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A punto de terminar bien

A punto de terminar bien

Escrito por: Antonio Escohotado13 mayo, 2018
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Los griegos se representaban la memoria como una vasija agujereada, e incapaz por lo mismo de colmarse a largo plazo, aunque incluso así divina por ensartar las cuentas en otro caso sueltas del ayer. Las cuentas del Real con el ayer son sencillamente las mejores del planeta, a gran distancia del segundo, y eso explica que sus seguidores sean en parte como los hinchas de otros equipos y en parte exigentes de verdad, disconformes con cualquier cosa distinta de la excelencia, lo cual significa que resulta preferible perder a ganar por chamba o trampa.

A estos segundos parecen dirigidos los seis tantos de anoche, que mitigan el bochorno de Sevilla, secuencia a su vez de la gran victoria moral en Barcelona. Si acabara cayendo otra Champions, una liga penosa no impediría cumplir la gesta más insólita en la historia del equipo, con cuatro triunfos de cinco comparecencias, y lo recién ocurrido ante el Celta me sugiere un par de cosas. La primera es que Bale no tiene hoy por hoy rival en la plantilla, pues ningún otro puede defender, atacar y crear juego en medida remotamente comparable. Salvo Ronaldo, que se ganó residir en la estratosfera, nadie se le acerca en potencia amalgamada con técnica.

Tampoco Isco parece prescindible para la gran final, y a efectos de competir con el Liverpool es estimulante que la sala madridista de máquinas –Casemiro, Modric y Kroos- supere de largo en creatividad a su análogo británico. Tampoco tienen a Marcelo, una dinamo que a veces pasa y chuta mal pero mucho más a menudo decide partidos; no solo por atesorar la clase más exquisita sino el denuedo de ofrecerse una y otra vez, asumiendo una proporción muy destacada de la iniciativa, ese activo intangible que ya le ha ganado igualar y probablemente desbordar las prestaciones de un titán como Roberto Carlos.

Zidane pidió y obtuvo de los suyos un esfuerzo para despedirse de la parroquia con un partido digno. La temporada lo merecía, porque al secreto desánimo de ganarlo todo en la previa se añadieron lesiones graves, y algo tan imprevisto como que Benzema se esfumara como rematador. Pero no recuerdo ningún entrenador que se la jugase siempre con tanto desparpajo como Marcelo, o si prefieren tan valiente. Pellegrini, Mourinho y Ancelotti se hartaron de decir que no temían a nadie, mientras imponían tácticas subordinadas a lo contrario. Zidane nunca presume de audacia, aunque jamás renuncia a ella –exigiendo en definitiva el esmero sereno con el que atacaba él mismo-, y a la vista están los frutos de semejante mérito.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado