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Penalti claro, circulen

Penalti claro, circulen

Escrito por: Jesús Bengoechea3 noviembre, 2019
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Si te acostumbras a vivir en lo kafkiano, tiene hasta su encanto. Un jugador del Real Madrid coge un avión con permiso del club y a la vuelta tiene un enjambre de periodistas en el aeropuerto, preguntándole por el móvil del estrangulamiento de la noche del pasado jueves. Pocos días después, al Madrid le escamotean un penalti como una catedral, un penalti que presumiblemente le habría dado el triunfo, y los comunicadores especializados en lo arbitral niegan la mayor, adjuntando para ello, en sus tuits más o menos displicentes, capturas de la norma que (precisamente) confirma el penalti en lugar de negarlo. Es todo muy digno de “El proceso” de Kafka. Ya se sabe que, según muchos exégetas, Kafka era un formidable escritor de humor, y así, con humor, conviene tomarse todo esto. Mientras sea posible, interesa engrasar con humor la máquina de ciscarse en todo.

Lo primero que te cuentan es que ha cambiado la norma, y que según la nueva norma eso no es penalti. Te preguntas cómo es posible que la nueva norma haya dictaminado que a partir de ahora los penaltis no son ya penaltis, pues no otra cosa (un penalti descomunal por mano dentro del área de un defensa del Betis) es lo que te muestran las imágenes. Los comunicadores especializados en lo arbitral (desde Iturralde a Isaac Fouto) defienden la omisión de la pena máxima por parte del colegiado, y se parapetan tras la norma. Franz Kafka también se pronuncia desde el momento en que la norma que, muy tranquilamente, los comunicadores esgrimen no hace otra cosa que refrendar la existencia de un penalti de los que Iturralde gustaba de birlar al Madrid para luego (cuentan las lenguas) presumir en su pueblo de cómo había jodido a los blancos. Iturralde y Kafka: una combinación ganadora.

Ahora todas las manos en el área son penalti con algunas excepciones, te informan, resultando que esta jugada cae (según ellos) justamente del lado de la excepción. Te preguntas cómo puede ser que la excepción sea precisamente el penalti más claro de la historia del género humano sobre la faz de la tierra. Te pasan la norma.

Te pasan (sí) las excepciones que contempla la norma, es decir, aquellos supuestos donde no hay penalti a pesar de que casi todas las manos en el área llevan ahora a los once metros. No así en los cuatro supuestos marcados por los cuatro correspondientes bullet points, que son la excepción. Te subrayan el cuarto bullet point porque tú no eres muy espabilado y porque se supone que es ese cuarto bullet point el que describe la jugada y, por tanto, el árbitro acertó al no pitar penalti. Sin embargo, las últimas palabras del cuarto bullet point remarcan la excepción a la excepción, es decir, aquel supuesto donde SÍ hay que señalar penalti: cuando el brazo está “alejado del cuerpo hacia un lado o en vertical”, esto es, precisamente y exactamente lo que sucede en la jugada de marras con el defensa del Betis.

Resulta que, por desnortados que puedan estar quienes confeccionan las normas, no están completamente tarados después de todo, y en las excepciones a la regla de que todas las manos son penalti no se encuentran los penaltis más irrefutables del mundo.

Ellos te mandan esa captura como si demostrara sus tesis en vez de desbaratarlas, pero es que el antimadridismo kafkiano consiste ya en eso, en hacer pasar la prueba de algo como la prueba de su contrario, sin el menor rubor, con el desahogo que brinda la certeza de que el antimadridismo debe triunfar sobre la razón por la sencilla razón de que está mucho más prestigiado. Y es así como realizar una exégesis del la literatura de Iturralde se torna una experiencia más fascinante aún que el hacerlo con la de Kafka.

“El jugador va buscando el suelo”, suelta el afamado Itu en la radio, lo que se supone constituye un argumento incontestable. (Sucede que todo argumento o estereotipo antimadridista es incontestable mientras se pronuncie sin titubear, véase “El Madrid no puede quejarse de los árbitros”,  “Bale es un jeta” o “Zidane es solo un gestor de grupos”). Qué quiere decir eso de que va “buscando el suelo”, tendrán que preguntárselo a Itu. Lo que nosotros vemos claramente es que la mano del jugador va buscando la pelota de manera inequívoca.

“Se trata de una mano natural”, prosigue Itu. A simple vista, y por oposición a los cables internos que mostraba el antebrazo de Schwarzenegger cuando se autocuraba una lesión en Terminator, parece natural, sí. Tan natural y eficiente que responde con total eficacia a la llamada del cerebro asociado a la misma, el cual acaba de ordenarle que intercepte el curso del balón para impedir que el pase de Benzema pueda ser rematado a gol.

“No puede despegarla del cuerpo”. Pero si ya la tiene despegada, Itu. Entramos en el terreno del negacionismo más sarraceno, no es lo que parece, las imágenes mienten. Que una buena imagen no te estropee una tesis antimadridista como Dios manda.

No quedaría un contenedor de basura en Barcelona si al equipo que según algunos representa en exclusividad a Cataluña le hubieran robado el penalti que ayer le robaron al Real Madrid. No suelo emplear el término “robar” por las connotaciones de voluntariedad (y por tanto de fraude) que acarrea, pero cómo sustraerse a usarla cuando ya no es cosa de un árbitro con mejor o peor vista, sino de un sofisticado sistema de vídeo-arbitraje que, con todos los pronunciamientos a favor, opta entre estudiar una jugada dudosa o no estudiarla. Visto así, la decisión de no estudiarla tiene toda la lógica, por cuanto la jugada no es dudosa en absoluto. Es el penalti más claro que se ha visto en el Bernabéu desde que Puskas leía a Zane Grey.