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Santana ante los cenutrios

Santana ante los cenutrios

Escrito por: Athos Dumas13 mayo, 2018
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Fueron pocos los que silbaron y abuchearon. Desafortunadamente, los pitos y los abucheos, con sus sonido estridente, se escuchan por encima de las ovaciones. Ocurrió el pasado jueves en Madrid, en el Mutua Madrid Open, tras el partido de octavos de final en el que Nadal batió al argentino Shwartzman. 10 de mayo a las 22:00. Ocurrió en la pista central, bautizada con el nombre del gran Manolo Santana, padre y pionero del tenis en España, y persona clave en haber creado y consolidado el mejor torneo de tenis que se celebra en nuestro país, y de eso ya llevamos más de 15 ediciones.


Manolo cumplía aquél jueves una cifra redonda, 80 años. Qué mejor día para que, tras una victoria de su querido Rafa Nadal, se le rindiera un pequeño homenaje por su cumpleaños, con una gran tarta en forma de raqueta, y todo el público ovacionándolo.

Pues hete aquí que, una vez más, pudimos comprobar el alto grado de mala educación, paletismo y cenutriez que tenemos en este país. Cuando apareció Emilio Butragueño, Director de Relaciones Institucionales del Real Madrid para hacer entrega de un obsequio a Manolo (una camiseta del club merengue con el 80 a la espalda y con el nombre de Santana), a unos cuantos merluzos e indocumentados no se les ocurrió otra cosa que silbar e incluso a abuchear al directivo y ex jugador madridista simplemente por ser eso, un madridista.

No sabían quizás esos groseros (o si lo sabían es aún peor) el amor que profesa desde niño Manolo Santana al Real Madrid, con lo cual los mentecatos además de afear el acto sin duda ofendieron al homenajeado.

Para los que, como yo, hemos tenido la suerte de departir tres o cuatro veces unos breves minutos con Santana, sabemos que es muy raro que en algún momento de la conversación no aparezca en ella el nombre del Real Madrid.

Hace 3 años me lo presentó mi amigo Koki Martí, en el Mutua Madrid, y tras unos breves minutos me preguntó si sabía cómo iba el partido del Madrid, que acababa de empezar. Acto seguido, me contó la célebre anécdota de su victoria en Wimbledon en 1966, torneo estricto como pocos (solo se podía jugar con polo, short, calcetines y zapatillas de color blanco), en el cual Manolo se las ingenió para salir a la pista con un polo luciendo el escudo del Madrid en dorado, tapándolo con su brazo derecho cono haciendo que se tocaba el hombro izquierdo. Una vez en la pista, ya nadie le iba a impedir jugar la final, que finalmente ganaría al americano Ralston. Podemos afirmar sin género de dudas que en 1966 el Real Madrid ganó un doblete único en la historia, conquistando la Sexta en Bruselas y el torneo de Winbledon gracias a Santana.

Además de su pasión madridista, que todo el mundo pudo comprobar al recibir la camiseta de manos de Butragueño, cual niño un 6 de enero, destacaría de Manolo que es quizás la persona más agradable y atenta que he conocido jamás, es capaz de atender amabilísimamente a todo el mundo que se le acerca, siempre con una sonrisa para todos, grandes, jóvenes y niños, dedicando tiempo a todos para charlar con ellos o para hacerse fotografías con todo aquél que se lo solicita.

Todo el tenis español, y yo diría que europeo y mundial, le venera no solo por su inmenso palmarés (además de Wimbledon, 2 Roland Garros y un Open USA, amén de su oro olímpico en México 1968 y multitud de torneos y gestas en la Copa Davis), sino por su simpatía, cordialidad y caballerosidad dentro y fuera de las pistas. Todos se rinden ante este gran hombre, que fichó por el Real Madrid en 1962 cuando la sección de tenis madridista existía bajo la presidencia de Bernabéu. Es amigo de príncipes como Alberto de Mónaco que, cada año, lo invita personalmente al Master de Montecarlo, o de los Duques de Kent, y admirado por todos los jugadores del circuito, ya sean veteranos míticos como Rod Laver, Roy Emerson o Nicola Pietrangeli, ya bien antiguos números uno más recientes como McEnroe, Borg o Becker, además de la veneración que le profesan todos y cada uno de los jugadores españoles de todas las épocas.

Los bobos analfabetos (o simples antimadridistas cegados por su pasión futbolera) que desconocían el romance Santana-Real Madrid, lo más que consiguieron con su bochornosa actitud fue quedar en patética evidencia. Pero estoy completamente seguro que no amargaron el cumpleaños de Manolo, que está curtido en mil batallas y que, por supuesto, está muy por encima de estos zafios comportamientos. Aprovecho estas líneas para enviar mi propia felicitación a Manolo y a su encantadora esposa Claudia. El Madrid aún le puede dar a Manolo un regalo inolvidable para su 80 cumpleaños: la conquista de la Decimotercera en Kiev.