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Pasa la Liga, pasa la vida

Pasa la Liga, pasa la vida

Escrito por: Antonio Valderrama14 julio, 2020
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Hace trece veranos yo veía el fútbol en un bar. Hace trece veranos tenía trece años y cuatro Ligas menos. Cuatro Ligas en trece años. Es un dato que cuenta una historia. Desde que existen el Canal Plus y Messi, el Madrid debe ir a buscar las Ligas hasta el fondo de la gran caverna. Allí siempre le espera un monstruo. Las Ligas las custodia un Polifemo erizado de púas que defiende el tesoro hasta la última gota de hiel y de sangre. Cada una de esas Ligas que ha ganado el Madrid desde el verano de 2007 se han llevado una parte importante de la salud mental y física de todos los madridistas. Hace trece veranos yo veía el fútbol en un bar y estaba por ganar, junto a la nación madridista, una Liga única, como ahora. En trece veranos pasan muchas cosas. Uno se va quedando más solo. Las derrotas y las victorias adquieren un sabor diferente porque se conoce mejor su valor: pueden ser las últimas, uno nunca sabe, el mundo ya no es una frutería que nos exhibe indecentemente todas sus maravillas, poniéndolas, sin límite, al alcance de nuestras manos. Por eso las Ligas son tan importantes, porque tasan el paso del tiempo con la exactitud del perito de una casa de seguros. Y lo hacen con el mismo frío, implacable, pragmático y meticuloso hiperrealismo.

 

Uno es todas las Ligas que ha ganado y que ha perdido. Me acuerdo hasta de dónde estaba cuando el Barcelona ganó tal o cual Liga y yo pasaba esas tardes enganchado a la radio o a la tele, esperando un estúpido milagro. Esa sensación que retengo de comprar la Guía MARCA todos los veranos, de mirar el palmarés y poner una raya: ya están una más cerca. Los años se cuentan en Ligas, al menos los contaba yo y los contábamos entonces, porque no sé si todavía los niños coleccionan estampitas de Panini. A mí me compraban el bollicao todos los días porque salían cromos de futbolistas, aunque sólo me quedara con los del Madrid. Nunca fui avaricioso. Habitamos una tierra fuera del tiempo junto a todos aquellos que vivieron esas Ligas con nosotros. Siempre están ahí, a nuestro lado. El transistor de mi abuelo en su cuarto, sobre la cómoda, radiando los partidos. Verlo rellenar la quiniela en la mesita de la cocina y llevarla siempre con él en el bolsillo de la camisa blanca, junto al perenne bolígrafo. Aquella bola mágica que me regalaron, negra, estaba de moda entre los chavales, que predecía el futuro: yo le pregunté si el Madrid iba a ganar la Liga de Valdano, la bola me dijo que sí, y la ganó, con gol de Amavisca, al Deportivo, la primera Liga del Madrid que recuerdo en toda mi vida. El alirón contra el Atlético, en el 97, en la terraza de una heladería, a los mayores les daba lo mismo, yo no podía parar de saltar. Los paseos de los domingos en el coche, con el Radioestadio puesto. Las rondas informativas. Los dos primeros goles de Ronaldo en el Madrid, al Alavés, con la puerta abierta, junto a mi casa, esperando a mis padres, la voz de Alejandro Romero que tronaba, Taboada preguntándole de quién, pero de quién era el gol. La noche en que, a la vez, el Madrid ganaba 0-4 en el Calderón y Mido Hossam nos regalaba la llave del castillo en Vigo, fulminando a la Real de aquel profesor de gimnasia frnacés. La angustia de los siete puntos menguantes, el año de Mourinho. La comida en el muelle, todos juntos, con mi abuela, celebrando unos cumpleaños y que aquella noche el Madrid ganaría la Liga en Málaga.

