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¡Oh, Capitán, mi Capitán!

¡Oh, Capitán, mi Capitán!

Escrito por: Patricio Cuadra12 febrero, 2020
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Buen día tengan ustedes. Puedo suponer los recuerdos o referencias que les vienen al leer el título de este artículo, pero, de todos modos, déjenme llenar unas líneas con ellas y mostrarles el camino que quiero seguir para que me acompañen. Walt Whitman escribió el poema ¡Oh Capitán, mi Capitán! como homenaje al asesinado Abraham Lincoln, y el referido poema se hizo famoso gracias a la película El club de los poetas muertos. Es un poema sencillo, que nos habla sobre el respeto y el afecto, y nos insta a reflexionar sobre la trascendencia de nuestra vida y nuestras reacciones. El viaje termina, las cosas mejoran, el capitán se ha cuidado de volver a puerto para que todo sea mejor y la gente lo celebra con clarines. Vale que en el poema el capitán muere y esa felicidad se torna amarga, pero vamos a obviar, de momento, este último aspecto.

Walt Whitman nos insta a que no terminemos el día sin haber crecido un poco, sin haber aumentado nuestros sueños. A que no nos dejemos vencer por el desaliento, a que nadie nos quite el derecho a expresarnos. Y aquí termino la referencia literaria y les escribo sobre las ruedas de prensa de Zidane. Recuerdo que, cuando se hizo con los mandos del primer equipo, se especulaba sobre cómo una persona de apariencia tímida iba a saber dar la cara en esa vertiente pública que el cargo de entrenador del Real Madrid lleva implícita. No recuerdo ninguna entrevista de Zidane en su época de jugador. No reunía lo que se suponía que debía tener el guía de un vestuario siempre conflictivo, según la corriente mediática principal, a saber: no tenía capacidad profesional (Isaac Fouto, 16:21 horas del 4 de enero de 2016 en Twitter: “Benítez destituido. Le sustituye un entrenador que ayer no le ganó a La Roda”) y además carecía de oratoria.

Poco o nada sabía toda esa gente de lo que es el liderazgo. Ni siquiera que, para ejercerlo, basta con la mera presencia del líder sin que este tenga que decir palabra. Para todos los que dudan de esta afirmación, vean la escena de Senderos de gloria en la que el Coronel Dax (Kirk Douglas) camina en silencio a lo largo de la trinchera mientras recibe el reconocimiento de sus hombres. No necesita demostrar que está en sintonía con ellos, es algo que se intuye sólo con verlo. Algo así debió ser la aparición de Zidane en el vestuario del Madrid la primera vez, o de ese modo la tengo visualizada yo. Desde esa primera presencia ha guiado la nave hasta su inmolación el 31 de mayo de 2018, cuando nos dejó en puerto seguro tras la travesía y con las bodegas bien repletas.

Pero retornó de aquella “muerte” para volver a liderarnos porque Zidane es parte del alma del Real Madrid. Es la sonrisa ladeada de Humphrey Bogart encendiendo un pitillo, es la sencillez expresándose en las ruedas de prensa con un vocabulario comprensible para todos, claro, y sin necesidad de levantar la voz para hacerse entender. Es la defensa inquebrantable del Real Madrid y su facilidad para lo más complejo: tomar decisiones. Zidane no es un general que impone su mando con mano de hierro. Tampoco puede ser amigo de sus soldados, así que en sus decisiones ha ido reafirmando ese liderazgo que la plantilla le entregó sin más, sin que esa idea se haya quebrado por mucho que haya sentado a uno o a otro, o ni siquiera le haya convocado.

Zidane no ha creado un discurso grabado en piedra. Lo moldea como la arcilla y lo va adaptando a las circunstancias del equipo y a sus tiempos. Así, en la rueda de prensa previa al partido contra Osasuna, a preguntas sobre qué pasa con Bale, con Marcelo o con Isco, Zidane espetó con el tono sosegado de siempre: “Yo no digo que muero con mis ideas, yo vivo con mis ideas, con mis decisiones, con la responsabilidad de las decisiones que se toman”. Zidane se adapta. Ha hecho suyo el pensamiento de Bruce Lee: “Be water my friend”, “sé el agua”. Ajústate a tus circunstancias, anticípate, usa del mejor modo tanto tus fuerzas como las del contrario. Bale entrará y saldrá cuando Zidane lo estime oportuno, igual que Marcelo, igual que cualquiera. Y lo hará del modo que mejor sabe hacerlo, sin levantar la voz y haciendo buen uso del liderazgo que la plantilla le reconoce. ¡Oh Capitán, mi Capitán!

Letrado y aprendiz de escritor y @cuadrablanco en las redes sociales. Sarcástico, curioso, paladín de la oratoria, la ortografía y la gramática. Deportista, amante del café y de un buen gintonic. Siempre del lado de la defensa de la justicia social. blog: patriciocuadrablanco.blogspot.com