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Nacho siempre cumple

Nacho siempre cumple

Escrito por: Antonino De Mora30 enero, 2020
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Hay una serie de expresiones en el mundo del balompié nacional que uno termina en su mente casi automáticamente, sin necesidad de que el interlocutor las concluya, porque las hemos escuchado desde hace tanto tiempo que ya las tenemos grabadas a fuego en el subconsciente, o bien porque no pegan con otra cosa que no sea su propia terminación. “Aledaños… del estadio”, “marco… incomparable”, “prolegómenos… del partido” o la no menos clásica de: “Nacho… siempre cumple”.

Es la frase que todos hemos escuchado o comentado en algún partido del Madrid en el que jugase el defensa. “Es que Nacho siempre cumple, juegue donde juegue”. Y es una de las grandes verdades de este deporte y unas de las grandes cualidades del madrileño.

Nacho Fernández debutó en Mestalla en 2011 con José Mourinho y nueve años después todavía sigue en la primera plantilla del Real Madrid, cosa que ya me parece un hito al alcance de muy pocos. Es de esos canteranos que a mí, personalmente, me encantan: nervio, corazón, tesón, rigor y, sobre todo, es de esos jugadores que nunca, jamás, se queja por nada. Si hay a alguien al que no hace falta explicarle lo que es el madridismo, ese es Nacho.

Desde hace más o menos una década, hay un guerracivilismo estúpido, causado en gran parte por la prensa deportiva de este país, entre los enamorados de la cantera, que necesitan españolizar el equipo a toda costa; y los detractores de ésta, que no quieren a jugadores nacionales en la primera plantilla por su supuesta amistad con el propio periodismo patrio. Como suele ocurrir siempre que los radicalismos imperan, en el punto medio se encuentra la virtud.

Yo soy de los que piensa que la cantera sirve para completar al plantel y que el Real Madrid, aunque evidentemente no se puede nutrir al cien por cien de ésta, necesita jugadores como Nacho, Callejón, Granero, Arbeloa, Lucas Vázquez y compañía para aportar ese punto de madridismo exacerbado, de ese señorío real y no inventado incrustado en la sangre, y de esa educación blanca que enseñan en Valdebebas y que te ayuda a no perder la esencia, a seguir siendo el Real Madrid. Cada uno en su medida y cada uno el tiempo que pueda aportarlo, pero esos jugadores que mueren y matan por el equipo que los ha mecido desde sus inicios son, en su conjunto, tan importantes como los grandes cracks mundiales que se erigen punta de lanza del mejor conjunto del mundo.

Nacho lleva demostrando su valía mucho tiempo. Ha cumplido de central cuando Ramos o Varane no han estado y de lateral para dar descanso a Carvajal o a Marcelo.  O a otros antes que a estos. Es un jugador polivalente, que sirve de refresco a los teóricos titulares y que ha dado su mejor nivel en la inmensa mayoría de las ocasiones en que se lo ha necesitado. Es un defensa que aporta solidez y un rigor táctico impecable, que ha sido utilizado por todos los entrenadores que ha tenido y que, juegue diez partidos al año o cuarenta, siempre sale al terreno de juego a dejarse la piel.

Si algo he comprendido desde que Florentino dejase la presidencia allá por el 2006, es que ninguna plantilla puede nutrirse únicamente de titulares o de grandes nombres en todas sus posiciones, necesita un equilibrio difícilmente conseguible en el que los primeros sepan que han de luchar por su puesto y los suplentes tengan claro que pueden alcanzar la titularidad si luchan por ello. Por eso es tan importante, lo ha sido estos años de gloria y lo seguirá siendo en el futuro, que existan en la plantilla jugadores como Nacho, que son capaces de ser fundamentales en partidos como el de Valladolid, cumplir con creces y darte la victoria con un gol mientras lo celebra con el entrenador que no le estaba dando tantos minutos como merecía. Ojalá muchos Nachos en mi equipo los próximos años, porque ya saben ustedes que Nacho… siempre cumple.

Antes de nacer yo ya era del Real Madrid. Y habiendo visto jugar a Raúl, Ronaldo, Figo, Zidane, Cristiano y compañía, no entiendo cómo puede haber gente que no lo sea. Es, parafraseando a un grande, "como renunciar voluntariamente a la felicidad".