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Nada nuevo bajo el sol

Nada nuevo bajo el sol

Escrito por: José Luis Llorente Gento28 septiembre, 2018
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“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol”. El Eclesiastés atribuye el aforismo al rey Salomón, aunque Miguel de Unamuno y hasta Víctor Manuel, que escribieron acerca del asunto, coincidirían con este humilde escribidor. El comportamiento de unos futbolistas malcriados tiene difícil solución. Ahora ya conoce Lopetegui la amenazadora cornamenta del miura que le ha tocado en suerte.

Vaya usted a saber las razones, pero desde el Madrid de la Quinta del Buitre y de los Machos el equipo perdió un método que sólo recuperó a tiempo parcial. Desde el 90 hasta la actualidad, el club solo ha conseguido 8 ligas, un promedio paupérrimo comparado con la tradición brillante que se inició con La Saeta y La Galerna. Entonces quedó sentenciado que el jugador vestido con el escudo madridista adquiría el compromiso irrenunciable de defenderlo con honor en cualquier ocasión. Sin excepciones. Por respeto a los ideales de la entidad, pero sobre todo a los socios y seguidores que alentaban al equipo por todo el mundo. Célebres fueron las santiaguinas con las que el insigne Bernabéu arengó a sus tropas desganadas, exigiéndoles el esfuerzo que requería la presencia en la grada de inmigrantes españoles o de aficionados que habían hecho un gran esfuerzo por acompañar al club en el extranjero.

Con el paso de los años, esta obligación ineludible se ha diluido hasta disolverse por completo en los tiempos que corren. El fulgor de la Liga de Campeones oscurece todo los demás y ya no importa que el equipo sestee durante el resto de la temporada si acude puntual a la gran cita europea. A estos jugadores, que tanta gloria han dado al club, se les ha excusado cualquier comportamiento a cambio de que nos regalen la joya que tanto deseamos. Tantas veces ha ido el cántaro a la fuente que ha terminado por convertirse en una costumbre colectiva, el hábito pernicioso de convocar el máximo rendimiento solo en ocasiones puntuales. No digo yo que no tenga mérito, que lo tiene y mucho, pues es extremadamente difícil ir y venir de la concentración absoluta a la dejadez notoria. Enfocarse en la Champions y ganarla como el que cumple una tarea rutinaria es la primera vez que ocurre en la historia de esta competición. Aunque, digo yo, más mérito tendría que, además, cumplieran con su parte de compromiso con los aficionados y la entidad el resto de partidos de la temporada.

Llegados a este punto, a este humilde opinador se le ocurre que quizá los responsables de esta situación no sean los protagonistas. Al fin y al cabo, llevamos años perdonándoles ridículos como el de Sevilla. La prensa, los aficionados y el club han pasado por alto la escasez de rendimiento en muchas fases de los cursos futbolísticos. Tampoco los entrenadores han querido tomar cartas en el asunto, temerosos de contrariar a unos chicos que debían ganar la máxima competición para salvar sendos pellejos. No sea que se me vayan a cabrear y quememos la traca europea antes de tiempo.

En este estado de cosas, y como suele ocurrir con las malas crianzas, el vestuario se convirtió en un ente con vida propia, casi extraterrestre, pues no hay poder humano que pueda someterlo. Ni siquiera Zidane, que decidió volver a la Tierra en vista de que ya no podía controlar la nave. Aunque, siendo sincero, ¿a quién no le gustaría viajar en ella? ¿Quién renunciaría en su trabajo a tomar las decisiones más importantes que le afectaran? Si la empresa te lo permite, los medios te encumbran y los clientes te aclaman y hasta te adoran, ¿quién es el responsable de la situación? Casi estaría por decir que los que menos culpa tienen son los propios jugadores.

El negociado tiene difícil solución. Siempre es así cuando se trata de abolir privilegios establecidos en días de vino y rosas. Pero aquí, este individuo sostiene que las conductas viciadas lo siguen siendo por muchos éxitos que las acompañen. Una Champions, incluso cuatro, no eximen del deber de dejarse la piel en cada ocasión y de saltar al verde en condiciones óptimas. Algún jugador, no hace falta que dé nombres, mostraron unas carencias físicas y anímicas intolerables. Pero, y quizá debamos aprender de ello, pocos pueden-o podemos- tirar la primera piedra. Porque pocos son los que, a final de temporada, cuando se hace examen de conciencia, profundizan hasta la raíz para purificarla. Así que, por nuestra culpa, así seguimos y así seguiremos. Aguantando a los niños y esperando que justifiquen sus desidias con algún brillante que nos compense las infidelidades. Nihil novum sub sole.

Escritor. Conferenciante. Columnista. Exjugador del Real Madrid y la Selección Española de Baloncesto. Se pasa la vida remontando.

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