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Naufragio

Escrito por: Van Cleef22 abril, 2018
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Día 729

Tras la tormenta de ayer, hoy me he dedicado a reparar mi rudimentaria cabaña. He tenido que talar otro cocotero y ya solo queda uno en pie. Como ya les he contado varias veces en mi diario, en este islote los únicos alimentos consisten en cocos, algunos frutos silvestres y algunos crustáceos y moluscos. De vez en cuando consigo pescar algún pez y ese día me doy un festín. Afortunadamente hay un pequeño manantial de agua casi dulce que me permite subsistir. Pero para encender fuego he tenido que ir agotando casi todos los escuálidos árboles de esta pequeña ínsula. Tan escuálidos que no me habrían servido para construir una balsa en condiciones.

Como también ya les he dicho, de vez en cuando llegan a la playa arrastrados por el oleaje restos de probables naufragios. Tablas, plásticos y objetos similares que trato de aprovechar todo lo posible. Por ejemplo, en cierta ocasión llegó flotando una bolsa precisamente de plástico, que contenía una camiseta del Real Madrid. Era de Prosinecki, pero me hizo mucha ilusión y siempre la llevo puesta.

Mañana cumpliré dos años en este islote. Tendré que celebrarlo de alguna manera.


Día 730

Parece que la Providencia me ha escuchado. Esta mañana ha aparecido en la orilla una caja de madera. La he abierto y en su interior había tres botellas de Dom Pérignon. Animado a más no poder, me he dedicado toda la mañana a bucear y he conseguido pescar dos estupendas langostas. Ha sido una fiesta por todo lo alto. Me he bebido las tres botellas y creo que me voyg a irP a dormirf….


Día 731

Esta mañana la resaca ha sido tremenda. En cuanto te metías en el agua a la altura de la cintura, el oleaje te arrastraba con fuerza hacia dentro. He tenido que dejar la pesca para la tarde. He vuelto a ver un par de barcos en el horizonte. Pero siempre pasan demasiado lejos. Creo que ni siquiera llegan a atisbar mis señales de humo. Ya ni me molesto en hacer fuego solo para eso. He lavado en el manantial mi camiseta de Prosinecki y la he puesto a secar. Esta noche cenaré calamar con pastel de moras y almejas.


Día 732

Escribo estas palabras sobre el último espacio libre de la última hoja de papel que me queda sin escribir. Por este motivo, probablemente ya no vuelvan a tener noticias de esta odisea mía. Ahora ya solo me queda superficie de papel suficiente para despedirme. Adiós.

Día 733

¡Qué suerte! Esta mañana ha aparecido en la playa un paquete de cien folios DIN A4. Y un lapicero no muy lejos de él. De momento podré continuar con mi diario.

Día 734

Otra vez he tenido mucha suerte. A primera hora de la tarde vi que se aproximaba una embarcación de recreo con bandera británica. En mi naufragio traje conmigo unos prismáticos y con ellos pude ver a tiempo que se trataba de una fiesta de despedida de solteras inglesas. Rápidamente oculté como pude mi cabaña y me enterré en la arena varias horas hasta que decidieron irse.

Día 735

Entre los restos de la bacanal dejados por las británicas, he encontrado una careta de goma de Luis Suárez. No sabía muy bien que utilidad darle. Probé a bucear con ella puesta y ha sido fantástico. Los tiburones se alejaban de mí ostensiblemente, por lo que parece que el tema de la seguridad está solucionado. Por otro lado, cualquiera que haya pescado langostas a mano conoce la dificultad de subir con ellas a la superficie, pues no paran de colear violentamente y eso entorpece el ascenso. Pero, por alguna razón, en esta ocasión las propiné instintivamente unos codazos y algunas patadas, dejándolas inconscientes y perfectamente inmóviles. Creo que con la careta el asunto de la pesca será más fácil.


