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Real Madrid: velocidad vs andalucismo

Real Madrid: velocidad vs andalucismo

Escrito por: Antonio Valderrama17 junio, 2019
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Al calor de los fichajes que está anunciando el Madrid por tandas, algo insólito desde el verano de 2013 y que nos devuelve a todos el viejo aroma del gran florentinismo -que yo personalmente creía perdido- se pueden sacar algunas conclusiones sobre el Madrid que viene. Por ejemplo, que aun sin saber ni el número ni la calidad de las bajas (se prevé que julio sea el mes en el que Zidane y el presidente saquen la guillotina) el equipo de la temporada próxima aspirará a ser rápido e intenso. Eso en cuanto a los once tíos de blanco desparramados sobre el césped. En cuanto a vestuario, la otra coordenada que es posible vislumbrar es la amplitud. Como si se redescubriera el futurismo de Marinetti (afirmamos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad), el éxito incontestable de los equipos ingleses en la campaña europea que recién terminó ha impuesto algunas verdades: el paradigma ha vuelto a cambiar y el fútbol de élite se ha inclinado de nuevo hacia la velocidad estajanovista.

El 4-0 del Liverpool al equipo que se ha paseado en España resultó lapidario en ese sentido. Lo dijo Emery en una interesante entrevista que dio en El Mundo antes de perder la final de la Europa League contra el Chelsea de Hazard. “En el fútbol inglés actual, generes lo que generes, con o sin balón, lo has de hacer en alta intensidad. No se puede jugar de otra forma: o eres intenso o mueres. La ganancia de los duelos individuales es una prioridad para la mayoría de entrenadores, está muy presente en el trabajo”.

Pero no sólo fue el Liverpool. Los muchachos del Ajax que barrieron al Madrid en el Bernabéu parecían aviones. La Juventus sobrevoló al Atlético en la vuelta de Turín como si fuesen montados en helicóptero. El Tottenham de Pochetino remontó un 2-0 en cuarenta minutos largos de esfuerzo supremo y eso después de ganarle al City de Guardiola una eliminatoria trepidante desde el punto de vista físico.

Se pueden interpretar las llegadas de Militao y Mendy en esta línea. Refuerzan posiciones muy debilitadas en esta última temporada y lo hacen dos futbolistas con alguna experiencia en la alta competición, internacionales con sus países, pero, sobre todo, con una planta estupenda. El trapío de ambos es una promesa de esfuerzo sin fin y eso es exactamente lo primero que necesita el Madrid, carente por completo de tono físico en esta temporada del desastre.

 El Madrid sin embargo también requiere de talento, genio, desequilibrio y todas esas cosas que inclinan la balanza en los grandes momentos, y para eso ha venido Hazard y también se espera a Pogba. Entre Pogba, Mendy y Militao es imposible no sugestionarse con imágenes oníricas de potencia, elasticidad y dinamismo. Es como abrir un ventanal enorme y dejar que una embriagadora corriente de aire oree la habitación del Madrid, la limpie de toda esa polución y concentración esclerótica de la pasada campaña. De Mendy poca gente sabe algo porque no conviene engañarse, la gente del común sólo ve a equipos como el Lyon dos veces al año, con suerte: si juega contra el Madrid en la Copa de Europa o si lo hace contra el Barcelona. Pero uno se imagina a Mendy y lo ve en toda su negritud luminosa y de inmediato proyecta a un tío que corre que se las pela, que es puro pegamento táctico. Luego recuerda a Marcelo trotando con la melena hacia atrás (siempre que pierde la posición y agoniza recuperándola el viento le desplaza la cabellera hacia atrás y uno ya sabe que el riesgo de ruina es inminente) y de inmediato se sume en funestas cavilaciones.

Esa negritud por tanto de Mendy, de Pogba, ese dinamismo que se advierte en Hazard, resulta hasta farmacológica.

Sigue Emery: “En la Premier estás obligado a ser regular. El fútbol español dominó el mundo gracias a la calidad, que es lo que prima. También dispone de toda la tecnología que tenemos en la Premier, pero su intensidad y velocidad son menores. Es lo que Europa señala”. Intensidad y velocidad. La adenda para los madridistas es aún más interesante: regularidad. El Madrid lleva dos temporadas sin ser regular. En el famoso “2 de 8” que circula de boca en boca entre los madridistas tuiteros hay que distinguir entre las ligas en las que el Madrid compitió por el título, es decir, fue regular, y las que no. Se puede decir que en la mitad de ellas el Madrid fue regular a pesar del resultado final, que suele confundir el recuerdo del madridismo, cuya naturaleza es agonista, agónico y por qué no decirlo también un poco agonías. El Madrid necesita ser intenso, veloz y regular para luchar por la Liga hasta el final: uno infiere que Zidane lo sabe bien (en su presentación, en marzo, dijo que en sus meses de retiro no se había perdido ni un partido del Madrid y que conocía exactamente lo que precisaba la situación) y que por tanto sus exigencias a Florentino se articulan en torno a la necesidad de un equipo largo como el que administró en 2017; lleno de futbolistas de espíritu keniata y algo que en el Madrid se da por descontado, plenos de virtuosismo. La Liga, en este caso, es el medio indispensable para alimentar el fuego de la motivación general. Zidane, que ha demostrado conocer bastante bien las pulsiones ocultas bajo la moqueta de la casa madridista, habla poco pero dice mucho. Las Copas de Europa como botes salvavidas en naufragios de 9 meses son excepciones históricas que deben evitarse.

Todo esto no obstante viene a redundar en el declive de lo que podríamos llamar la escuela andalusí del Madrid. Es decir, de jugadores como Isco o Ceballos. El caso de Ceballos es muy curioso, paradójico: a simple vista posee unas cualidades estupendas para asentarse en un gran equipo, es rápido pensando, ágil, menudo pero fuerte, hipertécnico, preciso en la corta y la larga distancia, generoso en el esfuerzo y con un disparo desde lejos muy interesante. La cosa es que lleva dos años sin definirse específicamente, sin entrar en alguna categoría de centrocampista (o como se dice ahora, en un rol) y tampoco sin convencer del todo a ninguno de los entrenadores que ha tenido en el Madrid en ese tiempo, que han sido tres. Lo de Isco es otra cosa porque en 2017 ya demostró que puede ganarse a Zidane corriendo, siendo intenso, a costa de sacrificios físicos que en esta última temporada ha parecido olvidar por completo.

Este cambio de paradigma no supone ninguna innovación sino más bien una vuelta al fútbol de élite previo a la irrupción de la España de Luis Aragonés. Hoy poca gente lo recuerda, pero fue aquel hombre canoso, en chándal, malhablado y gruñón, entrenador antiguo de los que todavía se rascaban las orejas en las ruedas de prensa; puritita vieja escuela y a cinco minutos de jubilarse, quien superó la cinética musculosa de Mourinho y Benítez en la Premier gracias a la precisión sobrenatural del talento que él fue amontonando en su Selección. Luego llegó Guardiola y le dio una vuelta de tuerca a todo eso con Messi, la herramienta definitiva. Aquellos años españoles orientaron la evolución de la nueva generación alemana que Low conduciría más tarde a la cima y en general, como pasa siempre, el mundo entero quiso imitar el modelo ganador.

