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El pecado original

El pecado original

Escrito por: Fred Gwynne4 abril, 2016
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A mí el tema de las tribus (o lo que sean) del Real Madrid me ha pillado mayor, desganado y con las entendederas justas para pasar el día. El problema es que como no soy un Faerna no dispongo de ningún hermano mayor (o menor) a mano que me clarifique si pertenezco a una o a otra, con lo cual voy por la vida sin saber a qué atenerme, y lo que es mucho peor, sin tener muy claro a quién tengo que insultar o con quién tengo que cabrearme.

Mi sobrina, a pesar de que mezcla a los mourinhistas con la princesa Elsa y a los Minions con los galernautas, me dice que con tantas dudas se me ha puesto una cara de Sócrates de muy señor mío y que con la edad que tengo ya va siendo hora de que elija una acogedora trinchera desde la que disparar.

En este particular sindiós (no cabrearse hoy en día debe de ser como ser ateo en el Concilio de Trento) creo que mi mayor problema es que como normalmente solo hablo de calzoncillos, sobrinas o napolitanas molesto menos que Marcelo en defensa. Soy tan anodino e invisible que en Twitter ni tan siquiera me ha bloqueado Brotons. Más bajo no se puede caer.

Ahora bien, que nadie se lleve a engaño, que no sepa dónde situarme no quiere decir que no tenga aspiraciones. Si tengo que ser algo (más que nada por presumir de ello ante mi sobrina) me gustaría ser uno de esos risueños madridistas happys de los que escribe Número Uno. La única pega que le veo es que los que normalmente te llaman feliciano están continuamente amargados. Y así no. Así no tiene ningún mérito. Para un amargado es feliz todo el mundo menos él y yo prefiero ganarme la felicidad por mí mismo. No necesito a nadie que me diga que soy feliz para ser feliz. Lo llevo de serie y presumo de ello.

Y ahí tengo posibles. Ahí ya vengo resabiado. Sin ir más lejos la semana pasada, después de visitar una bodega jerezana, y tras la correspondiente degustación de sus finos, manzanillas y amontillados, me senté en un banco debajo de un naranjo en flor. El azahar olía a primavera y entre el sol que se filtraba entre sus hojas y los efluvios del vino levanté la Undécima con tanta facilidad como minutos antes había levantado la copa de fino.

Azahar

En el fondo ser feliz o no serlo es una cuestión de probabilidades. Puestos a pensar en la Copa de Europa prefiero levantarla mil veces en mi imaginación que no hacerlo ninguna. Siendo como soy el supersticioso de guardia de esta revista entenderán que piense que millones de personas soñando que van a ganar esa Copa ayuda más a ganarla que pensar que van a perderla. Es fácil y además da gustito. Prueben, prueben…

Yo soy ese uno de mil que piensa que hay Liga hasta que las matemáticas, Villar y Arminio demuestren lo contrario. A doce puntos echaba cuentas, a diez las sigo echando, a siete saco la calculadora y a dos confiaré en un “tamudazo” de última hora. Algunos días imagino que el Madrid pierde la Liga por un punto y entonces tengo que buscar debajo de las piedras un milagro que haga que mis ecuaciones acaben en títulos.

¿Os habéis fijado que cuando el hombre invisible se quita el sombrero, las gafas y las vendas deja de ser el hombre invisible? Pues eso mismo le pasa a un madridista cuando le quitas la felicidad. Un madridista sin felicidad ni es madridista ni es ná. Un madridista amargado, gruñón y sin esperanza se convierte en invisible y acaba pareciendo un perdedor cualquiera, un cara de acelga, una col, un indio con el penacho roto.

Y aunque parezca mentira a veces hay que explicar que mi felicidad va por un lado y mi exigencia y mis cabreos por otro. Uno puede ser un exigente feliz. Uno puede cabrearse y puede acordarse (tápese los oídos Padre Suances) de todos los santos después de perder un partido y no por eso tiene que mantener ese estado de mala leche de forma perpetua.

La felicidad en el madridismo es como el pecado original. Todos nacemos con ella y solo algunos insulsos la pierden por el camino.

Soy un hombre hecho a mí mismo. El problema es que me sobraron algunas piezas. SOL O CONTIGO. Persigo playas.

5 comentarios en: El pecado original

  1. Simplemente somos de los buenos, querido Fred. Como creo recordar que dijo el gran John Falstaff en alguna ocasión, creyentes de la religión verdadera. Abrazos galernarios.

