bendita locura en un país que estaba aún en plena reconstrucción tras la guerra. Ese nuevo estadio fue realmente el segundo nacimiento del Madrid, casi 50 años después de su fundación.

Y Don Alfredo. Era hablar de Di Stéfano y a mi padre se le mojaban los ojos. Hasta que llegó Di Stéfano al Madrid, tan sólo habíamos ganado ¡2 ligas! Precisamente en los años 30 y precisamente con Zamora, Ciriaco y Quincoces de valladares defensivos. Y alguna Copa de España. Como la mítica de 1936, en Valencia, con la antológica parada del Divino Zamora al chutazo envenenado lanzado por el azulgrana Escolá. O como un par de Copas ganadas en los 40 en tiempos de Pruden. Don Alfredo puso al Real Madrid definitivamente en su sitio: en su primer año de madridista recuperamos el cetro liguero 21 años después. Bueno, también estaban Rial, nuestro capitán Zárraga, Juanito Alonso, Olsen, Pachín o Gento. Pero todo giraba alrededor de la figura de Don Alfredo.

Imaginaos a mi padre, francés de nacimiento e hijo de franceses, viajando en 1956 (¡hace 61 años!) a París, su ciudad natal, para ver la final de la I Copa de Europa entre su Real Madrid y el Stade de Reims, campeón de Francia y plagado de internacionales como Fontaine, Jonquet, Michel Hidalgo o el gran Raymond Kopa…Pues allí estaba él, con mi madre, dejando a sus primeros 5 hijos en su casa de Madrid (yo soy el 8º y aún no había nacido), animando sin parar a los nuestros ante 40.000 hinchas del Reims. Y trayéndose la Copa para Madrid, por supuesto, tras haber superado primero un 0-2 adverso y posteriormente un 2-3. ¡En territorio hostil! Conociendo estos datos históricos a mí no me resulta nada difícil creer en las remontadas de los años 80 o en los goles milagreros de nuestro Sergio Ramos hoy en día…Y ese espíritu lo creó en gran medida el Gran Alfredo, un cascarrabias antipático con espíritu triunfador en el campo de fútbol y un pedazo de pan – de eso doy fe yo mismo, que tuve la suerte de compartir mesa y mantel con él tres veces –  y un auténtico sabio fuera de los terrenos de juego. “El Madrid es Di Stéfano”, solía decir mi padre. “No nos quieren pero nos temen”, sentenciaba. Como veis, esto último no ha cambiado mucho en nuestros días, los antis no nos quieren nada de nada, pero nos tienen mucho miedo…y envidia…

Tantas anécdotas…Con Kopa, francés como él, y que estuvo a punto de ser el padrino de una de mis hermanas (pero que en el verano de 1959 tuvo que rescindir su contrato con el Madrid para volver a su país y cuidar de su propio hijo, que tenía una gravísima enfermedad). Con Santamaría, con Marquitos, con Molowny. Con el gran Héctor Rial, el finísimo interior argentino. Con Paco Gento.

Los antis no nos quieren nada de nada, pero nos tienen mucho miedo... y envidia

Mi primer recuerdo en el Bernabéu fue precisamente en el segundo partido de homenaje a Gento. Sabed que Gento es tan grande que el Real Madrid le hizo no uno, sino dos partidos de homenaje. El primero en 1965 (tenía 32 años) frente a River Plate de Argentina. El segundo, ya en 1972, que es del que tengo recuerdo, Gento tenía por aquél entonces casi 39 años, se había retirado un año antes para dar paso a los Macanás e Ico Aguilar que venían pisando fuerte, después de haber “amargado” su carrera al gran Manolín Bueno, su suplente de lujo durante más de 10 años en el Madrid. Ese día de 1972 lo recuerdo perfectamente, era un partido nocturno prenavideño, y que el Madrid hizo que coincidiera como 25º aniversario del estadio y, precisamente contra al mismo rival que 25 años antes: los portugueses de Os Belenenses. Ese día – jamás lo olvidaré -, me llevaron mis padres al estadio con mi camiseta con el 7 de mi ídolo Amancio a la espalda. Lo que daría yo por tener esa camiseta y la foto que nos hicieron a pie de campo con Gento…La primera vez que vi en vivo a Betancort, a Pirri, al gran Manolo Velázquez

Luego fui creciendo y seguí yendo al fútbol, de pie, en mi Fondo Norte del alma. Y desde hace ya tiempo a mi abono del mismo fondo. No sé si seré capaz de inculcar tanto madridismo a mis hijas como lo hizo mi padre conmigo. Son socias desde que nacieron, eso sí. Pero la labor que hizo mi padre conmigo, sobre todo al narrarme tantos partidos y tantas viejas anécdotas, al transmitirme tanto amor a nuestros colores, tanta pasión, tanto orgullo, tanto respeto, tanta historia, no sé yo si seré capaz de hacerlo yo con mis dos hijas. Me temo que no… Él me ganó para “la causa” con sus palabras y narraciones. Como si cada día me estuviese contando una novela épica de hazañas fabulosas y de héroes inmortales. El resto, lo hizo el propio Real Madrid sobre el terreno de juego, dándolo todo y jugando, tan sólo, para ganar. De todos los regalos que me hizo mi padre en vida, sin duda el mejor fue el inocular por mis venas el veneno blanco del madridismo.