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¿Qué pasa si no firmo?

¿Qué pasa si no firmo?

Escrito por: Eloy Lecina16 marzo, 2019
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“No firmo ganar la Champions el año que viene si eso implica volver a tirar la Liga el mes de noviembre”. Con esa frase incendié este viernes la tertulia del Cómo no te voy a querer, el programa de temática madridista -grabado a escasos tres kilómetros del Camp Nou- que tengo el placer de presentar en Radio Marca Barcelona. Tembló hasta el micrófono. Voy a intentar explicarme, aunque no prometo nada. Ayudadme, ¿vale?

Antes de entrar en materia: aquí nadie firma nada. Es decir, ojalá dependiera de la rúbrica torcida de un servidor -o de cualquiera de vosotros- los éxitos de nuestro equipo. No necesitaríamos ni la tinta de un bolígrafo; lo haríamos con sangre. Esa afirmación tan aparentemente categórica parte de una premisa muy clara e incluso diría que compartida por muchos de los que leeréis este texto: estamos cansados de no competir en Liga.

Este cansancio nos lleva a una situación muy peligrosa que, por desgracia, nos ha tocado vivir esta temporada. El panorama liguero del Madrid ha sido tan deprimente que incluso llegamos a desilusionarnos y -lo que es peor- terminamos siendo casi inmunes a las derrotas. Hemos estado muertos por dentro. Nos dejábamos puntos ante Villarreal, Real Sociedad, Éibar y Alavés; y ya no sabíamos ni cómo reaccionar. Mirábamos para otro lado y sentíamos, por momentos, indiferencia. Me duele hasta escribirlo, pero una barbaridad. Ni os lo imagináis.

Pensamos en el Madrid y analizamos su realidad todos los días de nuestras vidas. En La Galerna, en Twitter, en el bar de la esquina, en la universidad, en la oficina, en casa de los suegros, de los cuñados, de los tíos o del primo tonto de nuestro pueblo. Si nos caemos tan pronto de la competición regular, morimos de asco en cada pensamiento y análisis. Literalmente. Perdonadme que sea tan crudo.

Deportivamente hablando, estar bien en Liga y competir por el título te permite afrontar la Champions en las mejores condiciones posibles, tanto a nivel anímico como futbolístico. El claro ejemplo es el Madrid de la 16/17; el año del doblete. Esa temporada ganamos Liga y también la ‘Orejona’. El dominio en Europa fue aplastante, con aquel inolvidable 4-1 ante la Juventus en la final. La mejor de las últimas cuatro Champions si hablamos en términos de superioridad. La decimotercera en Kiev, en cambio, deja una lectura muy distinta.

El Madrid, empujado por su incapacidad de ser regular en Liga, se ha visto obligado en dos ocasiones a levantar la Champions con ojos de alivio y de desahogo; cuando esta merece ser el cénit de un trabajo muy bien hecho y no un simple remiendo a un mal año. Hablo de la 15/16 (Milán) y de la 17/18 (Kiev). En esas dos campañas, para el Madrid, conquistar la Champions era “salvar la temporada”. Y eso, aunque nos duela, le resta inevitablemente algo de valor a unos logros que bien merecerían todos los honores habidos y por haber. Y sí, también le resta disfrute después de la resaca.

Lo que ensalzamos tras esas dos conquistas es que solo un club como el Madrid es capaz de ganar la Copa de Europa en situaciones tan extremas. Justificamos el triunfo desde la irracionalidad, desde las auras, desde la no explicación, desde los ‘porque sí’. Lo hacemos desde esos lugares porque sabemos que muchos de los éxitos cosechados en Europa en este último lustro -con el perdón de los Ramos, Modric y Cristiano, los tres estandartes sobre los que se sujetaba todo lo demás- carecen de explicación lógica y humana.

Sin embargo, aunque el Madrid (como el amor) no siempre se explica, uno tiene ganas de poder hacerlo más a menudo. Es decir, quiero que mis años acaben en Cardiff; no en Kiev. Quiero que la Champions sea siempre la guinda del pastel; no el caviar que sacia nuestra hambruna. Quiero ser el mejor de los humanos; no un héroe que no entiende ni sus propios superpoderes.

Porque nunca será lo mismo echar la vista atrás desde Cardiff, que desde Kiev. Porque, aunque seamos el Madrid, las Champions no deberían levantarse (casi) nunca desde los ‘qué alivio’, ‘menos mal’ o ‘por los pelos’. Este club tiene el don de poder llegar a la cima construyendo solo tejados, pero yo estoy dispuesto a ser paciente si el objetivo es construir -de una vez por todas- un castillo. Somos el único club del mundo que no tiene urgencias de palmarés. ¿Por qué no lo aprovechamos?

Me gusta escribir y reflexionar sobre grises; sobre cosas que ni yo mismo tengo claras. Han pasado tropecientas horas y todavía sigo sin saber si realmente estamparía mi firma justo debajo de la afirmación con la que he abierto este texto. Si lo hiciera, sería con lápiz, así evitaría el arrepentimiento con una goma de borrar. Ahora os pido que intercambiemos los papeles. Os toca hablar a vosotros y a mí escuchar.

Eloy Lecina
Al ser el Madrid algo preciosista, ya se vista de letras, palabras o imágenes; decidí amortizar mi pasión en sus infinitas formas. Por esa razón junto letras por estos lares, parloteo en varios micrófonos radiofónicos e incluso asomo la cabeza por los modernos rincones de YouTube. Todo, por el Madrid, merece la pena.

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