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Post-Clásico (¿Y ahora qué?)

Post-Clásico (¿Y ahora qué?)

Escrito por: Charly Rogenhofer4 abril, 2016
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El clásico vino y se fue. No llegó la segunda humillación consecutiva del Barcelona al Real Madrid. No llegó el invicto número 40. No llegó el gol en el partido 500 de Messi. Lo que sí llegó, sin embargo, fue el Real Madrid. Regresó el juego en bloque, el partido trabajado por el conjunto y rematado por las individualidades. No, no vimos un partido perfecto del Real Madrid, pero vimos un equipo que en la segunda mitad fue claramente superior al todopoderoso Barcelona, en su propio campo y de cara a Champions. Comenté en Twitter que sería un clásico cualitativo, no cuantitativo. Los tres puntos es lo de menos; el Barcelona está a siete y quedan justamente siete partidos. Ni siquiera perdiendo un punto por fecha el Barcelona sucumbirá ante el Madrid, por el goal-average directo. La Liga es del Barcelona. Pueden ir ya a Canaletas. No la van a perder. Pero el Madrid gana en la cualidad del resultado.

Primero, por partes, el partido. En los primeros veinte minutos, el Real Madrid salió nervioso y con la pelota no lograba hilvanar transiciones rápidas. A mayor velocidad, recordemos, se necesita mayor precisión, y el Madrid salió sin precisión. El Barcelona, por otra parte, salió un poco sorprendido del mensaje blanco de soltarle el balón. Y a pesar de tener el balón, no se sintió al mando del partido. Incluso la mayor aproximación culé del primer tiempo no es generada por su balsámico juego de toque y toque hasta encontrar el espacio, sino por un balón que Ramos primero mide mal, luego pierde la posición infantilmente con Neymar y posteriormente se tira al sentir un leve contacto. Pero el Madrid hizo gala de dos detalles tácticos importantes de Zidane: el primero, lograr un bloque de seis jugadores para apretar en el medio al Barcelona, encabezados por Benzema siempre incomodando a Busquets y terminando por Casemiro, pegado a Messi cuando éste se tiraba al centro; y el segundo, la colaboración de Ronaldo y Bale con sus respectivos laterales para cubrirles los espacios y permitir las subidas de Marcelo y Carvajal sin dejar tantos huecos. El Madrid, además, cierra físicamente mucho mejor el partido, algo que no pasaba desde la era Mourinho, y en los últimos veinte minutos le da al actual equipo campeón de España y de Europa un baño puro y duro.

Pero como dice el encabezado, ¿y ahora qué?

capitanía Clásico

Pues primero, a ponernos el peto de entrenamiento desde ya. Se ganó y justamente, pero las celebraciones son en mayo y tras ganar la Champions. Si no, no. Claro que la ira contenida, las portaditas recurrentes de la verdadera caverna mediática de este deporte, encabezados por Sport y Mundo Deportivo, se antojan para gritar y fuerte el gol de Cristiano; yo lo hice. Pero los nuestros deben concentrarse en lo que sigue, miércoles de Champions League. Lo del Clásico debe ser un empujón, un punto de inflexión, y no el objetivo. El objetivo este año ya no es otro que llegar a la final de Champions, y para eso, se debe usar el partido del sábado, para darnos fuerzas para llegar a la meta y no como la meta misma. Cero relajación.

Lo segundo, poner el dedo en la llaga del arbitraje. Todo está muy bien cuidado en estas fechas y ya he oído que el arbitraje fue claramente favorecedor al Real Madrid. Cuando se gana, que no suena a pretexto, es cuando hay que levantar la voz. No lo hará Butragueño y mucho menos Florentino. Pero no nos olvidemos que se ganó 1-3, que los jalones rutinarios de Mascherano en el área nunca pitados le permiten marcar como no pudo marcar Pepe a Piqué en su gol y que el gol anulado a Bale es un escándalo absoluto. Hay que hacer que la lupa se ponga en los 16 penales a favor del Barcelona en la Liga, en los más de 8 goles en fuera de lugar concedidos y en otros detalles más. Y ponerla hoy, que se ganó.

Lo tercero, Ramos. Nuestro capitán no puede ofrecer partidos como el del sábado en lo que queda de temporada. Los errores fueron de concentración, de medición de tiempos y de actitud. No podemos vivir de un gol de hace dos años. A este equipo se le exige siempre, cada partido, y poco importa si hace dos años ganó títulos. A sus jugadores no se les puede medir con diferente exigencia. Ramos lleva una temporada completada a un muy bajo nivel, que se adorna con goles que anota, pero que no es propia del capitán del Real Madrid; sobre todo, las cuestiones de actitud y concentración. Siempre he estado en contra de que la capitanía se otorgue por antigüedad; se le debe otorgar al que tenga la cabeza fría, los pies calientes y siempre liderando con el ejemplo. Y Ramos tiene dentro un central tan bueno, que apenas regrese, le recibiremos con los brazos abiertos, porque el Real Madrid le necesita.

Lo cuarto, Zidane. El francés se ganó, eso sí, el beneficio de la duda de cara al verano. Hay madera aquí. Lograr sacarles a Ronaldo y a Bale el partido defensivo y sacrificado de ambos no es cualquier cosa. Zidane debe quedarse. El ansiado retorno de Mourinho tendrá que esperar. Zinedine Zidane debe tener carta blanca para armar su Madrid de cara al próximo ciclo de tres o cuatro años. Esto incluye las salidas que él considere pertinentes.

Se ganó el sábado, grande. Ahora a pasar página, que ante los alemanes salimos 0 a 0, y no 1 a 3.