He recordado un anuncio, precisamente de aquella campaña 2006-2007, de aquella Liga maravillosa que atesoro en mi imaginación como un regalo de Reyes que no se puede olvidar. Recuerdo que me emocionaba mucho verlo siempre unos minutos antes de que conectaran en directo con el partido del Madrid. Me sentaba en mi silla de plástico, esas sillas de bar con la publicidad de alguna marca de cervezas, estas sillas, en realidad, de chiringuito, y pedía una cocacola. Tenía por aquel tiempo menos dinero que el que se está bañando. A mi alrededor, la misma gente, las mismas caras cansadas, viejas y arrugadas, algunas lampiñas como la mía todavía, veteranos y noveles transformando el verso del himno en una realidad. No había mocitas madrileñas, la mujer era un animal mitológico en aquel bar forrado de carteles de corridas de toros. A Man´s Man´s World, como cantaba Seal. Pertenecían a corridas de toros muy viejas, seguramente de las que mentaba Hemingway en Muerte en la tarde; en una pared había un corcho lleno de fotos de gente del pueblo que llevaba mucho tiempo muerta, incluso en una aparecía un bisabuelo mío. Era un bar que, como la Liga, no resistiría el paso a una Superliga europea, porque es un bar anclado a un mundo que se está extinguiendo. Por eso la Superliga me parece inevitable y por eso me pone triste pensar en ella. Había también un canario en una jaula, en una esquina. Desde allí aquel bicho tenía una visión estupenda de los dos grandes televisores planos, una cosa nueva y excitante para mí en aquella época. Yo siempre consideré a aquel pájaro el canario que más sabía de fútbol del mundo. Aquel canario podría fichar por el City como segundo de Guardiola o ir de comentarista engolado a GOL TV, al fin y al cabo, escuchaba a los del Plus cada fin de semana y tenía sabido de memoria el chascarrillo castizo de la barra: la barra de un bar así es un sitio mágico que transforma la pedantería de los periodistas en costumbrismo sin carne, puro hueso. Ese canario lo veía todo, porque en ese bar, que sólo abría para la manzanilla de al mediodía y para los partidos de por la tarde, se daba todo: desde el Cádiz y la Segunda, descorchando las largas tardes de primavera o las efímeras de invierno; hasta el Madrid o el Barcelona, que siempre acostaban aquellas jornadas entreveradas de Betis y Sevillas, al gusto local y visitante. Tenía que ser por fuerza un canario muy sabio, un canario con más erudición que un panenkito o que un Maldini, aunque a lo mejor el canario llevaba muerto mucho tiempo y lo habían embalsamado para que hiciera juego en el conjunto, dentro de mi memoria. La memoria de un español de ayer.

El anuncio al que me refiero, de Mahou, estaba narrado por la voz impresionante de Fernando Fernán Gómez. Ya se hacen pocos anuncios así, sólo los hacen los argentinos, y es sabido que los argentinos nacen con un publicista dentro, un Don Draper con vocación socrática. Quizá el mundo no haya, en verdad, cambiado tanto, pero hay cosas que se van para volver mucho más adelante y otras desaparecen para siempre. No desaparecerá nunca el recuerdo de cómo y con quién vi yo ganar al Madrid todas las Ligas de mi vida, y por supuesto, tampoco dónde estaba cuando le vi perderlas. Florentino Pérez ha reinventado el darwinismo social: como ahora, que le ha hurtado el cuerpo al ridículo fair play financiero fichando niños maravilla, adaptó la mentalidad madridista para sobrevivir a la Era Messi consiguiendo que se sufra más, se agonice más, ganando una Liga, que una Copa de Europa. La Liga sabe a domingo, aunque se juegue en miércoles, decía Fernán Gómez. O en lunes. La Liga sabe a cábalas, a cuentos de la lechera y a cuentos de la vieja. Y Zidane dice: ni cuentas, ni cuentos. La Liga es la vida, aunque uno se la deje deseándola.

Recuerdo cómo se ganó la Liga número treinta del Real Madrid. En Fans del Madrid la bautizamos entre todos los que nos pasábamos el día por allí, en el mundo antes de Twitter, como La Trigésima. No recuerdo que se haya bautizado a una Liga nunca, entre madridistas: eso se deja para las Copas de Europa, que es por lo que vive uno, por esas tardes de primavera en las que no se puede ni pensar y sólo se mira el reloj, como cuando se queda con una mujer maravillosa o se espera una llamada que le cambiará a uno la vida. La Séptima. La Octava. La Novena. La Décima: nombres que expresaban el anhelo, una sed que recorrían a hombres y mujeres de todos los lugares del mundo, como si quisieran desprecintar el mundo y comprobar que lo que nos contaron de niños era verdad. Pero la segunda Liga de Capello tuvo nombre y fue la primera: La Trigésima. En realidad, yo lo sentí como si fuera la primera de todas. Blasonaba al Madrid y eso siempre ha sido muy importante para nosotros, llegar antes que nadie al siguiente escalón y mirar al mundo desde allí. Amo, dueño y rey. Recuerdo lo que en la radio un día escuché a Javier Ares llamar el rush final. Los partidos de Huelva (la resaca que tenía yo el día del gol de Roberto Carlos en Huelva, el último gol de Roberto Carlos en el Real madrid), de Bilbao, contra el Sevilla en casa, el del Valencia. El de Zaragoza. No hubo otra Liga igual, pero esta CoronaLiga se le parece un poco.

