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Penaltis huérfanos y goles viudos

Penaltis huérfanos y goles viudos

Escrito por: Antonio Valderrama28 noviembre, 2017
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Cuando el pasado día 18 en el Metropolitano Savic casi le arranca la pierna a Toni Kroos me acordé del árbitro Stark, que no es un personaje de Juego de Tronos aunque cercenara abruptamente y con poca justicia las aspiraciones del Real Madrid en la Copa de Europa del año 11. Wolfang Stark fue un árbitro alemán que echó a Pepe con roja directa y de paso mandó a la grada a José Mourinho por mor de la patada de Schrödinger: una jugada en la que el defensa del Madrid tocó y no tocó a la vez la tibia del lateral del Barcelona Dani Alves. La tocó, naturalmente, porque era Pepe y jugaba en el Madrid, y no la tocó porque así quedó más o menos demostrado por las imágenes de televisión. Imágenes que en todo caso probaban la utilidad en aquel caso del famoso axioma judicial del in dubio pro reo. No hubo lugar para latinajos en la mente del árbitro Stark.

Un poco después, en el mismo derby del Wanda, otro atlético le partió la cara a Sergio Ramos. El capitán del Madrid se preparaba para rematar, probablemente a gol, un centro lateral. Entonces un defensa local le pateó la nariz quebrándosela con abundancia de sangre. Ocurrió dentro del área pequeña pero Fernández Borbalán, el árbitro del partido, consideró que allí no había pasado nada que requiriese la aplicación de la ley.

Se lee en las normas de la FIFA que “ser culpable de juego brusco, conducta violenta, malograr la oportunidad manifiesta de gol de un adversario que se dirige hacia la meta del jugador mediante una infracción sancionable con tiro libre o penal” merece automáticamente la expulsión. Ninguna de estas circunstancias concurrieron según el criterio de Fernández Borbalán aunque es interesante leer lo que la FIFA entiende por juego brusco grave.

“Un jugador será culpable de juego brusco grave si emplea fuerza excesiva o brutalidad contra un rival cuando disputa el balón en juego”. La norma alude particularmente a que “el jugador se exceda en el uso de la fuerza y corra peligro de lesionar al adversario”, arremetiendo en la disputa “por un lado o por detrás” con “una o ambas piernas, con fuerza excesiva y poniendo en peligro al adversario”.

El árbitro Borbalán estableció un precedente aquel sábado: partirle la nariz al jugador que va a cabecear a gol no es sino un accidente propio del juego, como un resbalón o que una paloma se interponga en la trayectoria del balón. Como cuando al Liverpool le marcaron un gol tras rebotar la pelota en un balón de NIVEA que habían arrojado desde la grada y el árbitro lo dio por válido. El azar es un nuevo actor en la comedia de la Liga española, sobre todo si el que va a marcar va de blanco.

Recordé los penaltis que el árbitro Aytekin pitó en Barcelona en febrero de este año. A Stark lo apartó la UEFA por malo, un año o dos después de lo de Pepe. Aytekin también está en la nevera. El Barcelona es como el Rey Midas: árbitro europeo que toca, árbitro que convierte en paria, aunque eso es en Europa, donde la mala praxis todavía tiene la corrección aparente que obliga el decoro. Isco se dirigió así al árbitro Borbalán en el Metrpolitano: "eres muy malo, eres muy malo". Quizá sea ese el problema, y su sencillez nos abrume. El infame nivel del arbitraje contemporáneo, siempre influenciable por presiones atmosféricas tan variables como las que hacen caer la bolsa.

el barcelona es como el rey midas: árbitro europeo que toca, árbitro que convierte en paria

Hay que actualizar la frase: "no hay nada más tímido que un millón de dólares y que un árbitro español". A lo mejor es el indicio de un asunto más de fondo, el de los años de exposición y servidumbre de un cuerpo de semi-amateurs a los que no puede ver nadie y que deberían ser independientes y profesionales, como los jueces de los Estados Unidos.

Para que le piten al Madrid un penalti comprometido tiene que ocurrir una catástrofe. Dejar grogui a uno de sus jugadores ya se ha visto que no sirve. Si llega a ser Suárez en vez de Ramos estaríamos a buen seguro hablando a estas alturas de su capilla ardiente. Al Madrid parecen pitarle solamente penaltis que yo llamo mecheros: sólo sirven para encender estadios de provincia y darle gasolina a sus periodistas deportivos con la que carbonizar a gusto al trencilla irresponsable durante una semana en medios y redes. Pero en lo gordo hay pocos penaltis para el Madrid.

Unas veces es que es demasiado pronto, como el que le hizo Mascherano a Lucas Vázquez en el Camp Nou el diciembre pasado. Otras es que es demasiado tarde, como el del propio Mascherano a Cristiano en el primer Clásico de Bale y Ancelotti. El Madrid lo perdió 2-1 y marcó Jesé: uno se acuerda de esas cosas.

Y no será por que el Madrid no pise el área. Es el equipo de Europa que más chuta a puerta y el que más peligro crea, pero de los que menos goles mete. En temporadas caninas como esta uno sueña con los goles que Mbappé no está metiendo de blanco y con los penaltis que al Madrid no le están pitando. Deben vivir juntos en alguna luna de Saturno, bailando ingrávidos la danza de la muerte al lado de los ocho puntos ligueros de desventaja. Entre una cosa y otra le abocan a uno a escudriñar el horizonte en busca, otra vez, de la épica apocalíptica de ganar la Copa de Europa con el paciente en la UVI. para salvar la temporada.