El Madrid también y el upgrade (lo que queda del mourinhismo, ¡el lenguaje!) de Ancelotti consistió en ensamblar la pausa y el vértigo (Isco, Benzema y Di María) con la caballería pesada (Ronaldo, Bale, Carvajal). Por encima de todo el talento siempre juzga, el talento es la diferencia y quizá eso pueda salvar a Isco en el nuevo plan de Zidane viendo que las alternativas que ofrece el mercado (Eriksen) a la decadencia de Modric parecen bisutería. Zidane triunfó en el Madrid, en su primera etapa, demostrando un pragmatismo absolutamente italiano, lippiesco, que en algo evoca la España de Luis Aragonés: ambos sabían que tenían entre manos al mejor grupo de futbolistas y sencillamente se esforzaron por disponer las mejores condiciones materiales posibles para que ellos desplegaran su genio. Lo consiguieron. Ya no está Ronaldo (ni parece que tampoco Bale), Ramos y Modric tienen un año más, Marcelo, Isco y Kroos deben regresar de un año de exilio interior y en general el panorama que se dibuja obliga al Madrid a poner las velas hacia el viento que más fuerte sopla en el fútbol de élite.

Antonio Valderrama
Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

6 comentarios en: Real Madrid: velocidad vs andalucismo

  1. No debemos confundir a Luis Aragonés con Del Bosque. Si hay algo que caracterizó a la España del 2008 (y como consecuencia al Barsa de 2009) fue la intensidad en la presión a la hora de recuperar el balón. Con ambos equipos era muy complicado ligar más de 3 pases.
    Lo de Del Bosque y la España del tran-tran, acompañado del discurso de los del pensamiento único futbolero de que eso era el buen juego era una cosa muy diferente.
    Del Bosque hizo lo que mejor sabe hacer (incluso en el Madrid) coger un buen equipo y no cagarla en exceso.

  2. ¿Mendy y Militao? Pobre iluso. Jugará Marcelo y Ramos (incluso Nacho le robará minutos) y todavía está por ver que Lucas Vazquez no haga lo mismo con Hazard. Isco se va a quedar y venderemos a Ceballos, que es más joven, no inferior en calidad y su perro no se llama Messi. Zidane es el amiguismo hecho entrenador. Debe tantos favores a ese vestuario que aunque quisiera, que no quiere, sería incapaz de ser justo con este club. Zidane no piensa en el futuro, solo le importa la próxima temporada. Como si la fuera a terminar....

    1. Madre mía! Rápido, por misericordia, que alguien ponga una bomba en el Bernabeu y lo haga estallar, que tanto sufrimiento es inaguantable.

  3. No me ilusiona nada el cambio de modelo, pero entiendo que un Madrid superfísico es lo único con lo que se puede contrarrestar la prevaricación arbitral doméstica. Un Madrid superior solo en talento a sus rivales y sin protección arbitral no tiene nada que hacer en la Liga. Fuera nos homologamos a los galgos europeos, pero sin nada diferncial.

  4. Soy un aficionado , nada más. Mi opinión, probablemente equivocada, aunque es mi punto de vista honesto, es que tanto Ceballos como Isco no se adaptan al paradigma del fútbol que exige velocidad e intensidad; en especial Isco. Y Luis Aragonés , el sabio de Hortaleza (grandísimo apodo) , ya comentaba respecto a la condición física de base. Esa que tenían, por ejemplo, los alemanes y nosotros no. Y que era determinante para aquellas palizas que recibíamos. En general, en España, se ha mejorado mucho al respecto. Pero, hay quien tiene una condición física de base bastante limitada.

    Que la condición física de base sea deficiente, adecuada u óptima depende del trabajo físico desarrollado en la etapa de formación. Si la adquieres cuando corresponde, posteriormente lo "único" que tendrás que hacer para estar en buena forma física es entrenar de manera adecuada, alimentarte bien y descansar (recuperar) lo necesario.

  5. El fútbol profesional actual es un compendio de fuerza, velocidad y talento. El equipo que consiga aunar estos tres factores de manera paritaria será un equipo competitivo ,de los que disputarán los títulos.
    El equipo que desprecie alguna de estas , será un equipo cojo.
    Exactamente igual de aplicables son estás premisas a la hora de contratar a un jugador. Cuántas más aptitudes de esas tres tenga, más completo será.

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