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¡Otro maldito artículo sobre Gareth Bale!

¡Otro maldito artículo sobre Gareth Bale!

Escrito por: Jesús Bengoechea11 enero, 2020
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En su libro “¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!”, Isaac Rosa lleva a cabo un ejercicio metaliterario que me parece un completo hallazgo. El autor toma una novela propia, la primera que publicó, y la pasa por el filtro de un supuesto crítico literario que la disecciona con largos y despiadados comentarios a pie de pagina. Así, el lector lee por el mismo precio dos novelas: esa primera de Isaac en primer lugar (titulada originalmente "La malamemoria"), y en segundo lugar la que el supuesto crítico (en realidad el propio escritor) escribe mientras la despelleja. Hace falta un espíritu de exigencia formidable para alentar la simple idea de hacer algo así, y un gran talento para llevarlo a cabo con éxito.

Desde que Bale hizo lo de la banderita, que sigue sin hacerme ninguna gracia con la distancia del tiempo, he pensado muchas veces en hacer con cualquiera de mis muchos artículos sobre Bale lo mismo que hizo Isaac con su ópera prima. No porque pasaran a no gustarme desde un punto de vista estilístico (a lo mejor alguno también), sino porque llegué a albergar la sensación de haberme equivocado defendiendo tantas veces al galés. Pensé en recopilar mis textos sobre Bale (tanto los escritos aquí como los publicados en otros medios) y llenarlos de notas a pie de página matizando mis opiniones favorables a Gareth, o incluso desdiciéndome de ellas. Lo de “Wales. Golf. Madrid. In that order” lo viví como una puñalada en el esternón.

Bale no confeccionó la pancarta y es verdad que habría sido difícil, en medio del júbilo por la clasificación de su selección para la Eurocopa, fruncir de pronto el ceño y rechazar la bandera. Pero sigo sin verle la supuesta gracia al lema escrito sobre ella (me sorprende de hecho que ningún galés se haya cabreado porque se usara su bandera para eso), y me parece mal que Gareth diera armas a sus enemigos con una acción tan torpe. Entiendo que la intención era reírse de la pretensión de Mijatovic de conocer la mente del propio Gareth, atribuyéndole una asignación de prioridades totalmente inventada por Pedja y sin otra base de realidad que la necesidad de decir en la SER las cosas que hay que decir en la SER. El momento de contestar a Mijatovic no es, sin embargo, la ocasión de una gran victoria de Gales, sino en todo caso la ocasión de una gran victoria del Madrid. Es una lástima esta guerra soterrada entre una leyenda retirada y una leyenda en activo del Madrid, y no cabe más que lamentar tanto las tontas declaraciones del montenegrino como la forma esquinada de responder por parte del de Cardiff. Un hombre no usa la bandera de su país para resolver disputas personales, ni aun cuando la iniciativa venga de otros.

Estuve por tanto tentado de bajarme del tanque proGareth, dejando antes asomar la bandera blanca del madridismo, sí, pero también de la cuasi-rendición. “Don’t defend those who don’t defend themselves. Be madridista. Be proGareth. In that order”.

Sucede sin embargo que el cariz rabioso, irracional y casi xenófobo de los ataques a Gareth antes, durante y después del incidente de la banderita me obligan a poner la mía a buen recaudo y seguir al pie del cañón. Además, he llegado a la conclusión de que la enajenación temporal de Bale en aquel momento y lugar ha sido parcialmente causada por el hecho mismo de la enajenación que le atribuyen. Tanto le han dicho que es un gilipollas que en ese momento se convirtió en uno, y no es ese el único aspecto en el que se observa aquí una profecía autocumplida: al hombre con tanta saña acusado de no integrarse ya no le apetece ni intentarlo, y me parece normal. “Intégrate, guiri de mierda” no parece el mejor modo de propiciar la integración de un alma tímida y apocada. Ya he contado alguna vez cómo ha sido insultado por otros niños al ir al colegio a recoger a sus hijas, y creo poder contar ahora que no sale por ahí a cenar por miedo a que algún cretino se le encare con lo del golf. No sé si fue antes el huevo o la gallina, pero sí sé que no es el mejor caldo de cultivo para que esto acabe con Gareth bailando el chotis vestido de chulapo.

De manera que pongo todo esto en una balanza y sigo en mi trinchera de siempre, la misma que en condiciones normales debería obligarme a responder al artículo publicado ayer en esta misma página y cuyo autor es Antonio Hualde (“Otro maldito artículo sobre Gareth Bale!”, exclamó tal vez algún lector exasperado). Aunque no sé ya si tengo fuerzas, la verdad. Una cosa es seguir en la trinchera y otra continuar dándome de leches con un tipo que es amigo mío desde hace treinta años. Yo fostiaría a Antonio cuando escribe sobre Bale, y sin embargo le quiero como a un hermano. Se da por añadidura una circunstancia que imprime carácter. Uno es de donde vio el gol de Mijatovic en Amsterdam, y ese gol lo vimos Antonio y yo juntos, en mi casa, con la única compañía de mi madre. Si eso no es ser hermanos, yo ya no sé. Para mí representa un sindiós que tanto el hombre que marcó aquel gol como el hombre con quien viví aquel gol se hayan vuelto imbéciles, solo para una cosa, aclaro, y mira que hay cosas en la vida, pero irremisiblemente imbéciles en lo tocante a ella.

Quiero a Antonio, quiero a Pedja y quiero a Gareth. Decidme qué cojones hago con esto, porque yo ya no sé.