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El orden de Benítez

El orden de Benítez

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon5 octubre, 2015
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Probablemente, uno de los ejemplos más paradigmáticos de entrenador currante sea el de Benítez. Desde su acceso al profesionalismo en la parcela de entrenador, el madrileño nunca ha escatimado horas de trabajo. En una reciente rueda de prensa confesaba que a veces le dan las tres de la mañana en Valdebebas y el único motivo para no pernoctar siempre en la residencia es que, con ello, obligaría a los miembros de seguridad a hacer noche también en el recinto madridista.

Como gran teórico del fútbol, Benítez detesta las sorpresas. No hay nada que le horrorice más que algo que se salga de sus esquemas preconcebidos. Trabaja y trabaja con los jugadores, exigiéndoles hasta el aburrimiento la repetición de automatismos para tratar de minimizar el azar hasta considerarlo indeseable. En su consciencia está que su plan de partida para el partido siempre es ganador (más ahora que disfruta de una plantilla superior a las demás), y cuando debe improvisar lo hace con una de las cartas que previamente ya se había guardado en la manga. Como muy bien dice Mario de las Heras, imagino a Benítez en su despacho con absolutamente todo marcado, como Ryan Hardy con las fotografías de la secta de Joe Carroll en The Following. "La sorpresa y la suerte es para los incautos", pensará Rafa.

Los equipos tienden a mimetizar la esencia de su técnico. El Madrid de Mourinho era un equipo responsable pero apasionado, cuyas ráfagas podían destrozar al rival; el de Ancelotti era más despreocupado y, por tanto, más generoso en la invasión del campo contrario; el de Benítez aún está en formación, pero ayer dio muestras de que se va pareciendo a su técnico: hizo gala de control, pero en la segunda parte estuvo falto de la ambición que la superioridad con respecto al rival demandaba.

Benítez banquillo

Y es que es verdad. Tenemos que diferenciar muy bien ambas partes del partido, porque, pese a que en ninguna el Madrid mostró una actitud ofensiva, la forma de afrontarlas fue muy diferente.

En la primera parte el Madrid controló el partido como un equipo muy maduro. Tras adelantarse gracias a una jugada de un gran (ayer) Carvajal y un certero cabezazo del "hombre sin gol", el Madrid consiguió que el partido discurriera por donde más le interesaba. La ausencia de bandas atacantes en el Atlético facilitaba que el Madrid siempre encontrase superioridad trasladando el balón a esas zonas. Desde la izquierda, posición inédita para él, un genio del fútbol como Modric lograba dominar el partido generando superioridades a su antojo. Es cierto que el Madrid no disponía de grandes oportunidades, pero (a excepción del doble error de Ramos) hacía que pareciera imposible que el Atlético empatase y, obligados a una continua basculación, parecía que los colchoneros acabarían agotados físicamente. Siempre quedaba la sensación de que el Madrid tendría en la mano meter una marcha más, ya que el dominio era suyo.

Esto era meritorio porque desde el principio se vio que el Madrid no estaba disfrutando de la mejor versión de muchos de sus jugadores, aunque también hay que añadir que el planteamiento de Simeone facilitó este dominio al tener muy despoblado el centro del campo.

En la segunda parte, Simeone introdujo a Carrasco, dejando ya fija una banda. Ante este envite, Benítez se empezó a preocupar, porque él siempre se preocupa por todo. Su ajuste fue el de buscar el control, pero ya sin la posesión del balón. Ocurre que el contraataque que hubiese sentenciado el partido pierde muchas posibilidades cuando el que lo conduce se encuentra lejos de la portería y por sus características no es un jugador dotado para ello (Isco). Esto mismo lo debió de ver Benítez, ya que introdujo a un jugador más preparado para el plan como Bale. Si bien la actitud de cada equipo había cambiado notablemente, no se podían considerar como demasiado peligrosas las acometidas del Atlético.

Cuando Simeone agotó sus cambios y empezó a buscar continuas superioridades por la banda, Benítez volvió a ajustar con Kovacic en lugar de Benzema. Este cambio se cifró en un mensaje que recibió cada equipo con consecuencias mucho más negativas para el Madrid. Como bien explicó Simeone, cuando vio salir a Benzema del campo la orden a su equipo fue la de atacar sin mirar a sus espaldas. La amenaza que constituía la BBC al completo perdía mucho fuelle sin su jugador más entonado ayer. El propio Madrid recibió el mensaje de forma inversa: era momento de ajustar y no de buscar un definitivo segundo gol. Para desesperación de Benítez, el fútbol es un juego en el que el error siempre está presente. En este caso fue Arbeloa quien, tras una pérdida absurda, no supo evitar un centro que, tras rechace de Navas a remate de Griezmann, acabó en la puntera de Vietto.

Creo que la sensación de amargor en el madridismo no está en el propio resultado, ya que empatar en el Calderón nunca puede considerarse un desastre, sino en la sensación de que ante una coyuntura tan favorable el Madrid estuvo falto de ambición. A diferencia de otros tropiezos, en este el Madrid no aspiró a merecer más goles y eso sí que no forma parte de la idiosincrasia del club madridista.

Estamos en octubre y cualquier juicio no puede ser más que provisional. Las experiencias felices hacen dichoso a un equipo, pero las amargas son las que le deben dotar de los mecanismos para evitar el mismo error. Seguramente el Madrid se volverá a encontrar esta temporada con la coyuntura de ayer. Será entonces el momento para comprobar si la experiencia fue o no en vano.