Día 736

Esta mañana, al salir de la cabaña y echar un vistazo hacia la playa, se me hizo un nudo en la garganta. Como una docena de cadáveres humanos reposaban en la orilla, suavemente mecidos por el oleaje. Al aproximarme comprobé con alivio que no se trataba de cadáveres, sino de muñecas hinchables. Probablemente de fabricación china. De esas con costura y una expresión en el rostro como de gran asombro. No sé que tipo de embarcación podrá haber extraviado tal carga, pero creo que me van a ser de gran utilidad.

Día 737

Gracias a las muñecas por fin he podido satisfacer una necesidad que tenía desde hace mucho tiempo… ¡La de construir una balsa!

Uní todas las muñecas con cuerdas confeccionadas con tallos verdes y el resultado es una embarcación estable y de gran flotabilidad. Con la madera del último cocotero he fabricado un mástil y un remo. La camiseta de Prosinecki puede servir a modo de vela. Mañana reuniré víveres y me haré a la mar hasta aquel punto del horizonte por el que navegan algunas embarcaciones…

Día 738

Me he pasado todo el día remando y estoy agotado. El islote ya apenas se divisa, por lo que debo estar bastante próximo a la línea de navegación de los barcos. Voy a intentar dormir un poco soñando con que mañana pueda ser rescatado…

Día 739

¡Qué mala suerte he tenido! Cuando me desperté casi me da un vuelco el corazón de alegría al comprobar que se aproximaba un barco de mediano tamaño. Se trataba del Hijas de la Santísima Trinidad. Me puse en pie y comencé a gritar.

- ¡Ayuda! ¡Ayúdenme!

Observé como algunas cabezas, tanto de hombres como de mujeres, se asomaban por la borda y me echaban un vistazo.

- ¡Échenme una mano, por favor!

Vi cómo murmuraban algo entre ellos y el sonido de sus voces llegaba a mis oídos.

- ¡Qué desvergonzado!

- ¡Es un degenerado! ¡Un lascivo!

- ¡Y encima pide que alguien le ayude!

- ¡Impedid que los niños se asomen! ¡Que no vean tal desenfreno!

El barco fue pasando de largo. No me lo podía creer…

- ¡¿Pero adónde van?! ¡Vuelvan! ¡Estas muñecas no son mías! ¡Solo las uso para montarme en ellas! Quiero decir…, que las uso para…

Demasiado tarde. El barco se fue alejando. Lo último que vi fue a una recatada señora haciéndome una peineta desde la popa…

Espero que mi suerte mejore en adelante…


Día 740

Aproximadamente hacia el mediodía se produjo justo debajo de mí una erupción volcánica submarina. El nivel del agua se elevó bruscamente varios centenares de metros. Llevo varias horas surfeando sobre una gigantesca ola, que no sé muy bien hacia dónde se dirige. Ya le he cogido el tranquillo y la balsa se mantiene estable sobre la cresta. Creo que incluso podré echarme a dormir un rato.

Día 741

A primera hora de la mañana divisé tierra. A medida que me acercaba cabalgando sobre la ola en mi peculiar tabla de surf, comprobé que se trataba de un estrecho. Y ya más cerca, me di cuenta que era concretamente el de Gibraltar. La altura a la que me encontraba en esos momentos era aproximadamente igual a la del Peñón. La casualidad quiso que mi balsa quedase trabada en lo más alto de la gran roca, en compañía de una media docena de aterrorizados monos oriundos de aquel lugar, que en su vida habían visto nada igual.

El tsunami arrasó toda la colonia y buena parte del Campo de Gibraltar. Cuando el agua descendió el panorama era desolador. Los monos se aferraban a mis piernas y tuve que tranquilizarles. Me senté a esperar a que llegase el rescate, que sin duda no tardaría mucho en hacerlo.

Lo primero que vi fueron un par de helicópteros y les hice señas con la camiseta de Prosinecki. Desgraciadamente no eran de la Guardia ni de Protección Civil, sino de la prensa. Observé como me grababan mientras los monos amenazaban con sus puñitos hacia aquellos pájaros metálicos…

Finalmente llegó la Cruz Roja y nos llevó hasta el hospital más próximo.


EPÍLOGO

Las imágenes que ofrecieron al mundo aquellos helic