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Pau Gasol y el aullido

Pau Gasol y el aullido

Escrito por: Mario De Las Heras18 septiembre, 2015
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Yo he pensado que La Galerna, que es madridista y española, debía tener un artículo de la hazaña de ayer, aunque fuera uno humilde y sincero. A mí este impulso repentino me lo ha dado el equipo que ayer iba de blanco, asido a una frase del Portanálisis que resaltó oportunamente en un tuit @chamartin4ever a propósito de esas cosas que son ser culé, catalán y español, o no.

Pau Gasol ya era una leyenda antes de ayer, antes que todo el campeonato. Mucho antes incluso. Pero yo sentí que me llenaba por dentro como se le metía Sam a Oda Mae Brown para dejarla exhausta. Yo ayer sentí auténtica, verdadera emoción. Y me contengo.

Se me saltaban las lágrimas, se me siguen saltando ahora (este artículo corre peligro de convertirse en un capítulo de ‘La Casa de la Pradera’), al contemplar la apoteosis de un deportista que hoy podría escribir ‘Hojas de Hierba’ con esa barba larga y pelirroja (y no blanca), si quisiera, con su bárbaro gañido.

Pau-Gasol-Eurobasket-2015

Porque yo vi poesía. La poesía española (madridista hasta las trancas) más elevada que se haya visto nunca en una cancha de baloncesto. Porque todos esos gallos orgullosos y extraordinarios sucumbieron bajo el mate a dos manos del gran Gasol en el último cuarto, un verso como un viaje a la naturaleza.

Lo supieron más tarde. O quizá lo supieron en ese momento cuando el aullido posterior, como aquel día en el que Allen Ginsberg les leyó el suyo a los beatniks de San Francisco calándoles hasta los huesos. Yo creo que eso fue todo a pesar del talento. A pesar del fantástico triple de Batum que forzó la prórroga.

El destrozo ya estaba hecho y yo vi jirones de Parker sanguinolentos, de Gobert sobre todo, como el día que apareció el Boon Hoganbeck de Faulkner llorando en el campamento con Lion herido y envuelto en la cazadora. Collet, el entrenador francés, tras aquella jugada, mostró el rictus del muerto.

Cuarenta puntos del prodigio de Sant Boi con las ojeras de la salud, del hambre y del coraje. La mitad de los puntos del equipo que acabó con las tripas fuera, como el valiente Lion, que era capaz de perseguir a un oso a lo largo de mil glaciares.

A mí se me aflojaban las canillas con la defensa lírica de Felipe Reyes, un Benzema de dos metros. Y con el botar de muelles de Rodríguez y el correr hipopotámico de Llull, el honesto. Y estaba por allí Rudy metiendo triples tullido igual que el valeroso manquito Lord Blakeney mandaba el puente de la fragata Surprise.

Aquello fue la persecución de la Acheron, hombre. La venganza deportiva. La venganza caballerosa por la que uno se acuerda de la manita infame, y de Kevin Roldán y demás memeces de campeón. Valiente campeón ese.

El abrazo de Pau (culé, catalán y español, y grande y bueno)  a Tony fue como el camión de mierda volcándose sobre Gerard (nuestro Biff que raja todo el rato: “¡McFly, McFly, McFly…!”), en ‘Regreso al Futuro’. Porque Gasol es Romeo y Piqué el boticario; el conde Monterone y Rigoletto; don Quijote y el ventero. 

A Gasol nadie le llama gallina y fue a Lille a acabar con los gallos. Yo grito desde ayer, como Número Uno: ”¡Auchh! ¡Shakira! (querido José María, lo tuyo no es una respuesta sino un homenaje inmerecido, gracias), y desde hoy aullaré como Ginsberg para cantarle a Gasol: “¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!...” Porque si hoy alguien debe serlo es él, galernautas, y no (el) otro.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.