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Modric: el mejor centrocampista del mundo

Modric: el mejor centrocampista del mundo

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon25 septiembre, 2015
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Empiezo este artículo haciendo una confesión: lo mejor que he leído sobre Modric lo escribió, hace unas semanas, mi compañero y amigo Rafa Moreno. Por tanto, asumo desde el principio que lo que vendrá no será tan bueno y me pongo la venda antes de la segura e inevitable herida. Lo que me impulsa a escribir este artículo es la sensación de que, ante la certeza de que Modric hace de lo excepcional algo cotidiano, aún no le he dedicado ninguno de mis textos. Lo cierto es que tiene delito, ya que junto a Benzema el croata es mi jugador fetiche en el Madrid. El croata es el que más me divierte y me llena los ojos, haciendo esto compatible con que su rendimiento, además, pueda ser defendido desde lo tangible.

En Modric se concilian dos características que podrían parecer antagónicas: arte y pragmatismo. La parte artística no hace falta explicarla, verle jugar cada día demuestra que el croata es recurrente en la excelencia. Hace de cada gesto técnico algo virtuoso, estético. Cada salida de balón en la que quiebra al contrario con un giro de tobillo sirve para hacerle saber que es él el que manda en el terreno. En cada dribling, Luka aúna estética y practicidad: jamás se le verá enredarse en una jugada de cara a la galería. Realmente es difícil encontrar un jugador tan vertical a cincuenta metros de la portería, porque aunque Modric no está muy relacionado con el gol aumenta  en cada una de sus jugadas las posibilidades de que este llegue.

primer plano luka modric

Sin embargo, no es su exquisita técnica lo que le convierte en el mejor centrocampista del mundo.  Ante todo Luka es un jugador formidable en su pragmatismo, excelente en su poquedad cuando esta es necesaria. Comentaba Rafa que Modric, desde su ocasional y voluntaria ausencia del foco, hace mejores a sus compañeros. Realmente, el croata tiene un radar en la cabeza que le permite colocar el balón donde mejora la jugada. Muchas veces ese colocar el balón no se debe a un golpeo suyo sino a un movimiento clave que habilita la jugada. Modric conoce a sus compañeros mejor de lo que les conocen sus propias esposas, y por ello maximiza las posibilidades de que estos den lo mejor para el equipo.

Además, ¡cómo engaña el croata! En ese escuálido cuerpo se esconde un auténtico gregario para el equipo. Luka tiene la habilidad para predecir la jugada del contrario y anticiparse. A este truco, Modric le une una gran capacidad de esfuerzo que se ve acompañada por una enorme e incansable resistencia. No encontrarán muchos centrocampista defensivos mejores. Sus estadísticas en robos de balón son apabullantes.

Su ausencia el año pasado, por dos malditas lesiones, privaron de muchas posibilidades al equipo que deslumbraba a toda Europa con el mejor juego que yo he visto. Luka era un jugador totalmente contextual en ese Madrid de centrocampistas. No sólo faltaba Modric: faltaba la versión que el resto de jugadores dan de sí mismos con Modric en el campo. Se demostró que eso era mucho faltar aunque sin duda, en el fiasco, no fue lo único que influyó.

Casi con total probabilidad, Modric nunca será Balón de Oro. Sus guarismos le alejan por completo de los aspirantes a ese prestigioso galardón, pero si algún día ese afamado premio recayese sobre el jugador con más influencia en un club ganador, Modric sería un firme y honorable aspirante. Hace poco le leí algo parecido a Paul Tenorio y no puedo coincidir más.

A Luka hay que reconocerle, además, otro mérito. Pocos jugadores lograron el reconocimiento unánime del madridismo. Este logro tiene especial relevancia por las especiales circunstancias en las que llegó. En la época en la que numerosos jugadores nacionales destacaban en el centro del campo, el Madrid fichó a golpe de talonario un centrocampista bastante desconocido para los periodistas despreocupados por el fútbol internacional. Se decía que el Madrid había fichado a un nuevo media punta que no solventaría las carencias del equipo. Unas temporadas más tarde, los autores de esa opinión se saben equivocados y Luka goza del beneplácito general. Esos juicios sumarísimos se tornaron en sentencias equivocadas que han sido, por tanto, revocadas por el gran público.

Realmente lo único negativo en el croata es algo de lo que no puede culpársele: su edad, treinta años. No obstante, su profesionalidad y su físico diesel auguran aún varios años de Luka en la élite. Para cuando llegue el momento de bajar el ritmo, quizás su alumno aventajado -Kovacic-  nos dé a los madridistas parte de lo que la triste ausencia de Modric nos quitará.

 

Asesor fiscal autónomo. Soy socio de La Galerna y colaboro en Radio Marca. @Ramon_AlvarezMM