Todos los partidos, desde el regreso tras el confinamiento, han sido como aquel 2-2 del Madrid en Zaragoza. “A 180 minutos del Cielo”, tituló Marca aquel día por la mañana, el día del Tamudazo. Sentí un escalofrío al verla. Si La Trigésima colmaba cuatro años de humillante cuesta abajo, de anarquía institucional y de dolor ante la contemplación del éxito rival y el final del sueño florentinista, esta Liga que puede ser la del número 34 saciaría otra sed. Como ha cambiado tanto el mundo, ahora Instagram te recuerda que hace dos años pusiste una foto con la que intentabas matar el dolor por el abandono abrupto de Cristiano y de Zidane. Dos veranos, pasan tantas cosas entre dos veranos. El Madrid volvió a morir hace dos veranos, como hace trece estaba también muerto. Y como pasa siempre, vuelve, como la Liga, el lugar que apuntala la leyenda, el sitio que cimenta una gloria imperecedera construida por hombres que no querían elegir entre España y Europa. Porque todo consistía, al fin y al cabo, en lo mismo. En ganar, en sentirse vivos, en atesorar recuerdos para los días de oscuridad que siempre son inevitables. Hace tiempo que dejé de ir a aquel bar a ver el fútbol. Sigue abierto pero tampoco da partidos ya: los dueños de los bares deben hipotecarse ahora para ofrecer el fútbol y eso que ya entonces, hace trece veranos, un partido del Madrid costaba casi como la cuota mensual de un hogar hoy. Como este mundo nuestro padece una ofensiva en todos los frentes contra lo bello, lo honesto y lo verdadero, habrá que ganar o perder La Trigésimocuarta en el salón de casa. Junto a todos los habitantes de nuestro pasado.

 

Fotografías Getty Images.

 

Antonio Valderrama
Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

9 comentarios en: Pasa la Liga, pasa la vida

    1. creo que todos recordamos en ese partido Barcelona - Real Madrid que decidia la liga, el del 1-2 con gol de Khedira, a Carlos Martinez diciendo en el descuento .... "la liga se nos.... se le escapa al Barcelona"....

      https://www.youtube.com/watch?v=8gVyXorLRZ8

      Sin duda desde hace mas de una decada se ha impuesto la ley no escrita de que si un periodista atacaba levemente al Real era considerado objetivo, pero si por el contrario hacia un comentario favorable, le tachaban de subjetivo y de periodista de bufanda.

  1. Buen artículo ....pero Antonio cuentas cosas como si tuvieras el doble de edad....antes íbamos al Bar a ver el futbol y a sufrir a todo el mundo, en el Bar, siempre hay el clásico " imbécil " que va encontrá del Madrid, y tu lo tienes que respetar hasta que algún día .....se lleva una buena butifarra para su casa..por cierto...ese libro del que hablas de Hemingway es muy bueno, lo recomiendo.
    Venga un abrazo a todos ya casi la tenemos.
    HALA MADRID.

  2. Una delicia . Ponéis el nivel muy alto.
    Cualquier individuo relativamente sensible y culto , si aún no había abandonado a los Brotons , David Sánchez, De la Morena, Lama, Carreño, Castaño, Carlos Martínez y demás patulea, al conoceros a vosotros y/o Richard Dees , los deja definitivamente.

  3. Gran artículo.

    Sin embargo te equivocas

    "A 180 minutos del cielo" lo publicó marca el día después de ganar 3-1 en casa al Depor (único de los últimos 8 partidos junto al 1-4 de Bilbao tranquilo).

  4. “La era de Messi” es el término que el antimadridismo mediático ha utilizado esta última década para blanquear el Villarato, que es la principal razón por la que no se han ganado más ligas. Me parece un error utilizarlo en un escrito madridista como éste.

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"Quién no recuerda el otoño de Mourinho. Aquel otoño de Thoreau anticipaba el invierno elegante de Carletto, donde vimos a tan bello Madrid sin hojas recortado sobre el cielo blanco...".

Las Cuatro Estaciones del Real Madrid https://www.lagalerna.com/las-cuatro-estaciones-del-real-madrid/ vía @lagalerna_

“Mi libro desvela cuál fue el destino del dinero que Zidane logró por promocionar Catar”.

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https://bit.ly/39PompP

“Zidane no habría sido entrenador si el cabezazo a Materazzi no hubiera tenido lugar”.

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El libro de @fredhermel sobre Zidane es único. Pocas biografías están escritas por alguien tan cercano al objeto de la narración.

@JesusBengoechea entrevista al autor.
https://www.lagalerna.com/galerna-entrevista/hermel-el-cabezazo-a-materazzi-hizo-a-zidane-entrenador/

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