  2. Dicen que cuesta lo mismo ser optimista que pesimista, y yo la verdad, nunca he entendido a ese sector tan numeroso del madridismo que parece que disfruta más de la derrota que de la victoria.
    No es el cabreo post-partido, es que algunos te lo justifican de las formas más enrevesadas. Hay diferentes subespecies, veamos:
    -El profeta. Desea la derrota porque así demostrará frente al mundo (twitter, o lo que es lo mismo, ni Dios) que tenía razón sobre sus pronósticos de experto de barra de bar de inicio de pretemporada, y obtendrían la gloria de ser reconocidos las redes sociales, cuando a nadie le importa lo más mínimo, pero así se siente rey por un minuto. sigue la máxima de "si no tienes no idea de algo, lo criticas, que así parece que sabes".
    -El anti. Le tiene una ojeriza enfermiza al presidente, entrenador o a un jugador determinado, su habitación está empapelada con fotos de la víctima y velas negras encendidas, un cadáver en la bañera, y usa una calavera como cenicero. Cualquier victoria supondría una victoria también del objetivo, y eso no, jamás, antes muerto que verle feliz.
    -Mister Scroodge. Este es cascarrabias por naturaleza, le jode ver a la gente feliz, alegrarse es de bobos, ¡paparruchas!, y si no es verde como el Grinch debe ser porque el rojo ira o el amarillo bilis le contrarrestan la tonalidad.
    -James Dean. Rebeldia sin causa. ¿Qué todo el mundo está feliz? Pues yo me enfado, que yo soy diferente y no hago lo que le resto. Sin darse condiciona su forma de pensar a lo que dice la gente. No necesariamente tiene que ser adolescente, aunque su forma de ser lo parezca.
    -El fan. De Mourinho, Casillas, Del Bosque, o el que sea. No concibe que todo empleado del Madrid tiene un ciclo de vida, y que haberlo despedido, dejarlo ir, o no protegerlo, merece el odio eterno de cualquier persona que participase, directa o indirectamente, en su marcha.
    -Jim Jones (o Stalin, por las purgas). Cree que como cualquier líder de secta, hace falta un sacrificio masivo en forma de derrotas que nos llevará a una vida mejor en Raticulín. La limpieza del club y el vestuario que conducirá a un Real Madrid perfecto, ese Madrid imposible de conseguir, sólo será posible si lo perdemos todo para poder convocar elecciones y traer un presidente nuevo que le dé la vuelta como un calcetín. Nadie te asegura nada de lo que viene después, y la derrota sólo te asegura la derrota. ¿Ganar y limpiar el vestuario? Imposible, lo dice el líder y hay que obedecer.
    -Prisaico. Este vale para el grupo de Relaño, pero también vale para cualquiera que haya perdido alguna ventaja (abono, fondo sur, asiento cerca del puesto de pipas), o tenga interés económico en la derrota.
    -Nuñista. Madridista de nueva generación, con más miedo que 7 viejas, como la hiena Tristón, que ha mutado a un masoquismo en el que encuentra placer en la derrota. Como decía Harvey Keitel en Abierto hasta el amanecer, "has perdido tantas veces que no te das cuenta ni de cuando ganas". Oh, sielos, Leonsio.
    -Espartano. Este no se alegra, pero no por cabreo, si no porque es más duro que una piedra. Chuck Norris mira bajo la cama para no encontrarse a uno de estos al irse a dormir.
    -Memo. Este es directamente tonto. No hay más. Abundan.
    Seguramente hay muchos más, algunos pueden pertenecer a varios grupos (estoy seguro que yo he estado en alguno), pero la moraleja es que la linea entre ser exigente y ser un gilipollas es muy delgada. Para 4 dias que vamos a vivir, disfruten de la vida, disfruten del Madrid, no crucen esa linea. O vayan al Atletico y den rienda suelta a ese gruñon que todos llevamos dentro.

    1. Excelente comentario. Tus "subespecies" gruñonas y malhumoradas se acercan mucho a la realidad.
      Muchas gracias por leernos y compartir con nosotros tu opinión.

  3. Yo también soy un madridista optimista, y no concibo quien no lo sea. Aunque haya mucho asidiuo a nuestro Templo que se va a desahogar insultando a todo el que se mueve (o el que no) sin ton ni son ni medida ni criterio. Eso sí, aplaudirá poseido a cualquier jugador del equipo contrario con "cartel" y más aún, si nos mete un gol. Para mí, se equivocaron de equipo, esos al Calderón.

  4. "Un madridista sin felicidad ni es madridista ni es ná. Un madridista amargado, gruñón y sin esperanza se convierte en invisible y acaba pareciendo un perdedor cualquiera, un cara de acelga, una col, un indio con el penacho roto."

    100 por 100 de acuerdo aunque, cuando perdemos por gandulería, me pille unos cabreos del quince que se me suelen pasar rápido después del conveniente aislamiento futbolero de 24 horas que me sienta divinamente.

    Yo todavía sigo con sonrisa de ternero desde que los pusimos mirando "pa" Cuenca, qué felicidad.

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